lunes, 18 de mayo de 2015

Declinación

la tinta adormecida,
se jacta de ser, la más divina expresión de la incertidumbre;
mientras que las páginas vacías,
tratan de alimentar, en un inútil intento,
la poca imaginación, que creemos haber llegado a preservar;
el habla, se corrompe,
ante burdas y asépticas, expresiones,
que desgarran, aquella benévola virtud del silencio;
y emergente, así se ve el veneno,
del cual nosotros, los espurios de la creación,
pronto habremos de beber;

beodo,
el labio murmura,
pero resulta ilusoria,
aquella elocuencia del esbozo de la palabra;
y la distancia,
se gesta en el vientre de nuestra discordia;
por no poder darle honor en la muerte al silencio;
y de aquel labio,
saben ahogarse las gotas,
que nos embelesaron,
con las habladurías de la estupidez;
y que supieron,
degenerar la bondad de la fértil tierra,
que hoy, ya seca;
comienza a marchitar,

y hoy,
más allá del sol,
tal vez queden palabras,
dichas, lloradas, gritadas por nosotros,
ya que hoy,
solo al colisionar dos pieles distintas,
podemos percatarnos,
de que hay alguien a nuestro lado;
aún no hemos perdido el calor,
pero el día llegará,
nos perdemos excepto a nosotros mismos,
y tal vez, cuando del pensamiento,
nos desliguemos,
seremos por fin humanos,
y no lo sabremos


miércoles, 13 de mayo de 2015

Introspección

sobre el filo abismal de los párpados,
sabe atisbarse un vestigio de la pupila,
que da, una furtiva mirada a su exterior;
mientras que el iris,
permanece sumido en la introspección,
donde su color ya no deslumbra;
opacado por la tiniebla de la culpa,
que se relega al pensar,
y carcome ideas, para obligar a quien,
entre su sapiencia la ostente;
a pensarla,
a concebirla,
para asesinarla, luego, en un alivio;

luego el corazón sincronizase con la clepsidra terrenal,
que devuelven al sentido y a los ojos,
la noción del tiempo,
en el que su cuerpo pende;
antes de desfallecerse,
y verse, ultimados por la muerte;

luego olvídanse de la clepsidra terrestre y del corazón,
se alza, la razón del instinto;
y de nuevo, la introspección, de mucho parece no haber servido,
de nuevo; el tiempo es eterno,
y el sentido parece haber sido postergado,
ante la siempre naciente ambición;

sabe existir, una suerte de divergencia entre dos distintos universos,
en los que el ser, ambos habita en el lapso de su peregrinaje;
el interior, pernicioso para aquel,
cuyo juicio sobre su actuar, se muestre intransigente;
casi auto-destructivo;
y el exterior, que a pesar de sus cambios, permanece inmutable,
para el ojo que sabe verse a si mismo;
ambos permanecen desconocidos para él,
y separados, por una delgada línea de piel,
que aparenta ser el límite, del cuerpo del ser
que en la resignación del poco tiempo para conocer,
crea, en un intento fatuo;
un tercer universo,

el ser,
ante la vastedad de lo interno y lo externo,
edifica una invisible recámara, 
donde reúne condiciones familiares,
de ambos mundos;
donde el es ley, y el es transgredir;
recorre senderos que de infante corrió,
y comparte con sus pares,
cuyos mundos se conglomeran e interconectan,
mediante delgados hilos de seda;
los sentimientos y pensamientos más superficiales;
asustado por su propio subconsciente y presconciente,
obedece al instinto de la somera conciencia,
no indaga,
ni se sumerge en sus ideas,
ni en aquel mar que sus ojos conocieron,
simplemente crea un escenario hipotético,
solamente argumentado por especulaciones;
y en su mundo es ley,
porque él, en todo su opaco resplendor, es ley;
y permanece siendo ley,
hasta que una acción,
un decir, un pensar, o una determinada situación;
emana y fabrica una repercusión,
en otro de los dos mundos,
y se ve obligado a recurrir,
al carácter catártico de la repercusión,

y así sabe vivir el ser,
desde los añoros de la sapiencia;
siempre,
trastabillando,
y cayendo en el mismo eco,
que canta la misma fosa,
sobre la misma forma,
de vivir una vida;

resoplando;

"cayendo en enternecido alivio,
en una constante fatuidad divina;

hasta dar cuenta que se es humano"

martes, 12 de mayo de 2015

Aves

aves bañadas en almíbar,
supieron persuadir a los hombres,
creando ilusiones, de la gracia del planear;
y alimentándolos, en afanes y anhelos de altitud;
supieron hacer rozar su piel con sus huesos;
el almíbar, néctar de lo superficial,
embellecía a las aves carroñeras,
que tentaron a aquellos hombres,
y a la comarca,
quien les dejo posar sus garras,
entristecidas de muerte,
y mecerse,
en el cobijo del viento;

pronto, la carne débil,
fue devorada;
el espíritu sirvió de complemento,
y del deseo original,
solo perduró el eco,
que hizo sollozar a los hombres más fuertes,
que en paranoicas,
sus esencias, mutaron;

del temor a la perfidia, nació la desconfianza,
y la muerte, pronto de ella derivó;
la sangre sobre otra sangre,
destilaron el vino,
por el cual las aves carroñeras,
se embriagaron;
y despedazándose ellas mismas,
liberaron el espíritu,
de aquellos hombres engañados;
aún así, la inocencia había sido digerida;
pronto, aquella perfidia,
se convirtió en el luto,
con el cual velamos a aquel candor;
las miradas desafiantes,
retozan, entrecruzándose día y noche,
independientemente del cielo;
que simplemente esta ahí,
enardecido;
alimentando la eterna disputa con una tempestuosa tormenta,
que dibuja, con un rayo de todo el odio del paraíso,
un vórtice, un agujero;
que nos alimenta,
atrayendo alimañas, de los lugares más recónditos del infierno;
aquellas bestias proyectan en nosotros,
su sentir, su pensar,
y tal vez, sea eso lo que nos vuelve aún, más humanos;
el fulgor del conflicto,
la bestialidad de la interpretación de nuestros actos,
y la constancia de nuestra moral,

que tal vez sea,
el único sentir restante, de aquel espíritu destrozado;
que no tanto habrá de perdurar
ya que se tambalea cada vez más,
a medida que evolucionamos;
amenazando con desplomarse,
para desinhibir todo ser,
para que amar,
sea transgredir;

el emigrar del resto de los pájaros,
ante la hecatombe,
se volvió un enigma;
los impulsos se volvieron un estigma,
del instinto que aquellas aves,
al despedazarse entre sí,
nos dejaron;
aquel instinto,
asesino,
ya que la muerte se asesinó a si misma,
aquel día en que las aves, entre si desgarraron sus vientres;
en el cual gestaron,
al espíritu humano,
antes sano;
y hoy,
condimentado con muerte;

domingo, 10 de mayo de 2015

Sauce

abraza al sauce, hijo del rigor;
que ya, muy solo está,
entre la niebla, 
se atisba, su soledad;
convéncelo de florecer,
porque así será el árbol,
más bello de este invierno;
y su sombra,
será reflejo del calor,
en este infierno eterno;
y antes que se produzca el fulgor,
arrojense al mar, para salvarse;
y retocen juntos,
en la espuma de la sal;
que tanto a tu piel,
como a su madera,
secarán;
abracen la luz de luna de esta noche,
salpiquen, la sal de mar,
que ya encandila; 
este fuerte sol calcina,
al sauce y a su soledad;

jueves, 7 de mayo de 2015

La Rebeldía de la Forma

los cuerpos suelen hallar la distorsión,
en el exacto momento luego de haber alcanzado,
su objetividad física;
es así como,
sus formas, sus contornos,
sus líneas, sus volúmenes,
su peso, sus colores,
encuentran calma en la transición;
en un vórtice de subjetividad pura
que las deforma y las reforma,
a mero parecer;
y no son solo las manifestaciones consideradas físicas,
aquellas afectadas;
si no expresiones tales como el sonido o el mismísimo sentir,
que irónicamente, saben manifestarse físicamente en nuestro ser;
el proceso,
con afanes de cambio total y puro,
destruye completamente la melodía,
los colores, las técnicas,
las formas, los contornos,
las líneas y volúmenes,
el peso, el pensamiento,
asesinando, también, la creatividad,
el esfuerzo, los mismísimos sentimientos plasmados en aquellas expresiones;
y la sed, solo momentáneamente,
saciándola con una gota de indescriptible belleza,
para luego ponerle un desierto encima;
y desolación sería a lo que la sed estuviese condenada,
si no fuese por aquella espiral de variación;
que sabe entonar una nueva melodía,
una nueva forma, una nueva pintura,
una nueva idea;
y una nueva gota de belleza;
pero no buscando desesperadamente, otorgarle un consuelo a la sed,
si no, con el objetivo de buscar el cambio;
de buscar la vanguardia,;
de buscar la defensa ante las imponentes fuerzas de la monotonía;
la forma en todo su esplendor, trata de hacernos entender,
que la distorsión misma asesina y hace nacer,
y que nosotros mismos, sabemos atravesar,
dicha sucesión de factores que derivan en algo nuevo;
la alteración,
es quien derritió los relojes que el mismo dalí quiso pintar,
es quien desordenó los dibujos de picaso,
y retorció la mente de bukowski;
la alteración es cambio,
es distorsión,
es expresión,
es muerte, es nacimiento;
es rebeldía;
la rebeldía de la forma,
y del sentir;
al estar nosotros condenados,
la única libertad que se puede hallar,
es aquella que dicha rebeldía posee en su haber,
hemos de estar limitados en creatividad,
en habla, en pensar, en sentir, en hacer,
pero es la forma quien no lo está;
y es ella, 
quien a nosotros, utiliza como voceros,
manifestándose a través de nuestros cuerpos,
voces, y pensamientos;
mutamos todos,
y es la forma quien nos hace mutar;
sabe también, tergiversar su propia creación,
asesinándose a si misma;
desangrando la tinta que narrarán un verso,
o escribirán una canción,
o pintarán una pared,
mezclándose con la sangre de todos nosotros;
el resultado deslumbrará por un diminuto lapso del tiempo,
mientras que la transformación,
de la mano con nuestra sed, oscilan entre una y dos eternidades;
insaciable ésta última,
que de su boca, han pesado centenares en aridez,
emergiendo la belleza en el oasis,
y perdiéndose en la tormenta;
la sed es la que alimenta a la forma,
es la avaricia, la codicia,
es el afán y el anhelo por divinidad,
es el aliento de millones de almas en pena,
rogando por una pequeña muestra de vida;
y es, junto a la forma,
quienes conforman la rebeldía de la misma,
acarreando centenares de cristales rotos,
para edificar un ventanal,
y también la piedra, que indudablemente,
la destruirá;
la creación, en todo lo que representa,
se ve alimentada por estos dos factores,
quienes la construyen y deconstruyen;
mientras que nuestros ojos,
se abren a la par de las comisuras de nuestras bocas,
al presenciar ellas,
un espectáculo de esta índole,
la creación, el nacimiento,
afianzados y correlativos, a la destrucción y la muerte;
y se sorprenden,
cada tanto,
de lo que pasa entremedio;

miércoles, 6 de mayo de 2015

Creación

se que mi piel,
punzante en el cielo,
dibujará el azul,
que el alba al nacer, vestirá,
solo por una mirada,
antes de clarearse;
y sé,
que luego de que mis pupilas,
crezcan y decrezcan junto al sol,
la noche será quien vista de nuevo,
la invención de mi piel;
será quien vista ese azul,
y al igual que cuando era pequeña,
lo hará solo por una mirada;
antes de oscurecerse,
a la par que yo lo hago,
junto a mi piel,
que persistirá, punzante en el cielo,
emanando el blanco vestido,
que le daré al sol,
para que se lo regale a la luna;
como una invitación,
para vernos otra noche;

lunes, 4 de mayo de 2015

Ebriedad

que la muerte se embriague de violencia,
al quebrajarse la copa que sus frías manos sostienen,
mezclándose su sangre y su vino;
y que haga eco su susurro,
en el expectante oído de cada ser,
y que aquel que oiga su murmullo,
sepa caer al suelo,
muerto de susto;
y que la misma muerte nunca se encuentre moribunda,
ya que eso nos regalaría vida eterna;
y no existe peor tortura que esa!
no cesaremos de existir,
y gritaremos, sufriremos el día a día,
rogando para que nuestra vida, termine;
alaben a la muerte,
no teman de ella;
dejen que beba de sus copas,
y que las estrelle contra el piso;
regalando sangre de una vida a otra,
ya que la muerte vive,
para darnos un final,
y para darle un significado al tiempo;
porque un lapso del mismo,
no es igual si es eterno;
dancen! pequeños seres de luz,
junto a divagantes espíritus,
regocijense en la muerte!
dancen por ella y con ella,
embriaguense de violencia,
y olvidenla,
en su copa segmentada;
besen el cálido suelo con sus pies,
y codeense en luz y en oscuridad,
antes de abrazar el último resplandor,
que la muerte les regalará;
dejen su sombra a un lado,
y sientan su piel en soledad,
como ésta abraza a los haces que con ella chocan;
abracen como ella, a las certezas de este azar,
que la muerte consigo lleva!
ya que ésta furtiva esencia,
no es quien para dejar a alguien taciturno;
saturniano si será, el silencio que reinará en nosotros,
luego de ella;
y tal vez,
será eso,
lo que tanto nos aterra;