una flor,
cuenta sus pétalos,
antes de que estos de ella,
se desprendan;
para que así,
al menos;
una parte de su ser;
sobre la superficie,
pueda suspirar;
siempre,
guiados por el viento;
pero tan pesado,
su tallo;
del abismo no se desprende,
desde la oscuridad,
nadie puede apreciar su verde;
que se apaga,
y se apaga,
pero procura mantener,
extendiendo sus débiles raíces,
por la árida tierra que bajo el;
se encuentra,
para así poder concebir,
nuevos pétalos;
que se esfumarán,
lentamente hacia arriba,
y desde el abismo,
el tallo con tristeza,
se regará a si mismo;
con una lágrima,
que mezcla;
su orgullo con su tristeza,
porque a pesar de estar atrapado,
al menos una parte de si mismo,
puede ir,
un poco más allá,
para toparse;
en la mirada de alguien,
y al abismo los pétalos caen,
cuando marchitos,
ya están;
el tallo llora,
y se vuelve a regar,
pero sufriendo,
sus raíces, de nuevo;
empiezan a explorar,
parte inhóspita del suelo,
para que después de que aquellos pétalos,
hayan besado la tierra que los vio nacer,
otros;
bailen, junto al viento;
de aquel tallo,
los pétalos siempre;
están naciendo,
se van rápido,
pero caen;
tan,
pero tan lento,
pétalos nacientes,
de una flor que;
lentamente,
está muriendo.

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