martes, 27 de octubre de 2020

quiero poder vivir en el movimiento del pasto crecido cuando sopla el viento

I

oigo llamarme a medio camino de la noche.

una herida que escucho, pero que no siento.

algo arde lejos de mi
algo arde, también, dentro mío

  no presto atención, sino al ruido de mis pasos entre la tierra.

los insectos notan mi presencia,
no así yo, la de ellos.

  ¿acaso algo arde donde ellos?

 no presto atención,
 sino a lo que me llama a medio camino de la noche.

el ruido de la tierra
queriendo reproducir mi nombre

 pero que callo a pisoteadas.

II

cóctel: prender fuego las alas de ícaro antes de que pueda tocar el sol 

con
la punta de los dedos

abriendo paso entre los músculos de mi pecho

tratando de apagar manualmente

un
núcleo digital
inalcanzable. 

III

dejar la épica del apocalipsis atrás.

el viento
solo va a dejar
viento.

IV

campo traviesa
campo enfermo
famélico

ganado hacinado, comiendo
tragando
alambre de púas cercando,
cortado

hogar allanado
robado, el mechero trabado,
el gas apagado
ahora prendido, la sala en silencio (...)
el fuego subiendo,
los cimientos bajando

el ganado cercado, el alambre quemado
el humo tragando (van)

perdiéndose a la vista

del día que cede su lugar a la noche cayendo.

V

sistema orgánico

      enfermo
      efenrmo
      eonrmre 
            ...
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            ...
      efímero

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no hay resultados para la búsqueda efectuada.

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no hay nada que indique que algo está funcionando mal aquí.

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simulación de un cuerpo

 estiro una mano (que no es mía)
 siento un dolor (que no me pertenece)

 creo sentir el tacto de otro cuerpo (simulado)

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 no hay respuesta del servidor con el que se intentó establecer una conexión.

jueves, 1 de octubre de 2020

hipótesis del tiempo fantasma

 quiero ser:

               el único punto visible en el mar
               antes de que anochezca.           

     también, 

              una serie de imágenes replicadas en un circuito de video cerrado
              reafirmando lo que tantas veces se ha dicho.

quiero vestir:

              pequeñas dagas de cotillón bajo las uñas,
     
              un collar hecho de microscópicas astillas de vidrio
              que amenacen constantemente mi postura
y

         un velo que evite que mis ojos salgan rojos por el flash repentino de una futura foto borrosa.


quiero preguntar:

           
          ¿qué temperatura va a hacer mañana? 
                                     
                                      -
                                  
          ¿cómo son los lugares que no sé señalar en un mapa?
                                     
                                     -  
 
          ¿dónde quedaron los lugares que ya no recuerdo?  
                                     
                                     - 

                -la curiosidad es más ligera que el deseo-


es mejor ver al sol con los ojos cerrados,

   el pasto hace cosquillas con el viento.

conservar el momento es volverlo eterno.

                              -

lamento no poder haber llegado antes

lamento no poder quedarme tanto.

                             -   

podría ser
que lo que estaba buscando
jamás estuvo acá en primer lugar.


lunes, 7 de septiembre de 2020

relicario

al borde
del hueco

 los rastros de una soga se imprimen en mis manos.

 la distancia sabe ser indistinta ante el avance de los cuerpos.

más allá
de las macetas agrietadas

las crecidas reclaman jardines inmaculados.

el río se agiganta
  mientras nos vamos haciendo mas pequeños.

del barro

y del agua
en los baúles.

 al sol
 todo se dobla,

 los pies mojados sienten el viento un poco más cerca,

y arde un poco mas cuando los tobillos se raspan por la maleza crecida.

el tacto es sensible a la humedad.

 el piso parece desvanecerse.

quiero dejar de caminar y ver donde se hundieron las palabras que eran nuestras.  

quiero poder arrojarme sobre el cielo
y que el aire me corte antes de que nazca una tormenta.

quiero poder petrificar nuestras miradas como las recuerdo
resguardarme en un eterno instante de confort,

había flores también en donde estábamos todxs.

no le hablo al silencio

sino que le grito sin derecho a réplica.

  desmenuzo las paredes con mis uñas mutiladas, 
  escribo mi nombre para no olvidármelo de nuevo.

afuera es de noche hace un mes.

  el viento se levanta por las rendijas de mi puerta; 

  los perros lloran cada vez mas fuerte porque no pueden encontrar la luna.

  dentro
del hueco
 
   mis manos están sangrando.

el cielo se encuentra fuera de mi casa golpeando cada vez mas fuerte una puerta débil y cansada.

  las luces de mi casa están apagadas, pero aún así el aire se escabulle,
  pero no me corta, ni me abraza

  solo me reconoce como un cuerpo y me acaricia.

  el fondo de mi casa va perdiéndose entre el agua.

 el agua salada achica mis tobillos.



busco en donde rendir mi cuerpo para que alguien me sostenga.

creo verte en todxs aquellxs que te vieron.

a lo lejos creo que puedo distinguir la silueta de los árboles.



siento que ya lo vi todo a pesar de nunca haber estado acá y no saber nada de este lugar.




jueves, 27 de agosto de 2020

jamás despegué el plástico que recubría la heladera

 deshago la protección industrial por mi necesidad de lo inmediato.

rosas de plástico altamente inflamable
que no le regalo a nadie
   porque mi amor no quema por nadie

más que por la pila de ramas secas al costado de un río sin curso definido
    con la cabeza en llamas en la punta de los dedos, a punto de declarar un incendio controlado

                                    bajo los márgenes que yo impongo.

las hojas que arden primero, sosteniendo el cuerpo de sus sucesoras
se encuentran al fondo de mi garganta, pegadas como retazos de pastilla mal diluida que no supe como tragar

 y que me da arcadas y que aún tres vasos de agua no pueden terminar de erosionar.

 las mismas hojas entran, buscando mecerse entre los hilos de bronce que las arañas de los rincones tejen celosas, mientras cartografían meticulosamente la geografía de la sala de estar donde han vivido por generaciones

  pero que hoy, de entre todos los días, están dispuestas a dejar
  añorando lo que hay más allá de donde podemos reconocernos.

quisiera que se me excluyera de esta narrativa, pero es en vano.

trato constantemente de poner la permanencia en jaque
dibujando con el dedo en el vidrio empañado
siluetas borroneadas por exposición prolongada

cuya película el sol quema malintencionadamente
a través de las pocas ventanas por las que me permito ver.

 mis ojos ven químicos hirviendo sobre retina
          -la hornalla a fuego mínimo, pero aún así-

¿como puede ser que los colores sean tan hermosos a la vez que duelen tanto?

              ¿de que color tendría que ser mi piel cuando termine de caer la tarde?

las angustias son color índigo
            lo demás me es ajeno. 

el carbón va yéndose en brasas
 el calor es lo más cercano al vuelo de los cuervos. 

 de noche,
 solo los picos buscando los últimos retazos de carne
 en los cadáveres de quienes ya han caído

 -al costado de la ruta-

la parte de atrás de un hotel en el que jamás dibujé mi nombre, pero por la que escucho hacerse eco.

mi rostro flota sobre mis manos 
 mientras grita una garganta de metal a través de la pared.

 envejezco prematuramente y no soy más allá de quien era cuando supe verme.

 desde el tanque viene bajando el mar de a olitas

  y es por eso que entre esta tierra no crece nada.

y es porque visto las coronas que fueron enterradas
 que me cuesta raspar el barro seco de entre los dientes

 y las líneas de mis labios sedientos encriptan un pedido de auxilio que se pierde entre la fuga de aire hirviendo.

 mis sueños me escoltaron a ver un rey desconocido,
                   a quién agradezco por no hacerme daño

los pies siempre se esconden entre la tierra para desentenderse

se hunden
buscando de que apoyarse

y todavía no es mi piso.

 el silencio es la forma discursiva predilecta 
 hasta que el metal grita

 y caigo. 

 la responsabilidad en la desesperación
 es apagar la luz para no ver desmoronarse todo sobre mi.

la puerta de vidrio se rompe, mientras un auto acelera a lo lejos.

siempre una almohada al límite de la existencia designa mi norte,
yo solo camino aguardando la próxima instrucción.

no hay como traducirnos en cuerpos,

   las sombras no responden ante una luz ajena.

 ¿quién sabe rendirse ante la vista?

   ¿quién puede mostrarme lo que ya vi tantas veces?

 mis pies están mojados
       
       no creí que la pérdida ardiese así.

sábado, 8 de agosto de 2020

07 - 08 - 20

 mis sueños son negativos velados
oscuridad, que raspo con un cuchillo viejo, solo para encontrar la forma de tu silueta

y poder quedarme tranquilo de que seguís acá.

ya pierdo la cuenta de cuantos cuerpos te lloraron,

de cuantos gritaron tu nombre al cielo para que hacerte eco por toda la eternidad.

 sé que no vas a apreciar nuestro llanto, pero es imposible extrañarte y que no duela.

ayer sentí que el mundo se paró por un minuto solo para vos
 con una lluvia de cinco minutos que hacía mímica de llanto para invitarme a llorarte

como te estamos llorando todxs.

es imposible dimensionar todo lo que sos,
      todo lo que fuiste para todxs nosotrxs.

y tampoco sé que decir, aparte de que me encantaría que estés acá.
(que nos encantaría a todxs, que estés acá)

que nos puedas dar un abrazo, una caricia, o al menos decirnos una palabra

 que nos guíe en este mar de incertidumbre.

 quiero decirte que te amo,
 y que hoy es un día horrendo porque no estás acá.

  quiero que mis sueños no se nublen.
   quiero poder soñarte, darte un abrazo y recordarlo al despertar.

 no puedo poner en palabras lo que te extraño hoy y lo que voy a extrañarte siempre.


martes, 16 de junio de 2020

prohibida la manipulación de objetos cortopunzantes


¿qué alcanzan a tomar mis ojos para que yo lo nombre mío?

 si ya no veo más allá de la noche,
   y los párpados respiran como brasas prontas a apagarse;
sus cenizas 
 a la orilla de la mesita de la luz 
   espolvorean el agua que no tomé tres noches atrás 
     y en la que flotan los cadáveres de tres mosquitas de basura.

¿son míos, entonces, los cuerpos minúsculos que nadie reclama y atesoro en mi garganta por error?

 ¿como nombrar la miseria sino es con una tos crónica?

 por la lluvia,
 de mis dedos comienzan a desprenderse pliegues 

el vapor intenta abrir mis vías respiratorias para volver a sentir mi pecho pleno.

 trato de divisar algo a la distancia más allá de la proliferación de los hongos de los espacios entre las baldosas,

 la gentrificación de la mugre. 

  una vena insignificante dentro de mi nariz cede ante la presión del agua.

 mantengo el coágulo cautivo tapándome las fosas como a punto de sambullirme en el mar.

 ver al techo es contraproducente,
 es tarde ya para escupir la sangre que se desliza por mi garganta,

  bajando con la lentitud de madrugadas viendo el monitor de mi computadora esperando porque estas palabras se escriban solas.

hay una pérdida al departamento de abajo (por tercera vez)

  la cortina de baños comienza a teñirse de lunares entintados
 los ganchos están oxidados y al correrlos chillan como uñas en un pizarrón.

todo sigue como yo lo recuerdo:

la toalla húmeda,
 (mis manos nunca secas del todo)
   los restos de jabón blanco solidificándose en la base de la canilla
    como cera derretida

      de velas usadas solo por un corte de luz en toda la cuadra.
  
    desde el techo veo una boca negra que escupe un hilo de cobre que brilla por momentos
   un estómago lleno de entrañas de cables pequeñitos,
  mal aislados.

un tomacorrientes deformado por el calor de un apagón no anunciado que me obliga a sacar las velas de nuevo.

 el pelo gotea sobre un piso pegoteado,
 mis pies siempre descalzos

quiero evitar dormir para no enfermarme.

afuera no pasa nada,
afuera solo hay niebla

 no distingo la calle de la vereda,

 ni diviso la esquina entre lo espeso del aire.

  adentro no pasa nada,
  adentro solo existe el golpe de los marcos de las ventanas

    no distingo el ascensor accionándose del golpe desesperado de mi puerta por alguien quien necesita auxilio.

no hay reparo después de quebrar los deseos de plástico que guardo celosamente dentro mío.

 no hay nada más que hacer más allá de dormir, con un pie que no me pertenece bien hundido en el pecho, que entrecorte mi respiración y me mantenga alerta por cualquier peligro.

/ / / / / / / / / /

 tengo la mandíbula dislocada de tanto masticar hielo de un vaso vacío 
el líquido volcado por la torpeza hincha la madera dejando aureolas desgastadas como huellas

(ángeles caídos)

 y la impureza la de lengua al accionar el verbo

los fallos temporales y la falta de cohesión en lo que quiero decir.

 la frustración, inmaculada, de no poder transmitir mis deseos

(o los restos que aun guardo con el puño cerrado para evitar que se los lleve un aire exiguo)


las tempestades guardadas correctamente en tappers para un posterior consumo;

y las arañas mecidas sobre los cuernos de un venado herido
tejiendo el alfabeto del ejecutor;

el affaire más allá de la carne

los cuentos prohibidos a horas anacrónicas,

    afuera hace fiebre.

 adentro es una morgue.  

los tobillos se entumecen de pegarle sin querer al borde la cama, siendo esta no tan profunda como yo pensé.

lo que creo que intento decir, es que lo que alguna vez fue áspero entre el aire
ahora sabe ser indistinguible entre la debilidad de lo que decimos.

viernes, 1 de mayo de 2020

cuidado, la humedad podría comernos si quisiera


la puerta está cerrada.

 tengo mis pies sucios,
 y las manchas de humedad tiñen las palmas de mis manos.

 la pintura está a punto de ebullición

la pared leuda
 y todo parece tener vida en este frasco que habito. 

agoté los deseos y me rijo por el instinto a diario,
pensé tres veces en la suerte de poder recordar.

cuatro en el calvario de vivir de un recuerdo.

cuento
 con los dedos

las cosas que quiero recordar.

pero no sé distinguir mi mano entre el agua sucia.

está hinchada, 
embadurnada en restos de grasa de una cena que no cené.

el desagüe está tapado
mientras la canilla sigue perdiendo.

 mi estómago se hizo un moño con mi esófago
y me replica que solo aceptará tomar algo,
que me calme el vacío.

mis piernas 
      -cansadas pero memoriosas-
elijen el camino más corto que me lleva
a los árboles más viejos
que ya mis manos no pueden tocar
o no deben
o no quieren.

me visto de las hojas caídas, 
podridas

¿que harán de la tierra que estoy pisando?

ojalá nada crezca donde el sol no da nunca.

la luna atraviesa
entre los árboles desnudos.

ya es de noche.

mis pies siguen sucios.

mi cabeza,
mas cráneo que piel,
pide instrucciones de como huir de ella misma.

no hay luz que pueda alumbrar
la desolación de vivir 
para sobrevivir,
sin mas que 
respirar la polución de uno mismo.

¿sabremos vivir sin intoxicarnos?

la puerta sigue cerrada,

ya no distingo mis manos.

 la pared sigue inflándose, sofocándome

  mientras veo el piso del departamento de arriba desprendiéndose de mi techo.

toco mi cuello con las manos 
para asegurarme que el pulso sigue

pero nada responde ahí adentro.

la humedad subió por mis brazos
desesperanzando cualquier intento de moverme.

ni un espasmo involuntario

ni yo mismo

puedo seguir con lo que no quiero.

hay un calor inaguantable acá adentro.

no sé que es acá adentro,
pero afuera hace frío.

mis huellas dactilares fueron limadas contra mi voluntad

y tengo una tos crónica
 y no quiero dejar de fumar 

y me asusta mucho tener que dormir por mi cuenta de nuevo otra noche para despertarme de nuevo 


y estar por mi cuenta.

de nuevo.


Escrito con Carla