giramos la cabeza para ver los pocos árboles al costado de la ruta
que aprendieron a crecer a lo ancho a la fuerza.
las raíces estocando el barro que dejó una tormenta que no estaba prevista, asomaban sus finales antes de volver a esconderse bajo tierra.
nos despertamos antes de la lluvia.
[detrás de la oreja,
un cuchillo se anticipa al silencio.]
los broches
en el tender
chocaban por el viento.
la luz se había ido hace rato
y la poca leña que había ahora era solo madera hinchada.
la ropa tenía sabor a humedad propia de un lugar que no nos era familiar
y aun quedaban corazones de cerezas bajo la mesa que no habíamos limpiado.
[los dientes se golpean los unos a los otros como rejas oxidadas]
teníamos una cesta de fruta podrida que enterramos en donde no había nada.
todo nos parecía impropio, de repente,
las sábanas mal dobladas, la cama deshecha, la heladera descongelándose, los pies descalzos arrugándose por el agua sucia, los libros colgados en una fila del tender para secarlos de la humedad, las marcas en la pared que indicaban nuestro crecimiento.
incluso el ladrido de los perros del terreno de al lado sonaba indescifrable.
la radio se había quedado sin estaciones y la estática nos hacía sentir lejos de casa.
giramos la cabeza para ver más allá del río.
las manos con algunos cuantos rayones rojos por querer pasar entre cercas de alambre mal colocadas.
las rodillas raspadas por pasar entre maleza dejada a su suerte.
no teníamos el valor para ver debajo de la casa, pero gritábamos al vacío cuando los perros se escondían, asustados por el ruido de la tormenta.
la tierra seguía húmeda.
a cada paso los pies se iban hundiendo un poco más hasta llegar a ser irreconocibles entre el barro.
sentíamos que el cielo golpeaba el techo cada vez mas fuerte
cada vez más cerca.
[más allá de la piel,
la palabra no habitable.]
no volvió a amanecer por tres días.
los mosquiteros rotos, las persianas caídas.
los perros llorando abajo de la casa.
la ropa que aun no termina de secar.
y los pocos árboles al costado de la ruta con las raíces escondidas bajo tierra.
martes, 28 de abril de 2020
martes, 31 de marzo de 2020
lo que había abajo del cenicero
I
voy fabricando de a poco
pequeñas artesanías en la boca interna de mis labios.
el suspenso de mi propia voluntad.
los índices amarillos
y los demás,
inquietos
escribiendo
e ignorando, a la par.
II
tránsito
de zoo.
rejas/malcuidadas.
basura/amontonadaenlacalle.
exhibiciones/cerradashastanuevoaviso.
III
y llueve
como tartamudeando el cielo
diciendo
desfibrilador
despejen.
sentir
la respiración en el rostro
entrecortada la línea
caída
como año nuevo
el corcho pegando el techo
los ojos escondidos entre las manos
y dan las doce.
IV
ático/recuerdo/cajadentro/encuentro
compañía en cd-rom.
entre el tacto,
la nostalgia por un ratito.
agradecer hoy, lo que pasó.
estornudar.
V
el sonido baja como cansado,
pesado como entre en
el pecho
la sed de aire,
la exhalación que va volviéndose catarro.
otra vez,
ya es de mañana.
VI
el mate
y su yerbanegra
y el sol
fermentando por demás
la falta de hábitos de limpieza.
VII
el mate
y su yerbaverde
y su agua casi helada,
y la boca seca
y mi estómago
llorando por el hambre.
otra vez,
ya es de noche.
VIII
boca abajo,
son las nosecuanto y pico.
mi brazo gesticula un tic involuntario
el pulmón izquierdo perforado
y el dolor de espalda.
abajo, boca de lobo.
el detalle entre el disgusto.
IX
la dificultad de leer la partitura de un idioma que me es ajeno.
decirse intrépido por intentar buscarle nuevas formas a un techo que ya fue cartografiado es lo mismo que nada.
no hay mérito
en saberse predecible
ni en homenajear al homenaje de uno mismo.
leer un poco más
las hojas amarillentas a punto de pudrirse.
la lectura en voz alta, el seseo y la saliva haciendo un charco para mojar los pies cuando el sol salga.
zzz
zzz
zzz.
voy fabricando de a poco
pequeñas artesanías en la boca interna de mis labios.
el suspenso de mi propia voluntad.
los índices amarillos
y los demás,
inquietos
escribiendo
e ignorando, a la par.
II
tránsito
de zoo.
rejas/malcuidadas.
basura/amontonadaenlacalle.
exhibiciones/cerradashastanuevoaviso.
III
y llueve
como tartamudeando el cielo
diciendo
desfibrilador
despejen.
sentir
la respiración en el rostro
entrecortada la línea
caída
como año nuevo
el corcho pegando el techo
los ojos escondidos entre las manos
y dan las doce.
IV
ático/recuerdo/cajadentro/encuentro
compañía en cd-rom.
entre el tacto,
la nostalgia por un ratito.
agradecer hoy, lo que pasó.
estornudar.
V
el sonido baja como cansado,
pesado como entre en
el pecho
la sed de aire,
la exhalación que va volviéndose catarro.
otra vez,
ya es de mañana.
VI
el mate
y su yerbanegra
y el sol
fermentando por demás
la falta de hábitos de limpieza.
VII
el mate
y su yerbaverde
y su agua casi helada,
y la boca seca
y mi estómago
llorando por el hambre.
otra vez,
ya es de noche.
VIII
boca abajo,
son las nosecuanto y pico.
mi brazo gesticula un tic involuntario
el pulmón izquierdo perforado
y el dolor de espalda.
abajo, boca de lobo.
el detalle entre el disgusto.
IX
la dificultad de leer la partitura de un idioma que me es ajeno.
decirse intrépido por intentar buscarle nuevas formas a un techo que ya fue cartografiado es lo mismo que nada.
no hay mérito
en saberse predecible
ni en homenajear al homenaje de uno mismo.
leer un poco más
las hojas amarillentas a punto de pudrirse.
la lectura en voz alta, el seseo y la saliva haciendo un charco para mojar los pies cuando el sol salga.
zzz
zzz
zzz.
lunes, 23 de marzo de 2020
sumario de cuarentena
I
sueños recurrentes
del cairo prendiéndose fuego,
faraón,
combustión espontánea
y la pérdida de fe
y lo divino
entre la basura.
recolección entre lo descompuesto.
las manos que se unen
para buscar un rastro que nos haga sobrevivir otra noche.
II
poema de ascensor:
no trate de salir por sus propios medios,
existe posibilidad de caer al vacío.
mantenga la calma
pronto será socorrido.
III
poesías a las diosas y dioses de la era de lo digital
hechas con los restos de búsquedas en google que hice pasadas las tres de la madrugada.
los chats anónimos,
los amantes artificiales
el romance descargándose a 6 mb/s.
los ataques ddos al corazón
y los servidores caídos.
IV
lo absoluto del silencio,
lo frágil que es la suerte.
ver como se me resbalan de las puntas de mis dedos
los días marcados con un marcador desgastado
en el calendario
todo lo que era especial para mí
todo lo que ya no tengo.
V
me han abierto el cuello para mostrarme a gritos como me desangraba.
la mala coagulación entorpece mi habla
el vaso de vino parece un poco más lleno
no me quejo.
me han torcido la espalda para obligarme a ver el cielo.
la condensación del aire frío
nubla mis lentes.
¿es lo mismo no ver una tormenta que no ver un día soleado?
la piel se siente distinta.
el viento atraviesa mi ropa,
poniéndome los nervios de punta
la sensibilidad de mis dientes me hace cerrar los ojos con fuerza.
otra vez
migraña.
parece que empezó a llover,
pero no distingo la lluvia de las lágrimas.
la tristeza de un piso nueve
y una baldosa floja.
corte general de agua en el edificio.
un par de pisos mas arriba, la gente sigue llorando.
y yo tengo que lavar a mano el pantalón.
VI
¿como
encontrar
consuelo?
¿en
donde
estaré?
¿por qué
es allí
y no acá?
¿cuando
será la
tragedia?
¿cuales son
las últimas
palabras?
¿cuales son
las
primeras?
¿ayer
o
mañana?
¿y
entonces
qué más?
VII
fuera de escena,
el alumbrado público colapsa
y nadie está despierto para darse cuenta
más que los asesinos de la quietud.
pero, ¿qué hacer con tanta oscuridad para unos pocos?
la avaricia comienza a afluir entra los corazones deshonestos de quienes quieren quedárselo todo.
es tentadora
la pertenencia de la noche
poder decir: "esta noche es mía"
y que lo sea.
en las bocas de las terminales
las sombras no parecen humanas
agarran con las manos el aire
que desbordándose
tiñe el agua marrón de un negro puro.
beben el líquido ácido para que nadie más pueda en un extraño acto heroico, pero egoísta.
no sé cual es el punto, tampoco.
el sol comienza a sentar cabeza
la cotización de las horas que fueron
se desploma.
liquidación por cierre.
nadie compra lo que todos venden.
VIII
el corazón inamovible,
derrumbe a la brevedad.
¿quien busca complicidad cuando no hay amparo?
los lamentos y la vida al costado de la ruta.
los fragmentos claramente diferenciados
la erosión de los conceptos
y el reciclaje poético que ofrece un producto de muy baja calidad
pero que consumimos, porque los negocios ya no abren a esta hora.
no hay un abandono real del reino de lo verosímil,
sino mas bien un pequeño exilio.
el silencio
porque
siempre el silencio es disparador
la ruptura
la noble persecución de un ideal artístico que no llega a concretarse
y la declaración de guerra a la procrastinación
que falla,
de nuevo.
¿y ahora?
ah si, los finales
la patologización de un dolor que no es tal
y la polarización en una idea que el texto no nos brinda.
el discurso en tercera persona
para eliminar la marca del autor
que ya es cicatriz.
disponer de todas las palabras a la merced de cada quién
para llegar a ningún lado
y decir que es poesía.
IX
hallo cierto alivio en la introducción del final,
en la sutileza de una tempestad bien curada.
el ballet de la catástrofe/las manos enchastradas sosteniendo a duras penas un ramo marchito/una sonrisa con los dientes amarillentos/una promesa que no es tal/otra cama distendida/ y dormir a colchón pelado.
me voy huyendo de mi mismo,
me siento más cerca de donde antes no estaba. (obviedad)
aunque no encuentro todavía un resplandor en los ojos míos,
no encuentro todavía una dirección que me resulte adecuada,
no encuentro todavía un abismo para ver el fondo.
pero no importa
si cuando cae la noche
puedo fundirme con ella, para desaparecer entre la oscuridad
y gritar hacia donde mi voz pierda su origen entre el eco
y nadie escuche.
martes, 10 de marzo de 2020
00010320.bat
abrir una puerta en el medio de la nada
para ver que está proyectando en cartelera el cine del fin del mundo.
butacas vacías, destripadas de relleno para confeccionar una almohada que le haga un poco más fácil pasar la noche a alguien
y una pantalla cubierta de pintura negra que deja leer en ella un mensaje.
"el odio
el odio
el odio
y la rabia
la rabia
la rabia."
como reemplazo, una televisión de 14 pulgadas en blanco y negro.
no hay fila para pasar,
pero aún así se recomienda avisar con dos semanas de anticipación.
hace no tantos días
soñé con la creación de la cadena de frío.
ahora se está proyectando la crónica documental de un carnicero que termino colgado junto a los corderos sin cabeza hace varios años.
termina la función,
nadie se para, porque no hay nadie
más que yo.
y elijo no pararme, para no ser menos.
una sombra indistinguible se lleva la televisión en un mueble anticuado con ruedas que resulta más fácil para transportar.
dejan una cámara en reemplazo, y una sombra se posa detrás de ella.
en el silencio escucho como los lentes se ajustan para lograr un mejor foco
como pequeños insectos mecánicos pululando en su nido y comunicando el esquema de trabajo para el día de mañana.
siento que estoy a punto de despertar.
siento que no duermo hace días.
la cámara vuelve a cualquiera un turista ante la realidad ajena
y no me siento parte.
nadie me ha dicho nada aun
no he dicho nada tampoco.
escucho una gota caer.
miro hacia arriba. el techo sigue intacto.
escucho otra gota caer.
miro hacia atrás. no hay nada.
veo hacia adelante.
veo una gota caer desde el lente de la cámara.
estéticas del desencanto
en un desprendimiento de córnea digital.
el agua ahora me llega hasta los tobillos. veo como toda la comida desperdiciada flota en un charco agridulce.
siento que estoy a punto de despertar.
siento estar esperando cosas que no van a pasar.
siento que no hay un sentido en todo esto.
el agua me llega hasta la boca y va entrando entre la marea se va agitando más y más por los movimientos involuntarios de mi cuello, intentando evadir el peligro.
doy arcadas.
agradezco la falta de oleaje. de una rompiente que me revuelque entre un suelo que me es desconocido.
no hay nadie frente a mi.
no hay una sombra. no hay una cámara.
no hay un cine, no hay una puerta.
no hay una butaca.
mis extremidades solo están cansadas de mantenerse a flote.
intento no moverme tanto.
intento no escupir plegarias por debilidad.
desearía creer verdaderamente enuna desintegración entre el odio y la rabia.
sin identidad.
sin rostros.
como sombras que alguna vez tuvieron nombre,
caminando entre cenizas y entre polvo
con los pies descalzos,
indiferentes ante lo ajeno.
y ante lo propio.
siento que estoy a punto de despertarme.
el final del contacto.
para ver que está proyectando en cartelera el cine del fin del mundo.
butacas vacías, destripadas de relleno para confeccionar una almohada que le haga un poco más fácil pasar la noche a alguien
y una pantalla cubierta de pintura negra que deja leer en ella un mensaje.
"el odio
el odio
el odio
y la rabia
la rabia
la rabia."
como reemplazo, una televisión de 14 pulgadas en blanco y negro.
no hay fila para pasar,
pero aún así se recomienda avisar con dos semanas de anticipación.
hace no tantos días
soñé con la creación de la cadena de frío.
ahora se está proyectando la crónica documental de un carnicero que termino colgado junto a los corderos sin cabeza hace varios años.
termina la función,
nadie se para, porque no hay nadie
más que yo.
y elijo no pararme, para no ser menos.
una sombra indistinguible se lleva la televisión en un mueble anticuado con ruedas que resulta más fácil para transportar.
dejan una cámara en reemplazo, y una sombra se posa detrás de ella.
en el silencio escucho como los lentes se ajustan para lograr un mejor foco
como pequeños insectos mecánicos pululando en su nido y comunicando el esquema de trabajo para el día de mañana.
siento que estoy a punto de despertar.
siento que no duermo hace días.
la cámara vuelve a cualquiera un turista ante la realidad ajena
y no me siento parte.
nadie me ha dicho nada aun
no he dicho nada tampoco.
escucho una gota caer.
miro hacia arriba. el techo sigue intacto.
escucho otra gota caer.
miro hacia atrás. no hay nada.
veo hacia adelante.
veo una gota caer desde el lente de la cámara.
estéticas del desencanto
en un desprendimiento de córnea digital.
el agua ahora me llega hasta los tobillos. veo como toda la comida desperdiciada flota en un charco agridulce.
siento que estoy a punto de despertar.
siento estar esperando cosas que no van a pasar.
siento que no hay un sentido en todo esto.
el agua me llega hasta la boca y va entrando entre la marea se va agitando más y más por los movimientos involuntarios de mi cuello, intentando evadir el peligro.
doy arcadas.
agradezco la falta de oleaje. de una rompiente que me revuelque entre un suelo que me es desconocido.
no hay nadie frente a mi.
no hay una sombra. no hay una cámara.
no hay un cine, no hay una puerta.
no hay una butaca.
mis extremidades solo están cansadas de mantenerse a flote.
intento no moverme tanto.
intento no escupir plegarias por debilidad.
desearía creer verdaderamente enuna desintegración entre el odio y la rabia.
sin identidad.
sin rostros.
como sombras que alguna vez tuvieron nombre,
caminando entre cenizas y entre polvo
con los pies descalzos,
indiferentes ante lo ajeno.
y ante lo propio.
siento que estoy a punto de despertarme.
el final del contacto.
martes, 4 de febrero de 2020
inducción a borrado accidental de huellas dactilares por crisis nerviosa
no sé abrazar lo suficiente a la inspiración para crear un principio atrapante,
solamente sé dejar todo en infinitivo como listando las cosas que tienen que tener mi día perfecto (o mi día mas temido, no importa)
o como si hiciese una lista de supermercado en la que seguramente me voy a terminar olvidando cosas que no voy a comprar por varios meses venideros.
me gustaría que todo fuese más fácil, de alguna manera
algo así como ir a un museo
y mirar por dos horas el espacio vacío donde debería estar una obra maestra
con una guía turística auditiva que marca el ritmo del recorrido, completamente en silencio.
silencio que desconozco si es una ironía,
o la obra en sí.
me abrazo a condolencias de mármol
porque siento es el único lugar para hacerlo
al menos, con cierta belleza (concepto que bien recae en cada quien, los cánones no significan lo mismo para todo el mundo, etc, etc)
si vamos al caso, llorar sobre el frío de la mesada de la cocina, prácticamente es lo mismo.
ah, si.
hoy en exhibición: mi memoria replicada en conversaciones archivadas con contestadoras automáticas repitiendo
repitiendo
repitiendo
un mensaje con mi propia voz.
un catálogo de instrucciones de como hacer lo que sea via fax
módicos precios
pagos flexibles
un 0-800 disponible las 24 horas para sus dudas y consultas
repitiendo
repitiendo
repitiendo
un mensaje con mi propia voz.
no sé que quiero decirme a mi mismo,
no sé que quiero escuchar de mi mismo.
mi cama esta empapada de terrores nocturnos
y mis piernas se sienten como una estación de radio mal sintonizada
en la que se reproducen una colección de singles número uno de un mundo post-apocalíptico
donde todo el mundo, incluso yo
bailan al son de todo lo perdido (tanto en pretérito, como en el ahora, como en lo que desconocemos)
me rasco la piel como arando tierra seca
hay algunos bichos, pero la inhalación de insecticida me induce mareos no placenteros.
imagino una sopa sintética cocinándose
algo así como
inhalar químicos hirviendo.
no sé por qué,
pero siento que se prepararía a gran escala, como una olla popular.
el concepto de soluciones gourmet aun no crece en mí,
es de noche.
sé que es de noche porque tengo que cerrar la persiana para evitar que las polillas me roben este poema que estoy escribiendo ahora,
(soy desconfiado de su vuelo, muy errático)
hay un incendio en la cara externa de mi corazón.
hay un incendio en la cara externa de mi corazón.
hay un incendio en la cara externa de mi corazón.
hay un incendio en la cara externa de mi corazón.
-
hay un incendio en la cara externa de mi corazón
y empiezo a temer que eso llame su interés, sea ya para bailar alrededor del mismo, o simplemente apagarlo.
de como colapsó todo antes de siquiera escribir una palabra.
estoy recortando los poemas que más me gustaron de los libros que menos cuidé,
cosiendo cada palabra con cada espacio necesario,
cada punto(.) con cada fin de página
tratando de crear algo que haga sentir algo (lo que sea) a alguien (quien sea)
en cualquier lugar, en cualquier momento.
de mirar de frente a la resignación de volvernos tragedias
o seguir esquivando un camino sinuoso
bajo la luz de una luna que ha perdido el brillo que supo tener en la idea que tenía de ella.
ahora: un primerísimo primer plano a la desesperación.
un premio y una reflexión pasajera, superficial que no nos brinda nada
solo para abrir la próxima puerta,
y despertar exhausto,
viendo que aun es de noche
y que hay una dotación de bomberos queriéndome tirar la puerta abajo.
para preguntarme: ¿es esta una noche distinta de la última que recuerdo?
para ver al cielo y ver que la luna sigue en el mismo lugar donde la había visto (ahorrándome el problema de buscarla por haberla perdido)
y solo para abrir la próxima puerta,
y verme de cara a la nada
con los principios de mis pies, acariciando el aire más salvaje
a un paso de lo efímero,
a un paso de lo eterno.
(aunque ambas puedan significar la misma cosa)
las líneas telefónicas están saturadas como para poder decir algo.
la interferencia en las comunicaciones
se abraza a la ausencia de sentido común.
ahora solo queda saltar con los ojos cerrados, abrazando la catástrofe.
domingo, 12 de enero de 2020
arquitectura hostil erigida para advertir a civilizaciones futuras del peligro de lo que causamos
I
el aire seco,
la compresión del transporte público.
los reflejos de las luces de la calle
exhiben colecciones de rostros exhaustos
¿qué tan lejos tiene que ser para ser lejos?
la próxima parada no es la mía,
aunque bien podría serlo.
en un vidrio empañado intento dibujar a quienes están afuera:
los rostros son garabatos
(porque)
las facciones son difíciles
(porque)
las emociones gesticulan distinto
(porque)
(¿por qué?)
(¿por qué aun no llego?)
II
atesoro los recuerdos que aun son míos entre la parcela donde el ganado deja el pasto crecer alto por temor a algo que no conocen
que no entienden
y que yo tampoco conozco, ni entiendo
pero que tampoco me importa.
III
las orquestas del cansancio
la tos crónica,
los músculos pesados
a pesar de haber pasado todo el dia en cama.
el techo
que peca de pudor ante mi mirada.
ahora no sé donde posar los ojos.
afuera está oscuro y temo no volver a ver nunca más si me pierdo tratando de descifrar algo que no está ahí
ladran los perros del barrio
alertando de un peligro hipotético,
escucho hojas quebrarse al caer.
sé que hay algo acá
pero no lo encuentro.
IV
las poesías a la mediocridad
ó
la mediocridad de las poesías
V
llevo cuenta de los intentos en vano por mantener el significado de lo que decimos
lo que dejaste
habita dentro de una presencia que perdí hace tiempo
y que me encuentro cada tanto,
pero decido ignorar.
las palabras significan todo, como no significan nada
decir, quedarse callado
resultan similares en este escenario
ver mi propia sombra,
deja en evidencia que los errores que cometí son incorregibles
y que lo que digo no vale nada
más allá de eso
escribo para no terminar de pudrirme por dentro.
VI
modelo a escala de una playa vacía
el fuego entre las olas
como un atardecer que nos sobrepasa
y advierte de la noche inmensa
y la ausencia de las estrellas
hacen que luciérnagas de filamentos rotos tengan que trabajar
enseñándonos un camino entre intermitencias
que no lleva a ningún lado.
el verano perdido.
VII
el llanto colectivo a un tono de espera de una línea de ventas infomerciales
el párpado abierto por obra de un clip de papel oxidado
haciendo palanca
entre el viento
por el hueco
donde se junta el polvo.
se fuerza el parto prematuro de una lágrima
que no es salada,
sino mas bien agridulce.
una euforia por suerte podrida
la música de espera que terminó
y el silencio.
VIII
casas de empeño
en cuarentena.
el valor de la vida desplomándose en la bolsa.
la traición a la moral
y el culto a lo perdido.
las trampas de bolsillo resultan inútiles a aquellos avivados,
las monedas falsas se arrojan a una fuente
pidiendo por deseos que jamás habrán de cumplirse.
la caída de las líneas de teléfono
y la emigración de la paloma mensajera a tierras menos hostiles.
a nadie le queda nada que ofrecer
las manos vacías
colectan miserias
que han perdido otros
y las hacen suyas.
la reventa de la desgracia hace crecer un poco a la economía local,
pero ya es mañana
y se encuentra estancada de nuevo
el colapso de la sociedad moderna.
IX
dos triciclos estacionados en un playón de cemento
una edificación en decadencia,
las bases quebradas de lo que no fue.
una bordeadora oxidada corta las pantorrillas de un celador que parece no importarle el paso del tiempo
ventanales de cristal disecado alertan de ráfagas de viento mas de 100 km
estallando sobre la maleza crecida.
por la noche
hay vigilia por su demolición
pero no hay quorum en la legalización de la eutanasia.
hay humo a lo lejos,
el horizonte de luto.
hay dos niños cerca
que corren descalzos sobre el vidrio roto
pero que no parece importarles.
dejan rastros de sangre al caer la tarde,
mientras el celador baldea el piso
el balde color óxido
piedra fundamental de la sopa para la cena.
una tormenta acercándose lentamente
el edificio perdiendo partes por cada ráfaga de aire
el celador perdiéndose entre los pastos altos
y los dos mismos triciclos estacionados en el mismo playón de cemento
X
cut up
dignidad simétrica vida compartida
formas contemporáneas de expresar amor
las nuevas técnicas
para complejizar nuestros sentimientos
y así finalmente
no entenderlos más.
cut up
la dicha de quienes no conocen el cielo
la vida bajo tierra
lujo
desagüe
cut upcut upcut up
la sangre
en la mano
lo que quiero decir
desordenado cuando
veo
cutup
el sol
no quiero
//// no,
no,
no
la gargantilla
heredada refleja la luz que termina por cegarme
letras que no conozco
forman palabras que me resultan familiares.
y no
hay distintas voces
la
la
la pérdida de todo lo que creíamos importante.
cutup
todos los lugares, todos juntos, amontonados en donde termina el tiempo
los mil cuchillos en el cielo (y la suerte de los desafortunados)
///
un nuevo día que realmente no emociona a nadie.
¿y usted, a que le tiene miedo?
XI
polillas arrastrando pequeñísimos carruajes: el arribo la aristocracia de juguete
dirige la ceremonia el fantasma de un niño victoriano
que se presenta ante una multitud de sillas vacías
mientras veinte bailarinas que usan un solo vestido colectivo performan una danza digna de una cajita musical,
antes de terminar desmayadas por la explotación de sus monarcas.
orfebres de tecnología obsoleta hacen candelabros de diseñador
para generar un incendio
que sirva como espectáculo final
la realeza se pasea alrededor de las caras de parientes que no vimos nunca emitidas en los televisores de tubo que ofician de portaretratos
viéndolos con desprecio.
en contraparte, a otro lado de la habitación
un pequeño sufre la crueldad de una guerra, intentando comer un pan duro mientras intenta encender un fuego en un barril
usando la poca luz que el sol regala.
la aristocracia se mofa de su pobre suerte
mientras ostentan su opulencia de chapas brillantes y polvos finos.
la madera podrida y seca oficia de conductor
y el fuego se expande de un barril desfondado
llegando a donde el agasajo tiene lugar
las polillas intentan volar, pero el peso del carruaje les tira para abajo
incendiando sus alas
la muerte de la servidumbre
los rostros de los reyes comienzan a derretirse por el calor
las deformidades barrocas
y la decadencia del imperio.
el niño decide no usar lo último que le queda de agua para extinguir el fuego, por lo que corre y se aleja de una casa que nunca fue suya.
el humo se pierde por el horizonte, esperando ser visto por alguien.
y el fin de la velada: magnicidio.
el aire seco,
la compresión del transporte público.
los reflejos de las luces de la calle
exhiben colecciones de rostros exhaustos
¿qué tan lejos tiene que ser para ser lejos?
la próxima parada no es la mía,
aunque bien podría serlo.
en un vidrio empañado intento dibujar a quienes están afuera:
los rostros son garabatos
(porque)
las facciones son difíciles
(porque)
las emociones gesticulan distinto
(porque)
(¿por qué?)
(¿por qué aun no llego?)
II
atesoro los recuerdos que aun son míos entre la parcela donde el ganado deja el pasto crecer alto por temor a algo que no conocen
que no entienden
y que yo tampoco conozco, ni entiendo
pero que tampoco me importa.
III
las orquestas del cansancio
la tos crónica,
los músculos pesados
a pesar de haber pasado todo el dia en cama.
el techo
que peca de pudor ante mi mirada.
ahora no sé donde posar los ojos.
afuera está oscuro y temo no volver a ver nunca más si me pierdo tratando de descifrar algo que no está ahí
ladran los perros del barrio
alertando de un peligro hipotético,
escucho hojas quebrarse al caer.
sé que hay algo acá
pero no lo encuentro.
IV
las poesías a la mediocridad
ó
la mediocridad de las poesías
V
llevo cuenta de los intentos en vano por mantener el significado de lo que decimos
lo que dejaste
habita dentro de una presencia que perdí hace tiempo
y que me encuentro cada tanto,
pero decido ignorar.
las palabras significan todo, como no significan nada
decir, quedarse callado
resultan similares en este escenario
ver mi propia sombra,
deja en evidencia que los errores que cometí son incorregibles
y que lo que digo no vale nada
más allá de eso
escribo para no terminar de pudrirme por dentro.
VI
modelo a escala de una playa vacía
el fuego entre las olas
como un atardecer que nos sobrepasa
y advierte de la noche inmensa
y la ausencia de las estrellas
hacen que luciérnagas de filamentos rotos tengan que trabajar
enseñándonos un camino entre intermitencias
que no lleva a ningún lado.
el verano perdido.
VII
el llanto colectivo a un tono de espera de una línea de ventas infomerciales
el párpado abierto por obra de un clip de papel oxidado
haciendo palanca
entre el viento
por el hueco
donde se junta el polvo.
se fuerza el parto prematuro de una lágrima
que no es salada,
sino mas bien agridulce.
una euforia por suerte podrida
la música de espera que terminó
y el silencio.
VIII
casas de empeño
en cuarentena.
el valor de la vida desplomándose en la bolsa.
la traición a la moral
y el culto a lo perdido.
las trampas de bolsillo resultan inútiles a aquellos avivados,
las monedas falsas se arrojan a una fuente
pidiendo por deseos que jamás habrán de cumplirse.
la caída de las líneas de teléfono
y la emigración de la paloma mensajera a tierras menos hostiles.
a nadie le queda nada que ofrecer
las manos vacías
colectan miserias
que han perdido otros
y las hacen suyas.
la reventa de la desgracia hace crecer un poco a la economía local,
pero ya es mañana
y se encuentra estancada de nuevo
el colapso de la sociedad moderna.
IX
dos triciclos estacionados en un playón de cemento
una edificación en decadencia,
las bases quebradas de lo que no fue.
una bordeadora oxidada corta las pantorrillas de un celador que parece no importarle el paso del tiempo
ventanales de cristal disecado alertan de ráfagas de viento mas de 100 km
estallando sobre la maleza crecida.
por la noche
hay vigilia por su demolición
pero no hay quorum en la legalización de la eutanasia.
hay humo a lo lejos,
el horizonte de luto.
hay dos niños cerca
que corren descalzos sobre el vidrio roto
pero que no parece importarles.
dejan rastros de sangre al caer la tarde,
mientras el celador baldea el piso
el balde color óxido
piedra fundamental de la sopa para la cena.
una tormenta acercándose lentamente
el edificio perdiendo partes por cada ráfaga de aire
el celador perdiéndose entre los pastos altos
y los dos mismos triciclos estacionados en el mismo playón de cemento
X
cut up
dignidad simétrica vida compartida
formas contemporáneas de expresar amor
las nuevas técnicas
para complejizar nuestros sentimientos
y así finalmente
no entenderlos más.
cut up
la dicha de quienes no conocen el cielo
la vida bajo tierra
lujo
desagüe
cut upcut upcut up
la sangre
en la mano
lo que quiero decir
desordenado cuando
veo
cutup
el sol
no quiero
//// no,
no,
no
la gargantilla
heredada refleja la luz que termina por cegarme
letras que no conozco
forman palabras que me resultan familiares.
y no
hay distintas voces
la
la
la pérdida de todo lo que creíamos importante.
cutup
todos los lugares, todos juntos, amontonados en donde termina el tiempo
los mil cuchillos en el cielo (y la suerte de los desafortunados)
///
un nuevo día que realmente no emociona a nadie.
¿y usted, a que le tiene miedo?
XI
polillas arrastrando pequeñísimos carruajes: el arribo la aristocracia de juguete
dirige la ceremonia el fantasma de un niño victoriano
que se presenta ante una multitud de sillas vacías
mientras veinte bailarinas que usan un solo vestido colectivo performan una danza digna de una cajita musical,
antes de terminar desmayadas por la explotación de sus monarcas.
orfebres de tecnología obsoleta hacen candelabros de diseñador
para generar un incendio
que sirva como espectáculo final
la realeza se pasea alrededor de las caras de parientes que no vimos nunca emitidas en los televisores de tubo que ofician de portaretratos
viéndolos con desprecio.
en contraparte, a otro lado de la habitación
un pequeño sufre la crueldad de una guerra, intentando comer un pan duro mientras intenta encender un fuego en un barril
usando la poca luz que el sol regala.
la aristocracia se mofa de su pobre suerte
mientras ostentan su opulencia de chapas brillantes y polvos finos.
la madera podrida y seca oficia de conductor
y el fuego se expande de un barril desfondado
llegando a donde el agasajo tiene lugar
las polillas intentan volar, pero el peso del carruaje les tira para abajo
incendiando sus alas
la muerte de la servidumbre
los rostros de los reyes comienzan a derretirse por el calor
las deformidades barrocas
y la decadencia del imperio.
el niño decide no usar lo último que le queda de agua para extinguir el fuego, por lo que corre y se aleja de una casa que nunca fue suya.
el humo se pierde por el horizonte, esperando ser visto por alguien.
y el fin de la velada: magnicidio.
lunes, 23 de diciembre de 2019
la foto de navidad sacada con flash con mi rostro tapado por un brazo alcanzando una sidra caliente de una mesa de plástico desnivelada
nos despertó el viento a la madrugada,
hojas podridas que se acumulaban
y oficiaban de sepulcro para las arañas que bajaban de la luna
haciéndonos esconder bajo los sommieres en donde ya no cabíamos bien.
nuestras manos palparon la arquitectura
y detrás del hombre hecho de siluetas
la televisión tartamudeaba estática.
"chh, chh, chhh, tszzz, tszzz"
gritaban centenas de gusanos blancos y negros
como un llamado de atención
para volver a casa para cenar.
perdidos entre la descomposición de la imagen y lo ininteligible del sonido quebrado,
nos despertó el hombre apagando la televisión
hombre que ya no era silueta, sino sombra
y cuya voz nos hacía encoger hasta caber en uno de los bolsillos de su traje.
nos depositaba en la garganta cerca de nuestras habitaciones
y se volvía a hacer sombra
mientras su voz seguía en el eco
(¿en el de la arquitectura o en el de la idea?)
el viento continuaba soplando,
los escalones parecían inmensos ante los ojos de la probabilidad.
nos recriminamos nuestra falta de automatización de lo cotidiano.
nos dormimos.
nos despertamos por la puerta siendo golpeada en un ritmo sincopado.
habíamos oído alguna vez de los mercachifles que vendían por la noche aquello que estaba prohibido ver durante el día.
por un instante volvimos a la vida aquello que habíamos asesinado de la memoria
el estruendo que incendió las nubes
el cielo cayéndose a mil por hora sobre nuestra cuadra
el humo que se disfrazaba de niebla, los incendios de los jardines vecinos
y la fuga masiva de los perros asustados.
y las familias peregrinando por los barrios, tratando de hallar a la mascota que respondiera a su llamado
"ps, ps, ps", llamaban nuestros vecinos.
"tss, tss, acá acá", retrucábamos nosotros.
la humedad del azufre en el aire
los autos acelerando para evitar controles
el alcohol en sangre hirviendo las venas de quienes mañana despertarán vomitados
el vidrio roto de decenas de botellas, desparramando sangre por toda la calle
y la muerte
al final siempre la muerte.
cenamos hoy alrededor de nuestro perro muerto por segundo año consecutivo
enterrado bajo los álamos
mientras los dioses juegan a las cartas
y lo transmiten por pay per view (ahora en technicolor) en la previa del brindis de fin de año.
no atendimos al llamado de la puerta.
aun quedan decenas de platos sucios sobre el piletón,
puedo oír a las moscas depositar larvas sobre la vajilla más cara
me revuelve el estómago un poco.
en la heladera ya está todo podrido
las sobras frías (25)
las sobras frías (26)
las sobras frías (27)
las sobras frías (28)
las sobras frías (29)
las sobras frías (30)
los cadáveres de arañas apilándose de nuevo en la puerta de casa,
el cielo escurriendo las nubes
sobre una mesa de plástico
que sostienen
platos servidos con mosquitas neonatas.
un corte de luz a las 00:00
y un incendio en el patio del vecino.
hojas podridas que se acumulaban
y oficiaban de sepulcro para las arañas que bajaban de la luna
haciéndonos esconder bajo los sommieres en donde ya no cabíamos bien.
nuestras manos palparon la arquitectura
y detrás del hombre hecho de siluetas
la televisión tartamudeaba estática.
"chh, chh, chhh, tszzz, tszzz"
gritaban centenas de gusanos blancos y negros
como un llamado de atención
para volver a casa para cenar.
perdidos entre la descomposición de la imagen y lo ininteligible del sonido quebrado,
nos despertó el hombre apagando la televisión
hombre que ya no era silueta, sino sombra
y cuya voz nos hacía encoger hasta caber en uno de los bolsillos de su traje.
nos depositaba en la garganta cerca de nuestras habitaciones
y se volvía a hacer sombra
mientras su voz seguía en el eco
(¿en el de la arquitectura o en el de la idea?)
el viento continuaba soplando,
los escalones parecían inmensos ante los ojos de la probabilidad.
nos recriminamos nuestra falta de automatización de lo cotidiano.
nos dormimos.
nos despertamos por la puerta siendo golpeada en un ritmo sincopado.
habíamos oído alguna vez de los mercachifles que vendían por la noche aquello que estaba prohibido ver durante el día.
por un instante volvimos a la vida aquello que habíamos asesinado de la memoria
el estruendo que incendió las nubes
el cielo cayéndose a mil por hora sobre nuestra cuadra
el humo que se disfrazaba de niebla, los incendios de los jardines vecinos
y la fuga masiva de los perros asustados.
y las familias peregrinando por los barrios, tratando de hallar a la mascota que respondiera a su llamado
"ps, ps, ps", llamaban nuestros vecinos.
"tss, tss, acá acá", retrucábamos nosotros.
la humedad del azufre en el aire
los autos acelerando para evitar controles
el alcohol en sangre hirviendo las venas de quienes mañana despertarán vomitados
el vidrio roto de decenas de botellas, desparramando sangre por toda la calle
y la muerte
al final siempre la muerte.
cenamos hoy alrededor de nuestro perro muerto por segundo año consecutivo
enterrado bajo los álamos
mientras los dioses juegan a las cartas
y lo transmiten por pay per view (ahora en technicolor) en la previa del brindis de fin de año.
no atendimos al llamado de la puerta.
aun quedan decenas de platos sucios sobre el piletón,
puedo oír a las moscas depositar larvas sobre la vajilla más cara
me revuelve el estómago un poco.
en la heladera ya está todo podrido
las sobras frías (25)
las sobras frías (26)
las sobras frías (27)
las sobras frías (28)
las sobras frías (29)
las sobras frías (30)
los cadáveres de arañas apilándose de nuevo en la puerta de casa,
el cielo escurriendo las nubes
sobre una mesa de plástico
que sostienen
platos servidos con mosquitas neonatas.
un corte de luz a las 00:00
y un incendio en el patio del vecino.
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