darme cuenta, necesito.
despertarme.
tal vez, deshaciendo mi movimiento en rostros que no son el mío,
gesticulando cascadas de mármol
petrificándome,
pueda prolongarme y darme tiempo
para darme cuenta,
para darme.
-si no tengo en que sostenerme
¿como evitar caer?-
violencia,
súbito suscitar en el frío.
me siento arder a pesar de que la memoria sigue intacta.
por allá me atisbo,
hundiéndome en mis jardines derretidos,
-mares de hiedras en los que no toco fondo-
extraño caminar.
ahora mis pasos, disfrazados de pataleos plagados de espinas, duelen;
y es de ese dolor de donde se desprende mi duda,
al no saber si es que soy yo quien sangra, o es acaso mi calma, desintegrándose.
extinción: todos los últimos latidos de quienes se desvanecen, orquestando un golpe en mi pecho
dolor en un exilio para escapar de nadie,
cubro mi rostro mientras va perdiéndose
con un velo de éxodos de flores marchitas
persecuciones de ausencias: carreras para descifrar el origen del eco que me recorre
y que recorre de forma laberíntica mi garganta,
no permitiéndome hallar las palabras para dedicarme al momento de verme fuera de casa,
el dolor de unos labios rotos, pronunciación anterior,
pesa el pasado
¿qué tal se vería esa conversación en mi boca?
odio silenciarme,
inhibirme por mi propio sentimiento
¿cuantas dolencias han de surcarme? ¿recorrerme?
¿es que soy acaso un objeto?
¿es que acaso soy dolor ya y nadie me lo dijo?
no salgo de mi asombro (asombro que está extinto)
ciertamente es preferible ser dolor, que ser la daga que me corte,
la culpa me carcomería
y mi piel no cicatriza, así tan fácil
¡y cuanto duelo! ¡já!
duelo junto al silencio de mil gargantas atravesadas
que nada dicen... nada de nada.
ah, ¿que? ¿no hay nada? ¿nada más acaso?
porque podría tranquilamente ser la furia que tanto alimenta esa rabia nuestra
y desplegarme entero, entero en un noveno piso para caer
y luego sostenerme de la cobardía desde un décimo,
solo para trepar hasta el siguiente
y ejecutar un-décimo de auto crítica para reconocerme después de tantas huidas
y lanzarme por fin,
para arremeter contra toda la tersura de tu piel,
escondiéndome en facciones ocultas,
gesticulándote
¿es eso nada?
verte mover, verme mover
y darnos cuenta que las siluetas que confeccionamos,
son las sedas que vestíamos
y que realmente no es amor eso que dábamos,
darnos cuenta,
darte cuenta,
darme cuenta, necesito.
despertarme.
despierto
dándome cuenta, atravesado por miles de filamentos de vidrio
arena incendiada,
el noveno, el décimo y el undécimo clausurados
vecinos enfermos de rabia (rabia que como furia, alimento)
mis jardines cayendo en macetitas,
siento la calma helada.
nada arde, aunque no creo recordar.
despierto de nuevo, pero no sé si esta vez me daré cuenta.
tal vez aprenderé.
tal vez no duela tanto ahora
(es ese mi movimiento estático, tu caminar encadenado al suelo)
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