afuera,
un hueco
la tierra removida,
la lengua asfixiada en los canales de una garganta enferma
las palabras sucias que escapan de una canilla averiada.
el balde goteando, que reverbera en el vacío de mi cabeza.
el ganado enfermo, famélico
y la pregunta: ¿quien me va a poner a dormir esta noche?
cataratas negras de bilis que escapan por una estocada de odio.
las moscas de la fruta danzan, desafiantes.
abriéndome paso entre cráneos,
el hueso molido se hace niebla
mis dientes quieren destripar un plato de cerámica con un cuchillo,
quebrándome el tímpano
a destiempo.
víboras con la cabeza ardiendo mueren bajo un cielo que no pueden iluminar,
las únicas luces de la noche son por la ayuda que nunca vino.
de las huertas,
los hurtos.
invasión de propiedad privada.
las guadañas clavadas una junto a la otra para cercar el paso,
pero aún hoy, hay quienes continúan desafiando a la muerte.
bajo tierra todo crece muerto.
por falta de presupuesto, ya no hay rosas para ofrendar.
una guirnalda de flores oficiando de horca,
un pueblo vacío
no hay quien aplauda el choque de las vértebras.
los criadores de maleza
se crucifican en sus campos
pidiéndole por favor a los cuervos que les arranquen los ojos.
la canilla ya no gotea.
los cadáveres del ganado son quemados.
nadie puede alimentarse de podredumbre.
aquellos que quedan,
apuntan al cielo con dos dedos, gatillando un amanecer que no trae esperanza.
una red de telégrafos en desuso repite la misma advertencia.
una antena de radio quebrada, solo esparce ruido blanco.
una cadena de televisión solo ajusta la imagen.
en este punto da lo mismo tener ojos
o los pies sobre la tierra.
bajo la tierra
todo crece muerto.
sobre ella
todo deviene en muerte.