martes, 28 de abril de 2020

haciendo dedo en una ruta abandonada

giramos la cabeza para ver los pocos árboles al costado de la ruta
                   que aprendieron a crecer a lo ancho a la fuerza.

las raíces estocando el barro que dejó una tormenta que no estaba prevista, asomaban sus finales antes de volver a esconderse bajo tierra.

 nos despertamos antes de la lluvia.

[detrás de la oreja, 
un cuchillo se anticipa al silencio.]

los broches 
en el tender

chocaban por el viento.

la luz se había ido hace rato

y la poca leña que había ahora era solo madera hinchada.

la ropa tenía sabor a humedad propia de un lugar que no nos era familiar

y aun quedaban corazones de cerezas bajo la mesa que no habíamos limpiado.

[los dientes se golpean los unos a los otros como rejas oxidadas]

teníamos una cesta de fruta podrida que enterramos en donde no había nada.

todo nos parecía impropio, de repente,

las sábanas mal dobladas, la cama deshecha, la heladera descongelándose, los pies descalzos arrugándose por el agua sucia, los libros colgados en una fila del tender para secarlos de la humedad, las marcas en la pared que indicaban nuestro crecimiento.

incluso el ladrido de los perros del terreno de al lado sonaba indescifrable.

la radio se había quedado sin estaciones y la estática nos hacía sentir lejos de casa.

giramos la cabeza para ver más allá del río.

las manos con algunos cuantos rayones rojos por querer pasar entre cercas de alambre mal colocadas.

 las rodillas raspadas por pasar entre maleza dejada a su suerte.

no teníamos el valor para ver debajo de la casa, pero gritábamos al vacío cuando los perros se escondían, asustados por el ruido de la tormenta.

la tierra seguía húmeda.

 a cada paso los pies se iban hundiendo un poco más hasta llegar a ser irreconocibles entre el barro.

sentíamos que el cielo golpeaba el techo cada vez mas fuerte
cada vez más cerca.

[más allá de la piel, 
   la palabra no habitable.]

no volvió a amanecer por tres días.

 los mosquiteros rotos, las persianas caídas.

 los perros llorando abajo de la casa.


la ropa que aun no termina de secar.


y los pocos árboles al costado de la ruta con las raíces escondidas bajo tierra.

martes, 31 de marzo de 2020

lo que había abajo del cenicero

I

voy fabricando de a poco
pequeñas artesanías en la boca interna de mis labios.

 el suspenso de mi propia voluntad.

los índices amarillos 

y los demás, 
  inquietos

escribiendo
  e ignorando, a la par.

II

tránsito
  de zoo.

 rejas/malcuidadas.

 basura/amontonadaenlacalle.

 exhibiciones/cerradashastanuevoaviso.


III

y llueve 
como tartamudeando el cielo
diciendo

 desfibrilador 
 despejen.

 sentir
 la respiración en el rostro
entrecortada la línea

caída
 como año nuevo

         el corcho pegando el techo
los ojos escondidos entre las manos
y dan las doce.

IV

ático/recuerdo/cajadentro/encuentro
compañía en cd-rom. 

 entre el tacto,
  la nostalgia por un ratito.

  agradecer hoy, lo que pasó. 

estornudar.

V

el sonido baja como cansado, 
   pesado como entre en
el pecho

 la sed de aire,

la exhalación que va volviéndose catarro. 

 otra vez,
  ya es de mañana.

VI

el mate
y su yerbanegra
y el sol
  fermentando por demás

 la falta de hábitos de limpieza.

VII

el mate
y su yerbaverde
y su agua casi helada,

y la boca seca
y mi estómago
   llorando por el hambre.

 otra vez,
  ya es de noche.

VIII

boca abajo, 
 son las nosecuanto y pico.

mi brazo gesticula un tic involuntario 
   el pulmón izquierdo perforado

 y el dolor de espalda.

 abajo, boca de lobo.

el detalle entre el disgusto.

IX

la dificultad de leer la partitura de un idioma que me es ajeno.

decirse intrépido por intentar buscarle nuevas formas a un techo que ya fue cartografiado es lo mismo que nada.

no hay mérito 
 en saberse predecible

 ni en homenajear al homenaje de uno mismo. 

leer un poco más

 las hojas amarillentas a punto de pudrirse.

la lectura en voz alta, el seseo y la saliva haciendo un charco para mojar los pies cuando el sol salga.

  zzz
    zzz
      zzz.


lunes, 23 de marzo de 2020

sumario de cuarentena


I

sueños recurrentes
 del cairo prendiéndose fuego,
 faraón,
 combustión espontánea

y la pérdida de fe 
  y lo divino 
     entre la basura.

recolección entre lo descompuesto.

las manos que se unen
  para buscar un rastro que nos haga sobrevivir otra noche.

II

poema de ascensor:

no trate de salir por sus propios medios,
existe posibilidad de caer al vacío.

mantenga la calma 

 pronto será socorrido.

III


poesías a las diosas y dioses de la era de lo digital
 hechas con los restos de búsquedas en google que hice pasadas las tres de la madrugada.

los chats anónimos, 
     los amantes artificiales
      
el romance descargándose a 6 mb/s.

 los ataques ddos al corazón
 y los servidores caídos.

IV

lo absoluto del silencio,
 lo frágil que es la suerte.

 ver como se me resbalan de las puntas de mis dedos

  los días marcados con un marcador desgastado
  en el calendario

 todo lo que era especial para mí

 todo lo que ya no tengo.

V

me han abierto el cuello para mostrarme a gritos como me desangraba.

la mala coagulación entorpece mi habla

 el vaso de vino parece un poco más lleno
 no me quejo.

 me han torcido la espalda para obligarme a ver el cielo.

la condensación del aire frío
 nubla mis lentes.

 ¿es lo mismo no ver una tormenta que no ver un día soleado?

la piel se siente distinta.

el viento atraviesa mi ropa,
  poniéndome los nervios de punta

  la sensibilidad de mis dientes me hace cerrar los ojos con fuerza.

otra vez
migraña.

parece que empezó a llover,
 pero no distingo la lluvia de las lágrimas.

    la tristeza de un piso nueve

 y una baldosa floja.

corte general de agua en el edificio.

un par de pisos mas arriba, la gente sigue llorando.

y yo tengo que lavar a mano el pantalón.
    

VI

¿como
encontrar
consuelo?

¿en
donde
estaré?

¿por qué
es allí
y no acá?

¿cuando 
será la 
tragedia?

¿cuales son
las últimas
palabras?

¿cuales son
las
primeras?

¿ayer 

mañana?

¿y 
entonces
qué más?

VII

fuera de escena,   
 el alumbrado público colapsa 

y nadie está despierto para darse cuenta

 más que los asesinos de la quietud.

pero, ¿qué hacer con tanta oscuridad para unos pocos?

 la avaricia comienza a afluir entra los corazones deshonestos de quienes quieren quedárselo todo.

 es tentadora
 la pertenencia de la noche

 poder decir: "esta noche es mía"

 y que lo sea.

en las bocas de las terminales
  las sombras no parecen humanas

 agarran con las manos el aire

 que desbordándose 
 tiñe el agua marrón de un negro puro.

beben el líquido ácido para que nadie más pueda en un extraño acto heroico, pero egoísta.

no sé cual es el punto, tampoco.

 el sol comienza a sentar cabeza

la cotización de las horas que fueron
se desploma.

liquidación por cierre.

 nadie compra lo que todos venden.

VIII

el corazón inamovible,
   derrumbe a la brevedad.

¿quien busca complicidad cuando no hay amparo?

 los lamentos y la vida al costado de la ruta.

los fragmentos claramente diferenciados

  la erosión de los conceptos
  y el reciclaje poético que ofrece un producto de muy baja calidad

 pero que consumimos, porque los negocios ya no abren a esta hora.

no hay un abandono real del reino de lo verosímil,
 sino mas bien un pequeño exilio.

 el silencio
 porque
 siempre el silencio es disparador

 la ruptura

 la noble persecución de un ideal artístico que no llega a concretarse

 y la declaración de guerra a la procrastinación

 que falla, 
 de nuevo.

¿y ahora?

 ah si, los finales

 la patologización de un dolor que no es tal

 y la polarización en una idea que el texto no nos brinda.

el discurso en tercera persona
para eliminar la marca del autor

 que ya es cicatriz.

disponer de todas las palabras a la merced de cada quién

  para llegar a ningún lado
  y decir que es poesía.

IX

  hallo cierto alivio en la introducción del final,

 en la sutileza de una tempestad bien curada.

 el ballet de la catástrofe/las manos enchastradas sosteniendo a duras penas un ramo marchito/una sonrisa con los dientes amarillentos/una promesa que no es tal/otra cama distendida/ y dormir a colchón pelado.

 me voy huyendo de mi mismo,

 me siento más cerca de donde antes no estaba. (obviedad)

aunque no encuentro todavía un resplandor en los ojos míos,

 no encuentro todavía una dirección que me resulte adecuada,

no encuentro todavía un abismo para ver el fondo.

 pero no importa
 si cuando cae la noche

 puedo fundirme con ella, para desaparecer entre la oscuridad

  y gritar hacia donde mi voz pierda su origen entre el eco

  y nadie escuche.

martes, 10 de marzo de 2020

00010320.bat

abrir una puerta en el medio de la nada
 para ver que está proyectando en cartelera el cine del fin del mundo.

 butacas vacías, destripadas de relleno para confeccionar una almohada que le haga un poco más fácil pasar la noche a alguien

   y una pantalla cubierta de pintura negra que deja leer en ella un mensaje.

  "el odio
 el odio 
el odio 
 y la rabia
    la rabia
     la rabia."

como reemplazo, una televisión de 14 pulgadas en blanco y negro.

  no hay fila para pasar,
pero aún así se recomienda avisar con dos semanas de anticipación.

 hace no tantos días
soñé con la creación de la cadena de frío.

ahora se está proyectando la crónica documental de un carnicero que termino colgado junto a los corderos sin cabeza hace varios años.

  termina la función,
  nadie se para, porque no hay nadie

 más que yo.

 y elijo no pararme, para no ser menos.

una sombra indistinguible se lleva la televisión en un mueble anticuado con ruedas que resulta más fácil para transportar.

 dejan una cámara en reemplazo, y una sombra se posa detrás de ella.

 en el silencio escucho como los lentes se ajustan para lograr un mejor foco
como pequeños insectos mecánicos pululando en su nido y comunicando el esquema de trabajo para el día de mañana.

  siento que estoy a punto de despertar.

siento que no duermo hace días.

  la cámara vuelve a cualquiera un turista ante la realidad ajena
 y no me siento parte.

nadie me ha dicho nada aun
 no he dicho nada tampoco.

 escucho una gota caer.

miro hacia arriba. el techo sigue intacto.

 escucho otra gota caer.

miro hacia atrás. no hay nada.

 veo hacia adelante. 
 veo una gota caer desde el lente de la cámara.

estéticas del desencanto
  en un desprendimiento de córnea digital.

el agua ahora me llega hasta los tobillos. veo como toda la comida desperdiciada flota en un charco agridulce.

  siento que estoy a punto de despertar.

 siento estar esperando cosas que no van a pasar.


 siento que no hay un sentido en todo esto.



el agua me llega hasta la boca y va entrando entre la marea se va agitando más y más por los movimientos involuntarios de mi cuello, intentando evadir el peligro.

 doy arcadas.

  agradezco la falta de oleaje. de una rompiente que me revuelque entre un suelo que me es desconocido.

 no hay nadie frente a mi.

 no hay una sombra. no hay una cámara.

 no hay un cine, no hay una puerta.
 no hay una butaca.

 mis extremidades solo están cansadas de mantenerse a flote.

intento no moverme tanto.

 intento no escupir plegarias por debilidad.

 desearía creer verdaderamente enuna desintegración entre el odio y la rabia.

 sin identidad.
 sin rostros.

 como sombras que alguna vez tuvieron nombre, 
        caminando entre cenizas y entre polvo

 con los pies descalzos,

    indiferentes ante lo ajeno.
              y ante lo propio.




siento que estoy a punto de despertarme.

    
   
el final del contacto.

martes, 4 de febrero de 2020

inducción a borrado accidental de huellas dactilares por crisis nerviosa


no sé abrazar lo suficiente a la inspiración para crear un principio atrapante, 
   solamente sé dejar todo en infinitivo como listando las cosas que tienen que tener mi día perfecto (o mi día mas temido, no importa)
      
  o como si hiciese una lista de supermercado en la que seguramente me voy a terminar olvidando cosas que no voy a comprar por varios meses venideros.

me gustaría que todo fuese más fácil, de alguna manera

algo así como ir a un museo
y mirar por dos horas el espacio vacío donde debería estar una obra maestra 

 con una guía turística auditiva que marca el ritmo del recorrido, completamente en silencio.

 silencio que desconozco si es una ironía,
 o la obra en sí.

me abrazo a condolencias de mármol 
   porque siento es el único lugar para hacerlo

 al menos, con cierta belleza (concepto que bien recae en cada quien, los cánones no significan lo mismo para todo el mundo, etc, etc)
  
    si vamos al caso, llorar sobre el frío de la mesada de la cocina, prácticamente es lo mismo.

ah, si.

hoy en exhibición: mi memoria replicada en conversaciones archivadas con contestadoras automáticas repitiendo
   repitiendo
   repitiendo
         un mensaje con mi propia voz.

un catálogo de instrucciones de como hacer lo que sea via fax

 módicos precios
 pagos flexibles 
   
     un 0-800 disponible las 24 horas para sus dudas y consultas

 repitiendo
 repitiendo
 repitiendo

    un mensaje con mi propia voz.

no sé que quiero decirme a mi mismo,
   no sé que quiero escuchar de mi mismo.

mi cama esta empapada de terrores nocturnos

 y mis piernas se sienten como una estación de radio mal sintonizada
 en la que se reproducen una colección de singles número uno de un mundo post-apocalíptico
  
   donde todo el mundo, incluso yo
  
 bailan al son de todo lo perdido (tanto en pretérito, como en el ahora, como en lo que desconocemos)

me rasco la piel como arando tierra seca

 hay algunos bichos, pero la inhalación de insecticida me induce mareos no placenteros.

 imagino una sopa sintética cocinándose
algo así como

 inhalar químicos hirviendo.

 no sé por qué, 
  pero siento que se prepararía a gran escala, como una olla popular.

 el concepto de soluciones gourmet aun no crece en mí,

es de noche.  
   
 sé que es de noche porque tengo que cerrar la persiana para evitar que las polillas me roben este poema que estoy escribiendo ahora,
 (soy desconfiado de su vuelo, muy errático)

  hay un incendio en la cara externa de mi corazón.
  hay un incendio en la cara externa de mi corazón.

  hay un incendio en la cara externa de mi corazón.

  hay un incendio en la cara externa de mi corazón.

                        -

  hay un incendio en la cara externa de mi corazón

y empiezo a temer que eso llame su interés, sea ya para bailar alrededor del mismo, o simplemente apagarlo. 
  
de como colapsó todo antes de siquiera escribir una palabra.

   estoy recortando los poemas que más me gustaron de los libros que menos cuidé, 
     cosiendo cada palabra con cada espacio necesario,
       cada punto(.) con cada fin de página
    
   tratando de crear algo que haga sentir algo (lo que sea) a alguien (quien sea)
   
   en cualquier lugar, en cualquier momento.

de mirar de frente a la resignación de volvernos tragedias
o seguir esquivando un camino sinuoso

   bajo la luz de una luna que ha perdido el brillo que supo tener en la idea que tenía de ella.

 ahora: un primerísimo primer plano a la desesperación.  
  
       un premio y una reflexión pasajera, superficial que no nos brinda nada

solo para abrir la próxima puerta,

  y despertar exhausto,
  viendo que aun es de noche

   y que hay una dotación de bomberos queriéndome tirar la puerta abajo.

para preguntarme: ¿es esta una noche distinta de la última que recuerdo?

para ver al cielo y ver que la luna sigue en el mismo lugar donde la había visto (ahorrándome el problema de buscarla por haberla perdido)

y solo para abrir la próxima puerta,

  y verme de cara a la nada

con los principios de mis pies, acariciando el aire más salvaje

 a un paso de lo efímero,
 a un paso de lo eterno.

 (aunque ambas puedan significar la misma cosa)

las líneas telefónicas están saturadas como para poder decir algo.

 la interferencia en las comunicaciones
se abraza a la ausencia de sentido común.

 ahora solo queda saltar con los ojos cerrados, abrazando la catástrofe.

domingo, 12 de enero de 2020

arquitectura hostil erigida para advertir a civilizaciones futuras del peligro de lo que causamos

I

el aire seco,
la compresión del transporte público.

los reflejos de las luces de la calle
    exhiben colecciones de rostros exhaustos

¿qué tan lejos tiene que ser para ser lejos?

   la próxima parada no es la mía,
aunque bien podría serlo.

en un vidrio empañado intento dibujar a quienes están afuera:

    los rostros son garabatos 
           (porque)  
   las facciones son difíciles
           (porque)
 las emociones gesticulan distinto
           (porque)
  
          (¿por qué?)

   (¿por qué aun no llego?)

II

atesoro los recuerdos que aun son míos entre la parcela donde el ganado deja el pasto crecer alto por temor a algo que no conocen
que no entienden

y que yo tampoco conozco, ni entiendo

pero que tampoco me importa.

III

las orquestas del cansancio
la tos crónica,
    
los músculos pesados
 a pesar de haber pasado todo el dia en cama.

 el techo
 que peca de pudor ante mi mirada.

   ahora no sé donde posar los ojos.

   afuera está oscuro y temo no volver a ver nunca más si me pierdo tratando de descifrar algo que no está ahí

ladran los perros del barrio
 alertando de un peligro hipotético,

 escucho hojas quebrarse al caer.

sé que hay algo acá

 pero no lo encuentro.

IV

  las poesías a la mediocridad
              ó
  la mediocridad de las poesías

V

llevo cuenta de los intentos en vano por mantener el significado de lo que decimos

lo que dejaste
habita dentro de una presencia que perdí hace tiempo

 y que me encuentro cada tanto,

pero decido ignorar.

    las palabras significan todo, como no significan nada

 decir, quedarse callado
resultan similares en este escenario

                 ver mi propia sombra,
           deja en evidencia que los errores que cometí son incorregibles

 y que lo que digo no vale nada

    más allá de eso

escribo para no terminar de pudrirme por dentro.


VI

modelo a escala de una playa vacía
       el fuego entre las olas

como un atardecer que nos sobrepasa
    y advierte de la noche inmensa

y la ausencia de las estrellas
hacen que luciérnagas de filamentos rotos tengan que trabajar

 enseñándonos un camino entre intermitencias
  
 que no lleva a ningún lado.

el verano perdido.

VII

el llanto colectivo a un tono de espera de una línea de ventas infomerciales

el párpado abierto por obra de un clip de papel oxidado
haciendo palanca
entre el viento

por el hueco
donde se junta el polvo.

se fuerza el parto prematuro de una lágrima

 que no es salada, 
 sino mas bien agridulce.

una euforia por suerte podrida

 la música de espera que terminó

 y el silencio.

VIII

casas de empeño
en cuarentena.

el valor de la vida desplomándose en la bolsa.

la traición a la moral

y el culto a lo perdido.

las trampas de bolsillo resultan inútiles a aquellos avivados,
    las monedas falsas se arrojan a una fuente
  pidiendo por deseos que jamás habrán de cumplirse.

la caída de las líneas de teléfono
y la emigración de la paloma mensajera a tierras menos hostiles.

  a nadie le queda nada que ofrecer

 las manos vacías 
 colectan miserias 
 que han perdido otros

        y las hacen suyas.

la reventa de la desgracia hace crecer un poco a la economía local,

 pero ya es mañana
y se encuentra estancada de nuevo
      
          el colapso de la sociedad moderna.

IX

dos triciclos estacionados en un playón de cemento

 una edificación en decadencia,
 las bases quebradas de lo que no fue.

una bordeadora oxidada corta las pantorrillas de un celador que parece no importarle el paso del tiempo

ventanales de cristal disecado alertan de ráfagas de viento mas de 100 km
 estallando sobre la maleza crecida.

por la noche
 hay vigilia por su demolición

pero no hay quorum en la legalización de la eutanasia.

  hay humo a lo lejos,
  el horizonte de luto.

hay dos niños cerca
 que corren descalzos sobre el vidrio roto

pero que no parece importarles.

   dejan rastros de sangre al caer la tarde,
mientras el celador baldea el piso

el balde color óxido
piedra fundamental de la sopa para la cena.

una tormenta acercándose lentamente     
   el edificio perdiendo partes por cada ráfaga de aire

 el celador perdiéndose entre los pastos altos

y los dos mismos triciclos estacionados en el mismo playón de cemento

X

cut up

dignidad simétrica vida compartida
 formas contemporáneas de expresar amor

 las nuevas técnicas

 para complejizar nuestros sentimientos
y así finalmente 

no entenderlos más.
cut up

la dicha de quienes no conocen el cielo

 la vida bajo tierra

lujo
desagüe

cut upcut upcut up
  la sangre
 en la mano 
lo que quiero decir
 desordenado cuando
veo

cutup

el sol
 no quiero
//// no,
no,
no
la gargantilla
  heredada refleja la luz que termina por cegarme

letras que no conozco
 forman palabras que me resultan familiares.

y no
hay distintas voces
la
la
la pérdida de todo lo que creíamos importante.

cutup

todos los lugares, todos juntos, amontonados en donde termina el tiempo

los mil cuchillos en el cielo (y la suerte de los desafortunados)

  ///
un nuevo día que realmente no emociona a nadie.

      ¿y usted, a que le tiene miedo?

XI

polillas arrastrando pequeñísimos carruajes: el arribo la aristocracia de juguete

dirige la ceremonia el fantasma de un niño victoriano
   que se presenta ante una multitud de sillas vacías

mientras veinte bailarinas que usan un solo vestido colectivo performan una danza digna de una cajita musical,
   antes de terminar desmayadas por la explotación de sus monarcas.

orfebres de tecnología obsoleta hacen candelabros de diseñador
 para generar un incendio  
 que sirva como espectáculo final

la realeza se pasea alrededor de las caras de parientes que no vimos nunca emitidas en los televisores de tubo que ofician de portaretratos
  viéndolos con desprecio.

en contraparte, a otro lado de la habitación
   
   un pequeño sufre la crueldad de una guerra, intentando comer un pan duro mientras intenta encender un fuego en un barril
 usando la poca luz que el sol regala.

  la aristocracia se mofa de su pobre suerte
mientras ostentan su opulencia de chapas brillantes y polvos finos.

    la madera podrida y seca oficia de conductor
  y el fuego se expande de un barril desfondado
  
 llegando a donde el agasajo tiene lugar

 las polillas intentan volar, pero el peso del carruaje les tira para abajo
incendiando sus alas

   la muerte de la servidumbre
 los rostros de los reyes comienzan a derretirse por el calor

 las deformidades barrocas
     y la decadencia del imperio.

  el niño decide no usar lo último que le queda de agua para extinguir el fuego, por lo que corre y se aleja de una casa que nunca fue suya.

 el humo se pierde por el horizonte, esperando ser visto por alguien.

y el fin de la velada: magnicidio.

lunes, 23 de diciembre de 2019

la foto de navidad sacada con flash con mi rostro tapado por un brazo alcanzando una sidra caliente de una mesa de plástico desnivelada

nos despertó el viento a la madrugada,
   
hojas podridas que se acumulaban
y oficiaban de sepulcro para las arañas que bajaban de la luna

haciéndonos esconder bajo los sommieres en donde ya no cabíamos bien.

nuestras manos palparon la arquitectura

y detrás del hombre hecho de siluetas
la televisión tartamudeaba estática.

"chh, chh, chhh, tszzz, tszzz"
  gritaban centenas de gusanos blancos y negros 

como un llamado de atención
 para volver a casa para cenar.

perdidos entre la descomposición de la imagen y lo ininteligible del sonido quebrado,
    nos despertó el hombre apagando la televisión

hombre que ya no era silueta, sino sombra

y cuya voz nos hacía encoger hasta caber en uno de los bolsillos de su traje.

nos depositaba en la garganta cerca de nuestras habitaciones
y se volvía a hacer sombra
  mientras su voz seguía en el eco 

 (¿en el de la arquitectura o en el de la idea?)

el viento continuaba soplando,

 los escalones parecían inmensos ante los ojos de la probabilidad.

nos recriminamos nuestra falta de automatización de lo cotidiano.

nos dormimos.

nos despertamos por la puerta siendo golpeada en un ritmo sincopado.
   
 habíamos oído alguna vez de los mercachifles que vendían por la noche aquello que estaba prohibido ver durante el día.

por un instante volvimos a la vida aquello que habíamos asesinado de la memoria

    el estruendo que incendió las nubes
el cielo cayéndose a mil por hora sobre nuestra cuadra

el humo que se disfrazaba de niebla, los incendios de los jardines vecinos


y la fuga masiva de los perros asustados.

y las familias peregrinando por los barrios, tratando de hallar a la mascota que respondiera a su llamado

"ps, ps, ps", llamaban nuestros vecinos.

"tss, tss, acá acá", retrucábamos nosotros.

la humedad del azufre en el aire
 los autos acelerando para evitar controles
  el alcohol en sangre hirviendo las venas de quienes mañana despertarán vomitados

el vidrio roto de decenas de botellas, desparramando sangre por toda la calle

y la muerte

al final siempre la muerte.

 cenamos hoy alrededor de nuestro perro muerto por segundo año consecutivo
enterrado bajo los álamos

mientras los dioses juegan a las cartas
  y lo transmiten por pay per view (ahora en technicolor) en la previa del brindis de fin de año.


no atendimos al llamado de la puerta.

 aun quedan decenas de platos sucios sobre el piletón,
puedo oír a las moscas depositar larvas sobre la vajilla más cara

me revuelve el estómago un poco.

en la heladera ya está todo podrido

  las sobras frías (25)
  las sobras frías (26)
  las sobras frías (27)
  las sobras frías (28)

  las sobras frías (29)

  las sobras frías (30)

los cadáveres de arañas apilándose de nuevo en la puerta de casa,

    el cielo escurriendo las nubes
    sobre una mesa de plástico
    que sostienen

    platos servidos con mosquitas neonatas.

un corte de luz a las 00:00

 y un incendio en el patio del vecino.