martes, 30 de agosto de 2022

a propósito de la captura de la brutalidad en los hogares donde supieron anidar los caracoles

íntima gala,
memoria para uno

artefactos detrás de escena
adiestran fuegos diminutos
que con cautela
dan forma
a la vigilia.

la luz es inquietud perversa, inmediata
el humo acróbata compone el resto de la escena

hasta derramarse sobre la tensión de mis hombros.

las sombras corrompen un cielo impoluto,
las mímicas, hijas malditas,
conforman la ilusión.

un beso, entonces, es la imitación de un beso
un abrazo, la imitación de un abrazo
un diálogo, la reconstrucción de un diálogo

pero la pena no es copia
y prolifera ramificada en fábulas primitivas que existen bajo mis propios términos.

la invención del calor es difusa,
a pesar de que mi piel parece no guardar recuerdo alguno.

la invención de la noche duró hasta que abrí los ojos.

la invención de la palabra vino por primera vez de la necesidad.

la invención del dolor es cíclica
como si mis muñecas se encadenasen a un águila que busca refugio dentro mío
y fuese yo prometeo, el águila y el fuego, al mismo tiempo.

no sé
cuanto más
seguir esperando
para poder ver el final

tengo miedo
de que los cuidadores
me saquen de la sala antes de tiempo
y que todo se deshaga entre mis manos

y que del recuerdo evaporado
reste solo la arena
que cala hondo,
mientras
los pies
se queman
aproximándose al centro.

sueño
atravesar mi cuerpo
con otro cuerpo que no sea el mío
y saber el daño irreversible de adornarse en espinas
con los cortes moviendo sus labios por la congregación de sangre

sueño
con esos mensajes
y con poder descifrarlos

y ver que vuelve a mi aquello que me dije
y que prometí no olvidar.


miércoles, 24 de agosto de 2022

cuando me vuelvo consciente de mis latidos, siento que mi corazón muta en algo extraño

hermetismo entre
barricadas de tendones agrupados.

los pellizcos de una mano sin nombre
le prohíben la comunicación
a una muñeca que cae

desenmascarando a su paso, un rostro
que va a ser utilizado como arma de guerra.

sabiéndose de las represalias,
las defensas optan por la disección en gestos
para la reducción de la ferocidad a un 'quizás' que resulta inabarcable.

cientos de alas diminutas, ajenas al mundo,
se apilan oficiando de fortificación provisoria.
sangran las antenas al contacto,
y el calor
es el tesoro
que craquela el aire
en pequeñas fallas polvorientas
que saben bien ser cuna de desastres.

el perímetro es un círculo cerrándose sobre sí mismo.
a la inversa, una boca se abre
revelando un abanico de perlas quebradizas
que mi nombre termina de aniquilar
antes de saber si quiera
quien me llama.

alfileres perforan la superficie de la violencia,
raspan apenas la piel que brilla como señuelo para los árboles sumergidos,
cuyas ramas se enmarañan a un par de tobillos hinchados
mientras
la primavera tardía continúa empujando hacia abajo
un cuerpo al que se le niega un romance pasajero con la superficie

por consiguiente, la tensión permanece inquebrantable.

las moscas rapaces
hacen contacto con la piel añeja
de los pescados ancianos.

es en el abrazo al desecho en donde radica la nobleza.

en honor a las sombras
respiro aire sucio, trago hueso
escupo aquello que está muriendo

mientras los músculos conducen las logísticas del diálogo,
comunicándose mediante contracciones
ensanchando el pecho de tal manera
que me hacen olvidar
que cargo con un
corazón liviano.

hay un recuerdo que es el primero.

y es el momento presente el que me pide
que esta sea la memoria que ordene al resto de las evocaciones.

viernes, 12 de agosto de 2022

quiero conocer el lugar donde las antenas de los insectos se mecen con amabilidad

un manojo de pelos se enreda alrededor de las paredes de mi garganta
enhebrando la aureola que porta el ángel
que apoya sus pies en los manantiales de mi estómago
sin miedo a quemarse.

el pecho se comprime de a intermitencias,
la colección de dolor se expande
y la desesperación nace
al saber que el aire está ahí
y no puedo tocarlo.

quiero sentirme indestructible,
desvestir la fragilidad,
volverla intrépida
e ignorar el día
en el que la tibieza en las hendiduras de la cerámica
reclame las manos de alguien
y que no sean las mías.

jueves, 11 de agosto de 2022

ahora que han hervido las aguavivas

el desalojo es nombrado por el hábito de lo ausente,
confieso no poder reconocer lo transitorio,
la fuga de sombras que se vuelven parte de una noche
que va a parar al fondo de mi bolsillo,
o abajo de la cama de alguien
que sueña con perseguir una palabra desde un primer piso
hasta encontrarse con una caldera que escupe gentilmente un humo grisáceo
y que es aquella respuesta que tanto esperaban, tanto el que sueña, como yo que sigo despierto: hay alguien en casa.

la permanencia entre espacios que no estaban antes, el corazón avisando
de la pérdida de firmeza en las piernas y un constante cosquilleo en la mano derecha
con el dedo anular oficiando de telégrafo
confeccionando un telegrama
al clínico de confianza
que presagia una pronta visita.

pesa la idea de la costumbre en donde el aire no corre tanto, esa misma idea de que al limpiar la sangre, el ojo va a continuar siendo blanco

y la voz va a continuar siendo extraña

pero van a ver y van a hablar de la misma manera que lo venían haciendo antes y que lo hicieron siempre.

en la chance se presenta algo nuevo, entendiendo siempre
la calidad neutral de la novedad.

el rosa perlado es el área delimitada
que se aferra al tender,
sin saber bien aún
si el viento es gracia,
o molestia.

las frutas de temporada son espolvoreadas por la arena de un cantero cercano,

y entiendo que si me alimento de una, y después de otra y después de otra
no voy a ver los huecos de carroña que dejan los gorriones.

miércoles, 3 de agosto de 2022

los huecos en los nudillos al extender la mano son como camas diminutas para sueños enormes

arriba nuestro,
los cables de alta tensión se contraen hacia arriba, para luego desprenderse hasta volver a recordar sus límites
respirando entre las nubes una melodía que, a primera vista, nadie reconoce.

unas manos acarician con precisión un instrumento invisible,

mientras alguien se pregunta si con sus dedos remojados por la humedad,
podría hacer sonar de las aureolas de sus oídos
una canción que sea suya
y únicamente suya.

el chasqueo de decenas labios ajenos,
me ayuda a confeccionar un mapa de una voz que creía perdida.

entiendo, sé lo que habita en mi,
aunque todavía me cuesta el hábito de cultivar el recuerdo y navegarlo,
solo para que después termine devolviéndome a este lugar
y todo se haya ido.

sé lo que hace daño,
ojalá fuese solo el deseo
el único agravante.

me rindo ante la caída con la esperanza de volverla mas lenta y abrazarla un poco más.

quisiera expandir lo que está por encima,
hasta volverlo eterno.