martes, 26 de noviembre de 2019

la demolición de la última catedral gótica

he abandonado decenas de réplicas de cuerpos míos
(ex-cuerpos)
 en lugares en los que no reconozco haber estado.

me (he) visto (nido) de mugre,
 los pelos que pierdo enredándose con las pestañas quemadas

mi espalda pegada de costras de pus oxidado a las sábanas incendiándose.

 el dolor ya no es fobia
 ver de frente a (mis) ojos sin brillo, los espejos muertos
                                        polarizados de asco

son sinónimos de que me va faltando el aire,

que del hueco
mi pecho 

cortado a la mitad, abierto el cielo 

 está ahí, ofreciéndose a las primeras manos que lo toquen. 

he de torcer mis costillas como agujas de reloj 
que den las cuatro y treinta y dos de la madrugada

 y gritar  
 para convencerme de que puedo oírme, de que todavía puedo hablar

pero,
 resoplar aire helado es anticipación a un letargo no anunciado

 otra vez dormir,
 mañana se puede probar otra vez

mañana cuando el el cielo me está viendo a través de mi mismo
       cuando vea al cielo a través de lo que soy

cuando con un círculo de cigarrillos a medio terminar en un cenicero rebalsado

 dibuje runas propias de un lenguaje inventado en sueños colectivos de aquellos que nunca he conocido

que reciten
 los poemas ágrafos que nos conmueven tanto.

  (desaparición críptica del signo)

 la voz alejándose por vergüenza,
y solo el instinto

que prevalece

en un coro con los labios cocidos murmurando una melodía que se me hace un poco familiar
pero que no termino de reconocer del todo.

las quemaduras de sol en el invierno
y la automatización de estructuras

  los caminos que nos conducen a donde ellos quieren.

la pérdida de voluntad en las edades de la deserción
anexo; en adhesión a las derrotas que hemos cosechado

se anuncian nuestros futuros por ventanilla

 mientras las noches caen sobre el andén
 llenándose de sombras sin rostro.

   la sala de espera,  

    los anhelos en un tren con fallas eléctricas, vidrios negros
  y los asientos de todos los vagones ocupados por la familia del maquinista,
velándolo.

el corazón y la poli(a)rritmia,

  las huellas de alquitrán sobre el horizonte dan indicios de un incendio que lleva siglos ardiendo, 

  sirven aperitivos de kerosene y lejía que ofician de casualidad fortuita
 el aliento azufre 

y la acidez que nunca nos ha abandonado.

 las ventanas se empañan,
 los ojos cansados,
 el tratamiento ludovico.
   
todos los vendedores ambulantes pregonando el descuento en deidades efímeras por docena 
       otros quienes ofrecen programas de doce pasos para lograr la bancarrota moral perfecta

hoy en día nos resulta muy elegante la idea del naufragio,

  pero pararse al borde del abismo, al borde del mundo, al borde de la puerta principal de nuestra casa
o nuestra habitación

 y desistir de dejarse caer
  por creer poder encontrar otra manera de dejar de ver lo que ya tanto hemos visto

 es la valentía que creemos poseer aun dentro nuestro disfrazada de una voluntad que parece no ser suficiente.

y la piel manchada
  de plegarias sin respuesta siquiera de un mísero eco,
de un sol que parece caer sobre nosotros,
de un invierno nuclear dentro de nuestras casas,
de una tierra infértil,
 de diálogos que deseamos haber establecido alguna vez,
de nombramientos inútiles,
de listados sin sentido, 
   de una sangre que no es nuestra,
  
manchada de jurar venganza hacia quienes nos han traicionado,
                          persiguiendo nuestra propia sombra.

jueves, 14 de noviembre de 2019

un museo con todas las páginas caídas de internet de principios de milenio

I

no hay separación entre quien observa y el objeto observado.

el velo de mármol que cubre las estatuas a los pies de un jesucristo carente de fe
haciéndose polvo.

pecar de voyeur ante lo divino.

somos quienes observamos la destrucción de lo que alguna vez pareció eterno

 somos lo destruido, también.

II

el recuerdo como respuesta a la idea de extinción.
   la manipulación de la memoria como crimen de guerra sin condenar.

cerrar los ojos para ver el sol.

apuntar los dedos al cielo 
                y gatillar.

 que este caiga o no, no es relevante en este caso,

solo es la excusa 
para así no volver a levantar la cabeza nunca más.

III

actividad didáctica y muy divertida para un día lluvioso: 

1) observar lo que pasa por la calle por el reflejo del vidrio de una heladera que aun mantiene el logo de 7up de hace dos décadas atrás.
2) ver como poco a poco se va quemando el foco que mantiene visible a todas esas latas de gaseosa vencidas.
3) observar como la calle toma más presencia, como se hace todo un poco más gris, como la lluvia empieza a caer con mas fuerza y como todas esas personas parecen un poco más tristes reflejadas en un espejo de nostalgia comercial
4) hallar una metáfora sobre la situación que pueda reflejar tu grado de sensibilidad/empatía hacia la escena.
5) de no producirse nada dentro, solamente describir la escena con algún formato que se aleje de lo convencional para que parezca profundo y no una mera descripción de algo que pasó alguna vez en una rotisería olvidada.

IV 

la vida entre bajas de tensión, o mejor dicho

 la vida como baja de tensión 

es
como
    cuando el ascensor parece haber colapsado y estar listo para caer al vacío, 
    pero solo titubea y sigue subiendo hacia tu departamento tras unos ruidos un poco más fuertes que lo usual.

ese momento que nos hace creer que todo alrededor se fue, que solo seguimos nosotrs, pero que también nos estamos yendo

ese momento que es tanto, 
como a la vez es nada

pero solo termina por ser el reseteo del servicio de internet justo cuando estabas por ver el final de un capítulo de una serie.

V

  ¿cuantas horas sin dormir van?

el quiebre de las defensas, 

 los 40° de fiebre, 
 despertarse en un hangar empapado de miedo 

los cólicos, 
el vómito

  el abrazo del cuerpo pudriéndose.

estar en el medio de un océano 

despreocuparse por creer estar cerca de la orilla, mientras te van tragando
el agua está salada, por lo que mi saliva también

 el vómito vuelve acechando.

 comenzar a ahogarse y no saber nadar
 entender que estás a punto de ahogarte y hallar consuelo en comprender tu destino.

el abrazo de lo irracional 

 el negativo quemado, 
 la piel chamuscada de odio 

la almohada acribillada a gritos por el dolor del cuerpo.

 los músculos latiendo, queriendo volverse corazón para suplantar al que yace enfermo.

 los sueños no existen más/
los sueños no existen más/
     s             o                  s

los labios se caen, los dientes permanecen, pero prontos a sucumbir por la erosión del viento.

 tocar el fondo del mar con la punta de los dedos, 

la piel arrugada que hace juego con los pulmones inundados; las persianas bajas y afuera un invierno de 27°, 

  en mis brazos las quemaduras por el frío dibujan mapas topográficos de las tierras con las que soñé cuando dormí por última vez.

...

 ¿cuantas horas sin dormir van?

VI

final de poema inconcluso:

"[...] mientras silban por lo bajo,
marchando hacia donde llevan los recuerdos."

VII

un pozo ciego por debajo del bajomesada,

 el exilio de las ollas del teflón mas fino, contrapuesto al sacrificio de aquellas gastadas por virulanas en lavados que realmente no limpian nada.

plomería contemporánea: encintar hasta la próxima pérdida

 secar el piso con los poemas que no fueron,

así las palabras inundadas dejan de ser metáfora,
mientras que la suciedad prevalece

 la llave de corte de agua girada para la izquierda.


otra vez no tengo que comer y ya cerró todo.

VIII

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IX

los tímpanos rotos punzan de dolor por sirenas que se oyen a lo lejos, 
    el cuerpo se achica por el viento golpeando las ventanas,
  
 me duele la cabeza y solo quiero dormir.

  una bocina se pierde sin haber dejado de sonar por más de dos cuadras afuera de mi casa.

hay fuegos artificiales por un evento que desconozco.

 me rindo ante la noche,
 comienzo a anotar que pasa por debajo de mi casa:

-un hombre llorando a las 23:47 pm
-un hombre y una mujer hablando sobre como el año se pasó tan rápido a las 23:59 pm
-una mujer con un ramo de flores a las 00:41 am
-un hombre tirando piedras a la vereda de enfrente 02:43 am
-dos (o más) hombres a quienes el hombre anterior les estaba tirando las piedras 02:43 am
-tres mujeres cantando una canción que no conozco 03:25 am
-un gato escapándose de una casa 03:33 am
-un perro y el susodicho gato que huye de él 03:34 am
-la misma mujer que pasó con el ramo, pero tirando el ramo en la calle 03:52 am
-un auto que pasa a gran velocidad escuchando la misma canción que las tres mujeres cantaban hace exactamente media hora asesinando a las flores sobre el asfalto 03:53 am
-dos hombres discutiendo sobre el contexto político actual 04:13 am
-un auto que para en la vereda de enfrente sin apagar el motor ni las luces y sin que nadie se baje 04:48 am
-el mismo auto yéndose 05:01 am
-el amanecer 05:38 am

cierro las persianas, pero la luz consigue filtrarse de todos modos; no tengo cortinas porque las uso como sábanas.

las voces migran del susurro de fin de madrugada al grito del mediodía
los autos comienzan a tocar bocina para asertar dominio entre sí

y hay humedad y hace calor

y me sigue doliendo la cabeza y todavía no puedo dormir y siento que todo esto fue en vano y que no aprendí nada porque me sigue doliendo la cabeza y sigo sin dormir.