contraer la conversación
hasta transformarla en oleadas
cuya rompiente se encuentre en el centro de las palmas,
los dedos esperan que el agua se pique para anclarse entre los espacios
y así mezclar las cartas, buscando evitar derramar la suerte
en aquel despistado que, por estrangular las coordenadas de su vaso,
se inunda los mocasines, volviéndose un punto ciego para los extraños.
el sabor de la libertad por vía de la vergüenza
es añejo y pasa inadvertido, casi sin tocar los dientes
para congelarse a la mañana siguiente
a medio camino, bordeando las mejillas.
asombros angelados
buscan descifrar la belleza
bajo estrobos; labrando los hielos
colisión mediante, el amor o el altercado
ambos nacen del choque entre dos pechos.
danza troquel,
los idiomas fugaces
reparten la dulzura entre las bocas
y el suelo que cobija las canciones apisonadas.
súbito raspe
chispa indómita
el éxtasis,
los hijos del óxido ríen rojo,
mientras los nudillos se descarnan
por intentar conciliar la oscuridad.
el corazón tantea el cuadrilátero
atajando los embates de la humedad,
una vez agotados los abrazos
solo quedará hacer puente
y agazaparse en la esquina roja para esperar el derrumbe.
se que existe más que los nombres que conozco
pudiera yo preservarme tanto
a veces quisiera
insistir más allá de lo que me da el cuero
y sostenerme por fuera del desarmadero de pernoctes
que hace que la piel esquive lo concreto.
dirás vos
donde caer
después de rendirme,
peregrinar por la misma escalera desteñida por mi espalda
y fundirme a una cruz que sea solo mía
y salir y ver el sol
y salir y ver la noche
y saber que estoy acá,
como todo el mundo al lado mío.
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