el demente, no puede saber;
si sus labios se mueven,
o si en sus oídos, se refleja un susurrar,
despacio, muy despacio, despacito;
hacia atrás, empieza a caminar;
para huir de si mismo,
y refugiarse en alguien más;
"y es tarde, ya tan tarde" dice,
pero sigue, perdiendo su tiempo,
porque así siente,
el demente;
que regresará, de nuevo a sus manos;
que se arrugan cada vez, un poco más,
y el temor,
de su piel se hace dueño,
porque tan poco valiente,
al demente, le aterra;
volverse cuerdo,
y se acallan las voces,
que resonaban antes,
dentro de él,
las horas recobran su sentido,
y los minutos pesan más,
y aún sin voces,
el demente no sabe que pensar
porque el temor,
de su piel se hace dueño,
porque del presente,
el demente tiene miedo;
el demente teme;
volverse cuerdo.
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