sábado, 12 de noviembre de 2022

la rabia entibiándose

de las bestias aladas,
sus cometas de cola roja
cristalizadas entre las capas de plomo
siento, entorpecen aún mas la brusquedad del tacto,
quizás es por eso que me di cuenta de que jamás había reparado
en lo tibia que es la estática
cuando incendia esos árboles invisibles
que escupen filos que alejan mi mano de la caricia.

quiero arremolinar
ese nombre nunca pronunciado, aquello que acaba sin que lo toquen
¿será la voz lo que hunde?
¿la piel lo que desgasta?
los rumores tropiezan entre las delicias que se van volviendo lluvia
¿serán estos que chocan contra mis hombros los susurros de los cazadores?

si súbitamente todo
entonces de pronto, nada.

y si desatar el peligro fuese más que un deseo
y la pregunta que lo ocultaba
al revés, fuese no más que
una advertencia inútil

entonces sería mía la posibilidad
de descubrir la tierra exótica,
de hacer de mis labios plumas
y perderme entre el aire de un beso espontáneo

y si mis manos recolectan
los racimos escarpados,
la vendimia
será
la precursora
de los mares de cristal líquido
y si los pies se cercenan entre risas,
la sangre
de los intrusos
¿sería tan dulce como la nuestra?

la búsqueda por poseernos
es rompiente
la arena, la sal
revolcándome
si algo me arrastra hacia lo más profundo
quisiera sea potestad mía el deseo de hundirme.

los embates de la urgencia me hacen dirigirme hacia donde no tenga rival.

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