lunes, 30 de octubre de 2017

¿cómo agradecer lo que nadie me dio?

una cabra
   marcada para morir

(traduzco: una X en la frente, una soga en su cuello y los ojos vendados viendo (o no) como el sol se esconde bajo su párpado cercenado)

gime como última súplica.

yo solo la oigo.

ay, no sé.

¿la oigo yo solo? ¿o solo la oigo?

el fordismo es el más despiadado de los asesinos seriales, pienso

mientras mi plato hondo es féretro
y las pezuñas hirviendo, ofician como certificado de defunción.

claro que no temo por represalias divinas,
     mi hambre feroz guarda el velo más respetuoso de todos.

me he comportado bien, ¿no cierto?

entonces,
¿por que duermo sin mostrar mi rostro?

así nadie puede enamorarse de mi mientras sueño.

¿y por qué los párpados pesan como el plomo?

hay pólvora naciendo por los restos de mi llanto
y mi parpadear, bajo esa lógica

te asesina veinte veces antes de verte, si quiera

ay, el astigmatismo.

no hay receta para ver, tampoco para mostrar mi rostro

y es que, ay, tragué litros y litros de insecticida,
me exfolié con glifosato 

y dormí sobre una caldera de cera.

pero aun me siguen mordiendo en las mismas heridas,

polillas de dos cabezas y cucarachas sin antenas,
aquellas que no saben más que de la soledad,

hurgan lo único que puedo llamar realmente mío.

los amparo bajo un ala que es carencia,
que son mis sobras

me erosionan, 
adentrándose por las grietas de mi piel reseca

(cada vez mas prominentes)

mientras se cuelgan de mis pestañas como si fuera un balneario,

y yo lloro,
pero juro llorar tanto, que
que

que es que la miopía
ay ¡las migrañas!

y un hueco que crece en el hueso de mi mandíbula inferior,

y mi corazón, la guarida de la vergüenza, 
que guarda un rencor infinito.

pero me he comportado bien, ¿no cierto?

¿entonces me regalaran una noche sin dormir?

una noche en donde mi espalda no se raje
y el vinagre no caiga sobre ella

mientras el cuarto de mis padres explota.

solo pido no ser cirujano, asistente, anestesista y paciente al mismo tiempo.

hay una paloma decapitada a mis pies,

no tiene marcas en su pecho, ni en sus patas, ni una soga atada al cuello, ni una cuchilla clavada al pico,

tampoco dicen nada quienes la descomponen.

a lo mejor fue prematura su partida,
pasa que en este barrio pasan estas cosas ¿viste?

son todos unos hijos de puta, pero la cosa viene así de hace rato, eh, no es cosa de ahora, no te creas ese verso

¿y que le vas a hacer?

ráfagas de ciento treinta y cuatro kilómetros por segundo que hacen volar de nuevo a los restos de susodicha paloma,

mientras las larvas llueven sobre la gente mediocre

y así, todo empapado, entiendo que todavía hay esperanza.

según la frenología cuento con la curvatura craneal de una decepción,
de un huérfano o de una simulación estándar de un sistema de computación anacrónico.

la posibilidad de elegir es lo que construye las bases de una democracia sólida

yo no elijo no tener rostro,
pero soy fiel creyente que dar lo que uno no tiene

te hace mejor que los demás.

y es que me he comportado bien ¿no cierto?

dios, pero que a veces realmente se torna demasiado complejo
y aburrido

escribir los mismos eufemismos para decir que me estan devorando el rostro

para decir que mi mandíbula cuelga de una ínfima fila de dientes podridos

que mi ventana siempre está abierta
pero que no importa, no importa en lo absoluto porque el sol ya no quiere verme,

que el taparollos de mi persiana está infestado de vagabundos que han cortado el cordon de susodicha persiana para cubrirse los ojos y no ver la miseria que los rodea

y que duermo con la cabeza bajo susodicha persiana con la esperanza de que caiga y me degolle mientras veo como se pelean dos perros callejeros famélicos por las cinco crías de un gata atropellada

y para decir que es todo lo mismo 

ya sea la venus de milo desnudada por sus propias manos

o cristo lamentándose por no haber cargado una cruz mas grande

dios (¡ja! que ocurrencia)

mi ropa toda devorada guarda el nombre de quienes me han hecho esto

mi mirada es un escuadrón de fusilamiento

me veo tanto
me veo tanto
me veo tanto

devoro mi almohada de la impotencia que es verme,
que es no verme

que es querer tanto y detestar tanto

y aburrirse de todo

de decir siempre lo mismo,

de lo aburrido que es es decir 

que ya no puedo 

y que si lo sigo haciendo 

es solo por la esperanza, por las sanguijuelas que me chupan los órganos, por los desamparados que me comen el rostro

por marcarme la frente con una X

por ponerme una soga en el cuello

por tragarme un calibre que tenga el número impar

por mis ojos vendados viendo al sol que no quiere verme (el valor de la auto-determinación)

y por no gemir,
por no gritar,
ni rogar

como última súplica. 

martes, 17 de octubre de 2017

crónicas de náuseas náuticas

I

marea roja.

violencia para veteranos,
            enfermedades para los niños

10 ml de ansiolíticos para los dependientes

medio litro de cloro para quienes tienen la garganta vírgen.

anuncios de fin del mundo para los que aun tienen fé,
             el fin del mundo para quien lo necesite.

bodas para nihilistas,
         la peste negra para los últimos románticos.

enfermedades para los niños
mutan
en violencia para veteranos.

desembarco,
marea roja

y pequeñas olas que arrastran dientes desnudos, inmaculados
rabiosos de bruxismo.

II

una gotera de agua estancada proveniente del piso de arriba
apuñala el óxido de la única olla que tengo.

una boca,
un sistema inmunológico defectuoso

y lo que ya no sé distinguir si es hambre.

semióticas de la cocina.

III

la prudencia de los labios sellados con nylon quemado
arde de urgencia,

la alarma de incendios 
me despierta clavándome sus colmillos en el cuello

y mis vértebras 
      chillan como recién nacido.

índice de lo que recuerdo de las marcas en mi piel:

quemaduras de primer grado: miedo de que me olviden bajo un crucifijo.

(de) segundo grado: querer hacer amigos para evitar que me marginen y fracasar.

(de) tercer grado: prometer portarme bien.

(de) cuarto grado: jurar lealtad a la bandera, a pesar de no ser abanderado. (el primer fracaso)

¿como llegué acá?

las salidas de emergencia están asesiadas de angustia, ¿para que molestarse, ya?

07:48 AM

vuelvo a dormir.

IV

¿que me queda?

solo tengo un centenar de colillas bajo la lengua

y un cielo 
del cual no tengo custodia.

V

primer acto, trescientos personajes, ciento cincuenta del lado izquierdo del escenario, ciento cincuenta del lado derecho. en el medio, un cuervo que lleva una veintena de días sin alimentarse y pedece al exacto momento que se levanta el telón. un hombre y una mujer, uno de cada lado, se acercan a la jaula y la abren, depositando una lata de sardinas con exactamente 4 lombrices cada uno. ambos, hombre y mujer, vuelven a sus respectivos puestos.

las lombrices empiezan a acercarse a la presa.

el lado izquierdo comienza:
"- lombrices de lo infame"

las lombrices no responden al llamado.

y el lado derecho responde:
  "- no se alimenten del pasado"

las lombrices comienzan a devorar al ave.

ergo:

"- lombrices de lo infame"
  "- no se alimenten del pasado"
"- lombrices de lo infame"
  "- no se alimenten del pasado"
"- lombrices de lo infame"
  "- no se alimenten del pasado"
"- lombrices de lo infame"
  "- no se alimenten del pasado"
"- lombrices de lo infame"
  "- no se alimenten del pasado"

el teatro vacío, con fecha de derrumbe para el mismo día del estreno de la obra, procede a caerse a pedazos. los obreros aplauden, conmovidos mientras el cuervo se aleja volando dejando caer lombrices decapitadas sobre calles vacías, mientras defeca sobre una de las cabezas de los proletarios.

la crítica destroza la obra.

VI

verdad cruel: todo es caída libre desde este punto.

VII

el cielo
no responde mis llamados.

prometo nunca regresar.


lunes, 9 de octubre de 2017

infección intrahospitalaria

I

pedir compasión/no inmutarse.

reivindicar/
o/ 
destruir/

lo que signifiqué.

II

anecdotario: caer en un aljibe y que los perros de búsqueda hayan sido sacrificados.

III

post-operatorio.

(estoy) conectado a teléfonos públicos descolgados, 
que marcan la falta de pulso.

extraños hacen uso de la unión de mis brazos como parlante.

(todas) llamadas por cobrar

adeudo más de diez cifras- 

-entonces-

hipoteco brazos, ojos, piernas,
cama, casa, perro,
carótida, páncreas
y medio riñon.

me enfermo de nuevo.

"la línea será re-establecida a la brevedad".

IV

escupo una pasta farmacológica

-en plural,
cadáveres-

sobre los restos de un altar marchito.

diagnóstico/recetario: cama ortopédica, en vez de usar sábanas, recurrir a la fosa séptica,
a la ciénaga, o a un pozo ciego.

"disculpe, ¿venden esto acá? no sé bien que dice, no leo"

V

extirpenle 
el canto a los pájaros

y guardenlo bajo tierra.

así podrá crecer el árbol
que parirá con dolor la madera

para construir el arca
que usarán como trampolín

hacia el diluvio.

VI

anecdotario II: caminar de madrugada y levantar las manos ante el ruido del gatillo; estigmas de cortesía, o como actuar de jesucristo en una obra de una escuela primaria, apostólica y romana sin previo aviso.

VII

la horca
para
el
_ _ _ _ _ _ _ _

la guillotina
para
el

dego/llado.

¿quién se ríe de quién ahora?

lunes, 2 de octubre de 2017

liquidación por cierre

I

¿a dónde ver, ahora?

ya no puedo culpar a nadie.

mi silueta, dibujada en el paredón de fusilamiento
espera esposada,

la consagración de la primavera.

II

¿como no regalarme ante la fabulación?

si es lo único que me queda,
      lo único que me dejaron.

III

murciélagos albinos

desgarran, culposos, los vientres de las polillas infantes.

el vestido,
su seda intacta.

la noche
   muere de a ratos.

IV

no sé reconocerme ya, 
con las pezuñas maternales clavadas en el pescuezo.

el nido, ya es hueco

y el fuego ha revestido mis cimientos a nada.

¿por qué traerme aquí haría diferencia alguna?

si jamás tuve intención de venir.

V

miedo número uno: si no hago pie, ¿como me sostengo?

VI

realización número uno: no lo hago.

VII

latidos de óxido caen
                                 uno 
                                      a 
                                       uno sobre mi pecho inacabado.

mi esternón, que llora malherido, 

me hace dar cuenta
que la costilla ha huído de mi corazón

y me ha atravesado la palma de la mano.

del jardín del edén,
me expulsan

no por pecador,

sino por ser infértil.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

métodos varios para eludir, escapar y confesarse

día I

-identikit-

los ojos de conchas de ratas vírgenes,
bolsas de consorcio acumuladas en planta baja

nueve pisos en disputa,
un ascensor que es acantilado hacia un mar de cerámicos mal puestos

no hay quórum que me dejé dormir en paz.

los brazos de mimbre viejo atado con alambre corroído,
arterias altamente inflamables

nervios muertos,
la imposibilidad de refugiarse el pecho ante la inminencia del fusilamiento.

los labios de alta costura,

larvas apretujadas entre las cuencas de donde solían estar mis muelas

anidan
cumpliendo el verdadero sueño americano.

mi garganta es premio consuelo de un perro guardian al borde de la muerte,

las palabras se me escapan por rincones de la estancia
mal cercados.

ambas partes, víctima y testigos
son partícipes de la rueda de reconocimiento

nota personal: todos se parecen a mi.

día II

hay un ventilador de techo
girando a cero coma (,) veinticinco revoluciones por minuto.

se anunciaron treinta y seis grados centígrados cuando salí de mi casa

en el transporte público una mujer murió de combustión espontánea,

miré mi reloj y estaba ardiendo.

siempre hice mal en depositar mi fé en alguien,
                                               hacen treinta y seis grados coma cinco.

el cuello de mi camisa me roba todo el oxígeno amenazándome con dos plásticos bien afilados
posicionados sobre la yugular y la carótida, precisamente,

pero no puedo permitir mostrar la vergüenza que es ser hijo de adán, pienso.

mi pulmón cabe ahora en la palma de mi mano.

la piel se me pega a una silla de jardín,

falla total de órganos públicos.

entro a la corte con restos de lo que se ha vuelto a convertir en petróleo
-dramatización I: entro en llamas-

oigo recitar
un mismo cuento de memoria,

veo la misma cara de perro lamentándose sobre un juez 
que sobre la falda lleva un revólver que lo apunta a su rostro

o a jesucristo, sobre su cabeza.

veo a un juez que tiene miedo de ambas formas.

siento lágrimas que me caen sobre mi deshidratación,

oigo una familia perdiendo lo que supo, de alguna forma, que iba a perder.

no duele el hecho,
duele la manera.

no veo nada
-dramatización II: una de las lágrimas o una de las gotas de sudor o quiérase, un híbrido, cayo sobre el tomacorriente. 220v que pedecieron ante el sistema judicial.
hay vecino en el barrio aledaño haciendo barricadas con las cajas de fuegos artificiales para las fiestas.

hay un incendio en el barrio aledaño y decenas de heridos,

pero unos colores hermosos en el cielo-

se levanta la sesión.

día III

recreación de un taller de teatro inexperto y de último minuto de doce hombres en pugna.

hoy pronosticaron cuarenta grados.

ya hay tres cadáveres en la sala,
     (pienso que no serán los últimos)

los paramédicos son inocentes,
las bolsas de consorcio se derriten a los treinta y ocho grados centígrados y monedas.

veo (a través de) un cráneo podrido
y tres cuerpos que parecen estatuas de bronce fundido asfixiadas por un plástico desgarrado.

amor en descomposición.

nueve hombres en pugna.

ahora, deliberación.

culpable/culpable/culpable/culpable/culpable/culpable/culpable/culpable/

mierda,
no leí el expediente del caso.

culpable/culpable/culpable/culpable/culpable/culpable/culpable/culpable/inocente

hasta que se demuestre lo contrario.

día IV

noche buena: no hay progreso

cena familiar, tradición de mi linaje

-dramatización III: mi cabeza en el horno, cuatroscientos grados centígrados, pintada con aceite de oliva y condimentada con orégano, mix de pimientas y una pizca de pimentón.

escenario I: decapitado, corto delicadamente rodajas de mi cerebelo para alimentar a mi familia, el vitel toné de mi madre es una gran guarnición. dan las cero/cero/cero/cero y se hace de día de a momentos, todos brindamos y nos ahogamos en la pileta

escenario II: quemo la cena, todos se alejan de mi casa gritando el gran fracaso que fui todos estos años, el cielo sigue negro y cuando me quiero dar cuenta ya son las cero/tres/cinco/siete. todo está perdido-

tradición, dije

ceno solo,
enciendo una vela para ambientar la velada,

cargo mis venas con vino picado.

mi garganta está a punto de disparar.

día V

veinticinco de diciembre.

no voy a salir de la cama,
me arropo de vómito

dulces sueños.

día VI

inicio de la semana de la discordia.

las olas de calor, accidentes domésticos de pirotecnia, o solo el accionar de la mera depresión nos ha reducido a solo dos hombres 

¿en pugna? quien sabe.

culpable/inocente

¿inocente? quien sabe.

realmente no quiero estar acá,
nadie quiere cumplir su deber como jurado

¿quién soy yo para juzgar a alguien?

la ética de mi infancia fue asesinar sin piedad a un cobayo inocente,

eso aun me persigue

¿y esperan que decida sobre el destino de una persona?

me atemoriza la cárcel,
no quiero entablar nuevas relaciones

no soy una persona apta para eso.

-dramatización IV: rechazo el deber, salgo del juzgado victorioso y con toda la plata de mi billetera me compro una decena de tragos en el bar mas caro de la ciudad y trato de pasar la noche con alguien.

fallo I: me quedo en silencio cuando me hablan y me vuelco alcohol en mi ropa (porque no puedo tomar sin derramar medio vaso sobre mi camisa, que aun me sigue amenazando)

resolución I: así, solo, ebrio, mojado y algo perdido, tiro a golpes y a llantos la puerta de mi departamento y escribo sobre lo solo, infeliz y miserable que me siento.

al dia siguiente me despierto como si nada

ignorando todo lo que sentí,
muriéndome por dentro-

digo que me siento enfermo y no puedo seguir.

el otro hombre me escupe y me pega un puñetazo en la cara,
yo le agradezco.

se levanta la sesión.

día VII

no dormí.

no se si sigo ebrio o tengo resaca, no se diferenciar el límite.

hacen cuarenta y un grados
las plantas de mi balcón se han tirado por el mismo.

hay trece heridos en planta baja,

un edificio en discordia
y debo tres meses de expensas.

ignoro todo deber judicial.

están derribando mi puerta con un ariete hecho de cuerpos

y mi almohada no neutraliza todos los golpes.

dios, creo necesitar tranquilizante para caballos.

-dramatización V: yo yendo a la veterinaria. exhalando, respirando (haciendo todo al revés) me presento como juan estanislao guzmán, reconocido médico equino, solicitando una docena de botellas de medio litro de la medicación mas fuerte en el mercado

¿credencial? 
-ns/nc-

¿efectivo?
-ns/nc-

no tengo siquiera donde caer muerto-

argh,

mejor una sopa de restos de rivotril antes que estar lúcido un momento mas

¿juicio?

claro que me juzgo todos los dias,

por eso no necesito hablar más conmigo mismo.

día VIII

pitido a diez mil doscientos trece hertz

el resto

día IX

ruido blanco 

día X

mi cabeza hace eco incluso por la más mínima idea,

duele tanto pensar tan poco.

estoy sentado en una silla líquida, 

la escoliosis contra la pared
y el culo apoyado en el segundo subsuelo.

todos parados jurándole respeto al juez

estoy atado a la misma estructura de madera en la que hace dias sentí llorarme el cuerpo

argh,
cuarenta y dos grados centígrados.

mi pelo cae sobre mis ojos,
el otro jurado no ha aparecido hoy

quizás se sienta culpable de re-direccionarme la mandíbula

y de humectar manualmente mi ojo derecho.

no puedo mantener los ojos despiertos.

me llamo a mi mismo al estrado,

confieso tanto:

de chico asesiné sin piedad a un cobayo,

le clavé alfileres en los ojos a mis muñecos
para manipularlos como yo quisiese.

hice todo para que mis padres se alejasen de si 

y dejase yo de pasarla mal.

-dramatización VI: nada funcionó. nada nunca funciona.-

mi mirada ve al arma que tengo bajo la mesa, sobre mi falda
apuntándome a mi

o al jesucristo sobre mi cabeza.

es lo mismo
de ambas formas, sé que tengo miedo.

el juzgado está vacío.


levanto la sesión.

día XI

irrumpo sobre la sentencia,
esposado

hacen cincuenta grados afuera y mis muñecas lloran metal fundido sobre mis venas.

sé que soy culpable
aun no sé bien de que, pero lo soy

no puedo vivir así.

el jurado me mira juzgandome (como si pudiese hacer otra cosa)

culpable/culpable

al fin congeniamos. 
     (que lindo se siente hacer un amigo)

me escupen, me golpean

y se que lo merezco.

explico mi alegato al dibujante, a los testigos, al victimario, a la víctima y al juez

y digo
que es que me detesto tanto
es que odio tanto
es que siento tanto

es que nadie siente nada mas que pena por mi

es que asesiné a un cobayo

es que mi cuello está sobre el estrado hace semanas y nadie lo ha recogido

es que el jurado me odia
y yo lo odio

y me golpea, me escupe
y yo le agradezco de nuevo.

y digo

que por favor
que pido por favor

que me lleven
que no tengo nada que hacer acá

mi horno no podría soportar cocinarme de nuevo

y mis ingresos no son suficientes para pagar el gas
ni el agua

ni la electricidad.

lloro tanto para que sientan algo por mi.

lloro sobre el tomacorriente

la tristeza en doscientos veinte voltios.

todos en la oscuridad nos damos cuenta lo miserables que somos.

protesto,
protesto,
protesto,

no hay lugar donde ir,
nadie me dice nada.

los familiares lloran,

el juez acaba de suicidarse.

los oficiales me llevan esposado.

levanto la sesión,

caso cerrado.

día XII

primer día en la cárcel,

dos/tres/cinco/nueve.

trato de roer mi cuello con las esposas,
pero la fricción solo logra una quemadura de primer grado.

tengo un balcón

y por balcón entiendáse una ventana de diez por trece.

dan las cero/cero/cero/cero

y hacen cincuenta grados.

el cielo se inunda de colores hermosos

unas cuantas sábanas bien atadas rompen cinco cuellos al unísono.

que espectáculo.

paso mi lengua por los barrotes
y saben a un poste de subte deteriorado.

hay una gotera cayendo sobre el único inodoro en la celda

tapado de gallinas decapitadas para rituales umbanda
y cobayos asesinados por niños irresponsables.

el agua es amarga, pestilente
como si viniese de una cloaca situada en el techo.

hay

vino picado cargado en lo que resta de mis venas,

mi garganta está a punto de disparar al guardia más cercano,
a ver si ratifican la sentencia.

hacen cincuenta y un grados.

saco mi lengua de vaca asesinada

para que se caiga a pedazos en mis pies

y pedir asistencia ante una clara emergencia médica

mi mandíbula rota
se ríe ante quienes tienen una familia y  tienen que pasar el día cosiéndome la boca,

labios de alta costura

con los que sonrío
y celebro

por el año nuevo mas feliz que tuve.

domingo, 17 de septiembre de 2017

trescientos treinta y tres veces perdón

hoy alguien irrumpió en mi sueño,
              -violación de lo más íntimo-

hoy alguien apuntó un revólver a mi rostro

y yo no dije nada.

es que,

ya no vienen a mi,
ya no nacen de mi las palabras

para dejar como ofrenda en los cementerios en los que somos

cadáver
tumba
e hiedra

al mismo tiempo.

¿cuantas veces pedimos

                           perdón
por lo mismo? -perdón-

hoy me levanté con miedo,


envuelto en edredones de colillas de cigarrillos

y con mi piel disfrazada de culpa.

miré hacia abajo


y vi a mi boca sedienta,

agónica por nombrarte tanto.

no respondí,

ni esperé respuesta.

mi cabeza es como un hueco


de tierra infértil.


cementerio,

cadáver, tumba e hiedra.

hogar, refugio

hogar, refugio
ah, si.

odio tanto darme cuenta


de que soy ciénaga
de hambre

y de resignación.

hoy alguien irrumpió en mi sueño

y cuando desperté yo no estaba en mi dormitorio
-denuncia de desaparición forzada-

hoy alguien cortó mi espalda por las vértebras

y me hizo mirar al cielo.

hoy me desperté en nuestros cementerios

y dejé un ramillete de cuerpos de pájaros ya huidos
como recuerdo

bajo los tobillos de nuestro mausoleo familiar.

hoy no quise salir de la cama.

hoy tampoco.

hoy quise intentar dormir, pero no pude.

hoy tampoco.

hoy me robaron el sueño, me amordazaron,
me golpearon y cortaron mi espalda en vertical

hoy me hicieron ver el cielo,

y el sol me provocó quemaduras de primer grado

hoy no me desperté en mi cama
y me han maltratado 

me han cortado la lengua, me han repatriado los cadáveres que fui,
han cortado las hiedras

y demolido el cementerio.

hoy alguien irrumpió en mi sueño

y puso un revólver en mi rostro

y yo dije
que solo quería ir a casa,

pero hoy me desperté
mirando al cielo

y no dije más nada.

jueves, 14 de septiembre de 2017

la misericordia de los débiles

nací

con fiebre del nuevo milenio,

el cordón
rodeándome tres veces el cuello,

y mi mamá besando el aire enfermo que recién conocía

rogando, 
pidiendo.

contagio y2k
mi hermano a un lado de la ruta, muerto

y era génesis, todo

y todo era miedo.

arrodillado en perdigones de metal fundido

aprendí 
a no levantar el rostro ante la autoridad

aprendí 
que no era nadie para desear ser feliz

y aprendí, también
a beber dos litros de lejía diarios para limpiar mis impurezas.

semana por medio me encontraba con mi garganta en mis manos,

y mi cabeza no sé donde.

soñaba todos mis días con rostros blancos
al pie de mi colchón húmedo

llorándome los talones,

avejentándome el caminar.

sedentarismo: atado al techo que cayéndose sobre mi cuello
casi decapitándome

me invitaba a asfixiar la ausencia, nombrándome, nombrándome
nombrándome.

tuve cientos de mamíferos católicos apostólicos romanos mordiéndome las sombras

mientras en el tabique
tenía atravesado yo, un crucifijo muerto de pena

con el que rezaba diez padrenuestros

y cinco avemarías

mientras me arrodillaba
en perdigones de metal fundido

y pedía perdón, sin saber por qué.

es inacabable la carencia de tanto.

¿habré nacido aljibe que me drenan tanto y no devuelven nada?

arte contemporáneo: mi esqueleto vacío adornando una fachada de una casa que no es la mía,

el hueso astillado 
de mi tabique 

del que nace, ahora, un estigma

que llora en baños públicos.

escribo en el espejo mis últimos deseos

y sobre mi piel, vomito tantos sueños rotos y represiones como recuerdo.

no he bebido lavandina en semanas,
debo estar pudriéndome por dentro

es inacabable la carencia,

¿que nos ha hecho comportarnos así todo este tiempo?

la falta de fé, quizás

me digo, mientras despojo a jesucristo de su lugar de crucificado

y cierro los ojos con las manos y pies atravesados por clavos de la culpa
y una lanza justo en mi único riñón bueno

mientras cientos de rostros en blanco

lloran sobre mis talones

¿que esperan de mi?

si yo solo nací

con fiebre del nuevo milenio,

el cordón
rodeandome tres veces el cuello,

pero ahora todos besan el aire enfermo que alguna vez respiré

¿para qué ruegan? ¿para qué piden tanto? 

aprendan

que no son nadie para desear ser felices