un paseo
entre los accidentes
las sombras de verano
se alargan hasta enredarse
en las limitaciones del deseo.
el hambre constriñe el movimiento
¿qué tan cerca estuvo mi mano de alcanzarte?
la discusión se preserva a lo largo de las eras
los jejenes vuelan en cursiva
mi dedo empuja el aire,
marcando la puntuación.
decidí equivocarme
y dejar que las formas que memorizamos
se entrometan en mis sueños.
los restos del almuerzo
custodiados por una comitiva
de vuelo pesado. el centro de gravedad de las frutas
devorado en espiral
desde adentro. el sudor,
el frío.
un ojo se esconde bajo la sombra del otro,
sórdida aleación de costumbre y derrota
para sostener la función
incluso después de que la risa haya muerto.
no sé en cuál de todos los rostros debería esconderme,
repasando los pliegues para dar con la mueca exacta
para soplar aire en la boca de la asfixia.
tengo que remover
lo que pedí prestado
impugnar el cariño
olvidar los secretos
disecar las costumbres
encriptar los deseos,
condensar el terror
de ser grito
y eco.
elijo entre los penitentes
una confesión para vestir
un nido para descansar
una pared para escalar descalzo.
mío es el orden de los cortes,
pero para qué seguir corriendo.
el horizonte es dos metros más allá,
pantano antibacterial,
no hay otro rumbo.
intenté ser
discreta silueta
moviéndome detrás de
las máscaras de los inmortales,
infinitamente sucio
por la cera que pesa en las muñecas
cansadas de esperar el milagro que nunca vino.
las siestas en los agujeros donde morían las cortinas,
el barco, la miel, la bolsa con las compras del día,
la suavidad tendida de la que fui testigo
los observadores se encomendaron a dios
las luces brotaron de los márgenes
entre chasquidos de humedad
quimera, danza pasión
el aroma indescifrable
de un cubo de niebla.
las bocas nacían y morían
después de los reflejos,
entre las tanzas de oro
y las malas posturas,
mientras los ojos de ceibo
y los hijos de la estepa,
mantenían aquella simpatía irrevocable.
confeccioné armaduras horrendas
como defensa disociativa,
labrando la punta del alfiler
para enhebrar, picar o matar
a conveniencia
domestiqué la imagen
deformando los ataques,
doblando la luz. residuos de tensión,
sonajero de arritmias. qué es este calor.
el anhelo hacia el confort,
solo quiero estar presente.
un abanico de ligamentos tira de un collar
que todavía no es el mío
pero cuando llegue la hora
sabré estar listo para rechazar el llamado a la curiosidad
de saber que se siente ser olvidado.
nos vemos en el próximo mundo
no llegues tarde.