martes, 25 de septiembre de 2018

las alergias son la exteriorización de la tristeza que no se dice


nota para colgar en la heladera: el invierno es un llanto grande que camina despacio 
para sobrevivir no hay que dejar escapar ninguna palabra, 
deshacerse del documento-nacional-de-identidad,
buscar un nombre que no haya sido usado 
ser prófugo del frío tajante en la punta de los dedos del pie.

aplasto los hongos que moran en las rendijas de la puerta,
  los baño de oscuridad y de frío
                    mis manos, victimarias.

mis labios conocen el dolor,  
     mis ojos saben agrietarse de furia
y mi voz
me hace decir: afuera no hay más que cansancio
de llagarse el interior de la boca por obra de la insuficiencia,
de penetrar odios,
de estarse detrás de cada una de las sombras de todos los días que fueron mejores que este.

reafirmo: afuera no hay más que un apartado basural yéndose a la deriva.

no atravesar el umbral de la puerta 
la casa entera ruge: 
no hay que aprender a escapar del dolor ni del miedo 
más bien saborearlos, 
imaginar su textura, 
relamer los restos,
masticarlos de a poco, 
tragar 
dejar que ellos también conozcan la oscuridad absoluta de un estomago vacío.

del recuerdo, 
en cambio

solo nos queda una habitación vacía, dentro de una casa en ruinas, ubicada en un barrio a punto de ser rematado,
una silla mal soldada,
una cama distendida,
una persiana con sus maderas hinchadas de humedad a punto de decapitar a un cuervo que intenta comunicarse conmigo,
una taza con un café frío
y los párpados cosidos a una pantalla que reproduce en loop un registro videográfico del peor día de nuestra niñez.

hoy nos toca dormirnos contando los paisajes que nos han sido negados.

Escrito con Lara

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