martes, 6 de febrero de 2024

deposición del presente en favor del mito

la descomposición de las líneas creó el ruido de las lluvias,
las cuales existen aisladas sobre parcelas diminutas
que son pequeños santuarios, manchas del deseo
en las que habitan decenas de miles de rostros posibles.

las tormentas no son íntegras, pero no hay un sol que salvaguarde los espacios vacíos,
no hay un camino que organice las pequeñas aldeas,
solo hay alas de agua, a las cuales les da forma un viento mecánico.

no distingo la verdadera amenaza de las microfisuras en el aire,
tantas voces distintas llaman por un nombre similar al mío.

prepararía una visita para cada una de ellas
para desvestir todas esas capas y capas de miedo y enterrarlas en el cementerio de las cruces
donde pude ver como caían las estructuras de alta tensión.

el descarrilamiento es tan lento y doloroso como caer en una pila de ruido.

la frecuencia de la cacería aterra a los animales ciegos que, bajo tierra,
recuerdan que situar el oficio del instinto en bocados
se premia con vivir por una noche más.

la exhibiciones no poseen naturalezas inquietas y curiosas, sino más bien reiterativas y teatralizadas,
la composición debe ser precisa, afianzando aquellos ademanes que se acercan más a la idea de serenidad.

dormir sobre una pila de voluntades, o
arrancar las pequeñas catedrales calcinadas de las manos de quienes siguen creyendo, o
tratar de descifrar musgo deshilachado, o
agitar el sonajero que avispe al bebé que duerme en el centro del mundo, o
cultivar campos en los que los ángeles desearían retozar, o
seguir el sonido por donde más se curve, o
susurrar lo que ven las nubes, o
servir té de jazmín sabiendo que la carroña celebra su banquete cuando todos duermen.


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