domingo, 30 de enero de 2022

las piedras que adornan los tobillos

pero si
aun no toqué la comida
no dejé el agua corriendo, lo juro

el baño está oscuro
el eco es sensible al tacto por la agudización de los sentidos
instinto de  supervivencia
que me insta
a improvisar
barricadas
por los fuegos enemigos.

quisiera soñar
con alguien distinto
alguna vez

¿por qué no me dijiste que el dolor no es solo mío?

¿ni que el color tampoco?

¿qué otras cosas no conozco aún?

¿el frío acaso?


que
cuerpo
pierde calor
abraza el cadáver
que es ofrenda
y la promesa de otro día

quisiera soñar
con algo distinto
alguna vez.


jueves, 20 de enero de 2022

los distintos hogares de un cangrejo ermitaño

 I

que mis ojos
se hagan agua
y oficien
de bebedero
para las aves
desamparadas.

II

la ceguera
de las abejas ancianas.

la miel negra
se escurre de la noche
densa,
como el aire
dentro de las colmenas
deshabitadas.

el calor asedia.

sofocada,
la futura reina
abdica
en nombre
de un pueblo que
resopla en muerte.

mi mano se pega en la corteza de los árboles afligidos,
mientras las hormigas
ante la promesa de un festín
escalan mi cuerpo,
arrasando con todo a su paso.

III

no me molesté en
cumplir
la promesa
de encontrarnos de nuevo
bajo el esplendor de los lugares que alguna vez amamos,

donde hoy
la humedad
alimenta
a quienes todavía
desean
la belleza.

no me molesté en cargar
con la forma, tampoco con el ruido, ni con el confort de poder
haber visto luz a través de las grietas mas pequeñas.

si no queda más que esto,
bueno,
supongo que no puedo hacer más nada.

IV

los matorrales
cosquillean mi pecho,
mientras la piel de ayer
se esfuma entre lluvias
de agua tibia
que inundan
el piletón
donde
los platos siguen mal lavados
y el desagüe no desagota.

la hinchazón de mis manos esconde mis venas

los restos de la cena siguen ahí,
en el fondo del mar.

martes, 18 de enero de 2022

los santos desahuciados viven entre escombros bajo el cielo hueco

sentí que las alas -dos bolsas de nylon-
no podían
superponerse
sin entorpecer
el vuelo.

la aerodinámica,
esa forma artística
tan compleja de dominar//

quise robar
las sillas de jazmín,
esas que se erizaban por el miedo,

no sin antes anteponerme
a la pérdida.

no sin antes traducir
mi respiración
en un grito.

el té se rebela
ante la quietud
por la tracción
de los músculos y tendones
que se ocultan dentro de la porcelana.

el corazón bajo la mesa
sopla jadeos
que son socorros
que endulzan
mis pies
descalzos.

el paseo
es mímica
del sueño
en pretérito.

la fantasía es violencia, hoy.

la lluvia,
¡mirala!
es de sangre, hoy.

mañana
vendrán
las heridas
después del malón

y el llanto de los caballos
adentrándose en el valle,

donde
no hay árboles
que devuelvan
el consuelo.

¿qué es lo que estoy persiguiendo, sino es la noche?  

la guarnición,
el voto de silencio
los cuerpos tocándose
sin quererlo
pero
necesitándolo.

esperar ese
impulso
nervioso
decir
no quiero
estar más acá.
esperar es
hundir
despedazar
con las uñas y la mandíbula
el presente
y dejar
el cuerpo viendo al noreste
esperando futuras invasiones
que terminen por arrasar con todo.


domingo, 16 de enero de 2022

la inmensidad de lo vulnerable

la poca capacidad
de concentrarme
en mi reflejo
mientras las olas
constantemente lo van
deformando.

¿soy estos ojos? ¿soy
esta boca? ¿estos labios?
si mis manos no fuesen estas
y fueran otras,
¿seguirían siendo mías?
si me sacase el corazón ahora y lo
arrojase al borde de este río,
¿podría encontrarlo entre
la infinidad del mar que
constantemente quiebra mi rostro?

lágrima se construye
de sal
la pena es
temporal
quisiera decir a veces
poder, a veces
nadar más allá
de donde está el horizonte
y ver si hay algo que pueda ser mío.

quiero arroparme
del musgo que flota entre el agua
abrigar la piel helada
que insectos asienten campamento
sobre mi pecho
y éste sirva de hogar.

¿a dónde pertenezco si no es a lo anterior?
el ahora se siente ajeno,
como si
estuviese de nuevo
bajo la cama, riéndome entre dientes
tratando de sorprender a alguien
que ni siquiera me está buscando.

una serie de pinturas diminutas para personas diminutas exhibidas en una galería infinita

I

las flores,
sus pétalos
metálicos

las púas abrazan la carne,
y escriben
las primeras palabras

sobre un cuerpo
ingenuo que no experimentó
ninguna sensación
más allá
de ésta.

II

los diálogos
son roca.

el viento re-ordena las letras
de las palabras que pensábamos eran inamovibles.

¿qué quieren decirnos aquellos que han sido borrados del mundo?

¿era este cielo que está bajo nuestras cabezas, suyo en aquel entonces?

siento un dolor
que existe desde antes de que todo naciera
y que va a perdurar después de que todo se extinga

quisiera poder darle un nombre,
pero las letras se me resbalan de los labios
y mis dedos son demasiado transparentes para aguantar el peso de la tinta.

¿era este el futuro que presagiaban los cuerpos primeros?

¿quién portará el dolor después de que muera? ¿que le dirá el viento con mis palabras?

III

ya renuncié
a todo.

restará esperar a ver que pasa.

IV

el óxido dicta los pasajes primeros del paso del tiempo
donde el verbo no es mas que
océano
que es código,
como formas
de comunicación (como por ejemplo)
la ventriloquía para cuando
las bocas todavía precisan asistencia para tomar la palabra.

sostengo un vaso y utilizo la luz del sol para imprimir ángeles sobre manteles descartables
que me servirán por la próxima hora y media.

eventualmente,
mi mano divina buscará nuevos siervos cuando se aburra,
y mientras el papel se arruga por el mismo sol que cristalizó su luz en los figurines que están sufriendo de una prueba de fe,

la humedad terminará de corromper aquellos corazones de 0,1 mm de grosor
que serán aniquilados por decenas de filas de dientes metálicos
que darán por origen a bestias de fuego
ennegrecidas por el resentimiento
que el viento traerá de vuelta frente a mis ojos

solamente para que las sople lejos y se desintegren entre el aire.

VI

colección de bolsillo: la navidad de los insectos.

las antenas visten
luces diminutas,
los regalos para los huevecillos
que están pronto a eclosionar
siendo casi medianoche.

¿quién va a vestir las alas mas bellas?

adornadas con hojas a punto pútrido,
con ese color morado
tan elegante
tan escaso.

el árbol diente
de león altamente inflamable
una catástrofe casi anunciada

la huida se traduce
en un aleteo despavorido
que solo aviva un fuego que ahora es insaciable

los grillos entumecen su abdomen por las quemaduras
la música es cada vez mas disonante
pulsión de muerte 

entre la noche
se divisa un punto minúsculo
de color rojizo-

a lo lejos se oyen doce campanadas,

el césped vuelve a su color oscuro como si nada hubiese ocurrido.

VII

darte la mano
y desvanecerme,

¿cómo
condensar el tiempo lo suficiente
para que su paso resulte imperceptible?

el ejercicio de lo inútil.

el deseo es sinónimo de inocencia,
la cadencia cada vez menor
de tus palabras
y las mías
que no quieren
entorpecer
este silencio,
que es tuyo.

VIII

protección anti-terremotos
para las vírgenes de cerámica.

la hidrografía de la sangre
entre papel de burbujas
explotando

mientras el sol cae
tirando abajo pedazos del techo consigo.

IX

quiero guardar
los puntos que flotan entre el aire,
lejos de todo mal.

quiero trazar líneas invisibles con mis dedos
dibujar obras que solo
yo pueda interpretar

quiero
poder aniquilar con la mirada.

y
quiero
respirar
riesgo,
la raíz
de todo
placer

 destruirdestruirdestruir
es tan
natural
 como atesorar
lo que nos parece hermoso

¿a vos que te parece hermoso?

¿vos que quisieras destruir?


lunes, 10 de enero de 2022

juré quedarme en el mismo lugar

otra vez
ese sueño
en pleno verano
que borra los límites entre mi piel
y el sillón de cuero.

otra vez muerdo mis labios
para despegar de un tirón la gasa
de la sangre seca
y la sangre seca
de mi tobillo

y en el medio de la ruta
soy propiedad del viento
que podría llevarme lejos
si quisiera

y mi padre sigue avanzando sin ver atrás
y las lágrimas caen
en
los baberos de papel
con los que me vistieron sin que me diese cuenta

y que ahora van cercando mi cuello
cerrándose cada vez más
mientras oigo

el hervor de las remeras

y la palangana sedimentándose con la membrana de mi casa,

¿qué pensará mi madre de todo esto?

no hay sombra donde refugiarse,
otra vez.

y ahora
los caracoles que masacré cuando niño
vuelven a cobrarse venganza

y no sé como pedirles perdón

más que entregando mi cuerpo a las represalias
que sabía que llegarían,

pero
que ignoré
cuando era dios
de este patio
por la arrogancia
de haber creído
que no iba a haber
otro tiempo
más que aquel,
tan maravilloso.