la
cacería residual
es polvo de huesos -o siestario de gusanos-
como también piel que rompe vientos.
pasen,
vengan adentro,
al centro está el fuego
al costado, entre las ramas chamuscadas, el mañana.
espacios muertos descomponen la niebla,
dejan entrever las marcas que dejaron
jornaleros exiliados
que buscaron
otra tierra
donde clavar sus dientes, otro sol
que no es este, otro mar que no sea
tan salado.
la alerta viene de más allá de la montaña,
los picos se alimentan
de la carroña de los bienaventurados.
la noche avanza entre familias,
las invasiones de furias vacías.
los gritos nómadas
que nadie
contesta.
quizás sea la infinita violencia del despojo
lo que nos une con aquellos que aun no hemos conocido.
los nidos crecen como coronas en la cabeza del gigante difunto sobre el cual nos hemos asentado.
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