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martes, 30 de abril de 2024

detrás de las alarmas

para todo una llave más. hartazgo: líneas y cruces.
cinco hombres rotan la labor frente a la puerta rota,
los que no intentan, miran
y así
hasta que uno se cansa
y la tumba.

con carpa,
buscando el reparo
para hacer arder la madera; fósforos
son dientes de amenazas, mi brazo
quiere ir más allá de donde puede verse.
la lumbre es un chasquido, pero no sé
por qué dentro de mi boca todo sigue oscuro.

plegado en vegetal torsión,
lentamente los extremos ceden hacia afuera,
curvan su forma y un nutriente asoma.

hundo mis dedos en la tierra,
arando de a rasguños.
no lloro, pero escupo: que el sol sanitice lo de ayer.


escrito con palabra hueca

viernes, 30 de junio de 2023

sobre arterias residuales

si el fin del mundo es canción
¿qué escucho ahora?

si son los relinchos que como tierra húmeda se entierran en el cielo
las herraduras apretando este pecho
fuerzan bocanada áspera,
dicen destino fortuito

silencio!

ahora sí! 

dicen que los lobos aúllan
al oír la afinación de un aullido mayor

dicen que lo que creemos imperturbable está a punto de perder su quietud

dicen que de la ladera
más empinada del valle, algo se dispone
a rodar
sobre nuestras cabeza.

dicen dicen dicen

y los murmullos suenan a sangre
repicándose en eco,

si son mi sangre vendrán a mí
si son mi sangre harán de ustedes un vestido
para portarlo yo y hacer de ustedes mi instrumento

las voces lejanas responden en lluvia
las voces cercanas me cobijarán.

la pelea más ardua es la que de cerca parece un juego

esa es otra de sus tácticas

si presto atención de más me trabo,
dudo,
vacilo
en órbitas inexactas
que me dejan agobiado.
pero en movimiento

como caer dormido por un tubo de acrílico infinito.

y no sé que pasaría
si entre la posibilidad busco luces,

con las frecuencias acariciando las yemas de mis dedos

¿podría envolverme de voltios?

y explotar
y caer suavemente
con esa delicadeza que tienen
las pequeñas notas de amor y de cariño
sobre las palabras que te dijeron toda la vida.



escrito con palabra hueca

miércoles, 21 de septiembre de 2022

bajo los acoples del aceleracionismo

el corazón informático late lejos
muy lejos 

teclas, teclas, teclas: los ojos aberrantes
de un niño oculto en su conversación insomne.
palabras caen en el zig-zag distractivo
de una interfaz luminosa. 

digo luces,
explotan
mi pupila es comida de microbios
quiero mi brazo alcanzar
lejos está
de nuevo
que vuelva
y me abrace otra vez.

un repiqueteo lento
beso despacio
mis venas que son cables
leo recto
miro fijo
huelo la fragancia que descansa
en el oído seco de la maquinaria. 

mi cuerpo magenta
brilla, todo lo demás ¿qué importa?
el acople huele a óxido
un brazo plástico
pide enardecido
que le entreguen su orden
mientras el aceite acalla las voces de los transeúntes
y el eco de una mente motriz espera, otra vez, nuevamente,
espera.  

¿adoro? no.
adoramos esas ramificaciones eléctricas
¿quisieran ellas venir?
un poco, algo
no tanto, ¿no?
¿220? ¿si?
la frecuencia no está bien, digo
es algo monótona, ¿no?
algo más
que venga algo más!

dame, dame, un tiro de ese cobre,
si la necesidad es ley, quiero
tocar el fin de este deseo. 

algo que venga
algo que surja
algo que acrecente el ritmo.



escrito con palabrahueca

sábado, 17 de septiembre de 2022

caminaría donde haya una canción que me sostenga

el tiempo es indefenso ante el vendaval de pensamientos.
no hay idioma que sobreviva al confundido, los años
pasan, las raíces crecen, el fruto carga siempre
con el mismo sabor amargo. 

bajo mis uñas la tierra fermentada burbujea
empujando el hueso un poco más allá.
las manos sucias
no sienten la mordida de un perro
que ignora los llamados de su jauría.

muchas palabras para una sola cosa instauran el error.
es imposible rescatar
un paisaje constante en todo esto
y de eso depende que el volúmetro
de mi estado anímico sea o no sea defectuoso.

áspera bruma
pulula en mis manos la
destrucción de lo que yo más quiero
¿quién sos vos para detenerme?
¿quién sos vos para decirme lo que tengo que hacer?

si no sabes
si yo quiero me vuelvo cuervo
y robo todos esos rastros para dártelos.
si supieras que los rostros que guardo
nunca fueron realmente míos
no dirías nada. 


escrito con palabrahueca

jueves, 21 de julio de 2022

el riesgo de poseer una virtud troquelada

tragedia inunda la miel
profunda, quiero mas, sabes
dame hilos, que se agarren a mi cara
quiero desactivarme, que venga algo nuevo

alarmas alrededor de esta sonrisa
gente espera en los corredores del hospital
aire envuelto en humo
en el entretiempo de la muerte
los enfermeros descansan

quisiera no regalarte el terror de las fauces
sabes que estoy bien cuando estoy solo, no insistas, por favor
dejame recubrir lo mío de lo ajeno, de lo que no es tuyo

suficientes situaciones para una cabeza en rojo
¿soy esto que piensa o aquello que habla?
el sabor deshecho en un líquido amarillo
me devuelve una verdad que no veo

sabuesos huelen tu pánico
la tierra húmeda, las patas estocando el corazón del mundo
aquello que buscan, no me incumbe

¿a caso esto es lo que esperabas de vos?
¿a caso esto es lo que esperabas de vos?
¿a caso esto es lo que esperabas de vos?



escrito con palabra hueca

sábado, 19 de marzo de 2022

interferencias confirmando el acceso denegado

gracias por involucrarte en la situación. tu presencia
provocó cierto movimiento
en los estratos. a partir de ahora, no dibujaré líneas
en el cielo
cuando pierda el eje de las cosas. recto, fijo, un trazo
en seco hacia adelante sobre
el que respiro. 

quisiera decirte
al anteponer mis manos a la eternidad
no me sentí gigante, no me sentí más que coronado
de campanas nublando el sentido de la orientación
pretérito es oeste
futuro mecánico del sudeste
mañana es de fuego;

no podría verter mi gratitud en un cancionero
hacer de tu vida leyenda 

siento no sería suficiente.

cuando volví, no estabas. llevaba
la boca
cubierta de arena
y al abrirla, una avalancha de palabras cifradas
cayeron. 

estoy donde puedo y esa certeza me alcanza.
para el perro, soy un desvío ocular pasajero.
para el mar, una figura sobre la que reflejar
su inmensidad.
para mí, un pixel roto, sin latidos. 

recuerdo
no me diste tu rostro
no te regalé mi tacto

quisiera presentarte una ofrenda,
darte lo delicado de la violencia que es
guardarse un incendio forestal en el bolsillo
para que te despierte en plena madrugada
donde todo esta muerto

para que cuando vuelvas
pueda estar ahí

y vestir la boca
con los perdigones
que son rocas

y decirte lo que aun no pude.


escrito con Palabra Hueca

cantos del ala de emergentología

las puertas se abren sin que nos demos cuenta
ni de donde proviene el viento
ni si existe tal abertura. no
mires para atrás. 

las paredes imponen su blancura
en la habitación
del enfermo. 

una toalla secando la sudoración a 38°.
una venda alrededor del tórax.
el silencio
son los cinco minutos
en que los enfermeros salen a la vereda
a tirar humo y paciencia. 

mis manos
son regalos de dios,
mi abdomen instrumento divino

solo canto por la noche
por costumbre

y es el hábito el lamento
que ahuyenta
el mensaje de los cuelloblancos.

el hábito es entrega
la entrega es lamento.

lamento el no saber
de por qué di tanto
y no obtuve nada a cambio.

ahora el sonido de sus risas atraviesan
mis bolsillos agujereados. el martilleo
de pensar de más
construye en un cuadrilátero
un alambrado que me deja a la vista del resto. 

vivo,
exageradamente vivo. 



escrito con Palabra Hueca

la mancha de vino en el puño de nuestro invitado

quiero que quede nada
salvo los restos 

algo como
el nervio pelado
llevando el hueso a cuestas

una ornamenta
marfil
cadavérica
iluminando
decenas de peluquines
de señores bonachones
bien vestidos
y educados.

la plenitud es cosa del pasado. piso
lo que siento y de eso
lo que puedo lo rescato. 

un ave negra vuela sobre la calvicie
de una ciudad vacía. torres
de aluminio
como clavos en la faz de la tierra. 

lo que siento
lo rescato, después lo olvido

quiero el éxodo
sea furia. 

quiero la ruina,
quemar los huéspedes.

que de mis brazos
broten rostros como infecciones

y que ellos sean quienes abracen
aquello de lo que no puedo deshacerme.

quiero
que la distracción sea precisa
para que nadie vea hacia atrás,
donde
las hormigas mueren por el vierteaguas.



escrito con Palabra Hueca

jueves, 23 de septiembre de 2021

las coordenadas del cuarto oscuro

no quiero volver a limpiar costras de ceniza del cenicero
de santa teresita 

mi abuela me va a preguntar de nuevo

ah, ¿seguís fumando?
¿cuántos estas fumando por día?
¿y cuando vas a dejar?

y yo le respondo
y abuela, no sé, estoy tratando de fumar menos.

cielos, nubarrones, lluvia diluyendo en el parque de enfrente. 

no es que no me dé cuenta de lo mal que me hace
el tabaco,
lo que pasa es que las cosas cobran otra nitidez.

frente a una conversación, el humo que escupo enaltece
mis palabras magras
y frente a eso
no hay

resistencia que pueda llegar a oponer cuando me dicen
cosas como 

che, ¿no tenes un cigarro?

en medio de la calle

yo
y la otra persona

pidiéndome un cigarrillo mientras mis labios tiemblan por solo acariciar el paquete en el bolsillo
mientras le ofrezco uno
y me dejo uno para mi.

sábado. 4am. no hay cuarto a donde ir y sigue lloviendo.
somos cinco personas en la vereda y frente a la ausencia de un paraguas
el razonamiento arma una cadena de pensamiento que finaliza con la siguiente
orden: ¿y si armamos un carpusa con el humo de nuestros puchos?

vetas grises que se cosen sobre la punta y dejan una cúpula
que deja el pelo seco
áspero

al tacto

y hay una vibración que quiebra el silencio
que proviene  desde mi bolsillo

¿hola abuela?

hola querido, ¿ya dejaste de fumar? 



Escrito con Palabra Hueca


¿puedo poner un tema?

la concepción de un auto es la invención de un accidente
la invención de un avión puede llegar a ser el punto
a parte de un siglo: pasos al costado
de la ruta
cargan el sonido de un cansancio liminal 

una nueva línea de fármacos indoloros,
exquisitos
al paladar más refinado

los vértices,
las aristas

siento que las formas no están respondiendo de la misma manera
a como lo hacían antes 

ventrilocuismo no-kinésico

un telón que descubre un sol cayéndose
al borde del mundo.

de coté llega y pegan los rayos de la mañana
6 am, frente a un río turbio, botellitas de plástico multicolor
juntan las algas que no se llevan los pescadores 

olor a sudestada directo desde abajo, sube y como una jalea invisible
se cuela en la ventana de un piso 20.

¿han mirado los otros los pechos resplandecientes de amor?

las miradas caen cuando cae la noche y no hay nada
que podamos hacer para evitar tal sentimiento 

remordimientos al por mayor
en el bar de turno

el monoambiente
el ciberespacio

la infinidad de la estadía
la presencia presenta valor agregado

dos líneas
para dos personas,
pero un quiebre en la forma

obliga a un grupo de intelectuales a re-escribir sus argumentos.

miren la luz, mírenla blanca
tildada la computadora espera el próximo turno en una pieza sucia y descascada 

¿qué dicen de la juventud mis posters
despegándose  en verano por la humedad?

¿cuánta resonancia hay en mi cuerpos cuando se agrieta?

veo el tanque cisterna verter su agua fuera de sí y no hay mucho
que pueda hacer. 

la música ayuda a la métrica
la corrección resulta ineludible

hay un día que está por venir
dentro  de tres minutos
  y la cotidianeidad
me sigue costando  

quiero hacer una  pregunta
pero no  quiero tener una  respuesta



...




Escrito con Palabra Hueca

viernes, 1 de mayo de 2020

cuidado, la humedad podría comernos si quisiera


la puerta está cerrada.

 tengo mis pies sucios,
 y las manchas de humedad tiñen las palmas de mis manos.

 la pintura está a punto de ebullición

la pared leuda
 y todo parece tener vida en este frasco que habito. 

agoté los deseos y me rijo por el instinto a diario,
pensé tres veces en la suerte de poder recordar.

cuatro en el calvario de vivir de un recuerdo.

cuento
 con los dedos

las cosas que quiero recordar.

pero no sé distinguir mi mano entre el agua sucia.

está hinchada, 
embadurnada en restos de grasa de una cena que no cené.

el desagüe está tapado
mientras la canilla sigue perdiendo.

 mi estómago se hizo un moño con mi esófago
y me replica que solo aceptará tomar algo,
que me calme el vacío.

mis piernas 
      -cansadas pero memoriosas-
elijen el camino más corto que me lleva
a los árboles más viejos
que ya mis manos no pueden tocar
o no deben
o no quieren.

me visto de las hojas caídas, 
podridas

¿que harán de la tierra que estoy pisando?

ojalá nada crezca donde el sol no da nunca.

la luna atraviesa
entre los árboles desnudos.

ya es de noche.

mis pies siguen sucios.

mi cabeza,
mas cráneo que piel,
pide instrucciones de como huir de ella misma.

no hay luz que pueda alumbrar
la desolación de vivir 
para sobrevivir,
sin mas que 
respirar la polución de uno mismo.

¿sabremos vivir sin intoxicarnos?

la puerta sigue cerrada,

ya no distingo mis manos.

 la pared sigue inflándose, sofocándome

  mientras veo el piso del departamento de arriba desprendiéndose de mi techo.

toco mi cuello con las manos 
para asegurarme que el pulso sigue

pero nada responde ahí adentro.

la humedad subió por mis brazos
desesperanzando cualquier intento de moverme.

ni un espasmo involuntario

ni yo mismo

puedo seguir con lo que no quiero.

hay un calor inaguantable acá adentro.

no sé que es acá adentro,
pero afuera hace frío.

mis huellas dactilares fueron limadas contra mi voluntad

y tengo una tos crónica
 y no quiero dejar de fumar 

y me asusta mucho tener que dormir por mi cuenta de nuevo otra noche para despertarme de nuevo 


y estar por mi cuenta.

de nuevo.


Escrito con Carla

martes, 20 de noviembre de 2018

lo poco que nos queda y aún no hemos perdido

el tiempo es un síntoma crónico 
que se derrama 
sobre las flores del mantel 
de la mesa de casa,
mi casa 
testimonio del síntoma 
de la fiebre del tiempo, 

entonces repito, educándome: "no debo tocar el pasado porque quema".


deberé de beber litros de agua salada

 para vomitar una playa en la que todo esto ya sea indistinguible.

o quizás evocar pasajes erráticos de libros que nunca leí,

  o leer las manos de quienes ya no están
  
  retratar ausencias, o hacer explotar el termotanque, da lo mismo.

entonces repito, ahora contra mi voluntad: "este no puede ser el cielo, lo reconocería".


y si,


algo falta y es insoportable.


y si 

sigo caminando entre silencios con dientes, 
ahuyentando la humedad de las paredes, 
purgándome 
pies, manos y lágrimas 
para evitar tener que nombrar una por una 
todas mis ausencias. 

diez pisos más abajo 

nadie alza los ojos para ver 
las ventanas abiertas.

diez pisos más abajo 

el asfalto apenas parece 
la silueta oxidada 
de una infancia que no fue 
más que el anhelo insoportable
de habitar con un cuerpo la quietud.

pero hoy,

 la mochila del baño sigue perdiendo después de cuatro meses,
   
 las persianas permanecen cerradas desde el invierno.

el viento,

 es el polvo que sale de una radio re-transmitiendo un partido de fútbol
 de hace cuarenta años.

  y afuera de mi puerta, golpea la respiración de un perro con bronquitis 

 los pulmones que vibran como motor ahogado
desatornillan las bisagras. 
   
todo se siente como si me hubieran empujado a estar donde estoy ahora, 
                no estoy seguro de haber hecho algo por mi alguna vez. 

y aunque puedo considerar la idea de la posibilidad como bastión erigido para prolongar mi consciencia,


   no pienses que no sé.

   porque estoy al tanto de que nadie va a continuar mis rastros,

ni va a venir a rescatar mis restos.

solo van a escribirme con un puñal sobre el pecho de mi memoria, 

     jamás viéndome a la cara porque sentir piedad es imperdonable
               y van a crear una voluntad, para que sea mi última.

y aunque rasguñe 

el interior del sarcófago
hasta astillarme las yemas de los dedos, 
ni siquiera el eco 
de mi respiración aullante 
podrá hacer que
del otro lado 
de esta tierra, todavía húmeda, 
mis plegarias no se desarmen
en paladares ajenos

del otro lado 

de esta tierra húmeda,
de esta herida aún punzante, 
de este suspiro que me ahoga
alguien llora a sus muertos.

los codos hundidos en los nombres que nadie nombra, 

   los floreros vacíos, y todas las flores muriendo con los muertos.

mis dedos reventados, 

   mi habitación vacía,
los libros que nunca leí, 
la desconexión inminente de la luz que nunca pagué,

la mochila del baño que sigue perdiendo,


una voz que ya no reconozco,

 unos pies que no son míos,
  una persiana que se abre por primera vez

y afuera, la tormenta más grande de todas las primaveras que viví. 


siento que detrás hay un incendio que comienza a besarme los tobillos,

en contraparte, delante mío hay algo que no entiendo

y no sé como hacerle frente.


solo sé que en mis manos hay un ramo de flores anidado a mis muñecas,

 las espinas pinchan una por una, cada una de mis venas,

pero ya no duele.


¿por quién lloro ahora, sino es por mi?

caminar esta tierra húmeda es como pisotear cientos de corazones a punto de extinguir su latido. 

¿que nos dejará la tormenta entonces, sino es silencio?


además, ¿quién se deleita ahora de mis rezos?

  
si yo ya no pido nada.


Escrito con Lara


martes, 25 de septiembre de 2018

las alergias son la exteriorización de la tristeza que no se dice


nota para colgar en la heladera: el invierno es un llanto grande que camina despacio 
para sobrevivir no hay que dejar escapar ninguna palabra, 
deshacerse del documento-nacional-de-identidad,
buscar un nombre que no haya sido usado 
ser prófugo del frío tajante en la punta de los dedos del pie.

aplasto los hongos que moran en las rendijas de la puerta,
  los baño de oscuridad y de frío
                    mis manos, victimarias.

mis labios conocen el dolor,  
     mis ojos saben agrietarse de furia
y mi voz
me hace decir: afuera no hay más que cansancio
de llagarse el interior de la boca por obra de la insuficiencia,
de penetrar odios,
de estarse detrás de cada una de las sombras de todos los días que fueron mejores que este.

reafirmo: afuera no hay más que un apartado basural yéndose a la deriva.

no atravesar el umbral de la puerta 
la casa entera ruge: 
no hay que aprender a escapar del dolor ni del miedo 
más bien saborearlos, 
imaginar su textura, 
relamer los restos,
masticarlos de a poco, 
tragar 
dejar que ellos también conozcan la oscuridad absoluta de un estomago vacío.

del recuerdo, 
en cambio

solo nos queda una habitación vacía, dentro de una casa en ruinas, ubicada en un barrio a punto de ser rematado,
una silla mal soldada,
una cama distendida,
una persiana con sus maderas hinchadas de humedad a punto de decapitar a un cuervo que intenta comunicarse conmigo,
una taza con un café frío
y los párpados cosidos a una pantalla que reproduce en loop un registro videográfico del peor día de nuestra niñez.

hoy nos toca dormirnos contando los paisajes que nos han sido negados.

Escrito con Lara

domingo, 23 de septiembre de 2018

la oscuridad también habita en los estómagos de tus microbios, no lo olvides

claro que lo mejor es 
cruzarse de brazos, 
tragarse el silencio 
y aceptar el fluir espeso del tiempo.

fui el ignorante que aguarda 
el diagnóstico terminal
en los corredores huecos 
de un hospital sin calefacción

fui también el blanco de las dudas que se reagrupan en silencio, lentas, 
divagan como satélites en el espacio,
a oscuras, 
como espías envueltos en trajes hechos de bolsas de consorcio a la caza de tus inseguridades domésticas.

fui la planta en la espera por marchitarse definitivamente que arrancan de raíz 
con unas manos plagadas de dudas y mordidas de esos molestos insectos que abundan en verano

e hierven para hacer un té que por la noche no te deja dormir,

pero te hace sentir un poco menos apenado con la vida que llevaste hasta el punto en que decidiste hacerte un té para dejar de sentirte tan miserable.

fui la espera del otro lado de la puerta,
 las sombras también, de esas que te hacen sentir que hay alguien del otro lado aguardando por vos

 y la decepción de las bisagras vírgenes, oxidándose.

ah,
y el diario no llegó hoy, 
pese a haber estado esperando toda la tarde.

las manos sobre el aire, tratando de aguantar el peso de la ausencia.

siento las muñecas arder
  como los cuellos de los corceles por las ataduras que los obligan

a arrastrar un carruaje fúnebre por las polvorientas calles de tierra de un pueblito vacío 
sin poder estacionarse.

fui el clavo doblado 
que perforó cada una de las maderas 
con las que tapiaron las ventanas de mi casa, 

y hoy me arrepiento.

fui la penumbra que se hizo cuerpo
y la botella con agua de la canilla 
que sigue pariendo burbujas porque sí

si la palabra hablada no sirve y lo que cuenta son las acciones.

el origen de este desastre cuelga directamente de nosotros, 
como dos horcas 
nuestras manos 
cargan la herencia bastarda de la caricia y el golpe, 

han obedecido las órdenes de la muerte 
y engarzado los tobillos de los recién nacidos,

despojándonos de la inocencia primera,
      
             el primer llanto siempre es de dolor.

el espacio sabe enseñar la diferencia,

dos pares de hombros dispuestos paralelamente,

   una mirada a punto de inundarse se abalanza sobre el comienzo de uno de los brazos
y es desde es mismo brazo
      que nace la mano que aprieta la nuca

y es esa misma mirada, la que quiebra a su par 

 colapso simultáneo, 
   contención en la similitud, 
     y la identidad dejada a un lado.

la virtualidad de las comodidades para una errónea percepción del día,

- las persianas sin correa para levantar
- todas las luces quemadas
- una habitación que oficia de cenicero
- una voz que no tiene con quien enfrentarse
- una columna con delirios de formación rocosa
- las uñas largas aferradas al suelo
- un aire helado que corta las pestañas

¿y qué nos queda de de todo esto?

¿sueños?, 
no, ni siquiera sueños, 

anhelos en potencia, 

pretensiones a futuro que claudican 
ante los límites arquitectónicos que hemos erigido

vos, yo, nosotros, todos, la historia tonta 
que pulula arriba, detrás, 
debajo nuestro como una estructura 
de vigas y andamios en constante
 movimiento
nuestra razón de ser fue siempre el encierro

¿hasta dónde llega mi voz?

¿cuánto tiempo aguanta con vida una misma emoción?

¿cuánto tarda el amor hasta convertirse en parodia?

qué es un corazón 
sino una bolsa con puro humo 
que de buenas a primeras 
se rompe liberando
la alergia y los males de este mundo

es inevitable.
con la cara triplicada ante al espejo rebota siempre la misma pregunta:

¿qué culpa tiene el cuerpo?

si ya lo han devorado, regurgitado, despojado de humanidad, quebrantado su espíritu, acallado su voz, si ya lo han escupido, triturado, lo han tirado abajo de la línea de subte más insegura de la ciudad, le han quebrado las piernas, roto los brazos, obligado a mirar al cielo esperando por un sol que nunca llega, si le han mostrado sus sueños incompletos, le han ejecutado a su familia frente a sus ojos, lo han enterrado, le han perforado el abdomen con lanzas en una dudosa representación de la muerte de jesucristo, lo han resucitado, le han hecho creer que realmente valía algo solo para re-afirmar la miseria que guarda, lo han decepcionado, le han roto su corazón, lo han privado de sus cenas, no le permitieron tener un cumpleaños, si ya han roto su hogar, y lo obligaron a vivir en las alcantarillas que ni las ratas saben habitar, le han recitado poesía barata, si ya le prohibieron escribir, le censuraron la expresión, le cortaron sus manos y las reemplazaron por pezuñas de chanchos que lo fuerzan a comer crudos. si ya le han quitado todo.

¿qué culpa tengo?

¿por qué cargo con todo esto?

¿por qué no me permito salir de mi habitación después de tanto? ¿por qué me auto-reprimo? ¿por qué me exijo tanto si sé que nada puede satisfacerme?

¿qué nos queda de todo esto?

¿que podemos hacer con todo esto?

y claro que lo mejor es 
       cruzarse de brazos,  
         tragarse el silencio

y aceptar la auto-mutilación de todos los días, esperando que de uno de esos días, pueda nacer algo que realmente valga la pena.


Escrito con Felix

sábado, 15 de septiembre de 2018

el sacrificio de los cuartos nocturnos que no retuvieron gritos feroces

me tomé el tiempo para defraudarme y cansarme de este cuerpo que no se recicla

del deber, del obrar
pronunciarse por aquello que nadie puede quitarnos

a donde irán a parar todas esas piedras que pateé; tan indigno es mi espacio
no sé a donde ir
y las piedras
como las piedras

en simultáneo, el abandono de dos cuerpos
el recuerdo de jamas asumirse derrotado aun teniendo las manos vacías.

giro y giran las palabras que impactan sobre las botellas vacías que dejamos. quisiera ver el esplendor de esos choques eléctricos pero estoy ciegx y encerradx en el living con pena
y sin dinero

aprender a deshilachar las vulnerables costuras de las contra-indicaciones de la identidad
digo, que seamos quienes nosotros querramos ser
siempre

propuse arañar las paredes hasta dejarlas limpias
en penitencia, la frente ahueca adoquines en su perseverancia
las muñecas atadas de susto, 

y los ojos que piden a gritos volver a ver el cielo

y mientras mi cama se ensucia de cenizas me prometo, quizá a algun santo también, no pensar más en lo que espera,
pero hace frío



Escrito con La Pauli

viernes, 7 de septiembre de 2018

ese segundo antes de estrellarse contra el suelo después de caer de un decimosexto piso

un torbellino dulce 
de palabras sepultadas en los labios,

no debo hurgar entre lo seco,
entre lo árido,
apenas si tengo el tacto para oponer mi piel ante sombras.

desde el precipicio veo 
ambos pies enterrados en el asfalto 

cómo símbolo de conquista 

o absoluta derrota.

ya no me veo reflejado en los rostros de vidrio,
las huellas de las manos se arrastran por lo que quedó de mis caderas.

fuimos el reflejo involuntario,
aquello que solo está permitido mostrar.

exhibición permanente.

el museo permanecerá cerrado por tiempo indefinido.

antes de que mis huesos besaran el ruido blanco
hospedé un silencio febril 
en la parte baja de mi columna vertebral. 

ahora el viento golpea todas las puertas 
hasta aturdirme

y nadie puede entristecer las bisagras, ergo
nadie abre.

nadie sigue mis pasos.

nadie sabe guiarme por un camino que jamás recorrí

¿acaso las tormentas no sé preguntan por el suelo en el que se desangran?

la inmortalidad de lo arbitrario

se me han revocado las ansias de soñar,
se me han escapado las fuerzas para hacer latir manualmente el corazón.

mi epitafio rezaría: 
nunca supo mirar más allá de un cielo hostil, 
pero casi saboreó en el filo de sus dientes

un recuerdo agridulce a medio masticar.

la garganta cerrándose para no tragar

un cielo que muere por el horizonte  diciéndonos que esta noche no nos pertenece.




Escrito con Lara

lunes, 16 de abril de 2018

un ventilador de techo, un cenicero inundado y una guía telefónica tallada en la pared



no quiero buscar complicidad
en nadie

no quiero ser un búho paranoico.

santísima trinidad: quien 
sentencia, 
quien baja la palanca sin abrir los ojos
y quien se adeuda por no pagar la cuenta de electricidad.

me escribo con palabras inauditas
como un papel quemado a la luz del sol.

salir sin sentido, ver la niebla entrar sin aviso

¡obsolescencia juvenil!

diferenciar las características
entre aquello que perdimos y aquello que esperamos, desarrolle:

me quemo las pupilas
con cigarrillos apagados
a ver si veo algo.

rápido: una pala de metal y 1cm2
para enterrar un corazón a punto de nacer

sepamos no dar más de lo que podemos.

me veo en la oscuridad
que cae sobre nosotros,
es una realidad crepitante,

es inútil
cortar la correa que te une con mi sombra
duele tanto como cortar los tendones
que me mantienen en pie,

es inútil no caer.


HAY/QUE/DES/HACER/ SE/DE S/PREN/DERSE

ya después de eso no hay camino erguido para seguir adelante

no controlo todo lo que respiro
pero te vomito sin mirar.

me rehúso Me Niego
            me nIegO
      me niegO


escrito con felics y caro

domingo, 7 de mayo de 2017

el noble arte de arrojarse desde el borde del mundo y arrepentirse

ontología de una fábula:

si la sed es un hueco podrido en la garganta 
un espejismo acuoso sobre el asfalto de una ruta a ningún lugar,

o un paladar enfermo ¿que mas da?

beban, 
bebamos, 
embriaguémonos
con la baba que cuelga de este retrasado dios idiota.

el deleite de los desamparados.

colecciones de confesionarios:

jesus atado con un cinturón en el cuello
al apoya cabezas de una cama victoriana

vestido de cuero 
 con una manzana en la boca
             gimiendo

mientras le vomitan perdón
sobre las heridas.

lo que me hace imaginar que el cielo no es un deshuesadero,
como tienden a enseñarnos,

sino un burdel vip, donde san pedro es el patovica.

en un escenario así de libertino, el goce clausura al dolor
y las lágrimas se vuelven espesas y blancas, y frenético es el movimiento de las caderas, genuflexiones del sometido 

¿y ahora que la tempestad se avecina, qué más queda por desmantelar?

bendita es el agua que gotea de los techos 
y sobre todo, 

bendita la virginidad de la matriarca
la hilacha  suelta
la carcajada final,

las lenguas adorando la humedad de las paredes.
las manchas del pecado.

el agua se escapa por traqueotomías clandestinas,

la madera se pudre como la vista.

se anega el nido de ratas
sus chillidos guturales me trizan la dentadura

ellas son quienes corean la oda a la miseria

las que serán mártires
y resucitarán al tercer día.

en un acto de desesperación, 
convertiré mi manotazo de ahogado 
en un cachetazo 
a la campanita que dentro de mi boca se mece, 

devolveré lo que me fue regalado 
que no pedí 
que no quiero 
que no me pertenece,

contemplarán a un volcán ebulliendo de mis madrigueras 

vomitaré las ratas contra las caras atentas de los cuervos,
crucificaré a cada una de ellas por sus colas

rindiéndoles memoria en mis más atroces sueños
donde son ellas quienes roen mis tobillos

y son el jurado de un proceso en cual no tengo defensa

ni boca
que grite alguna queja,

ni cuello
para cumplir con la muerte, mi condena

contando solo con el torso enfermo, roto, partido
a un lado de una habitación donde no quepo, ni respiro

llorando, quejándome del maloliente crucifijo que está clavado en mi pecho.

es el miedo éste
de tener el corazón despojado del cuerpo,

jadeando con cada respiración

sosteniendo en mis manos las colas extirpadas de nuestras salvadoras
a modo de castigo divino

empapándolas de angustia, bendiciéndolas

muriéndome de sed.

Escrito con Felix

martes, 14 de marzo de 2017

las maderas de pisos de hoteles baratos absorben la sangre como cocaina

peco de comensal en una cena de hambre

los platos sucios de sangre
albergan como migas los huesos astillados

que nutren al tabique enfermo
de quien 

llora cuando amanece.

¿en que ritual incendiarán su infancia de nuevo?

ahogándose con un cinturón
en un hotel gobernado por cucarachas

llora,

se remuerde,

se olvida
y recuerda

los días sin paredes,
sin el ruido del televisor de fondo

sin los soles de neón

y sin las costillas creciendo de costado
cual tumores arqueados

que lo encierran.

infranqueable yace bajo la pequeña cruz de madera
que adorna la habitación,

se cancela el movimiento.

un plato vacío
comienza a huir de la mesa,

una cucaracha patea la puerta intentando cobrar el día.

peco de testigo en un crimen sin víctima

la alfombra absorbe las venas
los ácaros se ahogan

ahora la alcoba queda desnuda
y desnudos cuelgan sus parpados;

no es premonición
ni realidad alternativa;

es el descaro del presente,

es ese plato vacío 
que ya ha huido de la mesa.

escrito entre un vaivén de ideas con Bruno

lunes, 6 de marzo de 2017

luz cenital y nueve cervezas

ahí, 
la mano se rendía ante la herida

dame un dolor, 
tatuame la piel,

 dibujame mandalas 

total después quedan convertidas 
en telarañas.

y ya no pude ver mas al verte ahí,

mi sombra sorprendida por su propia oscuridad 
se vio sin opciones restantes

ah, ¿y que tanto duele? ¿eh?

cuando la tormenta mato el cielo: solo tierra mojada.

la incertidumbre 
y la espera eterna

¿para que? cambio... pero no se.

algo,
si, algo que incendia ¿pero que? 


¿y a que?

caigo en un remanso de flores negras 
que ni las espinas provocan sentimiento alguno.

y la rueda continua su trayecto sin fin.

los escombros ocultan basura 
que los exploradores forman tesoros.



cadáver exquisito realizado con Felix y Rosario