introducción al pánico: nací gérmen
[el génesis del no]
amargura en mis venas cargadas de noches
secretaban destrucción.
sé que viví
¿cómo? simplemente lo sé,
sé que dolí,
por ende, he vivido.
edifiqué yo solo mis ruinas,
mi mástil, apatriado, flameaba cuando grité.
[yo, mi herida]
mis ojos abiertos, libertarios,
reían cuando sucias ratas me fusilaban en cloacas que fueron mi hogar
mi sangre desteñida en un mar pútrido, cadavérico,
pero, ¡ay!
en la muerte, tanto olor a verbo había.
mártir del caos, antes que este último se ordenara
(que pena da realmente la burocratización del desorden)
aún así, apenado de pesadumbre
los cuervos extendíanme su amparo,
mi inocencia: esas alas negras, hechas de finitísimas almas, acobijándome
mi confianza: picos afilados cual abismo, que me devoraron y regurgitaron.
mi carne vomitada, despreciada
la esencia mía, impresa como aguafuerte en su vuelo
remontando cada vez más alto,
yo, quedándome con mi cuerpo en las manos, hundiéndome
ni suscitaba,
siquiera.
mi ceguera: la credulidad mía aún pisando esta tierra, anhela engaños.
(ilusión migratoria)
los vértices de mis imaginarios,
eran solo disimulos de mis principios,
[una vez que uno se engaña a si mismo, eso lo persigue toda una vida]
me traduje en idiomas,
aún no teniendo en claro quien era realmente
fui tacto, fui mirada
y era la palabra, mi lengua madre -soltera-
¡que de mi si hubiese nacido mudo!
[huérfano sin quien lo adopte]
- mi imaginario me sigue persiguiendo -
tanto que lo estimo a veces,
cuando gracias a el apunto una cuchilla ante mi garganta.
pero vivo aún,
y sé que vivo porque hablo
y hablo porque no me degollé.
pero sigo estancado,
mis pies sobre la tierra -en contra de mi voluntad-
mi inocencia perdida
y mi pulmón humeando por culpa de cinco balas diminutas.
-pienso-
si el desagüe hubiese sido donde ocurrió el diluvio que la biblia profesa,
noé seguramente se hubiese vuelto poeta
y hubiese cantado mil versos a cerca de las ratas
y las mujeres
y la crueldad de este mundo
y baudelaire no hubiese escrito nada.
es el vacío de la posibilidad lo que impulsa al imaginario
el vacío alimenta,
tanto como la angustia da vida
es la sed por la que escribo,
es el dolor por el que vomito carnes ajenas,
y emprendo vuelo dejando a los demás con su cuerpo sobre sus manos
(he ahí mi resentimiento)
es el dolor por quien me muevo,
por lo que me edifiqué solo en mis ruinas,
para no pasar por una etapa de lento deterioramiento,
porque yo ya nací muerte,
y en mis venas corre libertad,
verted en ellas la corriente de un vino picado, podrido, maloliente
junto con la facultad de un gemido,
carguenlas de noches plagadas de violencia
y que mi sangre destruya
y carcoma mármol como ácido.
entreacto del vacío: crecí como ausencia
[éxodo de fragmentación]
mis muñecas lloran resaca,
vomitando furia vencida.
sé que viví
¿cómo? simplemente lo sé,
sé que dolí y sé que duelo
por lo tanto, viví
y sigo viviendo,
gracias a la sed del vacío,
a la angustia que acaricia mis índices,
a la tensión pulsante,
de un dolor
que ya es mío.
jueves, 28 de julio de 2016
lunes, 18 de julio de 2016
Ansias
ansias.
¿serán mis dientes que roen su óxido?
instante en que duele lo áspero,
arde luego.
pavor es un vacío en la respuesta,
el mecanismo que engrana mi habla
sucumbiendo ante el silencio.
la aniquilación de la luz espera por mí,
áspera mi garganta,
arde -ahora- el pulmón cuya daga atravesada
nos refleja.
ansias
¿será la luz encenizada cuyo fruto inhalé, extinguiéndola?
-fulminación-
espera por mi
vuelve,
vuelve,
aún, esta ausencia duele
y no vuelvo,
ansias,
y el silencio dejando oír mi respiración
que jadeante,
sigue doliendo,
ansiosa.
¿serán mis dientes que roen su óxido?
instante en que duele lo áspero,
arde luego.
pavor es un vacío en la respuesta,
el mecanismo que engrana mi habla
sucumbiendo ante el silencio.
la aniquilación de la luz espera por mí,
áspera mi garganta,
arde -ahora- el pulmón cuya daga atravesada
nos refleja.
ansias
¿será la luz encenizada cuyo fruto inhalé, extinguiéndola?
-fulminación-
espera por mi
vuelve,
vuelve,
aún, esta ausencia duele
y no vuelvo,
ansias,
y el silencio dejando oír mi respiración
que jadeante,
sigue doliendo,
ansiosa.
domingo, 10 de julio de 2016
Siempre los Mismos Eufemismos Para Terminar Diciendo Siempre lo Mismo
copas de vidrio
rebalsando cascadas de kerosene,
seducen al óxido de máquinas,
que impulsan su tracción a sangre a hervir vértebras.
-a presión-
una válvula de carne
bombea ácido de batería en mis adentros.
[dinamitación,
derrumbe]
tormenta de fracciones.
rastros de mí, incendian subsuelos,
queman angustias.
ahora, tras la desobediencia de un punto,
la uniformidad de una forma se rebela
-hubiese rebelión-
yo a escala
(1-100 digamos)
punto como base de la unidad mía,
lo que me conforma.
soy guía de un periplo con los ojos cerrados.
esa luz roja de antena caída,
que con su arquitectura cercenada,
aún agonizante en el medio del vacío,
transmite más vida que todos los cementerios vacíos del mundo.
mi luz es la sangre -ésta, aquella-
por la cual anhelo por un abismo,
siete metros bajo este mismo suelo
que pisamos.
-
(cúrame)
-
mi "hubiese" es solo una mínima expresión de deseo,
es donde estoy parado ahora:
esta cornisa,
en la que el siguiente paso es caerse,
es transgredir
rebalsando cascadas de kerosene,
seducen al óxido de máquinas,
que impulsan su tracción a sangre a hervir vértebras.
-a presión-
una válvula de carne
bombea ácido de batería en mis adentros.
[dinamitación,
derrumbe]
tormenta de fracciones.
rastros de mí, incendian subsuelos,
queman angustias.
ahora, tras la desobediencia de un punto,
la uniformidad de una forma se rebela
-hubiese rebelión-
yo a escala
(1-100 digamos)
punto como base de la unidad mía,
lo que me conforma.
soy guía de un periplo con los ojos cerrados.
esa luz roja de antena caída,
que con su arquitectura cercenada,
aún agonizante en el medio del vacío,
transmite más vida que todos los cementerios vacíos del mundo.
mi luz es la sangre -ésta, aquella-
por la cual anhelo por un abismo,
siete metros bajo este mismo suelo
que pisamos.
-
(cúrame)
-
mi "hubiese" es solo una mínima expresión de deseo,
es donde estoy parado ahora:
esta cornisa,
en la que el siguiente paso es caerse,
es transgredir
domingo, 3 de julio de 2016
Allá, Acá, En Todos Lados
darme cuenta, necesito.
despertarme.
tal vez, deshaciendo mi movimiento en rostros que no son el mío,
gesticulando cascadas de mármol
petrificándome,
pueda prolongarme y darme tiempo
para darme cuenta,
para darme.
-si no tengo en que sostenerme
¿como evitar caer?-
violencia,
súbito suscitar en el frío.
me siento arder a pesar de que la memoria sigue intacta.
por allá me atisbo,
hundiéndome en mis jardines derretidos,
-mares de hiedras en los que no toco fondo-
extraño caminar.
ahora mis pasos, disfrazados de pataleos plagados de espinas, duelen;
y es de ese dolor de donde se desprende mi duda,
al no saber si es que soy yo quien sangra, o es acaso mi calma, desintegrándose.
extinción: todos los últimos latidos de quienes se desvanecen, orquestando un golpe en mi pecho
dolor en un exilio para escapar de nadie,
cubro mi rostro mientras va perdiéndose
con un velo de éxodos de flores marchitas
persecuciones de ausencias: carreras para descifrar el origen del eco que me recorre
y que recorre de forma laberíntica mi garganta,
no permitiéndome hallar las palabras para dedicarme al momento de verme fuera de casa,
el dolor de unos labios rotos, pronunciación anterior,
pesa el pasado
¿qué tal se vería esa conversación en mi boca?
odio silenciarme,
inhibirme por mi propio sentimiento
¿cuantas dolencias han de surcarme? ¿recorrerme?
¿es que soy acaso un objeto?
¿es que acaso soy dolor ya y nadie me lo dijo?
no salgo de mi asombro (asombro que está extinto)
ciertamente es preferible ser dolor, que ser la daga que me corte,
la culpa me carcomería
y mi piel no cicatriza, así tan fácil
¡y cuanto duelo! ¡já!
duelo junto al silencio de mil gargantas atravesadas
que nada dicen... nada de nada.
ah, ¿que? ¿no hay nada? ¿nada más acaso?
porque podría tranquilamente ser la furia que tanto alimenta esa rabia nuestra
y desplegarme entero, entero en un noveno piso para caer
y luego sostenerme de la cobardía desde un décimo,
solo para trepar hasta el siguiente
y ejecutar un-décimo de auto crítica para reconocerme después de tantas huidas
y lanzarme por fin,
para arremeter contra toda la tersura de tu piel,
escondiéndome en facciones ocultas,
gesticulándote
¿es eso nada?
verte mover, verme mover
y darnos cuenta que las siluetas que confeccionamos,
son las sedas que vestíamos
y que realmente no es amor eso que dábamos,
darnos cuenta,
darte cuenta,
darme cuenta, necesito.
despertarme.
despierto
dándome cuenta, atravesado por miles de filamentos de vidrio
arena incendiada,
el noveno, el décimo y el undécimo clausurados
vecinos enfermos de rabia (rabia que como furia, alimento)
mis jardines cayendo en macetitas,
siento la calma helada.
nada arde, aunque no creo recordar.
despierto de nuevo, pero no sé si esta vez me daré cuenta.
tal vez aprenderé.
tal vez no duela tanto ahora
(es ese mi movimiento estático, tu caminar encadenado al suelo)
despertarme.
tal vez, deshaciendo mi movimiento en rostros que no son el mío,
gesticulando cascadas de mármol
petrificándome,
pueda prolongarme y darme tiempo
para darme cuenta,
para darme.
-si no tengo en que sostenerme
¿como evitar caer?-
violencia,
súbito suscitar en el frío.
me siento arder a pesar de que la memoria sigue intacta.
por allá me atisbo,
hundiéndome en mis jardines derretidos,
-mares de hiedras en los que no toco fondo-
extraño caminar.
ahora mis pasos, disfrazados de pataleos plagados de espinas, duelen;
y es de ese dolor de donde se desprende mi duda,
al no saber si es que soy yo quien sangra, o es acaso mi calma, desintegrándose.
extinción: todos los últimos latidos de quienes se desvanecen, orquestando un golpe en mi pecho
dolor en un exilio para escapar de nadie,
cubro mi rostro mientras va perdiéndose
con un velo de éxodos de flores marchitas
persecuciones de ausencias: carreras para descifrar el origen del eco que me recorre
y que recorre de forma laberíntica mi garganta,
no permitiéndome hallar las palabras para dedicarme al momento de verme fuera de casa,
el dolor de unos labios rotos, pronunciación anterior,
pesa el pasado
¿qué tal se vería esa conversación en mi boca?
odio silenciarme,
inhibirme por mi propio sentimiento
¿cuantas dolencias han de surcarme? ¿recorrerme?
¿es que soy acaso un objeto?
¿es que acaso soy dolor ya y nadie me lo dijo?
no salgo de mi asombro (asombro que está extinto)
ciertamente es preferible ser dolor, que ser la daga que me corte,
la culpa me carcomería
y mi piel no cicatriza, así tan fácil
¡y cuanto duelo! ¡já!
duelo junto al silencio de mil gargantas atravesadas
que nada dicen... nada de nada.
ah, ¿que? ¿no hay nada? ¿nada más acaso?
porque podría tranquilamente ser la furia que tanto alimenta esa rabia nuestra
y desplegarme entero, entero en un noveno piso para caer
y luego sostenerme de la cobardía desde un décimo,
solo para trepar hasta el siguiente
y ejecutar un-décimo de auto crítica para reconocerme después de tantas huidas
y lanzarme por fin,
para arremeter contra toda la tersura de tu piel,
escondiéndome en facciones ocultas,
gesticulándote
¿es eso nada?
verte mover, verme mover
y darnos cuenta que las siluetas que confeccionamos,
son las sedas que vestíamos
y que realmente no es amor eso que dábamos,
darnos cuenta,
darte cuenta,
darme cuenta, necesito.
despertarme.
despierto
dándome cuenta, atravesado por miles de filamentos de vidrio
arena incendiada,
el noveno, el décimo y el undécimo clausurados
vecinos enfermos de rabia (rabia que como furia, alimento)
mis jardines cayendo en macetitas,
siento la calma helada.
nada arde, aunque no creo recordar.
despierto de nuevo, pero no sé si esta vez me daré cuenta.
tal vez aprenderé.
tal vez no duela tanto ahora
(es ese mi movimiento estático, tu caminar encadenado al suelo)
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