I
que mis ojos
se hagan agua
y oficien
de bebedero
para las aves
desamparadas.
II
la ceguera
de las abejas ancianas.
la miel negra
se escurre de la noche
densa,
como el aire
dentro de las colmenas
deshabitadas.
el calor asedia.
sofocada,
la futura reina
abdica
en nombre
de un pueblo que
resopla en muerte.
mi mano se pega en la corteza de los árboles afligidos,
mientras las hormigas
ante la promesa de un festín
escalan mi cuerpo,
arrasando con todo a su paso.
III
no me molesté en
cumplir
la promesa
de encontrarnos de nuevo
bajo el esplendor de los lugares que alguna vez amamos,
donde hoy
la humedad
alimenta
a quienes todavía
desean
la belleza.
no me molesté en cargar
con la forma, tampoco con el ruido, ni con el confort de poder
haber visto luz a través de las grietas mas pequeñas.
si no queda más que esto,
bueno,
supongo que no puedo hacer más nada.
IV
los matorrales
cosquillean mi pecho,
mientras la piel de ayer
se esfuma entre lluvias
de agua tibia
que inundan
el piletón
donde
los platos siguen mal lavados
y el desagüe no desagota.
la hinchazón de mis manos esconde mis venas
los restos de la cena siguen ahí,
en el fondo del mar.
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