la desintegración del imperio
deja en la tierra
la herida
de una sangría demográfica.
la mudanza es eufemismo
para el exilio.
en un puerto donde desemboca el mundo
se anidan decenas de miles
de sogas
atadas a cinturas anónimas
que no quieren perder el camino de regreso.
la fricción de cuerpos en conflicto
por el pavor
y la prisa.
un fuego invisible que abraza multitudes
hacinadas
mientras hilos de mármol
someten
a quienes se atreven a ser aún
testigos de la belleza.
un corcel petrificado,
teatralización de lo que se ha perdido.
la
victoria
mutilada.
(de nuevo,
la palabra)
un pedido de auxilio: reparar aquello que no sea auténtico.
algo se pierde en la distancia
que obliga a aplazar el día de la fecha.
ah, si.
ángeles
moscovitas
caídos,
fracturados.
liceo soviético
no-canónico.
la curiosidad en la forma
en que operan
los mecanismos
suele disparar
una agresión
indiscriminada.
la mutilación/ los mutilados
las cartas de los muertos
para los muertos.
las voces de los vivos,
también para los muertos.
las palabras,
¿acaso son insuficientes?
mis manos camuflan una sensación incierta,
poco sensible a los estímulos de una hostilidad
que no cesa.
mi boca balbucea
frío
mientras que
de mis adentro brota un calor que no abriga.
de
nuevo:
las palabras,
¿acaso son insuficientes?
el eco avanza
por
las habitaciones fantasmas de edificaciones cercenadas
propias de una compresión urbana,
producto del diseño de interiores en tiempos post-humanos.
un pabellón aislado
donde las mentes se consumen
a puertas cerradas
anomalía
armónica.
allá afuera hay algo.
impresiones surrealistas de la ropa secándose en el tender
como medusas.
el mar permanece allá, donde no podemos tocarlo.
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