hoy
se ahuyentar
a quien me nombre
hoy
de niño
recuerdo morir.
era mi hogar, asilo de psicopatología
mi habitación
había cambiado para entonces.
en mis fotos, mi rostro refregado con lavandina
mi piso, inundado de aquella
y un fósforo
cayendo del brazo de mi madre,
que antes que madre, era enfermera y luego fumadora crónica,
terminó por sentenciarme durante un verano entero
al pabellón de quemados.
cinturones de cuero maloliente
olor a vaca
olor a muerte, a matadero, a desprecio
a un gancho oxidado clavándose en el medio de mi cuello
y arrastrando un horrible chirrido consigo hacia mis costillas, hasta entonces, inmaculadas.
un abrazo contra mi voluntad.
los perros de los nadies, de las noches
trataban de despedazarme ante el mínimo de mis descuidos
por el hedor que emanaba
¿a enfermedad? ¿a vísceras podridas?
lo desconocía, sinceramente,
pero ay, en verdad mentiría si dijese que aquellos sabuesos de lo infame
aun me ladran rabiosos en mis momentos de mayor vulnerabilidad.
entonces,
mis manos se estiraban
tratando de alcanzar un poco de la luz de la que se me privaba,
era yo, casi una lágrima
la fiebre me clavaba cada una de mis extremidades
al colchón de pierda al que se me era entregado cual ofrenda,
lloraba por el vacío de las salas en las que yo creía que mis brazos, que mis piernas se habían convertido
galerías de arte desnudas,
yo desnudándome,
el calor deshidratándome
gente mirando por las ventana
yo cobijándome de ropajes,
la vergüenza enfriando mis venas más escondidas,
ay,
todo blanco,
todo sudor,
bolsas de nylon en los rostros del romance moderno,
magritte muriendo
asfixiado,
jamás te dije te amo y hoy creo que me muero,
mis piernas son carnada para un tiburón que jamás será atrapado
¿es que la justicia no podrá nunca frenar la impunidad?
¿es este el muelle donde jugaba de pequeño?
¿o la cuenca de un río donde solo se arrojan desechos?
mis manos tenían ojos en las palmas,
ojos que lloraban a cántaros
por no ver a nadie cerca mío.
las piernas se acurrucaban sin importar el calor
gritaba, imploraba, pedía,
extorsionaba, pero luego caía en cuenta que no estaba en posición de negociar nada
"por favor
por favor"
las siluetas de los árboles me devoraban con su movimiento,
por las tuberías corrían diminutos hombres que de seguro iban a quemarme la lengua por ser tan cobarde.
al lado,
mi hermano
muerto
tapado con una sábana, una televisión de 12 pulgadas muestra una película rebobinándose
el final sería la sentencia,
volver a un videoclub donde quien atendía siempre me asustaba y donde el olor revolvía mi estómago.
los cinturones de cuero me ahorcaban
me asfixiaban
una bolsa de nylon inundada de sangre en mi boca
mis labios la rechazaban
pero mi estómago a punto de inmolarse de ácido, la reclamaba.
abrí mis comisuras,
y lo último que recuerdo es haber vomitado todo mi torrente sanguíneo.
mi madre llorando
mi padre perdido en la nieve
mi hermano muerto
mi perro sacrificado
y
yo
mártir.
un recorte de mi silueta como en un crimen meticulosamente remarcada colillas de cigarrillos
los perros rodeándome
para degustar mi carne virgen,
el cielo sin abrirme sus puertas.
era el deseo de mi cuerpo
mutilado
abandonado
ser un maniquí
así no sentiría
ni lloraría
ni podría darse cuenta de que era débil.
ni podría sentir dolor
ni saber que nadie iba a verlo.
sentía ser un soldado abandonado en un hangar
herido en la cabeza,
contusiones
perdigones perdidos entre la sien
hemorragias tanto internas como externas,
media parálisis facial
además de una pierna menos
y una sonrisa imborrable en el rostro.
recuerdo morir aquel día.
hoy
me recuerdo
de hacer lo mismo.
me recuerdo
de morir
ante los padres de la plaga
siendo tanto aquello bajo la cama que me acechaba de niño
como aquel niño que fui,
aun con las extremidades clavadas
pero hoy
con un pueblo entero en contra.
ah si,
la última cena,
ay mi hogar, aún cultivo de enfermedad y de muerte
lo mismo de siempre: los restos de mi perro envenenado por un vecino al que ahorco con bolsas de nylon en mis mejores sueños
ah si,
y lo mismo de siempre
via crucis
y la crucifixión
y el vitoreo de aquellos que no quieren nombrarme
porque saben que sé ahuyentarlos,
pero que extraño es
que habiendo sido condecorado como mártir una notable cantidad de veces
ni mis piernas
ni mis brazos respondan
¿que? ¿he de gritar mi debilidad a todos?
¿por qué no pueden despegarse de esta cama de piedra?
por favor,
por favor
es que el cielo aún sigue sin abrirme sus puertas
y estoy muy solo acá
mi madre llora
mi padre está perdido en la nieve
mi hermano muerto
mi perro envenenado
y
yo
mártir
del miedo que me da
dejarme solo.
martes, 27 de junio de 2017
domingo, 25 de junio de 2017
cosas de las que debería evitar hablar en una reunión social con gente que no conozco
hundo mis huellas dactilares
en pocillos rebalsantes de kerosene hirviendo,
inhalo
los ojos pálidos como la piel,
burbujean como estática.
/no tv signal/
arde la falta,
quema el dolor.
una constante de disonancia
la implosión del tímpano.
sangre que cae con gentileza
se evapora antes de tocar el barro.
dentro mío,
incendio.
dentro mío,
peligro de derrumbe.
dentro mío,
el cementerio de todos mis animales de la infancia
ya recuerdo: mis manos jamás tuvieron nombre.
me deshago de mi pecho percudido
mis alas rotas,
la migración que no será
vienen a mi
guadañas almacenadas en la estantería mas alta
de la más recóndita de las estancias
ubicadas en el punto más olvidado del planeta.
un foco vibra a frecuencias inaudibles
óxido en mis piernas,
atascamiento
madera hinchada, podrida,
las paredes que se cierran,
claustrofobia.
aquí dentro existe un peligro de derrumbe
allá afuera cae ácido del cielo.
todos levantan sus manos
para volver más impersonal la interacción romántica,
anonimatos.
mi corazón disecado
es exhibido en un callejón sin salida,
ofrenda de lo mas profundo
del dolor.
disturbios en el oeste: un flautista inexperto llena su habitación,
un séptimo piso de un monoblock, con ratas tras haber leído una conocida historia.
tras horas de hacinamiento y práctica
las ratas, con sus orejas sangrando y sus chillidos que armonizan con las disonancias del flautista
como último devenir de su voluntad
arremeten en un ataque del mas salvaje canibalismo contra el pobre flautista.
la escena es encontrada tres meses después
el panorama es cliché: podredumbre, descomposición, gusanos, heces post mortem, sangre seca
un teléfono que no deja de sonar
y un sol que no se anima a entrar por la ventana.
el pronóstico, de todos modos, es alentador: tras meses de un invierno crudo,
el mas largo del que se tenga registro dado un fenómeno astronómico que aun no ha conseguido explicación,
en un cementerio de trenes, alguien tiene constancia de que ha florecido la primer flor en mucho tiempo.
la gente se une en una celebración muy emotiva
todos toman sus manos
las levantan al cielo
y se sacan los ojos los unos a los otros, en total y completo silencio.
mi corazón disecado, aún en exhibición,
vuelve a latir
me han conmovido tanto, pienso.
mis manos sin nombre tocan la tierra
sin dejar rastros.
bebo de un pocillo helado
cuyo contenido corta mi tráquea
las palabras huyen,
el kerosene sigue quemando, ardiendo
la falta, el dolor
faltando, doliendo.
mis pupilas se escapan,
dentro mío observan la oscuridad que atesoro.
dentro mío,
cenizas de un incendio controlado.
dentro mío,
ruinas de una demolición súbita.
hay agua filtrándose del tomacorrientes,
aún no sé por qué, ni sé como.
la estática pululando en la televisión
hace cortocircuito.
el cristal implosiona y las frecuencias me cercenan la garganta.
/no tv/
me río yo, muerto
de mí, degollado.
aquí dentro hay oscuridad, ceguera
allá afuera, solo miedo.
lunes, 19 de junio de 2017
ahora mismo se dirige hacia mi una horda de veintidós mil trescientos veintisiete balas de bronce, mientras yo duermo apaciblemente cobijado por la suave mano del miedo que tengo de decir adiós
hoy no,
me rehúso
como todos se rehúsan de mi.
mis manos no responden
ni siquiera cuando les doy el calor de incubadora que les ofrece mi garganta podrida,
llena de cólera.
aquello que vomite
será la cena de los cerdos.
dios mío, que pudor desmigajar así una parte tan íntima de uno.
¿cuantas veces me he perdido el rastro?
tantas veces me he visto amordazado,
cobijado en una cuna que resulta ser una escena de un crimen.
yo (bah) mi silueta bien marcada
tapada con una manta insípida plagada de ácaros
mientras bebo el café que cae al suelo de los pequeños vasos de plástico que los policías zamarrean con total impunidad.
es interesante cuanta bronca que hay en un arma con el gatillo funcional
pero con el percutor limado,
impotencia, segunda oportunidad, lo que sea.
aun
me rehúso,
pero me encuentro abierto a nuevas posibilidades.
escenario:
es navidad,
tengo la cabeza en el horno
en mi mesa, aperitivos: cócteles de lavandina y nafta súper
es entonces,
mi estómago un piso insalubre y un fiat 147.
pienso que esa es el detonante para empezar a escribir la novela más fantástica del siglo XXI,
mientras me doy cuenta que el gas nunca estuvo prendido,
la cocción a fuego lento falló,
la cena será televisada por gente más feliz, más plástica y más rica que yo,
pero la navidad se cancela hasta nuevo aviso.
mis rostros
sin terminar
le lloran a la noche,
temen tanto volverse la persona que soy
como yo temo el seguir siéndola.
duermo en las ruinas de un teléfono público
donde cuelgan jardines de pestilencias, furia, odio, miseria.
el zumbido de los tubos fluorescentes me ha sabido desintegrar los tímpanos.
sordo, miserable, sin nombre, sin más pecados que cometer
sin gas en una casa que ya no habito
sin hogar, nunca tuve.
sin techo resistente que aguante mi peso en una soga,
pienso que lo que mata, verdaderamente es la humedad,
aquella que hizo añicos esa propiedad durante años y plagó de hongos nocivos mi espalda.
quizás por esa razón duermo parado
para evitar el dolor físico que representa acostarme
y ver al cielo y darme cuenta que la verdadera tragedia que ronda mi vida
es jamás despegar los ojos del suelo ni ver otro rostro que no sea el mío.
en definitiva, negarme la belleza,
pero ya es tarde.
me rehúso
me rehúso
me rehúso.
me usan
me re-usan
y me tiran al primer descampado que haya, donde los gusanos carroñeros me regalan sus condolencias
y los mendigos sin techo, me elevan sus plegarias para que todo en mi vida mejore, de algún modo.
su aliento a cirrosis crónica me hace sentir como en casa
mientras casi inconsciente, presencio la purga de un grupo de oficinistas que chupan el culo de un gordo con un traje más caro que su misma mísera existencia,
aparentemente su jefe.
el escenario es lo de siempre: dos monigotes de traje gris, mismo café en la misma mano, gritándose a mansalva sin ningún tipo de recato.
por más que sea sordo,
puedo leer esos labios mordidos por una ansiedad provocada por lo que yo, a primera vista considero debe ser la situación económica actual
el no saber si se llega a fin de mes, el no poder pagar deudas a esos corredores que les dieron un préstamo, el no comer, el no poder costearse un estilo de vida como el capitalismo les prometió en la incontable cantidad de películas, publicidades, series, reality shows que han consumido durante toda su vida.
el no poder costear la cuenta del cable y despojarse de la única puerta a ese mundo de fantasía en el que anhelan habitar.
si no fuesen significativamente disparejos de altura, uno podría adivinar que se trata de clones.
me rehúso, como de costumbre.
me apago un cigarrillo roto en la piel,
hago un minucioso conteo de todos los círculos de piel chamuscada de mis brazos y piernas
doscientos cuarenta y tres,
nuevo récord.
compro un globo exclusivamente para mí, me siento el rey del mundo.
acto seguido, lo rompo con mis dientes amarillentos
y guardo el cadáver en mi bolsillo.
pienso atarlo con alguna liguita y usarlo como profiláctico.
aunque no tengo a nadie con quien darle uso, soy muy patético para entablar una relación y no he hablado con alguien desde hace semanas.
ya me creo hasta incapaz de hilar una palabra.
me compro una rosa,
también para mi, a veces soy muy caprichoso.
bajo hacia el subterráneo.
elijo línea al azar, justo estoy en estación de combinaciones.
me paro sobre el anden,
paso la línea amarilla como acto de rebeldía al sistema de transportes.
la gente se ve miserable.
yo me veo miserable.
tanto, pero tanto en común.
tiro la rosa a las vías mientras la formación va pasando en frente mío.
luego,
pasa por encima mío.
soy una explosión de valentía ante la cara de todos aquellos cobardes que solo se quedaron parados ahí.
algunos pétalos fueron arrojados con tal violencia que se pegaron a los rostros
de quienes me vieron sacrificarme de más cerca.
impresionante,
primera vez que voy a salir en el diario.
página 26, podría haber salido mejor.
yo mismo me di mi más sentido pésame con esa rosa, no necesito funeral,
no iba a tenerlo, de todos modos.
algún diente mío quedará perfectamente acomodado en la vía por el descuido de un oficial de policía incompetente,
la línea procederá a volver con su funcionamiento normal,
diente
vagón
diente
vagón
velocidad,
freno de mano,
descarrilamiento.
gente aplastada, hora pico, descontrol, se hunde la construcción del túnel
es, sin ninguna duda, que lo que mata, de nuevo, es la humedad
perdón, prosigo
pánico, llamadas de familiares para averiguar si los suyos no padecieron,
lineas saturadas, gente que cenará sola hoy y el resto de su vida
gente que seguirá esperando a alguien que jamás va a llegar,
una piscina de sangre que hierve a mas de 150 metros bajo tierra.
hoy no,
hoy no me rehúso,
hoy me dispongo a lograr todo lo que quiero
y estoy seguro que será un día tan brillante, que el sol calcinará mis ojos
y me arrojará cual vómito lleno de furia a lo más bajo de lo bajo.
el desayuno de los cerdos
que, tradicionalmente, acompañan con una buena lectura
el diario matutino.
mi rostro no está en la tapa,
que decepción
me rehúso
como todos se rehúsan de mi.
mis manos no responden
ni siquiera cuando les doy el calor de incubadora que les ofrece mi garganta podrida,
llena de cólera.
aquello que vomite
será la cena de los cerdos.
dios mío, que pudor desmigajar así una parte tan íntima de uno.
¿cuantas veces me he perdido el rastro?
tantas veces me he visto amordazado,
cobijado en una cuna que resulta ser una escena de un crimen.
yo (bah) mi silueta bien marcada
tapada con una manta insípida plagada de ácaros
mientras bebo el café que cae al suelo de los pequeños vasos de plástico que los policías zamarrean con total impunidad.
es interesante cuanta bronca que hay en un arma con el gatillo funcional
pero con el percutor limado,
impotencia, segunda oportunidad, lo que sea.
aun
me rehúso,
pero me encuentro abierto a nuevas posibilidades.
escenario:
es navidad,
tengo la cabeza en el horno
en mi mesa, aperitivos: cócteles de lavandina y nafta súper
es entonces,
mi estómago un piso insalubre y un fiat 147.
pienso que esa es el detonante para empezar a escribir la novela más fantástica del siglo XXI,
mientras me doy cuenta que el gas nunca estuvo prendido,
la cocción a fuego lento falló,
la cena será televisada por gente más feliz, más plástica y más rica que yo,
pero la navidad se cancela hasta nuevo aviso.
mis rostros
sin terminar
le lloran a la noche,
temen tanto volverse la persona que soy
como yo temo el seguir siéndola.
duermo en las ruinas de un teléfono público
donde cuelgan jardines de pestilencias, furia, odio, miseria.
el zumbido de los tubos fluorescentes me ha sabido desintegrar los tímpanos.
sordo, miserable, sin nombre, sin más pecados que cometer
sin gas en una casa que ya no habito
sin hogar, nunca tuve.
sin techo resistente que aguante mi peso en una soga,
pienso que lo que mata, verdaderamente es la humedad,
aquella que hizo añicos esa propiedad durante años y plagó de hongos nocivos mi espalda.
quizás por esa razón duermo parado
para evitar el dolor físico que representa acostarme
y ver al cielo y darme cuenta que la verdadera tragedia que ronda mi vida
es jamás despegar los ojos del suelo ni ver otro rostro que no sea el mío.
en definitiva, negarme la belleza,
pero ya es tarde.
me rehúso
me rehúso
me rehúso.
me usan
me re-usan
y me tiran al primer descampado que haya, donde los gusanos carroñeros me regalan sus condolencias
y los mendigos sin techo, me elevan sus plegarias para que todo en mi vida mejore, de algún modo.
su aliento a cirrosis crónica me hace sentir como en casa
mientras casi inconsciente, presencio la purga de un grupo de oficinistas que chupan el culo de un gordo con un traje más caro que su misma mísera existencia,
aparentemente su jefe.
el escenario es lo de siempre: dos monigotes de traje gris, mismo café en la misma mano, gritándose a mansalva sin ningún tipo de recato.
por más que sea sordo,
puedo leer esos labios mordidos por una ansiedad provocada por lo que yo, a primera vista considero debe ser la situación económica actual
el no saber si se llega a fin de mes, el no poder pagar deudas a esos corredores que les dieron un préstamo, el no comer, el no poder costearse un estilo de vida como el capitalismo les prometió en la incontable cantidad de películas, publicidades, series, reality shows que han consumido durante toda su vida.
el no poder costear la cuenta del cable y despojarse de la única puerta a ese mundo de fantasía en el que anhelan habitar.
si no fuesen significativamente disparejos de altura, uno podría adivinar que se trata de clones.
me rehúso, como de costumbre.
me apago un cigarrillo roto en la piel,
hago un minucioso conteo de todos los círculos de piel chamuscada de mis brazos y piernas
doscientos cuarenta y tres,
nuevo récord.
compro un globo exclusivamente para mí, me siento el rey del mundo.
acto seguido, lo rompo con mis dientes amarillentos
y guardo el cadáver en mi bolsillo.
pienso atarlo con alguna liguita y usarlo como profiláctico.
aunque no tengo a nadie con quien darle uso, soy muy patético para entablar una relación y no he hablado con alguien desde hace semanas.
ya me creo hasta incapaz de hilar una palabra.
me compro una rosa,
también para mi, a veces soy muy caprichoso.
bajo hacia el subterráneo.
elijo línea al azar, justo estoy en estación de combinaciones.
me paro sobre el anden,
paso la línea amarilla como acto de rebeldía al sistema de transportes.
la gente se ve miserable.
yo me veo miserable.
tanto, pero tanto en común.
tiro la rosa a las vías mientras la formación va pasando en frente mío.
luego,
pasa por encima mío.
soy una explosión de valentía ante la cara de todos aquellos cobardes que solo se quedaron parados ahí.
algunos pétalos fueron arrojados con tal violencia que se pegaron a los rostros
de quienes me vieron sacrificarme de más cerca.
impresionante,
primera vez que voy a salir en el diario.
página 26, podría haber salido mejor.
yo mismo me di mi más sentido pésame con esa rosa, no necesito funeral,
no iba a tenerlo, de todos modos.
algún diente mío quedará perfectamente acomodado en la vía por el descuido de un oficial de policía incompetente,
la línea procederá a volver con su funcionamiento normal,
diente
vagón
diente
vagón
velocidad,
freno de mano,
descarrilamiento.
gente aplastada, hora pico, descontrol, se hunde la construcción del túnel
es, sin ninguna duda, que lo que mata, de nuevo, es la humedad
perdón, prosigo
pánico, llamadas de familiares para averiguar si los suyos no padecieron,
lineas saturadas, gente que cenará sola hoy y el resto de su vida
gente que seguirá esperando a alguien que jamás va a llegar,
una piscina de sangre que hierve a mas de 150 metros bajo tierra.
hoy no,
hoy no me rehúso,
hoy me dispongo a lograr todo lo que quiero
y estoy seguro que será un día tan brillante, que el sol calcinará mis ojos
y me arrojará cual vómito lleno de furia a lo más bajo de lo bajo.
el desayuno de los cerdos
que, tradicionalmente, acompañan con una buena lectura
el diario matutino.
mi rostro no está en la tapa,
que decepción
miércoles, 7 de junio de 2017
la inevitable deformación de los rostros que han visto demasiado tiempo a un punto fijo sin haber hablado de lo mal que se sienten por dentro
yo
agrietaba
las moradas del consuelo
mientras los buitres eran mi aureola,
mientras
me dejaba alimentar por los hijos de la humillación.
mis brazos
inamovibles
se burlaban de mis labios tiesos.
era aquel,
el aroma de lo extinto.
soy un hombre enfermo, enfermándose
si fuese dos hombres enfermos, estaría enfermándome dos veces
si fuese tres hombres enfermos, enfermaría tres veces
¿como de otra formaría sería perseverante?
si no es enfermando, ¿entonces como?
balbuceo en staccato//
¿como posar la cabeza en algún lugar donde no hay nadie?
donde
no hay nadie.
¿como éramos aquello que contemplábamos?
algo que termina, inexorablemente,
revela la horrenda verdad de los ojos quebrados: el rechazo de todas las muñecas.
hay dos niños chocando sus manos, gritando una rima, riendo, son las 22:55 pm
dado que los niños no estarán, supongo, despiertos a esa hora, reformulo
hay dos niños chocando sus manos, gritando una rima, riendo, son las 10:54 am
entonces,
resuelvo que ambos llorarán exactamente dentro de un cuarto de hora
por algo que uno de los dos haya dicho por lo que creyó de un tercero en discordia,
mientras que el otro dirá lo contrario a éste, por lo que él se acuerda que dijo hace dos semanas,
cuando se encontraban haciendo la misma rutina que comenté en el planteo de situación
que se contradecía claramente con lo que dice ahora.
entonces,
concluyo que en verdad no hay un tercero en discordia
como también, en verdad, ninguno de los dos chicos dijo nada
como también, en verdad, no hay tales dos chicos.
mis brazos aún siguen inmóviles
mi rostro se deshace cada vez que miro al sol.
mi mandíbula anudada con alambre, desganada,
tritura su propia negación (mía también) ante la idea de continuar.
¿por que aprehender a los molares, maxilares, muelas, colmillos a esta tortura sin fin?
si niego (negamos)
tanto.
además
siempre es más fácil escupir
cargar los pulmones plagados de gusanos flemáticos y arremeter contra el cielo
contra los buitres guardianes para alejarlos un día mas.
estoy enfermo.
estoy yo, uno solo, enfermo.
estoy en una tubería.
estoy rompiendo una tubería con mis dientes, porque sé que nunca aprendo.
pero me aprehendo.
estoy en una cascada cloacal.
caigo donde hay un hospital inundado
donde hay camillas, sillas, sueros inundados
verdosos, mohosos.
hay enfermos inundados
estoy yo, enfermo, inundado
estoy yo dos veces, enfermo, enfermo, inundado, inundado
estoy yo tres veces, enfermo, enfermo, enfermo, inundado, inundado, inundado
estoy yo
repleto de agua estancada
estoy yo buscando el fondo de mi bañera: el sarro que nunca limpié.
yo, error.
yo, quien se va.
lo mudo es lo prohibido
la noche es el decimoquinto círculo del infierno.
y la urbe es la ubre (¡ja!) de una vaca gigantesca y plagada de cucarachas que crearon una circunvalación en sus treinta y ocho estómagos
y ahí viven.
yo, atestado de podredumbre, durmiendo en la ventilación de un edificio de cuarenta metros
recolectando hedores, fluidos dudosos
a los que les demuestro el más fiel cariño.
yo, soledad.
yo, abnegado, abatido, arrinconado.
yo.
ya.
¿ya para qué?
¿ya para qué resistir?
si no es hoy, dentro de treinta años, el techo se va a hundir en tu mirada
concreto por todos lados
hay que tener miedo
dejar que te sobrepase
y seguir teniéndolo
¿ya para qué resistir?
si todos estamos enfermos, replicamos a nuestros propios hijos la violencia de la que nacemos, prohibimos el idioma de nuestros cuerpos entorpecidos
creando una matriz maldita a la cual usamos como nido y que nos regurgita el alimento mas rancio que podríamos digerir
en nuestros órganos dinamitados de daños
y llenos
del cloro que tomamos para sentir que realmente dejamos esta piel
nuestra,
pero aún, nunca nos fuimos.
entonces
¿ya para qué resistir?
si todo es inútil,
además.
ya no sé como éramos aquello que contemplábamos
no puedo extrañarlo porque no lo reconozco
no lo siento,
y aunque fuese algo tangible, no podría hacerle nada
salvo darle un beso en la mejilla, abrirle la puerta al grito de miles de bisagras
y decirle: buenas noches.
agrietaba
las moradas del consuelo
mientras los buitres eran mi aureola,
mientras
me dejaba alimentar por los hijos de la humillación.
mis brazos
inamovibles
se burlaban de mis labios tiesos.
era aquel,
el aroma de lo extinto.
soy un hombre enfermo, enfermándose
si fuese dos hombres enfermos, estaría enfermándome dos veces
si fuese tres hombres enfermos, enfermaría tres veces
¿como de otra formaría sería perseverante?
si no es enfermando, ¿entonces como?
balbuceo en staccato//
¿como posar la cabeza en algún lugar donde no hay nadie?
donde
no hay nadie.
¿como éramos aquello que contemplábamos?
algo que termina, inexorablemente,
revela la horrenda verdad de los ojos quebrados: el rechazo de todas las muñecas.
hay dos niños chocando sus manos, gritando una rima, riendo, son las 22:55 pm
dado que los niños no estarán, supongo, despiertos a esa hora, reformulo
hay dos niños chocando sus manos, gritando una rima, riendo, son las 10:54 am
entonces,
resuelvo que ambos llorarán exactamente dentro de un cuarto de hora
por algo que uno de los dos haya dicho por lo que creyó de un tercero en discordia,
mientras que el otro dirá lo contrario a éste, por lo que él se acuerda que dijo hace dos semanas,
cuando se encontraban haciendo la misma rutina que comenté en el planteo de situación
que se contradecía claramente con lo que dice ahora.
entonces,
concluyo que en verdad no hay un tercero en discordia
como también, en verdad, ninguno de los dos chicos dijo nada
como también, en verdad, no hay tales dos chicos.
mis brazos aún siguen inmóviles
mi rostro se deshace cada vez que miro al sol.
mi mandíbula anudada con alambre, desganada,
tritura su propia negación (mía también) ante la idea de continuar.
¿por que aprehender a los molares, maxilares, muelas, colmillos a esta tortura sin fin?
si niego (negamos)
tanto.
además
siempre es más fácil escupir
cargar los pulmones plagados de gusanos flemáticos y arremeter contra el cielo
contra los buitres guardianes para alejarlos un día mas.
estoy enfermo.
estoy yo, uno solo, enfermo.
estoy en una tubería.
estoy rompiendo una tubería con mis dientes, porque sé que nunca aprendo.
pero me aprehendo.
estoy en una cascada cloacal.
caigo donde hay un hospital inundado
donde hay camillas, sillas, sueros inundados
verdosos, mohosos.
hay enfermos inundados
estoy yo, enfermo, inundado
estoy yo dos veces, enfermo, enfermo, inundado, inundado
estoy yo tres veces, enfermo, enfermo, enfermo, inundado, inundado, inundado
estoy yo
repleto de agua estancada
estoy yo buscando el fondo de mi bañera: el sarro que nunca limpié.
yo, error.
yo, quien se va.
lo mudo es lo prohibido
la noche es el decimoquinto círculo del infierno.
y la urbe es la ubre (¡ja!) de una vaca gigantesca y plagada de cucarachas que crearon una circunvalación en sus treinta y ocho estómagos
y ahí viven.
yo, atestado de podredumbre, durmiendo en la ventilación de un edificio de cuarenta metros
recolectando hedores, fluidos dudosos
a los que les demuestro el más fiel cariño.
yo, soledad.
yo, abnegado, abatido, arrinconado.
yo.
ya.
¿ya para qué?
¿ya para qué resistir?
si no es hoy, dentro de treinta años, el techo se va a hundir en tu mirada
concreto por todos lados
hay que tener miedo
dejar que te sobrepase
y seguir teniéndolo
¿ya para qué resistir?
si todos estamos enfermos, replicamos a nuestros propios hijos la violencia de la que nacemos, prohibimos el idioma de nuestros cuerpos entorpecidos
creando una matriz maldita a la cual usamos como nido y que nos regurgita el alimento mas rancio que podríamos digerir
en nuestros órganos dinamitados de daños
y llenos
del cloro que tomamos para sentir que realmente dejamos esta piel
nuestra,
pero aún, nunca nos fuimos.
entonces
¿ya para qué resistir?
si todo es inútil,
además.
ya no sé como éramos aquello que contemplábamos
no puedo extrañarlo porque no lo reconozco
no lo siento,
y aunque fuese algo tangible, no podría hacerle nada
salvo darle un beso en la mejilla, abrirle la puerta al grito de miles de bisagras
y decirle: buenas noches.
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