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miércoles, 22 de abril de 2026

tensión de rotura

el recuerdo que se olvida
agota la distracción que bordea el colapso.
no hay yeite que desarticule la urgencia,
solo la piedad puede envolver la furia
para entibiar las ansias del desastre,
de lo súbito. el deseo de cristalizarse en la euforia
se entiende porque del después solo queda el afloje del cuerpo,
el balanceo de la culpa en los temblores de unas manos que juegan
a ser ajenas por conveniencia. los páramos de saberse inhabitable.

alguna vez busqué moverme entre estelas,
estar un poco en todos lados sin proyectar sombra que corte el viento.
así fuera seca, aire condensado, dibujo de un abanico de dedos aburridos en la ventanilla,
los pisos ocultos hasta llegar al departamento, o esa hendidura bajo la cama que solo se percibe
cuando la angustia pesa tanto que solo se puede escanear el mundo desde el horizonte inmediato. 

la saturación del lenguaje,
la sutura de las letras en afán de recomponerlas en un molde que encajen. todo sea
para contener el caos que se sucede cuando el ritmo se descompone. la intriga,
precursora del deseo. el asombro del color del primer mediodía que recuerdo.
aterra la posibilidad de saberse vulnerable. sofocarse
atraer aves vía arcadas, con el pecho corrido de lugar
y los hombros cansados de intentar
despegarse del piso.

a través de lo traslúcido de las alas, recolecté relatos
vicios como dádivas, renuncias de semanas enteras.
el cuerpo postergado con la única expectativa puesta en la estampita de un beso pixelado.
diez años de mala suerte
habrán de encontrarme en el mismo lugar que ahora,
vulnerando la empalizada de remedios en la cámara de mi estómago que anuda la cola de todas mis úlceras
que, como ratas cardinales, desean emular la fachada de la rosa de los vientos. 

la belleza de estar equivocado,
la paciencia que conlleva sobrevivir, el amor que entorpece la dicción.
de lo más querido solo quedará el futuro.

lo tuve todo para hacer y deshacer un mundo
mil veces, dos músculos prensándose entre sí
la fusión en el desgaste, aquel contacto,
aquel terror que nace de llevar la sordera a cuestas
y que empuja a las adivinanzas a sacarse filo entre sí para iluminar la tardanza
con la que me habré de apresurar al descenso.

quiero aquella quietud que significa reservar la intimidad de lo devastador
solo para mi. orientar con una caricia a las cicatrices desparramadas en mi cuerpo
que buscan embarcarse en mi piel para volver a unirse. la fricción de un beso,
los ámbitos en los que la suavidad se extingue. los anhelos de querer poder
hacer algo con lo que otros ya hicieron de mi. aspiro a ser, en el corazón de todos los que me quisieron,
al menos una memoria borrosa que de un poco de calor. gracias por casi todo.

los receptores no se recalibran en el momento exacto.
para entonces ya es tarde, la mala decodificación
parece reafirmar una bravura impostada
que no está preparada para enfrentar el territorio dispuesto para lo imprevisible.

la suplencia de los suspiros. la búsqueda de un hogar adecuado.
un dolor sin nombre que aflige todos los pechos
veinte metros a la redonda. el parietal derecho descompuesto,
los dientes sagrados chasqueando en el cordón de la vereda.
no hay quien se atreva a levantar la mirada
por el temor a saberse abandonado.

inquietos, los nadies
piden más. afuera, el ruido
lesiona. las disputas de reserva,
lo que no debe ser nombrado. demasiado cerca,
aun así es tarde. perdí algo en medio de la noche.
el mundo va a seguir apagándose lo mismo. homenajes intermitentes.
ojalá mañana encandilarme y frotarme los ojos
hasta saberme vivo.


miércoles, 4 de marzo de 2026

guardo en mí el mundo que yo solo conozco

los remolinos en los músculos colisionan,
activando una señal que prolifera como un piedrazo en la sangre
cuya estela comerá parte de la orilla.

la cervical se siente distinta,
pica la inquietud de un caos pasado,
mientras los vidrios se empañan del vapor que exudan los jadeos del mundo entredormido.

tracé respiros míos
golpeando en clave lúdica
los límites de un espejo deformante; vi las mejillas acurrucadas
a una humedad intransitable, cuyo espesor mataba el aire de los cañones
bajo los ojos. una mecha sin lumbre bailaba entre los espacios de los dientes.
las palabras nacían todas hacinadas y de corrido. sin pólvora, más bien a la deriva. 

la fricción de la torpeza vuelve una tarea imposible desatar el nudo
que me sujeta y me arrastra, de lado a lado -cual péndulo-, entre la atrocidad y el aburrimiento.
dilatar los ojos hasta casi acariciar el punto del hervor, desmorona la cultivada belleza del cotidiano.
ahí, el fogonazo de una sensibilidad insólita
es rápidamente aplacado por la hostilidad de las alcantarillas.

las manos que transmiten el aroma a menta al rostro
son las mismas que se apoyan en los pliegues de metal emparchados de grasa
para empujar la carrocería. el apuro disuelve
el cónclave. la rotación sigue su curso. una moción de orden
que comienza con una onomatopeya. la reiteración agota.
la frustración chasquea contra el suelo y vuela un cascarudo en mil pedazos.
afuera hacen veintiséis grados.

las conversaciones se entregan al desenfreno,
una sábana que se contrae y expande según el viento de lo posible.
es refugio temporal la lentitud con la que el mensaje comienza a perderse,
mientras el ritmo con el que escalan los malentendidos
va zurciendo el cuerpo desde abajo. 

entre lo perdido y lo encontrado, se encuentra el percutor de la reincidencia.
encallar en un mar de hueso. tensar la nuca
y mantener una postura erguida. tapar el nervio con el índice como pisando una manguera.
desconozco el origen de la práctica. la permanencia es costumbre
e ignora las transformaciones de la técnica. 

unos pies que se saben fríos,
un movimiento ensayado que reviste de color la piel. la imposibilidad
de tocar el ruido se choca con su abrazo, ineludible. no hay más que abandono
a través de la óptica del castigo. no hay gentileza
que esté al servicio de todos. no hay motor que irrigue cariño infinito.

me aterra no tener la fuerza de creer en algo extravagante cuando ya no quede nada más en que creer.

espero al momento en que cedan las paredes de aire,
este lugar pronto será diminuto.

jueves, 29 de enero de 2026

dos caballos descansan sus cabezas en el cuello del otro

un paseo
entre los accidentes

las sombras de verano
se alargan hasta enredarse
en las limitaciones del deseo.

el hambre constriñe el movimiento
¿qué tan cerca estuvo mi mano de alcanzarte?

la discusión se preserva a lo largo de las eras
los jejenes vuelan en cursiva
mi dedo empuja el aire,
marcando la puntuación.

decidí equivocarme
y dejar que las formas que memorizamos
se entrometan en mis sueños.

los restos del almuerzo
custodiados por una comitiva
de vuelo pesado. el centro de gravedad de las frutas
devorado en espiral
desde adentro. el sudor,
el frío.

un ojo se esconde bajo la sombra del otro,
sórdida aleación de costumbre y derrota
para sostener la función
incluso después de que la risa haya muerto.

no sé en cuál de todos los rostros debería esconderme,
repasando los pliegues para dar con la mueca exacta
para soplar aire en la boca de la asfixia.

tengo que remover
lo que pedí prestado
impugnar el cariño
olvidar los secretos
disecar las costumbres
encriptar los deseos,
condensar el terror
de ser grito
y eco.

elijo entre los penitentes
una confesión para vestir
un nido para descansar
una pared para escalar descalzo.

mío es el orden de los cortes,
pero para qué seguir corriendo.
el horizonte es dos metros más allá,
pantano antibacterial,
no hay otro rumbo.

intenté ser
discreta silueta
moviéndome detrás de
las máscaras de los inmortales,
infinitamente sucio
por la cera que pesa en las muñecas
cansadas de esperar el milagro que nunca vino.

las siestas en los agujeros donde morían las cortinas,
el barco, la miel, la bolsa con las compras del día,
la suavidad tendida de la que fui testigo

los observadores se encomendaron a dios
las luces brotaron de los márgenes
entre chasquidos de humedad
quimera, danza pasión
el aroma indescifrable
de un cubo de niebla.  

las bocas nacían y morían
después de los reflejos,
entre las tanzas de oro
y las malas posturas,
mientras los ojos de ceibo
y los hijos de la estepa,
mantenían aquella simpatía irrevocable.

confeccioné armaduras horrendas
como defensa disociativa,
labrando la punta del alfiler
para enhebrar, picar o matar
a conveniencia

domestiqué la imagen
deformando los ataques,
doblando la luz. residuos de tensión,
sonajero de arritmias. qué es este calor.
el anhelo hacia el confort,
solo quiero estar presente.

un abanico de ligamentos tira de un collar
que todavía no es el mío
pero cuando llegue la hora
sabré estar listo para rechazar el llamado a la curiosidad
de saber que se siente ser olvidado.

nos vemos en el próximo mundo
no llegues tarde.

lunes, 29 de diciembre de 2025

buenas noches adiós hasta pronto

contraer la conversación
hasta transformarla en oleadas
cuya rompiente se encuentre en el centro de las palmas,
los dedos esperan que el agua se pique para anclarse entre los espacios
y así mezclar las cartas, buscando evitar derramar la suerte
en aquel despistado que, por estrangular las coordenadas de su vaso,
se inunda los mocasines, volviéndose un punto ciego para los extraños. 

el sabor de la libertad por vía de la vergüenza
es añejo y pasa inadvertido, casi sin tocar los dientes
para congelarse a la mañana siguiente
a medio camino, bordeando las mejillas.

asombros angelados
buscan descifrar la belleza
bajo estrobos; labrando los hielos
colisión mediante, el amor o el altercado
ambos nacen del choque entre dos pechos.

danza troquel,
los idiomas fugaces
reparten la dulzura entre las bocas
y el suelo que cobija las canciones apisonadas.

súbito raspe
chispa indómita
el éxtasis,
los hijos del óxido ríen rojo,
mientras los nudillos se descarnan
por intentar conciliar la oscuridad.

el corazón tantea el cuadrilátero
atajando los embates de la humedad,
una vez agotados los abrazos
solo quedará hacer puente
y agazaparse en la esquina roja para esperar el derrumbe.

se que existe más que los nombres que conozco
pudiera yo preservarme tanto
a veces quisiera
insistir más allá de lo que me da el cuero
y sostenerme por fuera del desarmadero de pernoctes
que hace que la piel esquive lo concreto.  

dirás vos
donde caer
después de rendirme,
peregrinar por la misma escalera desteñida por mi espalda
y fundirme a una cruz que sea solo mía 

y salir y ver el sol 

y salir y ver la noche 

y saber que estoy acá,
como todo el mundo al lado mío.

domingo, 28 de diciembre de 2025

preservación de la amabilidad que existe en el sinsentido

lamento bruto
encastrado en extravío
el eco que da en la nota quiebra
lo que escupe el cuidado,
el llanto de una runfla de soñadores
que para navidad
solo piden un rinconcito 
del pesebre donde echarse
a dormitar.

mediante danza
los despiertos adiestran a los lobos,
mientras que los encargados de reventar las estrellas
se apoyan en las sombras de una noche
que es una pata de aguara guazú
comprimiendo el pecho de la aldea.

le dicen adiós a sus manos
para perderlas en algo en lo que puedan creer,
el olor de los dientes chamuscados
deja una estela como alas
en la retaguardia
de la armada de los confundidos.

retomar la marcha,
la única herencia de la perseverancia
es ejercerla a pesar de los párpados desfondándose por los cortes.

el nudo como prevención
aprieta los nervios y eriza el sarro de los dientes

el instinto de los labios es embolsar el dolor,
la respuesta de los alabarderos que viven colgados de las encías
es cartografiar con sus lanzas el lado más blando de la carne

para que aquellos a quienes les queda fuerza en la cervical para alzar la vista
tengan un rastro que los devuelva a donde pertenecen.

el duelo constante de saberse albergue de hostilidad
el agujero en el techo, la caldera del estómago inundada
empuja el calor hacia arriba y no abriga
solo quema. las semánticas del dolor
las semejanzas en los tactos,
burlas concentradas
en un llanto
que entrecorta el aire que busca
un lugar dentro del pecho de donde sostenerse
y solo resbala hasta empujar al resto del cuerpo
a plegarse sobre si mismo en el medio de la celebración, a la vista de todos.

una tormenta
atrajo a los moluscos
que se pegaron a las orejas
creyendo que eran cunas

si corro por la orilla hasta cansarme,
desearía ser arrastrado por la corriente
hasta dar con un oído al que pueda abrazarme
y escuchar,
en silencio.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

de como reparar la voluntad de querer volver a abrir los ojos

tomé prestado
el destello del sol
para cauterizar la herida
de la sentencia
antes que la espada
imparta su juicio.

la densidad de las máscaras
el relieve combate braceadas,
los mecanismos de la memoria
empujan la costa cada vez más lejos.

hondo en la pila de perfiles,
las voces del futuro se pliegan
en pequeños animales enfermos
pastando en donde todavía
crece la piedad.

ante todo, menos que nada.

espinas sin filo
apenas si raspan la ración del mediodía,
entre el esfuerzo, la voz morada intenta imaginar
lo que significaría
tener el valor de empujar la aguja
a fuerza de inquietud
para ver que hay más allá
de las costras de la ceguera.

sueño con lugares
donde no he de volver,
devorando el equilibrio
de las estructuras; el confort
del colapso endulza
las mejillas, mientras las manos
depositan un arreglo floral
en la cabeza de cada
cadáver descompuesto
al costado de la ruta.

suspirar antes de la súplica,
la renuncia a posteriori,
foco de emoción tribal,
una liebre asustada refuerza su madriguera desde adentro,
el río muda su caudal veinte centímetros a la izquierda
una familia que lo pierde todo, subastando sus voces.

espectrometría,
la fórmula habitual de contemplar la pieza a oscuras
son esas hormigas invisibles que marchan sobre tu mandíbula
y te hacen doblar el cuello
para prestarle atención a las pausas.

los sistemas cerrados tienden a desintegrarse en perfecto equilibrio,
la muerte del mundo a temperatura ambiente es una sala de espera
donde los demás esperan para reconocer lo que queda de vos.

los visitantes espolvorean círculos de azufre
para cuidarse de los otros; las rejas son anzuelos para los guardianes diezmados,
la luminaria pública esteriliza las grietas desde donde los pacientes diminutos
salen para acoplarse a la vida de nuevo.

en alguna parte mía
existe la fantasía de arrancarme parte por parte hasta ya no ser predecible en ningún aspecto,
el ruido de los sorbos de la sangre, compartida con cientos de iteraciones mías,
la replicación de un diálogo eterno que descansa sobre bases inamovibles,
pero que no se acerca ni un metro al cielo.

estoy seguro que si pudiera correr o liquidificar mi voz o hacer crecer mis huesos y donar los excedentes
o si pudiera darme vuelta los dientes, hacer un encordado de mis nervios y escribir una canción
o si pudiera montar guardia en la escasa espesura de mis ideas y ahuyentar a los cuatreros que me roban los momentos inmediatos,
o si pudiera dejar de olvidarme tanto o si pudiera encerrarme dentro de mis costillas cuando el miedo me apabulle o tener la suerte de saberme lo suficientemente liviano para dejarme caer y no seguir cayendo,
el día no terminaría tan temprano.

pero sé
que solo hay que
retener en el corazón
la seguridad de que todavía amamos este mundo. 

la ternura se irá perfeccionando a medida que nos acostumbremos a conmovernos de nuevo.


lunes, 8 de diciembre de 2025

los cardenales, los jazmines, los damascos y las chacareras

en bajada, se enredó la rabia que alcé por tu ausencia
con el miedo de saber que llegará el día que ya no te nombren.

furia doliente
de saberme fugaz
y partícipe, por consiguiente.

valgan los espasmos de mis huesos
para replicar los chasquidos
que en los días de antaño
me dejaban quieto
en el lugar.

de vos nació la primera fábula, de tu mano
aprendí a leer la tierra
que quedaba pegada al fondo de la pileta.
me sabía miedoso de los broncoespasmos del desagüe
y de los rituales de los bichos
pero vos me prestaste la tranquilidad para poder ser curioso

y así aprendí a ver
el rojo de la madera,
el espacio entre las vértebras
el aire que hacía caer las espaldas
de lleno en el sillón
para activar el mecanismo de las siestas
y la tarde que terminaba cayendo solo sobre mí.

había un cancionero que solo salía de noche
entre chispazos de fuego
que iluminaban los fierros de las reposeras
hundiéndose en el fondo de un patio eterno.

me arrepiento de haberme quedado tanto tiempo solo donde hacía pie
ahora también me falta el aire, pero ya no tengo el reflejo de un farol doblando sobre el plástico de una puerta que me avise que el día está terminando.

vos sabrás decirme, ¿hay un sol por el que valga la pena seguir viendo hacia arriba?

hoy solo tiemblo viendo como el cuerpo y la luz terminan por agotar los besos
ya no me quedan fantasías que ordenar
los escalones de madera me quedan chicos
y los libros se han escurrido
por debajo de la tierra.

la pieza al fondo
me recuerda las siestas que dormía en el medio,
imprimiendo en mi piel los patrones de los cerámicos,
ya sé que se fueron hace mucho
pero los sigo recorriendo con el dedo, de memoria.

en la distancia me desenvuelvo,
me crece el silencio en el pecho
solo para ver si escucho un remanente de mi nombre dicho por tu voz.

sé que las palabras se caen
porque no hay estructura que aguante 
el embate del tiempo.

sé que no hay cuerpo que replique el abrazo que necesito ahora
pero si estás cansada, tenes que ir,
yo creo que puedo seguir un poco más.

viernes, 14 de noviembre de 2025

desfragmentar el terror

enclave sostenido,
retratos de orfandad que anidan sobre el borde
de tu mano y disloca las chances
el dolor frunce
el ardor que queda de paso,
la única certeza en el origen.

trazar la calma
es buscar el aire entre los racimos desguazados
mientras los tallos quedan encallados
en el principio de la anécdota.

repartir encantos
en biomas inhabitables,
las fábulas del asombro
hamacan los ojos
que encierran
la sombra de los charcos.

lo que sacude el cuerpo en el reverso de la noche,
esa herida que tuerce el nombre
y solo filtra lo que habita en el medio,
eso que solía estar a nuestro alcance
cuando la leña nueva encurtía nuestras manos
para la próxima helada.

las chispas brutas incitan mareos,
el triunfo asoma de la mano de los gusanos.
la viscosidad de un abrazo,
una boca volviéndose mil.

hace no tantas vidas
supimos trepar la densidad
buscando el nido de los rumores.

entre tanto, eclosionaban los disgustos desparramados en el ruido,
las tejedoras extendían el largo de un afecto y lo volvían un romance,
los caminantes buscaban el fondo moviéndose en círculos.
partí las maderas para decorar la cara interna de mis uñas
y rasguñé los arroyos
y doblé mi piel
y cuajé mi sangre.

la risa fue reliquia. las despedidas fueron mitos.

si deformo el entrecejo
sé que todavía sigo ahí.

la duda,
la fascinación
por el cobijo que hay en la posibilidad,
las alas enfermas,
el vuelo a pie.

lo silvestre se enreda en las hélices de las bordeadoras,
este es el momento antes de que un piedrazo lo duerma todo.

lunes, 13 de octubre de 2025

el filo del césped atravesando el vidrio de nuestro retrato

revestí las paredes de mis sueños buscando recrear la luz del sol que deformaba tu silueta,
la misma que secó el vinagre que volcamos junto a la almohada donde dormimos la primera siesta del verano.

dejé caer un manto de hojas sobre mis huesos,
el rebote del cobijo cambió la dirección del aire
desordenando las ausencias postizas.

recordé el abrazo que pudo haber sido.

el cuerpo, el tiempo como síntoma
el viento no sabe curar la piel irritada,
espanta a los bichos que buscan refugio
en los pulsos del dolor. 

corona de sal,
arruga de acero, cizaña rupestre.
apenas una desgracia a cuentagotas
la erosión del cuidado
sellado al vacío.

siempre envidié la astucia del deseo de saberse inalcanzable,
sublimándose apenas poco más allá de la punta de los dedos.

a veces
pienso en irme
al tiempo donde estallaron los vidrios
y los nombres estaban vivos.

esfumarme a las apuradas,
en el corazón de las corridas,
llevándome puesto al inquilino de la muchedumbre
que baldea de neurosis la vereda cada mediodía,
cuando los grillos se manifiestan en la patinada de las zapatillas
que redireccionan el pique para confabular el engaño. 

alejándome, todos los rostros son girasoles.
pienso en que me gustaría aprender a seguir los rastros que dejan los zorzales
para ver de cerca las grietas de la fauna de vidrio acobardada por la crecida del óxido.

el incesante canto de la baba,
el hambre se diluye en la presión de dos incisivos. 

las marcas en los cuellos de plástico,
no puedo volver a ensamblar lo que ya está roto.

intento dar hospicio a los restos en mis encías, entre mis dientes
tiñéndolos de un rojo más fuerte, mientras empujo el dolor hacia mi garganta.
las gárgaras de sangre,
la energía hidroeléctrica que se acumula en el buche
y se libera de la represa llevándose puesto un bosque entero.

lunes, 25 de agosto de 2025

el oleaje es un arrorró que entorpece el oficio de los buzos

de pasatiempo testeo la resistencia de los puentes
que nacen cuando, por accidente, una mirada se conecta con otra.

las tablas oculares tambalean casi siempre después del segundo,
luego, dos cachetadas imaginarias revelan dos perfiles -antes desconocidos-
que terminan por cortar la tensión.

en el medio,
colecciono el momento en el que lo sólido se desvanece en el aire
ahora, cuesta abajo, post-derrumbe
siento el pulso eléctrico expirar bajo un reflector que tartamudea
en el segundo acto de un escenario hipotético.
la vergüenza entra vistiendo el colorado del telón
ante una sala que se tapa los ojos.

en las vísperas del aplauso, las alarmas encrespan la mano antes de que ésta traiga el castigo,
la postergación es el exilio del movimiento,
el interín donde se derriten las fantasías.

los restos de los susurros ensoñados, por su parte,
suben y bajan por las canaletas de las orejas
hasta escaparse a media mañana.

a la hora de los nadies,
encierro en cajitas de fósforos el sol que todavía no gasté.
junto al pecho, descalzo, el mundo todavía es tibio
el mundo todavía es tibio.

el reflejo se envuelve en un capullo perlado,
es ese el aviso de que la posibilidad
de que el salvajismo pueda encapsularse en espejos
sigue latiendo, enredándose entre silencios hasta trabar las manos.

las muñecas raspan las urnas de los ojos
las olas se agrietan porque dejaste la luz encendida.
en ese blanco todavía existen las posibilidades, los otros finales,
donde los rostros transparentes que se mueven entre discreciones  
piden permiso para colarse en el presente.

mi lengua empuja hacia abajo
los restos de las sílabas que sentaron campamento
entre la curvatura de los dientes

hundo el buril, pico el hueso
que mellará la piel por contacto torpe.
el aire de la puerta entreabierta duele hacia arriba
pero desprende una canción de los radares diminutos que,
más adentro, abanica el sueño de la sangre.
mientras espero que todo lo que perdí siga,
de alguna forma,
conmigo.


martes, 5 de agosto de 2025

las estructuras del silencio

un siglo de energía dimos
para esculpir el nombre del norte.
los cuervos tomaban turnos para memorizarlo
mientras aprendían a despedirse del apego.

en cónclave y en nido de alta tensión,
monitoreaban la primavera. entremedio,
nosotros conjuramos el desarme.

acariciamos vidrio con las tibias,
a la vez que aprendimos a distorsionar las cadencias de nuestros sonidos.
más allá de los médanos, el entierro cincelado por las uñas reveló un rostro familiar. los días de un futuro extraviado.

el aviso del campanario fue el primer souvenir
del tropiezo de la tarde. los dientes de león se disolvieron hasta confundirse con las estelas de las turbinas del primer avión del que tengo memoria.

recuerdo merodear en las fantasías donde mordisqueaba el pelo de los gigantes para ver el desprendimiento de las fibras y el nacimiento de una nueva ciudad,
un nuevo enclave donde pudiera ser regente.

albergué todas esas pequeñas leyendas en la palma de mi mano
honrando la errónea creencia de que narraría por siempre las mismas historias.

el primer corte fue el que reveló la fugacidad de la mitología. las heridas siempre van en bajada. ahora solo puedo revisitar las pocas frágiles mímicas de coral hueco que aun siguen de pie e intentar recolectar el sentido imbuido en ellas hace tanto tiempo. 

por las perlas aprendí a ser orfebre, los guantes manchados
son el peso de la ejecución en el sueño de los asesinos,
allí, con las encías licuadas,
supe quien amó primero.

mi voz es un velo calcificado
buscando encauzar al estómago de sensaciones exógenas.
el ruido trata de esconderse por su timidez, mientras mi mirada
intenta santificar a la espalda como la tierra de las cruces.

ahora sé que no me importa si las puntas de mis dedos estallan, o se derriten,
quiero inclinar mi cuerpo y ofrecer el poco calor que tengo para intentar volver a iluminar a quienes se han apagado.

antes de extinguirme, quisiera volver a tener la mano brotada de cardenales
cantar a través de ellos y sentir el vuelo encapsulado entre las fibras chamuscadas de mis músculos.

quisiera guardar mi cariño en placas de petri y que prolifere; tomar las muestras y suspenderlas como santuarios para poder cerrar los ojos y sentir que todos están junto a mi.

quisiera sentir el aroma doblarse  -señal que anuncia el comienzo de los caminos- recolectar un puñado de flores primitivas y, con los tallos, desempapelar la ciudad buscando un rostro amigo.


martes, 10 de junio de 2025

para cuando se derritan las órbitas

somos cómplices de adorar la mortalidad,
de encadenarnos al juego de creerlo todo eterno
y de llamar a la podredumbre por su nombre antes del vuelo de las moscas.

cuando nuestras manos se separen
los dioses serán otros.
ahí haré añicos las bondades recibidas
soplando promesas
vulnerables
mis brazos caerán por debajo de la línea de los hombros
y recordarán de la peor manera
la neutralidad del aire.

los miedos de bolsillo anexan territorio
los siento rodearme el pecho bajo el que pastan venados líquidos.
ese espacio entre la boca y las espinas, lo recuerdo,
era el borde de la disonancia.
los oídos dolían entonces como duelen ahora
"no más noches solitarias"
un beso cauteriza,
un beso cauteriza,
la mirada sin luces se abanica cada vez mas lento
levantando pliegues de piel blanda
pesada, viscosa,
pista de obstáculos o
pilares descompuestos,
no importa,
de todas formas
los facazos levantarán tormentas
para camuflarse cuando llegue el derrumbe.

la canción de las langostas nació de los sueños de los pescadores,
recuerdo infiltrarme en sus fantasías
para buscar mi rostro entre el entramado de las redes.

fabriqué mi salida sin saber que dejaba atrás.

ahora que no hay mas noches, no sé traspirar
si no es de plástico el cansancio.

no sé como volver a hundir mi piel,
no sé preguntar cómo te fue,
o que hiciste hoy,
o como medir la distancia que tiene tu nombre,
¿hasta donde puede llegar el deseo?


miércoles, 23 de abril de 2025

unción de los enfermos

soy un ensamble apedreado esperando el desborde,
sin dones, solo encallándome en la posibilidad
de poder ser mejor mañana,
de buscar una luz entre los escombros de las casitas de mimbre que hice para marcar donde moría la ruta.

volví al hábito de dibujar con el dedo el comienzo de la lluvia.
cerré los ojos esperando escuchar ripio en sueños,
pero no pude dormir pensando en la idea de que quizás ya habías pasado por acá.

¿qué tengo que hacer?
el remedio casero para las moscas no agarró ni una
¿tengo que aprender a hacer fideos caseros ahora?
remodelé la ducha para convertirla en catedral
le perdí práctica a la plegaria, pero la culpa sigue intacta.
no puedo vestirme de gritos
tengo la garganta débil. ¿tengo que dejar de fumar?
creo que mi planta se está muriendo conmigo
¿el reloj del comedor sigue marcando mal la hora?
me siento un rumor intentando sabotear lo genuino de la conversación que tuvimos, la que advertía que algo hermoso iba a pasar.

mi corazón zigzagueante ahora va en picada,
viendo de lejos cómo siluetas empujan sus brazos tratando de encontrarse

¿qué hay arriba que tanto estás buscando?

martes, 15 de abril de 2025

quiero volver a casa

mi primer recuerdo
son mis orejas reposando en el principio del océano,
el dolor salado que se concentraba en la inscripción de la rompiente
y la primera muda de piel junto a la mala postura, por consecuencia.

en el fárrago del ruido supe encontrar amparo,
defoliando capas y capas de cemento de épocas de antaño hasta encontrar mi nombre.

por aquel entonces, mi voz todavía podía hacer anillos apenas más livianos que las fantasías,
mis sueños tenían el colágeno suficiente para flexionar mis rodillas
y asegurarme que no hubiese nada bajo la cama.

la rúbrica de la valentía seguía fresca y soportaba los apliques para los enfermos.

el juego era agitar los huesos sueltos e invitar a bailar a los insectos que hurgaban entre el algodón,
buscando cauterizar las heridas.

quería ser alto como un álamo,
quería todo el viento para mí,
rayar en mi corteza el sonido de las caricias
e irme a dormir con la entropía acurrucada en el pecho.

por mucho tiempo atesoré la contienda. repartí las armas, curé las manos
y lloré las pérdidas. forcé los olvidos
para desentenderme del dolor. hasta que abrí las puertas y todo lo que vi fue blanco.
ahora, las facciones huérfanas apenas si pueden componer un rostro.
el reflejo ya no es mío. 

extraño
ver los caracoles moverse a través del patio
esquivando los corazones de los damascos. los picotazos de un cucharón
sobre el fondo de la olla para evitar la costra. la parra dibujando
sombras nuevas a cada hora e imaginar
donde podría encajar hoy.

la reciprocidad del terror por la tormenta,
el manguerazo del verano,
la lectura en silencio,
el abrigo de la lana
y las puntadas.

todo va descomponiéndose a mi alrededor
y no hay remiendo que pueda reemplazar algo que hace tanto perdí.

sé que llegará el día en el que agote el esfuerzo de querer anticiparme a un pasado que se mueve por delante mío
y descubra lo que ya sé: la rendición es dejarse caer
al borde de los fuegos

seré entonces, la asíntota del mundo,
con mis manos extendidas tratando de acariciar
todos los puntos de fuga que se vayan a enhebrar a través de mí.

cuando llegue ese momento, ¿vas a poder hablarme en el idioma que inventamos?


jueves, 10 de abril de 2025

la agilidad para desplazarse hacia ningún lado

flashes residuales recuerdan que la belleza está en todos lados. tengo que dar gracias por la memoria desmontable. las exhibiciones,
un corredor por el cual floto entre las voces.
hay faltantes en los retratos. 

no recuerdo haber recolectado esos rostros incompletos, "¿cómo era tu nombre?" 

escapo de cualquier noción contemplativa,
la inmediatez me empuja cuesta abajo por la superficie donde el deseo expira, pero el terror permanece.

¿hay algo más helado que el suspiro antes de la presencia?

quisiera evitar salir al exterior,
acurrucarme en las terminaciones de mis miradas
en las pequeñeces donde anidan las amenazas, los principios de las lágrimas
donde un cardumen de bolsas de nylon celebra el colapso de la vida doméstica,
flameando sus branquias talladas por el vidrio.

nunca supe afilar cuchillos. golpeé todas las puertas
para poder reparar el silencio. dejé marcas en el techo
el día que nació la mañana.

quisiera aprender a devastarlo todo.

instruirme en la dieta de las moscas
para ablandar la rigidez. desmontar los circuitos de las perlas
para olvidarme de la envidia del confort.

fue la curvatura la que descubrió la velocidad. nosotros solo estábamos de pasada.

recuerdo que me dije: "abrí los brazos,
deja caer las alas" y el viento seguía en el mismo lugar.

miércoles, 26 de marzo de 2025

las noches diminutas

atesoro la convicción de desvelarme para descomponer cuentos
y así conjurar a los extraviados. espero por ellos del lado del fuego
que sigue a las polillas. ¿será que el calor siempre se desprende?
no hay nidal bajo tierra, solo espectros.

a veces mirar es una pregunta:

"¿que se oculta detrás del nombre?" 

una pasa de uva encastrada en la muela del mar.

"¿alguna vez estaré del otro lado?" 

si tan solo quedase piel bajo las uñas.  

los afectos que me dieron las ausencias
eran las ventanas golpeando por el viento. las siestas interrumpidas
bajo la media sombra, santa costura que grababa el dolor
en la superficie de un ala por la cual la luz se abría paso por primera vez

¿te acordás del sol de enero curado por las olas?
de como el sonido del quiebre
trepaba el dragado mientras descamábamos
los mosaicos. como comprimíamos el color,
como desperdiciábamos el cariño.

no buscábamos la belleza del mundo, solo tuvimos la suerte
de entrecerrar los ojos y que todo fuera hermoso.

¿qué estaba viendo entonces? que ahora que se apagaron los años
no tengo nada más que la devoción a un altar sobre el cual las polillas comienzan a anidar.

cuando el calor se desprenda de acá también, ¿vendrías a buscarme?

martes, 17 de diciembre de 2024

la migración de los desfiladeros

las microcaídas
las despedidas
la sangre maleable,
hematoma con forma de suerte // las imposibilidades
días calendarizados en el techo, fisuras que susurran: "amor, amor, amor". 
luego los olvidos, las lagunas, el contacto quebrado, los intentos
de disolver lo elástico de aquel momento y volverlo
el centro de la mesa que compartimos.

no hay cielo para un amarillo desprolijo, si no quema
no lo quiero,  la contorsión de la piel abrasada
oficia de hélice para espantar bichos.
la decoración son mudas
que caen al piso, en los huecos fue donde olvidé
la palabra que iba justo antes de la colisión,
no veas mis manos, no busques
entre los parches de mis sueños
sin antes saber
como tender puentes.

la colección de cantos de grillos que nacen cuando se lavan los platos
la canilla decapitada, el piletón tibio
enjambre, nado sincronizado
mis uñas son remos desprendiendo
el alimento del coral de nylon.

mis labios se formaron en balbuceos,
un cuchillo hace palanca entre las vértebras de carne,
los buscadores de tesoros y un collar de suavidad
para el ensayo del calor análogo.

la simulación de la fiebre me pide que le muestre un cuerpo.

la orilla fue la primera que conoció la maldad
de la mano del santuario donde reposaba la asfixia.

mi dedo recorrió
la circunvalación del dolor,
edificada después de la compresión bruta,
preguntándose todo el camino si se había pasado la salida correcta.

busco una semblanza describiendo lo inmóvil
para dar cuenta que yo también soy parte del presente.

los retornos disminuyen
hasta que la espera es la única que queda.

por suerte sé que hay un mundo que está viniendo.


viernes, 13 de diciembre de 2024

una canción de antorcha entrevista al silencio

el fuego rumiaba el aire, la demora se ataba a la torpeza
la llaga encarnada en el colmillo anunciaba que por el aprisco todo muere,
que las piedras por la noche aprietan para no alertar de que boca nació el viento.

puenteé las sogas que ataban una carcasa a un respiro para aplacar la vigilia,
desenvolví la piel, tallé la carne que recubría el hombro para encastrar la cruz,
tendí mi cansancio sobre ripio y fui testigo del nacimiento de un nuevo dolor.

apronté a burlarme de lo descompuesto, descuidando que antes todo fue cálido.
no sabía como edificar la paciencia, no supe mantener la amabilidad.

todas las historias comenzaron con dolor, ¿cuánto amor me queda sin desperdiciar?

usurpándole el lugar a la sombra, ensayé lances donde el aire era lienzo,
cultivando el recelo para cuando la ilusión asfixie el auxilio
y el suelo enlace aliento y hueso.

la madera empujando la antesala de mis manos descubrió la boca de hierro, devota del barro,
los labios dieron campanazos y de las tumbas rotas salieron nombres partidos.

los caracoles añoraron la ternura,
desprenderse de la dureza y volverse espuma atada a los tobillos del mundo.

la inercia se desvaneció en una declaración,
la guerra se trasladó por el oleaje del hilo de un arco frágil.

las suturas no encontraron la entrada a las heridas.

los rumores entorpecieron el mecanismo de la distracción.

una temporada de risas rotas,
contemplando aquello que se me sigue revelando inalcanzable.


miércoles, 16 de octubre de 2024

ensayos iniciales para la coreografía del olvido

curábamos el recuerdo arando las tumbas,
nos preguntábamos a donde iban los nombres cuando se alejaban de la sangre
y la respuesta siempre era la misma: un duelo adelantado por las posibilidades que deslizábamos bajo la puerta del otro como cartas.

por las noches, las sombras eran celadores que espantaban a las criaturas diurnas. cuando aun existía el silencio, nos deteníamos a intentar descifrar lo que brotaba del abdomen los grillos, pensando que quizás fueron ellos quienes conocieron el añoro antes que nadie.

cuando fabricaron el prototipo de la humedad, imaginamos el mundo descalzos,
desmontando los terrores para confeccionar las primeras fábulas
y presentarlas ante un mundo en donde solo las formas mas simples tenían nombre.

recuerdo cuando entendí el calor y lo que significaba saberse exento de ausencias, trepando alturas hasta llegar a donde el aire no tenía color y la muerte era diminuta.

recuerdo como el sol nos pareció familiar por primera vez y como empezábamos a desdoblarnos del presente.

nos preguntábamos si algún día otros mirarían a través de nuestros ojos, así también como si esta era la primera vez que ejercíamos la mirada. ignorábamos la posibilidad de habernos visto antes desde que pactamos que todo iba a ser nuevo. 

aprendimos con el tiempo que la curiosidad mutaba en distintas formas,
no renegábamos de la suerte de poder abrazar la riqueza que existía en lo discrepante, pero por lo bajo comenzamos a guardarle rencor a una distancia que anudaba palabras al punto de volverlas indescifrables.

reconocimos la pérdida del idioma y vimos esfumarse los nombres que les regalamos a lo que nos rodeaba. la hostilidad de no saberse nombrado significó el regreso a un mundo que nos era ajeno.

pensamos que adoptar la ligereza de forma voluntaria era el camino más rápido para volver a ese lugar donde no habían escalofríos que pudieran mecer el miedo, simplemente porque no había miedo.

recuerdo cuando inauguramos la mañana en la que íbamos a caer, como también la conveniente forma que tenía el peligro de demorar los sentidos.

ambos sabíamos que todo era irremediable cuando los clavos rudimentarios cedieron y dejaron caer los retratos que habíamos levantado. a través de los cristales, centenares de réplicas nuestras terminaron por agotar las miradas y se supieron desconocidos entre sí.

volví a pensar en si estos ojos ya habían visto antes de saberme su dueño, pensé en un mundo antes de mi y mire hacia el cielo para asegurarle a mi mirada que todo seguía igual, pero no pude encontrar el sol. aun recuerdo ese momento, cuando anunciaron la invención de la lluvia. 

viernes, 6 de septiembre de 2024

curso de hematología para lazarillos

ensamblé fábulas con las sobras de la intrepidez ,
escarbando entre las delicias con ojos vendados
y una mueca encallada en la perversidad.

buscaba tragar el sol brillante,
buscaba el sitio para la consagración del error.

encontré mi piel entre el fuselaje, velando por el fallo colectivo.

a través del embozo
vi la elasticidad de la asfixia.

la contracción de un respiro que queda corto
apenas agita la cortina de cenizas en cuyos pies
se congregan los residentes de una unidad entera.

las callosidades proliferan en el gran salón urbano,
confeccionado lentitudes y desprendiendo
angustias para coleccionar las costras sin lamer las heridas.

el pulso indaga en el reposo de la danza de los maniquíes,
sobre el plástico solo crecen llagas laminadas,
el ardor solo se mueve de arriba hacia abajo.

no supe descifrar las grabaciones secretas,
ni tampoco cómo volver a enderezar mis huesos.

no sé valerme de fantasías fraudulentas,
tampoco sé como disputarme la vida con aquello que se está descomponiendo.

deben ser estas mis manos
debe ser este mi pelo
debe ser mío el calor
debería de ser nuestro el fuego.

debe ser que en el abrazo siempre hay alguien más ausente que otro,
tal vez mañana pueda ser yo quien se aferre.