martes, 13 de septiembre de 2022

el laberinto oculto de los ciempiés

una silueta roja
surca el corazón de un bosque
monocromático
esperando que la luz de una cabaña
se prenda, que el humo se haga nube
y que la madera escupa aire
sobre una piel
tan delicada
que lo haga
sentirse
áspero.

sus manos refugian un aliento tibio,
a la vez que sus dientes son chisperos
de un verbo impronunciable

y es desde ese mismo lugar acanalado que él sabe llamar boca
que descubre que su voz sigue intacta,
pero que bordeando su estómago
se extiende un incendio forestal
que arrasa con todo
hasta hervirle
las yemas de los dedos
que ahora apuntan a su pecho,
diluyendo la nieve amarga que cae de las ramas
que ceden ante el peso de la noche.

es ahora que la silueta se pregunta
si esta es la forma verdadera de traer la lluvia de vuelta a casa,

si esta es la forma verdadera de limpiarse el óxido del cuerpo
porque sabe que la delicadeza por la que espera es imaginaria,
pero no así la aspereza que entorpece sus movimientos,
no así el humo que se vuelve nube
producto del fuego que va quemando dentro suyo
y que empuja hacia afuera una voz que reclama potestad sobre el dolor
y hace nacer una luz que se expande como venas diminutas
sobre el corazón de un bosque teñido de rojo.

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