martes, 28 de julio de 2015

Soledad


se quiebra el espectro invisible,
que resguarda al silencio;

tras haberse dicho la primera palabra;

así, las voces abusan del eco,
que el vacío les regala;

y velan, con sus timbres frágiles,
al enigma que el diálogo;

antes pretendía ser,

poco a poco,
de cada pequeña comisura, de cada boca,
se esboza la palabra;

las voces acrecientan su cantidad;

al mismo tiempo que se alejan unas de otras,

la pluralidad se desvanece,
y consigo, el mismo diálogo;

permaneciendo solo la ilusión del mismo,

y solo habladurías en soledad,
han de ser pronunciadas por aquellos labios;

y el eco es la falsa voz,
que contesta a quien le habla;

las cuerdas se desgastan,
al no tener el calor de otro ser,
que abrigue lo que ellas hablan;

mas que la repetición de sus palabras,

pobre el eco,
que aún no posee una palabra propia;

y pobres las voces,
que aún próximas, se encuentran solas;

y atesoran el silencio,
esperando por otra como ellas,

que puedan resolver,
el enigma del diálogo,

o el que este pretende ser;

pronto, surge otro espectro,
el silencio ha sido resguardado;

el ocaso cae sobre las voces,

y éstas,

callan;

lunes, 13 de julio de 2015

Declive

delata el corazón,
la vida por la cual late;

en aquel cuerpo del cual la sangre,
ansía huir;

pronto caerá la diurna,

y sobre el ocaso,
palpitará la vida;

ostentando segura, la certeza que tendrá de si misma;

pecando de vanidad,
profesando su canto eterno;

que reverberará,
casi tanto como una tempestad,

cada vez mas cerca del horizonte;

desmoronándose el cielo, lentamente,
ante el temor de mil ojos,

sollozará la tierra por el perecer de la atmósfera,

aullarán quinientos cuerpos,
la agonía, que aquella fatua vida, les trajo,

lloverá la sangre, pura de inocencia;

y el corazón deconstruirá su canto,

su vivir,
ya único, atestado en arrogancia,

ultimará al horizonte,

tropezando así,
el ocaso del cielo;

desvaneciéndose,
sobre el pecho que resguarda al latir;

helada la piel,
transformada en noche y cubierta de sangre,

harán aminorar,
la marcha de aquella vida;

volviendo al canto del latir,
un susurro,

así, habiéndose hecha presente la noche eterna,

retozando sobre la inocencia de sus iguales, 
ya restos de una vida,

el cuerpo habrá de descansar;

el corazón susurrará a su oído su último canto;
y ambos, en esta noche eterna, dormirán;


así, delatará el cuerpo,
la vida, ya extinta, por el cual el corazón,

alguna vez latió;

domingo, 12 de julio de 2015

Madrugada

vacío,

ante mi,
este se muestra perpetuo,

y me reconozco;

es difuminada la nada,
con tan solo un movimiento,

respiro, y siento circular mi sangre en mis venas,
late el corazón,

sigo siendo vida;

procede a tantear la creación sobre su próximo obrar,
lentamente,
ante mis ojos;

pronto,
se ve extinguida la inexistencia;

y se forma un cuerpo,

atisbo tu rostro,
y sepo reconocer el mío;

y antes, obnubilada tu visión,
ahora, sabe aflorar de su descanso;

y ves la primera luz del día,
y luego a mi,

fruncirás tu ceño;

y arremeterá,
tu mirada contra la mía;

mientras mi soñar cree profesar,
narrándome su creación,

antes de asesinarlo súbitamente;

extrañado, ya abrazo por la realidad, oigo un llanto,
y corre el tiempo, lejos de mi,
antes de dar cuenta;

que es el mío,

el de mi mirada, acariciando la exactitud;
que atestada de agua de sal,
susurra en su párpado inferior;

que huiría al verte,

aun ahogado en su pena,
atisbo la insinuación del despertar,

casi clareando, en lejanía;

pero afuera,
sigue siendo un vacío,

y mi alma, ahogada en pena,

no me permite soñar,
para crear algo de la aquella inexistencia;

oscilará mi futuro,
en un sueño, que nunca habrá de comenzar;

hasta que amanezca,
y cicatrice mi tristeza,

junto a mi soñar;

lunes, 6 de julio de 2015

Guardián

inhumado ha de ser lo efímero,
puesto que la constancia en confusión,
se torna fugaz; 

y darán,
estos bellos árboles,
sus frutos;

que serán palabras,
eternas;

no dignas de conocer el infortunio,
que el ritual del entierro para la vida, representa;

abundantes de la belleza maldita,
de esta naturaleza;

estos vástagos,
alimentarán la tierra,
y saciarán el aquejar del espíritu hambriento;

pero habrán de saciar,
el apetito de la voracidad en carnada en aves;

cuervos condenados al calvario terrenal,
que consigo, acarrean el dolor de una opresión mayor,
en donde se hallan,
los estigmas de sus alas,
invisibles al ojo humano;

la belleza,
será corrompida,
por la aflicción;

y la divinidad del léxico natural,
será presa del sollozar de lo equívoco;

que en ave, 
como sus creadores;

mutará su forma,

y cantará, hambriento de belleza,
voraz,
no dejando vestigio alguno,
de lo que, oscilante en la culminación de un árbol,
alguna vez, fue;

y el oír su cantar,
habrá entristecido a la poética,
que en tu ser,
aguarda por asomar,

y tu fruto interno será,
ya, hijo de la putrefacción;

que crecerá,
ramificándose cual árbol en ti; 

la poética,
conocerá su más fatídica acepción;

la fugaz obra del silencio,
que se romperá a si mismo;
tratando de esbozar una palabra,
que nunca se completará;

dejando falta de poesía a tu piel,
avejentándola;

y así,
ya, en afección se resquebrajarán,
los cristales de tu espejo interior,
que retozarán en sangre negra,
que llorará,
tu lagrimal;

un ojo, 
te será arrebatado,
por aquella ave que no podía volar;

y llorarás más sangre;

adiós,
dirás a la poesía,

mientras agoniza el árbol,
y se seca su flor mas preciada;

vestirás de cenizas tu cuerpo,
y clamarás por un fulgor;

tu apetito crecerá,
al igual que tu sed;
perpetua condición de lo que refleja el ser humano;

y tu eternidad,
se confundirá, por el obrar de aquellas bestias;

y será fugaz,

lo efímero no habrá de ser inhumado,
pero aún así,
lo será tu cuerpo;

ya putrefacto,
ya decrepito;

que retozará en el sepulcro,
donde los cuerpos del martirio de los frutos literarios,
alimentarán la tierra,
y tus restos;

que mutarán la forma,
en que son concebidos ante la ingenuidad del ojo mismo;

desvaneciéndose,
poco a poco,
hasta dejar de ser,

y hasta volver a serlo;

y lo que habrás de ser,
será silencio;

y en venganza,
compondrás tus mas bellos cantos,
para poder arremeter
en contra de todas aquellas aves,
hambrientas de poesía;

que solo la asesinan,
consumiéndola ferozmente;

sin soñar con ella,
sin aprender de ella,
sin entristecerse de ella,
sin alegrarse de ella,

sin vivir de ella,

y serás el silencio,
que asesine su único propósito;

y los frutos,
sin su presencia,
harán crecer el jardín mas bello,
de esta tierra,
aún con el estigma de aquellos versos devorados;

los cuerpos de las aves,
en mediocridad,
sin sentir alguno;

caerán del horizonte,
ante tu cantar;

tu cuerpo será vengado,
y tu fugacidad,

habrá de volverse eterna;

jueves, 2 de julio de 2015

Deseo


impetuoso el jadear de mi deseo,
se desfigura en su vivir,

su helada respiración,
mengua con cada aliento,
cada vez mas fría,
condensando mi vitalidad;
de a momentos,

y en mi,
flamea el condicionante de mi espíritu;
y el esbozo de su forma,
intentando atisbarse,
no solo en mi, 
si no también,
en mi soñar;

y del anhelo inicial,
solo vestigios quedan,
para arremeter,
en contra de mi alma,
tan solo lo suficiente,
como para no abandonarme;

aún soy uno;

pero ya mi sentir,
como mi esencia,
se condicionan ante la falta del desear;

que consigo,
desfigura mi captación etérea de la vida;

el pigmento de las rosas,
sangra sobre tallos abismados en pena;
los pájaros ya no cantan,
si no, agonizan;

mi mirada, 
cuyo asombro por lo que la rodea,
ya no es maravilla, si no estupor;

ha dejado de reflejarse en mi,
y ha dejado de reflejar el candor de la vida misma;

decrepito el vestigio ya,
se esfuma en un último pensamiento;

luego nada,
mi espíritu, atestado en vida;
no tolerará mi cuerpo,

abriendo la herida mas punzante que he sufrido,
y que no cicatrizará;

ambos nos perderemos de vista,
y será lo último que veré con vida;

luego nada;

abrumará,
el cántico mortuorio del cuerpo desnudo,
bramando ante el abismo de la nada;

los filamentos que sostienen el mundo terrenal,
uno por uno se irán desprendiendo,
como las almas, desprendiéndose de los cuerpos;

hasta que todo termine por resquebrajarse,
y el mundo se vuelva inconexo;

y caiga,
en su inminente declinación;

donde los pájaros agonizarán,
las rosas llorarán su color;
el pasto resecará de su vida,
el cielo tempestuoso, arremeterá contra el cántico mundano;

y donde el alma,
incapaz de escapar del ser que la atormenta,
por más que lo desease;
fatuidad clara de su parte,
puesto que el deseo del alma se ha extinguido,
junto con su unión con el humano,

el alma,
en su última tragedia,
se destruirá a si misma,

así se cumplirá el deseo del cuerpo,
que el alma nunca anheló,

ambos cayendo en pena,
al no poder ser la mínima cofradía que conforma al ser,

el alma se verá subyugada,
ante el poder del cuerpo,

se extinguirá así la esencia primero,
y el cuerpo,
aún cayendo junto al mundo,

plácidamente esperará su final;

miércoles, 1 de julio de 2015

Mil Vidas

la fatuidad de la complicidad,
entre vivencia y pensar,
engendra el clamor de mi ser;

en la reverberación
de mis latidos; 
se oyen mil vidas,
de las cuales,
ninguna me corresponde;

las cuencas mas recónditas de mi cuerpo,
estarán vacías,
mi gesticulador plasmará en sí mismo una tristeza,
y mi labia,
mendigará una sonrisa,
para evitar convertirse en sollozo;

me aíslo,
aún de mi mismo;

cómplice del miedo de vivir,
oigo el latir de mil vidas ajenas;

y por cada una,
se atisba una tristeza en mi,
pronto,
ya,
seré lamento;

luego,
carne descomponiéndose;

algún dia,
quizás habite la piel,
de alguna de las vidas,
que resoplan en mi vivir,

que nublan mi pensar;

por lo pronto,
mi gesticulador mendigará una sonrisa,
para evitar volverse pena,

y yo mendigaré el latir del corazón,

le mendigaré a miles de vidas,
el poder solo escucharlas,

para asi saber,
si realmente sigo vivo;