domingo, 28 de diciembre de 2025

preservación de la amabilidad que existe en el sinsentido

lamento bruto
encastrado en extravío
el eco que da en la nota quiebra
lo que escupe el cuidado,
el llanto de una runfla de soñadores
que para navidad
solo piden un rinconcito 
del pesebre donde echarse
a dormitar.

mediante danza
los despiertos adiestran a los lobos,
mientras que los encargados de reventar las estrellas
se apoyan en las sombras de una noche
que es una pata de aguara guazú
comprimiendo el pecho de la aldea.

le dicen adiós a sus manos
para perderlas en algo en lo que puedan creer,
el olor de los dientes chamuscados
deja una estela como alas
en la retaguardia
de la armada de los confundidos.

retomar la marcha,
la única herencia de la perseverancia
es ejercerla a pesar de los párpados desfondándose por los cortes.

el nudo como prevención
aprieta los nervios y eriza el sarro de los dientes

el instinto de los labios es embolsar el dolor,
la respuesta de los alabarderos que viven colgados de las encías
es cartografiar con sus lanzas el lado más blando de la carne

para que aquellos a quienes les queda fuerza en la cervical para alzar la vista
tengan un rastro que los devuelva a donde pertenecen.

el duelo constante de saberse albergue de hostilidad
el agujero en el techo, la caldera del estómago inundada
empuja el calor hacia arriba y no abriga
solo quema. las semánticas del dolor
las semejanzas en los tactos,
burlas concentradas
en un llanto
que entrecorta el aire que busca
un lugar dentro del pecho de donde sostenerse
y solo resbala hasta empujar al resto del cuerpo
a plegarse sobre si mismo en el medio de la celebración, a la vista de todos.

una tormenta
atrajo a los moluscos
que se pegaron a las orejas
creyendo que eran cunas

si corro por la orilla hasta cansarme,
desearía ser arrastrado por la corriente
hasta dar con un oído al que pueda abrazarme
y escuchar,
en silencio.

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