en retrospectiva,
¿quienes callaban
la extinción?
con mis pulmones alimenté de aire el fuego que terminó por aniquilar mi voluntad,
y hoy no tengo uñas con las que clavarme en tierra,
como tampoco hay tierra que sostenga las yemas podridas de mis dedos malogrados.
las manos mías que abrazaron los índices del derrumbe,
hoy son las manos que acribillan el cuello vencido de los difuntos pidiendo clemencia.
la piedad de los incrédulos,
la insensatez de querer hacer siempre lo mismo y no sufrir represalias.
sé donde estoy,
sé que es culpa mía
huí y abandoné
y ahora me encuentro donde dejé todo la última vez.
zona cero.
y con las horas que el tiempo rechazó
no he hecho más que repetir verbalmente las oscilaciones del ruido en mis tímpanos a punto de reventarse
abro mi boca lentamente,
mientras ruego por su clausura inmediata,
el hedor a la podredumbre del silencio que nace luego de un eco ya no me genera nada.
pero aún conservo horas de material proveniente de un circuito cerrado de cámaras que fue testigo del paso de nadie,
de la suciedad acumulándose en mi rostro
de la piel caída, resquebrajada, echa a un lado, enmarcada de cerámicos rotos que fueron alguna vez mosaico que fue alguna vez escenario de un sueño horrible del que desperté traspirado y con las sábanas colgándome del cuello.
y hoy solo delimito un pequeño espacio en lo que resta de mi alcoba aniquilada por el fuego que hice nacer con mi aire
(ese que hoy tanto me hace falta)
para ver en un televisor blanco y negro como fui pudriéndome en silencio, sin ayuda de nadie
para poder dormirme sintiéndome peor que ayer.
lunes, 3 de septiembre de 2018
sábado, 1 de septiembre de 2018
dieciocho kilobytes de miseria
un hábito
es estarse cerca del fuego,
y atarse las venas como hilos para perder el miedo de caer a la nada.
las marcas agrietadas de la permanencia,
el sedentarismo de la incertidumbre.
mal nombrarse continuamente para perder las ataduras,
porque la memoria sabrá recompensar con nuestro lecho de muerte
pregonando significado que la maleza terminará por enterrar.
un hábito
es estarse cerca del fuego,
sabemos que el primer contacto siempre fracasa,
sepamos entonces valorar la importancia del espacio practicado
porque es el extraño quien pauta su propia itinerancia en el lugar,
somos nosotros los que decidimos cuando dar un paso al costado.
somos nosotros quienes lloramos nuestras derrotas
en pasajes donde nadie pueda ver los rostros nuestros marcados por el duelo,
la pérdida, la falta,
la carencia en la lejanía
¿qué tanto tengo?
¿qué tanto puedo dar?
mis nudillos se hartan de frustración,
mis muelas cariadas despedazan las comisuras de mi lengua.
no sé respirar otro aire que no sea aquel que está enfermo.
¿como escribir lo que sucede abajo?
¿como escribir lo que sucede afuera?
no rehúsen el afecto,
no quieran enterrarse en el otro,
no acallen las voces que gritan desde sus vísceras más negras.
no hay tregua para el ardor de las pieles mas sensibles más allá de la negación.
esto no está pasando.
esto no está pasando.
esto no está pasando.
hay quienes se repiten en la idea de la esperanza
hay quienes ignoran la putrefacción de su carne
hay quienes ya se han ahogado en el río.
esto no está pasando.
hay quienes solo encuentran el fuego apagado,
el hábito malogrado.
el declive de los costumbrismos.
el shock de darse cuenta que nada es para siempre.
es estarse cerca del fuego,
y atarse las venas como hilos para perder el miedo de caer a la nada.
las marcas agrietadas de la permanencia,
el sedentarismo de la incertidumbre.
mal nombrarse continuamente para perder las ataduras,
porque la memoria sabrá recompensar con nuestro lecho de muerte
pregonando significado que la maleza terminará por enterrar.
un hábito
es estarse cerca del fuego,
sabemos que el primer contacto siempre fracasa,
sepamos entonces valorar la importancia del espacio practicado
porque es el extraño quien pauta su propia itinerancia en el lugar,
somos nosotros los que decidimos cuando dar un paso al costado.
somos nosotros quienes lloramos nuestras derrotas
en pasajes donde nadie pueda ver los rostros nuestros marcados por el duelo,
la pérdida, la falta,
la carencia en la lejanía
¿qué tanto tengo?
¿qué tanto puedo dar?
mis nudillos se hartan de frustración,
mis muelas cariadas despedazan las comisuras de mi lengua.
no sé respirar otro aire que no sea aquel que está enfermo.
¿como escribir lo que sucede abajo?
¿como escribir lo que sucede afuera?
no rehúsen el afecto,
no quieran enterrarse en el otro,
no acallen las voces que gritan desde sus vísceras más negras.
no hay tregua para el ardor de las pieles mas sensibles más allá de la negación.
esto no está pasando.
esto no está pasando.
esto no está pasando.
hay quienes se repiten en la idea de la esperanza
hay quienes ignoran la putrefacción de su carne
hay quienes ya se han ahogado en el río.
esto no está pasando.
hay quienes solo encuentran el fuego apagado,
el hábito malogrado.
el declive de los costumbrismos.
el shock de darse cuenta que nada es para siempre.
viernes, 3 de agosto de 2018
aquellas cosas que encontré olvidadas en mi garganta y doné a caridad
I
las manos aferradas en las caderas de lo incierto,
las uñas clavadas en el barro seco de columnas que una vez resguardaron el techo que hoy uso de catre.
una invitación a pelear por aquello que más quise y el temor de pensar que ya perdí hace mucho.
II
el rechazo
ya no viene solo,
colapso inminente.
III
si no puedo señalar
más que con mi cuerpo desnudo,
sabré que mi norte estará enfermo.
que la permanencia me castigará con cicatrices.
que dos clavos oxidados
entre las venas más negras de mis pies mutilados
me obligarán a ver como se prende y se apaga el alumbado público.
que la cara mía, buscará a los astros mirando hacia abajo
dos enanas rojas coagulantes
(muy malas, por cierto)
que no vendrá a mi nadie señalándome con su cuerpo,
pues no hay norte,
pero si miedo.
IV
saber que no hay marco que sostenga el peso de la puerta que llevo a cuestas
y oír a las bisagras punzando de dolor,
mientras un picaporte de cristal se entierra en mi pecho
es asegurar,
por proceso de eliminación
que nadie oirá mis plegarias.
V
la represión como arma de doble filo,
morder las paredes es un mecanismo de defensa cuando las circunstancias lo ameritan.
la mandíbula alberga celosamente decenas astillas enterradas como tumbas en mi paladar.
los cuidadores no aceptan flores
y los muertos insisten en no ser recordados.
la lengua es víctima,
no victimario
le duelen los nervios y babearse.
hay una llaga bajo el colmillo inferior derecho que espera su caricia para reprocharle el dolor que le causó.
la lengua sufre de culpa,
la lengua es víctima,
no victimario
los cuidadores no aceptan flores,
y los muertos, olvidados.
mientras la mandíbula no responde a estímulos, sino a espasmos y orgasmos de bruxismo.
los dientes limados,
la represión como arma de doble filo.
VI
mil bocas muriendo sobre un mismo abdómen,
con el ombligo desangrando la misma indiferencia ante la cuota alimentaria sobre el piletón de la cocina, a la cual se le diluye la tinta entre tanto traste sucio.
tres paquetes de fideos oxidados, quemados
intentan escaparse por el desagüe,
pero son rechazados.
diagnóstico: trombosis provocada por coágulo conformado por cuerpos de pequeñas ratas.
podría hacer algo ahora, pero mi estómago se anuda a si mismo con partes de mi intestino delgado.
un diente que ignoraba haberme tragado
me descoce una úlcera que pacientemente bordé con hilos de cera.
novecientos noventa y nueve bocas mueren sobre un mismo abdómen,
la mía ya ha fallecido.
el estómago declarará su muerte por asfixia en algunos minutos
un papel en blanco y arrugado en el piletón de la cocina
y ningún lugar
donde caer muerto.
VII
galería de la urbanidad post-moderna: un blister de pastillas ordenado como una pintura de mondrian.
VIII
una gotera golpea reiteradas veces contra una olla marcando el inicio de centenas de rounds de boxeo en simultáneo.
las capas y capas de grasa enturbian el agua,
mi reflejo sub-expuesto con pedazos de animales muertos hace semanas me transmite mas confianza en mi mismo.
el horno está prendido hace días y la puerta invita a pasar a cualquier interesado.
los cuerpos marchitos se descomponen en mi reflejo
que va olvidándose poco a poco.
cae una gota en mi frente,
luego otra,
luego otra
y luego decenas a la vez.
la lluvia arde,
mientras que mi piel intenta persuadirme de que puede soportarlo,
pero yo sé que se muere de miedo.
me pican las vértebras, pero mis manos están enterradas en el cerámico de la cocina, los nudillos quebrados y las uñas aferrándose a las columnas.
yo sé que me estoy muriendo de miedo.
el horno explota de gas y me quema las pestañas, las cejas, mi mechón de pelo favorito y los labios.
trato de producir saliva para cauterizar, pero solo me nace vapor salado.
mi paladar está prendido fuego, pero el horno ya no funciona.
el vecino del piso de arriba, quien creí muerto hace semanas, tira la cadena de su baño.
siento caer el agua entre las paredes.
siento el techo desangrarse.
por suerte la olla sigue ahí cuando cae la primera gota.
fin del primer round.
K.O técnico.
IX
vivir en una heladera,
ver crecer los hongos desde adentro.
las manos aferradas en las caderas de lo incierto,
las uñas clavadas en el barro seco de columnas que una vez resguardaron el techo que hoy uso de catre.
una invitación a pelear por aquello que más quise y el temor de pensar que ya perdí hace mucho.
II
el rechazo
ya no viene solo,
colapso inminente.
III
si no puedo señalar
más que con mi cuerpo desnudo,
sabré que mi norte estará enfermo.
que la permanencia me castigará con cicatrices.
que dos clavos oxidados
entre las venas más negras de mis pies mutilados
me obligarán a ver como se prende y se apaga el alumbado público.
que la cara mía, buscará a los astros mirando hacia abajo
dos enanas rojas coagulantes
(muy malas, por cierto)
que no vendrá a mi nadie señalándome con su cuerpo,
pues no hay norte,
pero si miedo.
IV
saber que no hay marco que sostenga el peso de la puerta que llevo a cuestas
y oír a las bisagras punzando de dolor,
mientras un picaporte de cristal se entierra en mi pecho
es asegurar,
por proceso de eliminación
que nadie oirá mis plegarias.
V
la represión como arma de doble filo,
morder las paredes es un mecanismo de defensa cuando las circunstancias lo ameritan.
la mandíbula alberga celosamente decenas astillas enterradas como tumbas en mi paladar.
los cuidadores no aceptan flores
y los muertos insisten en no ser recordados.
la lengua es víctima,
no victimario
le duelen los nervios y babearse.
hay una llaga bajo el colmillo inferior derecho que espera su caricia para reprocharle el dolor que le causó.
la lengua sufre de culpa,
la lengua es víctima,
no victimario
los cuidadores no aceptan flores,
y los muertos, olvidados.
mientras la mandíbula no responde a estímulos, sino a espasmos y orgasmos de bruxismo.
los dientes limados,
la represión como arma de doble filo.
VI
mil bocas muriendo sobre un mismo abdómen,
con el ombligo desangrando la misma indiferencia ante la cuota alimentaria sobre el piletón de la cocina, a la cual se le diluye la tinta entre tanto traste sucio.
tres paquetes de fideos oxidados, quemados
intentan escaparse por el desagüe,
pero son rechazados.
diagnóstico: trombosis provocada por coágulo conformado por cuerpos de pequeñas ratas.
podría hacer algo ahora, pero mi estómago se anuda a si mismo con partes de mi intestino delgado.
un diente que ignoraba haberme tragado
me descoce una úlcera que pacientemente bordé con hilos de cera.
novecientos noventa y nueve bocas mueren sobre un mismo abdómen,
la mía ya ha fallecido.
el estómago declarará su muerte por asfixia en algunos minutos
un papel en blanco y arrugado en el piletón de la cocina
y ningún lugar
donde caer muerto.
VII
galería de la urbanidad post-moderna: un blister de pastillas ordenado como una pintura de mondrian.
VIII
una gotera golpea reiteradas veces contra una olla marcando el inicio de centenas de rounds de boxeo en simultáneo.
las capas y capas de grasa enturbian el agua,
mi reflejo sub-expuesto con pedazos de animales muertos hace semanas me transmite mas confianza en mi mismo.
el horno está prendido hace días y la puerta invita a pasar a cualquier interesado.
los cuerpos marchitos se descomponen en mi reflejo
que va olvidándose poco a poco.
cae una gota en mi frente,
luego otra,
luego otra
y luego decenas a la vez.
la lluvia arde,
mientras que mi piel intenta persuadirme de que puede soportarlo,
pero yo sé que se muere de miedo.
me pican las vértebras, pero mis manos están enterradas en el cerámico de la cocina, los nudillos quebrados y las uñas aferrándose a las columnas.
yo sé que me estoy muriendo de miedo.
el horno explota de gas y me quema las pestañas, las cejas, mi mechón de pelo favorito y los labios.
trato de producir saliva para cauterizar, pero solo me nace vapor salado.
mi paladar está prendido fuego, pero el horno ya no funciona.
el vecino del piso de arriba, quien creí muerto hace semanas, tira la cadena de su baño.
siento caer el agua entre las paredes.
siento el techo desangrarse.
por suerte la olla sigue ahí cuando cae la primera gota.
fin del primer round.
K.O técnico.
IX
vivir en una heladera,
ver crecer los hongos desde adentro.
lunes, 16 de julio de 2018
(untitled)
I
hay siete dagas clavadas en el mismo punto del pecho de una figura de la vírgen.
los mangos de las finitísimas armas
tienen un rosario enredado entre sí con la cuerda desgastada, a punto de cortarse.
el confesionario vacío se traduce en que ya no queda nada más por qué rezar
¿y por qué rezar?
los largos bancos de madera hinchada aún guardan las hendiduras de las rodillas más frágiles.
hay una pared que anuncia la ausencia de un crucifijo.
el rosario se rompe
dejando caer sus cuentas que se esparcen como granos de arroz viejo por el corredor.
no hay padrenuestro,
no hay ave maria,
la sangre de los ojos de la vírgen
se escapa por las rendijas de un desagüe, mojando mis pies a su paso.
las dagas se desprenden y se incrustan en las varices de mi pie izquierdo
al mismo tiempo que la estatua cede por demolición planeada,
la sangre se contamina y ya no se traduce como nada
no se entiende como algo,
porque ahora mismo podría ser la última manifestación de lo divino
o bien,
desechos del baño tapado de una estación de servicio escondida en el medio de la nada, que buscan salir al mundo.
II
hay quienes no se saben como alguien,
luego estoy yo, que no dejo de repetir la ausencia que significa olvidar decirse.
estando acá,
queriendo irme.
existe la urgencia de quedarse quieto al borde del mundo
con la boca atada por alambres rotos y re(h)usados
que lo único que asegura es que la voluntad sea,
inevitablemente,
quebrada
así al caer,
nadie se dará cuenta de que verdaderamente me he hundido
y he tocado fondo.
así, pasando los días distinguiendo temores entre los temores,
evitando hacer frente a la idea de hacer frente a algo a lo que le temo.
soñando con un hombre, que entiendo que soy yo,
el cual entierra su mirada entre los restos de un jardín infértil
prometiendo
jamás volver a caer
en el horror que significa buscar un hogar en el que ya sé que no queda nadie
y estar ahí
y querer irme.
III
extender mi mano
para que la picoteen los cuervos
e interpretar disonancias con mis venas abiertas.
ó
dar mi espalda como ofrenda
para que aniden los ecos de lluvias más duras.
no hay diferencia.
no hay forma de no doler al ofrecerse.
IV
re-ordeno trozos despedazados de viejas fotos familiares mal encuadradas.
todas las personas que no conozco,
que no recuerdo,
que me alzaron en brazos
portan sus rostros cortados.
toda mi familia
decapitada
y yo, ahí
en los brazos de nadie,
mirando al cielo.
V
toco la noche con las mismas manos con las que me aferro a la miseria.
cuento las manchas de humedad sobre mi almohada
imaginando pinturas de un mundo flotante entre las manchitas de moho.
mi ventana da a un pulmón de un edificio que sabe bien como esconder el horizonte,
mientras otra ventana, en paralela a la mía
alberga una cocina inundada.
una luz sucia alumbra las pequeñas oleadas de agua podrida,
una luz casi tan sucia como esa cocina
una luz que en su pantalla guarda guarniciones enteras de insectos que volaron hasta quemar sus alas.
por los espacios de las baldosas de mis paredes
filas y filas de hormigas caminan y organizan como tomar control de las sobras de una cena de la cual no probé un bocado y dejé morir a la intemperie hace ya dos semanas.
hay moscas volando sobre el cadáver de mi gata, que estaba harta de esta vida.
toco el interruptor de la luz de mi cocina con las mismas manos con las que toco la noche, que son las mismas con las que abrazo a la miseria.
y la abrazo por no saber de algo mejor.
la noche me quema, me corta, me arde, me escupe en la cara y me arroja desde la terraza de mi edificio.
la miseria solo mora.
la miseria solo mora, mientras la pantalla de la luz va hacinándose de cuerpos de insectos caídos,
atraídos por la idea de un calor mas intenso
la miseria solo mora, mientras los platos comienzan a llegarme a las rodillas
y el desagüe colapsa en mi cara.
la miseria solo mora, mientras la abrazo aún mas fuerte,
mientras me resbalo de ella
y caigo en un agua sucia, casi tan sucia como la luz, con las moscas migrando del cadáver de mi gata, que se descompuso hacia el piso de abajo, con la misión de tapar el sol
y el edificio de enfrente, bien sabe cubrir el horizonte
y la miseria solo mora, mientras la noche arde, arde, arde,
y me asfixia
y me ahoga arrastrándome a un punto donde no existe mas que agua, mas que platos y donde la luz, bien se ha quemado o finalmente alcanzó el cupo de insectos practicando adoración post-mortem necesarios para privarme de brillo.
después de eso, ya no queda mucho más,
la noche sigue ahí,
presenciando como alguien más ve mi cocina desde una ventana.
VI
¿era esto, entonces?
ambos sabíamos que no era suficiente.
VII
entre los escombros
hay algo que no distingo,
mi nombre entre los cimientos.
las labios cocidos con cera
murmuran una canción que cantaban en la infancia del mundo.
los ojos se pierden más allá de los párpados para ver destellos que les devuelvan la esperanza.
de mi boca emergen gritos,
que perdiéndose entre las viejas paredes de mi primera casa,
crean ecos que asustan a los carroñeros.
la última silla en pie, con mi nombre tallado en su respaldo,
me ofrece una vista privilegiada
de los últimos días.
VIII
tu boca no dispara
porque duda.
IX
01110011 01101000 01110101 01110100 00100000 01100100 01101111 01110111 01101110.
hay siete dagas clavadas en el mismo punto del pecho de una figura de la vírgen.
los mangos de las finitísimas armas
tienen un rosario enredado entre sí con la cuerda desgastada, a punto de cortarse.
el confesionario vacío se traduce en que ya no queda nada más por qué rezar
¿y por qué rezar?
los largos bancos de madera hinchada aún guardan las hendiduras de las rodillas más frágiles.
hay una pared que anuncia la ausencia de un crucifijo.
el rosario se rompe
dejando caer sus cuentas que se esparcen como granos de arroz viejo por el corredor.
no hay padrenuestro,
no hay ave maria,
la sangre de los ojos de la vírgen
se escapa por las rendijas de un desagüe, mojando mis pies a su paso.
las dagas se desprenden y se incrustan en las varices de mi pie izquierdo
al mismo tiempo que la estatua cede por demolición planeada,
la sangre se contamina y ya no se traduce como nada
no se entiende como algo,
porque ahora mismo podría ser la última manifestación de lo divino
o bien,
desechos del baño tapado de una estación de servicio escondida en el medio de la nada, que buscan salir al mundo.
II
hay quienes no se saben como alguien,
luego estoy yo, que no dejo de repetir la ausencia que significa olvidar decirse.
estando acá,
queriendo irme.
existe la urgencia de quedarse quieto al borde del mundo
con la boca atada por alambres rotos y re(h)usados
que lo único que asegura es que la voluntad sea,
inevitablemente,
quebrada
así al caer,
nadie se dará cuenta de que verdaderamente me he hundido
y he tocado fondo.
así, pasando los días distinguiendo temores entre los temores,
evitando hacer frente a la idea de hacer frente a algo a lo que le temo.
soñando con un hombre, que entiendo que soy yo,
el cual entierra su mirada entre los restos de un jardín infértil
prometiendo
jamás volver a caer
en el horror que significa buscar un hogar en el que ya sé que no queda nadie
y estar ahí
y querer irme.
III
extender mi mano
para que la picoteen los cuervos
e interpretar disonancias con mis venas abiertas.
ó
dar mi espalda como ofrenda
para que aniden los ecos de lluvias más duras.
no hay diferencia.
no hay forma de no doler al ofrecerse.
IV
re-ordeno trozos despedazados de viejas fotos familiares mal encuadradas.
todas las personas que no conozco,
que no recuerdo,
que me alzaron en brazos
portan sus rostros cortados.
toda mi familia
decapitada
y yo, ahí
en los brazos de nadie,
mirando al cielo.
V
toco la noche con las mismas manos con las que me aferro a la miseria.
cuento las manchas de humedad sobre mi almohada
imaginando pinturas de un mundo flotante entre las manchitas de moho.
mi ventana da a un pulmón de un edificio que sabe bien como esconder el horizonte,
mientras otra ventana, en paralela a la mía
alberga una cocina inundada.
una luz sucia alumbra las pequeñas oleadas de agua podrida,
una luz casi tan sucia como esa cocina
una luz que en su pantalla guarda guarniciones enteras de insectos que volaron hasta quemar sus alas.
por los espacios de las baldosas de mis paredes
filas y filas de hormigas caminan y organizan como tomar control de las sobras de una cena de la cual no probé un bocado y dejé morir a la intemperie hace ya dos semanas.
hay moscas volando sobre el cadáver de mi gata, que estaba harta de esta vida.
toco el interruptor de la luz de mi cocina con las mismas manos con las que toco la noche, que son las mismas con las que abrazo a la miseria.
y la abrazo por no saber de algo mejor.
la noche me quema, me corta, me arde, me escupe en la cara y me arroja desde la terraza de mi edificio.
la miseria solo mora.
la miseria solo mora, mientras la pantalla de la luz va hacinándose de cuerpos de insectos caídos,
atraídos por la idea de un calor mas intenso
la miseria solo mora, mientras los platos comienzan a llegarme a las rodillas
y el desagüe colapsa en mi cara.
la miseria solo mora, mientras la abrazo aún mas fuerte,
mientras me resbalo de ella
y caigo en un agua sucia, casi tan sucia como la luz, con las moscas migrando del cadáver de mi gata, que se descompuso hacia el piso de abajo, con la misión de tapar el sol
y el edificio de enfrente, bien sabe cubrir el horizonte
y la miseria solo mora, mientras la noche arde, arde, arde,
y me asfixia
y me ahoga arrastrándome a un punto donde no existe mas que agua, mas que platos y donde la luz, bien se ha quemado o finalmente alcanzó el cupo de insectos practicando adoración post-mortem necesarios para privarme de brillo.
después de eso, ya no queda mucho más,
la noche sigue ahí,
presenciando como alguien más ve mi cocina desde una ventana.
VI
¿era esto, entonces?
ambos sabíamos que no era suficiente.
VII
entre los escombros
hay algo que no distingo,
mi nombre entre los cimientos.
las labios cocidos con cera
murmuran una canción que cantaban en la infancia del mundo.
los ojos se pierden más allá de los párpados para ver destellos que les devuelvan la esperanza.
de mi boca emergen gritos,
que perdiéndose entre las viejas paredes de mi primera casa,
crean ecos que asustan a los carroñeros.
la última silla en pie, con mi nombre tallado en su respaldo,
me ofrece una vista privilegiada
de los últimos días.
VIII
tu boca no dispara
porque duda.
IX
01110011 01101000 01110101 01110100 00100000 01100100 01101111 01110111 01101110.
domingo, 1 de julio de 2018
cincuenta y seis minutos deseando estar en otro lugar
me despierto
reconozco a los extraños,
pienso que he sobrevivido a la destrucción.
me veo
y otra vez me dormí vestido,
y otra vez hay niebla afuera.
por ahora todo va bien.
otra vez no me cambié de ropa
y otra vez la niebla me da miedo.
por ahora todo va bien.
-runtime err0r-
hoy me corté la mano.
no me dolió hasta después de algunas horas
cuando recordé que me la había cortado.
¿por qué me corté la mano?
nadie entra, ni sale de mi casa hace tres días.
mi mano derecha le pregunta a la palma de mi mano izquierda si estaría dispuesta a realizar una rueda de reconocimiento entre sospechosos.
me dice que teme por su familia, que es, curiosamente, la mano que la interroga.
ambas se funden en un abrazo,
la sangre seca se le queda pegada a la palma derecha.
llevar la herida del otro.
hay dos líneas en mi mano izquierda que se le agregaron a mis antiguas cuatro lineas que llevo desde mi nacimiento,
quizás yo realmente pueda decidir mi futuro,
si es que mi futuro ha de tratarse de auto-mutilación y ausencia de memoria.
de todas maneras, ¿qué mas da el futuro? si hoy no puedo salir a la calle, tampoco quiero.
la niebla me da miedo,
me hace vulnerable porque no puedo ver más allá de mis propios pasos
y me asusta tenerme de referencia a mi mismo.
la mano grita, ríe.
se ríe de mi.
y yo sé que lo merezco.
por ahora todo va bien.
ahora es de noche
y estoy alrededor de muchas personas que conozco,
que quiero,
pero aun así no me siento bien,
sé que no quiero estar acá
y es mi casa.
estoy escuchando anécdotas sobre accidentes viales que entreoigo por decisión propia.
no me interesan.
siento que la conversación cambia de tema cada vez que abro y cierro los ojos.
ah, debe tener implicancia la idea de la integración voluntaria como elemento base de la felicidad.
sé exactamente como estar donde no quiero.
abro los ojos.
los cierro.
estoy viendo como el mismo vino que me serví hace 20 minutos asesina a los dos cubos de hielo que le arrojé dentro para que mitigue el calor que significa mantener esa botella de vino al lado de un caloventor.
es invierno.
el frío sabe bien como doler.
y ahora estoy en instagram y debe significar algo que mencione instagram en una poesía porque detesto mencionar redes sociales o cosas por el estilo en las cosas que escribo,
pero debe significar algo porque estoy viendo los perfiles de mis ex-compañeros de secundaria y lo estoy escribiendo
y los estoy mirando
y no sé porque los estoy mirando,
pero pienso, dios,
realmente la secundaria deja secuelas.
leo cosas que no me interesan,
y no sé porque sigo leyendo, cuando realmente no lo estoy haciendo, no sé porque estoy haciendo esto.
siento que algo de todo esto está roto,
que algo no debería ser así.
no se siente fluido.
hay cortes.
como si realmente fueran importante las cuidadosas elecciones de palabras que uso.
como si no supiera hilar bien mis ideas.
como cuando sentís que te han desarmado y no te han re-ensamblado correctamente.
como cuando hay una pieza que falla (claro, acabo de decir que algo se sentía roto, idiota, pero no es tiempo de arrepentimientos)
como cuando hay cucarachas trepando tu brazo por no haber limpiado tu cocina por meses y sentis algo de calor en el abrazo de su seis patas.
está mal.
como cuando te despertás un día
y reconoces a los extraños
y pensas que has sobrevivido a la destrucción
aun sabiendo que no es así.
reconozco a los extraños,
pienso que he sobrevivido a la destrucción.
me veo
y otra vez me dormí vestido,
y otra vez hay niebla afuera.
por ahora todo va bien.
otra vez no me cambié de ropa
y otra vez la niebla me da miedo.
por ahora todo va bien.
-runtime err0r-
hoy me corté la mano.
no me dolió hasta después de algunas horas
cuando recordé que me la había cortado.
¿por qué me corté la mano?
nadie entra, ni sale de mi casa hace tres días.
mi mano derecha le pregunta a la palma de mi mano izquierda si estaría dispuesta a realizar una rueda de reconocimiento entre sospechosos.
me dice que teme por su familia, que es, curiosamente, la mano que la interroga.
ambas se funden en un abrazo,
la sangre seca se le queda pegada a la palma derecha.
llevar la herida del otro.
hay dos líneas en mi mano izquierda que se le agregaron a mis antiguas cuatro lineas que llevo desde mi nacimiento,
quizás yo realmente pueda decidir mi futuro,
si es que mi futuro ha de tratarse de auto-mutilación y ausencia de memoria.
de todas maneras, ¿qué mas da el futuro? si hoy no puedo salir a la calle, tampoco quiero.
la niebla me da miedo,
me hace vulnerable porque no puedo ver más allá de mis propios pasos
y me asusta tenerme de referencia a mi mismo.
la mano grita, ríe.
se ríe de mi.
y yo sé que lo merezco.
por ahora todo va bien.
ahora es de noche
y estoy alrededor de muchas personas que conozco,
que quiero,
pero aun así no me siento bien,
sé que no quiero estar acá
y es mi casa.
estoy escuchando anécdotas sobre accidentes viales que entreoigo por decisión propia.
no me interesan.
siento que la conversación cambia de tema cada vez que abro y cierro los ojos.
ah, debe tener implicancia la idea de la integración voluntaria como elemento base de la felicidad.
sé exactamente como estar donde no quiero.
abro los ojos.
los cierro.
estoy viendo como el mismo vino que me serví hace 20 minutos asesina a los dos cubos de hielo que le arrojé dentro para que mitigue el calor que significa mantener esa botella de vino al lado de un caloventor.
es invierno.
el frío sabe bien como doler.
y ahora estoy en instagram y debe significar algo que mencione instagram en una poesía porque detesto mencionar redes sociales o cosas por el estilo en las cosas que escribo,
pero debe significar algo porque estoy viendo los perfiles de mis ex-compañeros de secundaria y lo estoy escribiendo
y los estoy mirando
y no sé porque los estoy mirando,
pero pienso, dios,
realmente la secundaria deja secuelas.
leo cosas que no me interesan,
y no sé porque sigo leyendo, cuando realmente no lo estoy haciendo, no sé porque estoy haciendo esto.
siento que algo de todo esto está roto,
que algo no debería ser así.
no se siente fluido.
hay cortes.
como si realmente fueran importante las cuidadosas elecciones de palabras que uso.
como si no supiera hilar bien mis ideas.
como cuando sentís que te han desarmado y no te han re-ensamblado correctamente.
como cuando hay una pieza que falla (claro, acabo de decir que algo se sentía roto, idiota, pero no es tiempo de arrepentimientos)
como cuando hay cucarachas trepando tu brazo por no haber limpiado tu cocina por meses y sentis algo de calor en el abrazo de su seis patas.
está mal.
como cuando te despertás un día
y reconoces a los extraños
y pensas que has sobrevivido a la destrucción
aun sabiendo que no es así.
martes, 19 de junio de 2018
no feedback
I
por ahora dejémoslo así,
con mi patio lleno de maleza podrida
con el cenicero alcanzando mi altura,
con el televisor con el volumen en tres rayitas,
con la mano alzada esperando que alguien la salve,
con la muñeca flaquita, flaquita
y las venas finitas, finitas
con las piernas enterradas en arena que se hunde cada vez más,
con el cuento para ir a dormir contado hasta la mitad
con las pesadillas haciéndome mojar la cama
y con todas las promesas que me han hecho guardadas entre las rendijas de un calefactor apagado.
¿qué es lo peor que podría pasar?
II
-el próximo jugador saca una tarjeta-
"pierde un turno aquel que sueña con lo que jamás va a poder tener".
III
mis dedos quemados abren un hocico petrificado.
una bolsa de consorcio con su corazón entregado al cielo junto a mis pies, junto a mis brazos,
un colmillo que sin nervio, oficia de horca pública.
mis manos, que buscan calor enterrándose de vergüenza en el estómago de un perro muerto,
pasándose entre dedo y dedo nueve colillas de cigarrillos alojadas en el órgano, que se reproducen como parásitos.
rabia post-mortem.
un horno para fabricar neblina que provoque un choque a las cinco de la mañana.
un puñado de vísceras guardadas en los bolsillos para no olvidar el calor que debemos llevar dentro nuestro,
pero que a veces no sabe nacer.
IV
ignoro el momento en el que tenga que enfrentarme a todo lo que no me deja dormir por las noches.
V
las manos invitan a la nuca a ahogarse,
los dientes rotos se aferran a la porcelana barata y amarillenta, mientras las encías sangran y los labios quedan apretujados entre la tapa.
¿por qué gastar tanto tiempo en nombrar una por una aquellas cosas que me duelen?
cuando ahora estoy escupiéndolas de una forma en la que mañana no voy a recordar,
más allá de sufrir de una boca reseca, pastosa, harta de decir y decir
y de despertarme con un agujero lleno de barro en el estómago
que grite
que va a ser un día penoso,
que doy pena,
que doy asco
y que no tendría que haberme ahogado en todo aquello que quise sacarme de encima.
VI
deus ex machina: mañana todos me habrán perdonado.
VII
dar duele, arde
pero no tanto como
esta carencia.
por ahora dejémoslo así,
con mi patio lleno de maleza podrida
con el televisor con el volumen en tres rayitas,
con la mano alzada esperando que alguien la salve,
con la muñeca flaquita, flaquita
y las venas finitas, finitas
con las piernas enterradas en arena que se hunde cada vez más,
con el cuento para ir a dormir contado hasta la mitad
con las pesadillas haciéndome mojar la cama
y con todas las promesas que me han hecho guardadas entre las rendijas de un calefactor apagado.
¿qué es lo peor que podría pasar?
II
-el próximo jugador saca una tarjeta-
"pierde un turno aquel que sueña con lo que jamás va a poder tener".
III
mis dedos quemados abren un hocico petrificado.
una bolsa de consorcio con su corazón entregado al cielo junto a mis pies, junto a mis brazos,
un colmillo que sin nervio, oficia de horca pública.
mis manos, que buscan calor enterrándose de vergüenza en el estómago de un perro muerto,
pasándose entre dedo y dedo nueve colillas de cigarrillos alojadas en el órgano, que se reproducen como parásitos.
rabia post-mortem.
un horno para fabricar neblina que provoque un choque a las cinco de la mañana.
un puñado de vísceras guardadas en los bolsillos para no olvidar el calor que debemos llevar dentro nuestro,
pero que a veces no sabe nacer.
IV
ignoro el momento en el que tenga que enfrentarme a todo lo que no me deja dormir por las noches.
V
las manos invitan a la nuca a ahogarse,
los dientes rotos se aferran a la porcelana barata y amarillenta, mientras las encías sangran y los labios quedan apretujados entre la tapa.
¿por qué gastar tanto tiempo en nombrar una por una aquellas cosas que me duelen?
cuando ahora estoy escupiéndolas de una forma en la que mañana no voy a recordar,
más allá de sufrir de una boca reseca, pastosa, harta de decir y decir
y de despertarme con un agujero lleno de barro en el estómago
que grite
que va a ser un día penoso,
que doy pena,
que doy asco
y que no tendría que haberme ahogado en todo aquello que quise sacarme de encima.
VI
deus ex machina: mañana todos me habrán perdonado.
VII
dar duele, arde
pero no tanto como
esta carencia.
miércoles, 6 de junio de 2018
así como no decir nada es solo prolongar lo inevitable, también, cada trago amargo significa otra batalla perdida
parpadear me arquea las pestañas,
me quema los ojos que miran fijo hacia el suelo
mientras mis manos frotan sus nudillos quemados sobre una boca húmeda, pero sin dientes que los muerdan,
así no todo parece tan trágico.
-el remordimiento funciona en este caso como un inoportuno juego de palabras-
las babas de la pena,
depositadas sobre ampollas ennegrecidas
parecieran ser una promesa, lastimosamente, de algo que no entiendo.
éstas se escapan
cayendo lentamente por una fisura entre un labio inferior con deseos de grandeza
y un labio superior que sigue cayendo; ambos, sin saberlo, ocultan la vergüenza que significa portar una sonrisa.
o quizás, solo cargan con la tristeza de no poder hacerlo.
en cualquier caso, mis manos, con sus nudillos llenos de agua, o de bolsas de agua y de nuevo, babeados
sobre las gritas del suelo donde estoy parado,
exactamente a cinco centímetros de cada uno de mis zapatos,
dejaron una semilla seis metros bajo tierra.
desde mi boca mal nacida, o bien, venida abajo
nacen pequeñísimos hilos de saliva amarillenta, y pienso que si fuese un árbol, mi salvia tendría 40% de graduación alcohólica.
el color es similar al que veo cuando despierto con la cabeza en un urinal que no me pertenece,
con la nuca entre las piernas de alguien al que le da lo mismo
y con mis medias mojadas de algo que no es líquido del todo y como siento las medias mojadas, eso significa que también es el color que veo cuando me despierto y me han robado los zapatos.
esos mismos zapatos que están a cinco centímetros de donde esa saliva amarillenta acaba de caer.
siento que yo solo sé apreciar la naturaleza cuando nadie mas lo hace,
como si se tratase de hacerme cargo de los problemas de alguien y me auto-convenciese de que realmente quiero eso.
¿realmente quiero esto?
jamás me sé responder si lo que hago es algo que nace de mi, o que nace por otros.
¿actúo por imitación o por pedido de auxilio?
creo que ya descarte toda posibilidad de participación mía en mi accionar.
pero, ¿realmente quiero esto?
dios, no sé porque tuve que describir tanto algo que solo me hubiese llevado dos acciones.
digo,
abrir la tierra, aunque la idea de hurgar descriptivamente entre que cosas podría yo encontrar en cada una de mis uñas queda como una tarea a futuro.
y tirar un escupitajo.
aunque no se realmente si es que lo tiro, quizás me nace, quizás tenía la urgencia, quizás me forcé por veinte minutos a que nazca algo de mi que no sea un escupitajo, pero al no encontrar otra cosa que dar tuve que escupir, digo, es perfectamente lógico, no hay mucho dentro mío que ofrecer.
pero ahora me asusta la idea de que pase algo nuevo.
bah, ya pasó algo nuevo, la tierra esta húmeda por mi saliva.
hilé un nexo entre mi boca y la tierra, antes seca, ahora húmeda, a pesar de que no todo el hilo salivoso llegó a destino, sino que una parte que no pudo llegar no vio otra alternativa que pegarse a mi pera, a mi cuello y a mi pecho, como si se tratase de una suerte de corbata.
siento que me aprieta, pero solo debo estar imaginando cosas.
pero lo que quiero decir es que ahora hay tierra húmeda y bajo ella una semilla y el agua sigue corriendo por las venas agrietadas del suelo donde estoy parado con mis zapatos a cinco centímetros de donde cayó sepultada la semilla.
perdón, siento que hasta ahora soy solo un par de zapatos, unos labios malformados y un hilo de baba (las partes donde cayó ese hilo de baba solo funcionan en la coyuntura y realmente carecen de protagonismo)
pero bien podría ser eso, ¿no?
digo, sería un enfoque interesante.
pero no lo soy.
bueno, para ustedes quizás si, o quizás no.
para mi es no y es muy importante eso, tener una certeza no es poca cosa.
si cuentan las certezas que ustedes tienen en la vida créanme que solo las contarían con una mano, o con las dos.
estar seguro de algo es como abrazarse de algo que no te va a soltar, por más ambiguo que sea, siento que pueden imaginarse el punto al que quiero llegar.
o al que llegué, yo no estoy tan seguro.
y no estar tan seguro es como caer donde no se puede ver, como refugiarse donde no hay consuelo.
pero también, aparte de lo que no soy, tengo otra certeza.
tengo miedo de algo nuevo,
tengo miedo de que algo crezca por algo que yo producí.
esa semilla puede volverse un bosque, como puede volverse una vereda levantada dos pisos hacia arriba.
y quizás ese bosque puede ser el lugar donde gente se extravíe o esa vereda levantada puede ser, bueno, puede ser una vereda levantada.
¿y si mi baba es infértil y una semilla es enterrada en vano?
mis zapatos están arqueados, afligidos.
no entiendo porque hice eso que acabo de hacer; ellos tampoco, claramente.
mis ojos no han dejado de ver al suelo, mi boca está seca como la tierra que pisan las puntas de mis zapatos, pues estos se han rendido y han delegado el contacto a mis rodillas, también quemadas, como mis nudillos, embolsados en agua, también babeados.
hacen doce grados bajo cero.
mis dientes sufren bruxismo involuntario.
mi cabeza se reposa sobre una boca amplia de color blanco desteñido que no es la mía.
-a pesar de no estar donde realmente quiero, estoy mejor acá que cualquier otro lado-
entre la cerámica rota, en el vértice donde se unen cuatro baldosas agrietadas de color rojizo, empolvadas, en el que acabo de escupir y anterior a eso, en el que guardé una semilla, apago un cigarrillo.
¿eso nació de mi o nació por otros?
lo único que hice en años y me arrepiento y porque me arrepiento, decido eliminarlo.
alguien aprieta mi nuca entre sus piernas; pienso que quizás es para mejor, pero de nuevo, no estoy seguro.
siento que alguien me desata mis zapatos mientras me empiezo a quedar dormido
y lo peor es que sé que es una de las pocas cosas ciertas que tengo
y que es mía.
bajo cada una de mis uñas hay mugre,
doy vuelta mi mano y vuelvo a acariciar el polvo que besa el piso para no agitarme mientras sueño, a la vez que termino de marearme de naftalina.
///////////////////
las bolsas de mis manos acaban de explotar
y el agua cayendo de las mismas, utilizando mis venas como vías de escape, al gotear parecen prometerme algo, lastimosamente, de algo que aún no entiendo.
me quema los ojos que miran fijo hacia el suelo
mientras mis manos frotan sus nudillos quemados sobre una boca húmeda, pero sin dientes que los muerdan,
así no todo parece tan trágico.
-el remordimiento funciona en este caso como un inoportuno juego de palabras-
las babas de la pena,
depositadas sobre ampollas ennegrecidas
parecieran ser una promesa, lastimosamente, de algo que no entiendo.
éstas se escapan
cayendo lentamente por una fisura entre un labio inferior con deseos de grandeza
y un labio superior que sigue cayendo; ambos, sin saberlo, ocultan la vergüenza que significa portar una sonrisa.
o quizás, solo cargan con la tristeza de no poder hacerlo.
en cualquier caso, mis manos, con sus nudillos llenos de agua, o de bolsas de agua y de nuevo, babeados
sobre las gritas del suelo donde estoy parado,
exactamente a cinco centímetros de cada uno de mis zapatos,
dejaron una semilla seis metros bajo tierra.
desde mi boca mal nacida, o bien, venida abajo
nacen pequeñísimos hilos de saliva amarillenta, y pienso que si fuese un árbol, mi salvia tendría 40% de graduación alcohólica.
el color es similar al que veo cuando despierto con la cabeza en un urinal que no me pertenece,
con la nuca entre las piernas de alguien al que le da lo mismo
y con mis medias mojadas de algo que no es líquido del todo y como siento las medias mojadas, eso significa que también es el color que veo cuando me despierto y me han robado los zapatos.
esos mismos zapatos que están a cinco centímetros de donde esa saliva amarillenta acaba de caer.
siento que yo solo sé apreciar la naturaleza cuando nadie mas lo hace,
como si se tratase de hacerme cargo de los problemas de alguien y me auto-convenciese de que realmente quiero eso.
¿realmente quiero esto?
jamás me sé responder si lo que hago es algo que nace de mi, o que nace por otros.
¿actúo por imitación o por pedido de auxilio?
creo que ya descarte toda posibilidad de participación mía en mi accionar.
pero, ¿realmente quiero esto?
dios, no sé porque tuve que describir tanto algo que solo me hubiese llevado dos acciones.
digo,
abrir la tierra, aunque la idea de hurgar descriptivamente entre que cosas podría yo encontrar en cada una de mis uñas queda como una tarea a futuro.
y tirar un escupitajo.
aunque no se realmente si es que lo tiro, quizás me nace, quizás tenía la urgencia, quizás me forcé por veinte minutos a que nazca algo de mi que no sea un escupitajo, pero al no encontrar otra cosa que dar tuve que escupir, digo, es perfectamente lógico, no hay mucho dentro mío que ofrecer.
pero ahora me asusta la idea de que pase algo nuevo.
bah, ya pasó algo nuevo, la tierra esta húmeda por mi saliva.
hilé un nexo entre mi boca y la tierra, antes seca, ahora húmeda, a pesar de que no todo el hilo salivoso llegó a destino, sino que una parte que no pudo llegar no vio otra alternativa que pegarse a mi pera, a mi cuello y a mi pecho, como si se tratase de una suerte de corbata.
siento que me aprieta, pero solo debo estar imaginando cosas.
pero lo que quiero decir es que ahora hay tierra húmeda y bajo ella una semilla y el agua sigue corriendo por las venas agrietadas del suelo donde estoy parado con mis zapatos a cinco centímetros de donde cayó sepultada la semilla.
perdón, siento que hasta ahora soy solo un par de zapatos, unos labios malformados y un hilo de baba (las partes donde cayó ese hilo de baba solo funcionan en la coyuntura y realmente carecen de protagonismo)
pero bien podría ser eso, ¿no?
digo, sería un enfoque interesante.
pero no lo soy.
bueno, para ustedes quizás si, o quizás no.
para mi es no y es muy importante eso, tener una certeza no es poca cosa.
si cuentan las certezas que ustedes tienen en la vida créanme que solo las contarían con una mano, o con las dos.
estar seguro de algo es como abrazarse de algo que no te va a soltar, por más ambiguo que sea, siento que pueden imaginarse el punto al que quiero llegar.
o al que llegué, yo no estoy tan seguro.
y no estar tan seguro es como caer donde no se puede ver, como refugiarse donde no hay consuelo.
pero también, aparte de lo que no soy, tengo otra certeza.
tengo miedo de algo nuevo,
tengo miedo de que algo crezca por algo que yo producí.
esa semilla puede volverse un bosque, como puede volverse una vereda levantada dos pisos hacia arriba.
y quizás ese bosque puede ser el lugar donde gente se extravíe o esa vereda levantada puede ser, bueno, puede ser una vereda levantada.
¿y si mi baba es infértil y una semilla es enterrada en vano?
mis zapatos están arqueados, afligidos.
no entiendo porque hice eso que acabo de hacer; ellos tampoco, claramente.
mis ojos no han dejado de ver al suelo, mi boca está seca como la tierra que pisan las puntas de mis zapatos, pues estos se han rendido y han delegado el contacto a mis rodillas, también quemadas, como mis nudillos, embolsados en agua, también babeados.
hacen doce grados bajo cero.
mis dientes sufren bruxismo involuntario.
mi cabeza se reposa sobre una boca amplia de color blanco desteñido que no es la mía.
-a pesar de no estar donde realmente quiero, estoy mejor acá que cualquier otro lado-
entre la cerámica rota, en el vértice donde se unen cuatro baldosas agrietadas de color rojizo, empolvadas, en el que acabo de escupir y anterior a eso, en el que guardé una semilla, apago un cigarrillo.
¿eso nació de mi o nació por otros?
lo único que hice en años y me arrepiento y porque me arrepiento, decido eliminarlo.
alguien aprieta mi nuca entre sus piernas; pienso que quizás es para mejor, pero de nuevo, no estoy seguro.
siento que alguien me desata mis zapatos mientras me empiezo a quedar dormido
y lo peor es que sé que es una de las pocas cosas ciertas que tengo
y que es mía.
bajo cada una de mis uñas hay mugre,
doy vuelta mi mano y vuelvo a acariciar el polvo que besa el piso para no agitarme mientras sueño, a la vez que termino de marearme de naftalina.
///////////////////
las bolsas de mis manos acaban de explotar
y el agua cayendo de las mismas, utilizando mis venas como vías de escape, al gotear parecen prometerme algo, lastimosamente, de algo que aún no entiendo.
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