I
hay siete dagas clavadas en el mismo punto del pecho de una figura de la vírgen.
los mangos de las finitísimas armas
tienen un rosario enredado entre sí con la cuerda desgastada, a punto de cortarse.
el confesionario vacío se traduce en que ya no queda nada más por qué rezar
¿y por qué rezar?
los largos bancos de madera hinchada aún guardan las hendiduras de las rodillas más frágiles.
hay una pared que anuncia la ausencia de un crucifijo.
el rosario se rompe
dejando caer sus cuentas que se esparcen como granos de arroz viejo por el corredor.
no hay padrenuestro,
no hay ave maria,
la sangre de los ojos de la vírgen
se escapa por las rendijas de un desagüe, mojando mis pies a su paso.
las dagas se desprenden y se incrustan en las varices de mi pie izquierdo
al mismo tiempo que la estatua cede por demolición planeada,
la sangre se contamina y ya no se traduce como nada
no se entiende como algo,
porque ahora mismo podría ser la última manifestación de lo divino
o bien,
desechos del baño tapado de una estación de servicio escondida en el medio de la nada, que buscan salir al mundo.
II
hay quienes no se saben como alguien,
luego estoy yo, que no dejo de repetir la ausencia que significa olvidar decirse.
estando acá,
queriendo irme.
existe la urgencia de quedarse quieto al borde del mundo
con la boca atada por alambres rotos y re(h)usados
que lo único que asegura es que la voluntad sea,
inevitablemente,
quebrada
así al caer,
nadie se dará cuenta de que verdaderamente me he hundido
y he tocado fondo.
así, pasando los días distinguiendo temores entre los temores,
evitando hacer frente a la idea de hacer frente a algo a lo que le temo.
soñando con un hombre, que entiendo que soy yo,
el cual entierra su mirada entre los restos de un jardín infértil
prometiendo
jamás volver a caer
en el horror que significa buscar un hogar en el que ya sé que no queda nadie
y estar ahí
y querer irme.
III
extender mi mano
para que la picoteen los cuervos
e interpretar disonancias con mis venas abiertas.
ó
dar mi espalda como ofrenda
para que aniden los ecos de lluvias más duras.
no hay diferencia.
no hay forma de no doler al ofrecerse.
IV
re-ordeno trozos despedazados de viejas fotos familiares mal encuadradas.
todas las personas que no conozco,
que no recuerdo,
que me alzaron en brazos
portan sus rostros cortados.
toda mi familia
decapitada
y yo, ahí
en los brazos de nadie,
mirando al cielo.
V
toco la noche con las mismas manos con las que me aferro a la miseria.
cuento las manchas de humedad sobre mi almohada
imaginando pinturas de un mundo flotante entre las manchitas de moho.
mi ventana da a un pulmón de un edificio que sabe bien como esconder el horizonte,
mientras otra ventana, en paralela a la mía
alberga una cocina inundada.
una luz sucia alumbra las pequeñas oleadas de agua podrida,
una luz casi tan sucia como esa cocina
una luz que en su pantalla guarda guarniciones enteras de insectos que volaron hasta quemar sus alas.
por los espacios de las baldosas de mis paredes
filas y filas de hormigas caminan y organizan como tomar control de las sobras de una cena de la cual no probé un bocado y dejé morir a la intemperie hace ya dos semanas.
hay moscas volando sobre el cadáver de mi gata, que estaba harta de esta vida.
toco el interruptor de la luz de mi cocina con las mismas manos con las que toco la noche, que son las mismas con las que abrazo a la miseria.
y la abrazo por no saber de algo mejor.
la noche me quema, me corta, me arde, me escupe en la cara y me arroja desde la terraza de mi edificio.
la miseria solo mora.
la miseria solo mora, mientras la pantalla de la luz va hacinándose de cuerpos de insectos caídos,
atraídos por la idea de un calor mas intenso
la miseria solo mora, mientras los platos comienzan a llegarme a las rodillas
y el desagüe colapsa en mi cara.
la miseria solo mora, mientras la abrazo aún mas fuerte,
mientras me resbalo de ella
y caigo en un agua sucia, casi tan sucia como la luz, con las moscas migrando del cadáver de mi gata, que se descompuso hacia el piso de abajo, con la misión de tapar el sol
y el edificio de enfrente, bien sabe cubrir el horizonte
y la miseria solo mora, mientras la noche arde, arde, arde,
y me asfixia
y me ahoga arrastrándome a un punto donde no existe mas que agua, mas que platos y donde la luz, bien se ha quemado o finalmente alcanzó el cupo de insectos practicando adoración post-mortem necesarios para privarme de brillo.
después de eso, ya no queda mucho más,
la noche sigue ahí,
presenciando como alguien más ve mi cocina desde una ventana.
VI
¿era esto, entonces?
ambos sabíamos que no era suficiente.
VII
entre los escombros
hay algo que no distingo,
mi nombre entre los cimientos.
las labios cocidos con cera
murmuran una canción que cantaban en la infancia del mundo.
los ojos se pierden más allá de los párpados para ver destellos que les devuelvan la esperanza.
de mi boca emergen gritos,
que perdiéndose entre las viejas paredes de mi primera casa,
crean ecos que asustan a los carroñeros.
la última silla en pie, con mi nombre tallado en su respaldo,
me ofrece una vista privilegiada
de los últimos días.
VIII
tu boca no dispara
porque duda.
IX
01110011 01101000 01110101 01110100 00100000 01100100 01101111 01110111 01101110.
lunes, 16 de julio de 2018
domingo, 1 de julio de 2018
cincuenta y seis minutos deseando estar en otro lugar
me despierto
reconozco a los extraños,
pienso que he sobrevivido a la destrucción.
me veo
y otra vez me dormí vestido,
y otra vez hay niebla afuera.
por ahora todo va bien.
otra vez no me cambié de ropa
y otra vez la niebla me da miedo.
por ahora todo va bien.
-runtime err0r-
hoy me corté la mano.
no me dolió hasta después de algunas horas
cuando recordé que me la había cortado.
¿por qué me corté la mano?
nadie entra, ni sale de mi casa hace tres días.
mi mano derecha le pregunta a la palma de mi mano izquierda si estaría dispuesta a realizar una rueda de reconocimiento entre sospechosos.
me dice que teme por su familia, que es, curiosamente, la mano que la interroga.
ambas se funden en un abrazo,
la sangre seca se le queda pegada a la palma derecha.
llevar la herida del otro.
hay dos líneas en mi mano izquierda que se le agregaron a mis antiguas cuatro lineas que llevo desde mi nacimiento,
quizás yo realmente pueda decidir mi futuro,
si es que mi futuro ha de tratarse de auto-mutilación y ausencia de memoria.
de todas maneras, ¿qué mas da el futuro? si hoy no puedo salir a la calle, tampoco quiero.
la niebla me da miedo,
me hace vulnerable porque no puedo ver más allá de mis propios pasos
y me asusta tenerme de referencia a mi mismo.
la mano grita, ríe.
se ríe de mi.
y yo sé que lo merezco.
por ahora todo va bien.
ahora es de noche
y estoy alrededor de muchas personas que conozco,
que quiero,
pero aun así no me siento bien,
sé que no quiero estar acá
y es mi casa.
estoy escuchando anécdotas sobre accidentes viales que entreoigo por decisión propia.
no me interesan.
siento que la conversación cambia de tema cada vez que abro y cierro los ojos.
ah, debe tener implicancia la idea de la integración voluntaria como elemento base de la felicidad.
sé exactamente como estar donde no quiero.
abro los ojos.
los cierro.
estoy viendo como el mismo vino que me serví hace 20 minutos asesina a los dos cubos de hielo que le arrojé dentro para que mitigue el calor que significa mantener esa botella de vino al lado de un caloventor.
es invierno.
el frío sabe bien como doler.
y ahora estoy en instagram y debe significar algo que mencione instagram en una poesía porque detesto mencionar redes sociales o cosas por el estilo en las cosas que escribo,
pero debe significar algo porque estoy viendo los perfiles de mis ex-compañeros de secundaria y lo estoy escribiendo
y los estoy mirando
y no sé porque los estoy mirando,
pero pienso, dios,
realmente la secundaria deja secuelas.
leo cosas que no me interesan,
y no sé porque sigo leyendo, cuando realmente no lo estoy haciendo, no sé porque estoy haciendo esto.
siento que algo de todo esto está roto,
que algo no debería ser así.
no se siente fluido.
hay cortes.
como si realmente fueran importante las cuidadosas elecciones de palabras que uso.
como si no supiera hilar bien mis ideas.
como cuando sentís que te han desarmado y no te han re-ensamblado correctamente.
como cuando hay una pieza que falla (claro, acabo de decir que algo se sentía roto, idiota, pero no es tiempo de arrepentimientos)
como cuando hay cucarachas trepando tu brazo por no haber limpiado tu cocina por meses y sentis algo de calor en el abrazo de su seis patas.
está mal.
como cuando te despertás un día
y reconoces a los extraños
y pensas que has sobrevivido a la destrucción
aun sabiendo que no es así.
reconozco a los extraños,
pienso que he sobrevivido a la destrucción.
me veo
y otra vez me dormí vestido,
y otra vez hay niebla afuera.
por ahora todo va bien.
otra vez no me cambié de ropa
y otra vez la niebla me da miedo.
por ahora todo va bien.
-runtime err0r-
hoy me corté la mano.
no me dolió hasta después de algunas horas
cuando recordé que me la había cortado.
¿por qué me corté la mano?
nadie entra, ni sale de mi casa hace tres días.
mi mano derecha le pregunta a la palma de mi mano izquierda si estaría dispuesta a realizar una rueda de reconocimiento entre sospechosos.
me dice que teme por su familia, que es, curiosamente, la mano que la interroga.
ambas se funden en un abrazo,
la sangre seca se le queda pegada a la palma derecha.
llevar la herida del otro.
hay dos líneas en mi mano izquierda que se le agregaron a mis antiguas cuatro lineas que llevo desde mi nacimiento,
quizás yo realmente pueda decidir mi futuro,
si es que mi futuro ha de tratarse de auto-mutilación y ausencia de memoria.
de todas maneras, ¿qué mas da el futuro? si hoy no puedo salir a la calle, tampoco quiero.
la niebla me da miedo,
me hace vulnerable porque no puedo ver más allá de mis propios pasos
y me asusta tenerme de referencia a mi mismo.
la mano grita, ríe.
se ríe de mi.
y yo sé que lo merezco.
por ahora todo va bien.
ahora es de noche
y estoy alrededor de muchas personas que conozco,
que quiero,
pero aun así no me siento bien,
sé que no quiero estar acá
y es mi casa.
estoy escuchando anécdotas sobre accidentes viales que entreoigo por decisión propia.
no me interesan.
siento que la conversación cambia de tema cada vez que abro y cierro los ojos.
ah, debe tener implicancia la idea de la integración voluntaria como elemento base de la felicidad.
sé exactamente como estar donde no quiero.
abro los ojos.
los cierro.
estoy viendo como el mismo vino que me serví hace 20 minutos asesina a los dos cubos de hielo que le arrojé dentro para que mitigue el calor que significa mantener esa botella de vino al lado de un caloventor.
es invierno.
el frío sabe bien como doler.
y ahora estoy en instagram y debe significar algo que mencione instagram en una poesía porque detesto mencionar redes sociales o cosas por el estilo en las cosas que escribo,
pero debe significar algo porque estoy viendo los perfiles de mis ex-compañeros de secundaria y lo estoy escribiendo
y los estoy mirando
y no sé porque los estoy mirando,
pero pienso, dios,
realmente la secundaria deja secuelas.
leo cosas que no me interesan,
y no sé porque sigo leyendo, cuando realmente no lo estoy haciendo, no sé porque estoy haciendo esto.
siento que algo de todo esto está roto,
que algo no debería ser así.
no se siente fluido.
hay cortes.
como si realmente fueran importante las cuidadosas elecciones de palabras que uso.
como si no supiera hilar bien mis ideas.
como cuando sentís que te han desarmado y no te han re-ensamblado correctamente.
como cuando hay una pieza que falla (claro, acabo de decir que algo se sentía roto, idiota, pero no es tiempo de arrepentimientos)
como cuando hay cucarachas trepando tu brazo por no haber limpiado tu cocina por meses y sentis algo de calor en el abrazo de su seis patas.
está mal.
como cuando te despertás un día
y reconoces a los extraños
y pensas que has sobrevivido a la destrucción
aun sabiendo que no es así.
martes, 19 de junio de 2018
no feedback
I
por ahora dejémoslo así,
con mi patio lleno de maleza podrida
con el cenicero alcanzando mi altura,
con el televisor con el volumen en tres rayitas,
con la mano alzada esperando que alguien la salve,
con la muñeca flaquita, flaquita
y las venas finitas, finitas
con las piernas enterradas en arena que se hunde cada vez más,
con el cuento para ir a dormir contado hasta la mitad
con las pesadillas haciéndome mojar la cama
y con todas las promesas que me han hecho guardadas entre las rendijas de un calefactor apagado.
¿qué es lo peor que podría pasar?
II
-el próximo jugador saca una tarjeta-
"pierde un turno aquel que sueña con lo que jamás va a poder tener".
III
mis dedos quemados abren un hocico petrificado.
una bolsa de consorcio con su corazón entregado al cielo junto a mis pies, junto a mis brazos,
un colmillo que sin nervio, oficia de horca pública.
mis manos, que buscan calor enterrándose de vergüenza en el estómago de un perro muerto,
pasándose entre dedo y dedo nueve colillas de cigarrillos alojadas en el órgano, que se reproducen como parásitos.
rabia post-mortem.
un horno para fabricar neblina que provoque un choque a las cinco de la mañana.
un puñado de vísceras guardadas en los bolsillos para no olvidar el calor que debemos llevar dentro nuestro,
pero que a veces no sabe nacer.
IV
ignoro el momento en el que tenga que enfrentarme a todo lo que no me deja dormir por las noches.
V
las manos invitan a la nuca a ahogarse,
los dientes rotos se aferran a la porcelana barata y amarillenta, mientras las encías sangran y los labios quedan apretujados entre la tapa.
¿por qué gastar tanto tiempo en nombrar una por una aquellas cosas que me duelen?
cuando ahora estoy escupiéndolas de una forma en la que mañana no voy a recordar,
más allá de sufrir de una boca reseca, pastosa, harta de decir y decir
y de despertarme con un agujero lleno de barro en el estómago
que grite
que va a ser un día penoso,
que doy pena,
que doy asco
y que no tendría que haberme ahogado en todo aquello que quise sacarme de encima.
VI
deus ex machina: mañana todos me habrán perdonado.
VII
dar duele, arde
pero no tanto como
esta carencia.
por ahora dejémoslo así,
con mi patio lleno de maleza podrida
con el televisor con el volumen en tres rayitas,
con la mano alzada esperando que alguien la salve,
con la muñeca flaquita, flaquita
y las venas finitas, finitas
con las piernas enterradas en arena que se hunde cada vez más,
con el cuento para ir a dormir contado hasta la mitad
con las pesadillas haciéndome mojar la cama
y con todas las promesas que me han hecho guardadas entre las rendijas de un calefactor apagado.
¿qué es lo peor que podría pasar?
II
-el próximo jugador saca una tarjeta-
"pierde un turno aquel que sueña con lo que jamás va a poder tener".
III
mis dedos quemados abren un hocico petrificado.
una bolsa de consorcio con su corazón entregado al cielo junto a mis pies, junto a mis brazos,
un colmillo que sin nervio, oficia de horca pública.
mis manos, que buscan calor enterrándose de vergüenza en el estómago de un perro muerto,
pasándose entre dedo y dedo nueve colillas de cigarrillos alojadas en el órgano, que se reproducen como parásitos.
rabia post-mortem.
un horno para fabricar neblina que provoque un choque a las cinco de la mañana.
un puñado de vísceras guardadas en los bolsillos para no olvidar el calor que debemos llevar dentro nuestro,
pero que a veces no sabe nacer.
IV
ignoro el momento en el que tenga que enfrentarme a todo lo que no me deja dormir por las noches.
V
las manos invitan a la nuca a ahogarse,
los dientes rotos se aferran a la porcelana barata y amarillenta, mientras las encías sangran y los labios quedan apretujados entre la tapa.
¿por qué gastar tanto tiempo en nombrar una por una aquellas cosas que me duelen?
cuando ahora estoy escupiéndolas de una forma en la que mañana no voy a recordar,
más allá de sufrir de una boca reseca, pastosa, harta de decir y decir
y de despertarme con un agujero lleno de barro en el estómago
que grite
que va a ser un día penoso,
que doy pena,
que doy asco
y que no tendría que haberme ahogado en todo aquello que quise sacarme de encima.
VI
deus ex machina: mañana todos me habrán perdonado.
VII
dar duele, arde
pero no tanto como
esta carencia.
miércoles, 6 de junio de 2018
así como no decir nada es solo prolongar lo inevitable, también, cada trago amargo significa otra batalla perdida
parpadear me arquea las pestañas,
me quema los ojos que miran fijo hacia el suelo
mientras mis manos frotan sus nudillos quemados sobre una boca húmeda, pero sin dientes que los muerdan,
así no todo parece tan trágico.
-el remordimiento funciona en este caso como un inoportuno juego de palabras-
las babas de la pena,
depositadas sobre ampollas ennegrecidas
parecieran ser una promesa, lastimosamente, de algo que no entiendo.
éstas se escapan
cayendo lentamente por una fisura entre un labio inferior con deseos de grandeza
y un labio superior que sigue cayendo; ambos, sin saberlo, ocultan la vergüenza que significa portar una sonrisa.
o quizás, solo cargan con la tristeza de no poder hacerlo.
en cualquier caso, mis manos, con sus nudillos llenos de agua, o de bolsas de agua y de nuevo, babeados
sobre las gritas del suelo donde estoy parado,
exactamente a cinco centímetros de cada uno de mis zapatos,
dejaron una semilla seis metros bajo tierra.
desde mi boca mal nacida, o bien, venida abajo
nacen pequeñísimos hilos de saliva amarillenta, y pienso que si fuese un árbol, mi salvia tendría 40% de graduación alcohólica.
el color es similar al que veo cuando despierto con la cabeza en un urinal que no me pertenece,
con la nuca entre las piernas de alguien al que le da lo mismo
y con mis medias mojadas de algo que no es líquido del todo y como siento las medias mojadas, eso significa que también es el color que veo cuando me despierto y me han robado los zapatos.
esos mismos zapatos que están a cinco centímetros de donde esa saliva amarillenta acaba de caer.
siento que yo solo sé apreciar la naturaleza cuando nadie mas lo hace,
como si se tratase de hacerme cargo de los problemas de alguien y me auto-convenciese de que realmente quiero eso.
¿realmente quiero esto?
jamás me sé responder si lo que hago es algo que nace de mi, o que nace por otros.
¿actúo por imitación o por pedido de auxilio?
creo que ya descarte toda posibilidad de participación mía en mi accionar.
pero, ¿realmente quiero esto?
dios, no sé porque tuve que describir tanto algo que solo me hubiese llevado dos acciones.
digo,
abrir la tierra, aunque la idea de hurgar descriptivamente entre que cosas podría yo encontrar en cada una de mis uñas queda como una tarea a futuro.
y tirar un escupitajo.
aunque no se realmente si es que lo tiro, quizás me nace, quizás tenía la urgencia, quizás me forcé por veinte minutos a que nazca algo de mi que no sea un escupitajo, pero al no encontrar otra cosa que dar tuve que escupir, digo, es perfectamente lógico, no hay mucho dentro mío que ofrecer.
pero ahora me asusta la idea de que pase algo nuevo.
bah, ya pasó algo nuevo, la tierra esta húmeda por mi saliva.
hilé un nexo entre mi boca y la tierra, antes seca, ahora húmeda, a pesar de que no todo el hilo salivoso llegó a destino, sino que una parte que no pudo llegar no vio otra alternativa que pegarse a mi pera, a mi cuello y a mi pecho, como si se tratase de una suerte de corbata.
siento que me aprieta, pero solo debo estar imaginando cosas.
pero lo que quiero decir es que ahora hay tierra húmeda y bajo ella una semilla y el agua sigue corriendo por las venas agrietadas del suelo donde estoy parado con mis zapatos a cinco centímetros de donde cayó sepultada la semilla.
perdón, siento que hasta ahora soy solo un par de zapatos, unos labios malformados y un hilo de baba (las partes donde cayó ese hilo de baba solo funcionan en la coyuntura y realmente carecen de protagonismo)
pero bien podría ser eso, ¿no?
digo, sería un enfoque interesante.
pero no lo soy.
bueno, para ustedes quizás si, o quizás no.
para mi es no y es muy importante eso, tener una certeza no es poca cosa.
si cuentan las certezas que ustedes tienen en la vida créanme que solo las contarían con una mano, o con las dos.
estar seguro de algo es como abrazarse de algo que no te va a soltar, por más ambiguo que sea, siento que pueden imaginarse el punto al que quiero llegar.
o al que llegué, yo no estoy tan seguro.
y no estar tan seguro es como caer donde no se puede ver, como refugiarse donde no hay consuelo.
pero también, aparte de lo que no soy, tengo otra certeza.
tengo miedo de algo nuevo,
tengo miedo de que algo crezca por algo que yo producí.
esa semilla puede volverse un bosque, como puede volverse una vereda levantada dos pisos hacia arriba.
y quizás ese bosque puede ser el lugar donde gente se extravíe o esa vereda levantada puede ser, bueno, puede ser una vereda levantada.
¿y si mi baba es infértil y una semilla es enterrada en vano?
mis zapatos están arqueados, afligidos.
no entiendo porque hice eso que acabo de hacer; ellos tampoco, claramente.
mis ojos no han dejado de ver al suelo, mi boca está seca como la tierra que pisan las puntas de mis zapatos, pues estos se han rendido y han delegado el contacto a mis rodillas, también quemadas, como mis nudillos, embolsados en agua, también babeados.
hacen doce grados bajo cero.
mis dientes sufren bruxismo involuntario.
mi cabeza se reposa sobre una boca amplia de color blanco desteñido que no es la mía.
-a pesar de no estar donde realmente quiero, estoy mejor acá que cualquier otro lado-
entre la cerámica rota, en el vértice donde se unen cuatro baldosas agrietadas de color rojizo, empolvadas, en el que acabo de escupir y anterior a eso, en el que guardé una semilla, apago un cigarrillo.
¿eso nació de mi o nació por otros?
lo único que hice en años y me arrepiento y porque me arrepiento, decido eliminarlo.
alguien aprieta mi nuca entre sus piernas; pienso que quizás es para mejor, pero de nuevo, no estoy seguro.
siento que alguien me desata mis zapatos mientras me empiezo a quedar dormido
y lo peor es que sé que es una de las pocas cosas ciertas que tengo
y que es mía.
bajo cada una de mis uñas hay mugre,
doy vuelta mi mano y vuelvo a acariciar el polvo que besa el piso para no agitarme mientras sueño, a la vez que termino de marearme de naftalina.
///////////////////
las bolsas de mis manos acaban de explotar
y el agua cayendo de las mismas, utilizando mis venas como vías de escape, al gotear parecen prometerme algo, lastimosamente, de algo que aún no entiendo.
me quema los ojos que miran fijo hacia el suelo
mientras mis manos frotan sus nudillos quemados sobre una boca húmeda, pero sin dientes que los muerdan,
así no todo parece tan trágico.
-el remordimiento funciona en este caso como un inoportuno juego de palabras-
las babas de la pena,
depositadas sobre ampollas ennegrecidas
parecieran ser una promesa, lastimosamente, de algo que no entiendo.
éstas se escapan
cayendo lentamente por una fisura entre un labio inferior con deseos de grandeza
y un labio superior que sigue cayendo; ambos, sin saberlo, ocultan la vergüenza que significa portar una sonrisa.
o quizás, solo cargan con la tristeza de no poder hacerlo.
en cualquier caso, mis manos, con sus nudillos llenos de agua, o de bolsas de agua y de nuevo, babeados
sobre las gritas del suelo donde estoy parado,
exactamente a cinco centímetros de cada uno de mis zapatos,
dejaron una semilla seis metros bajo tierra.
desde mi boca mal nacida, o bien, venida abajo
nacen pequeñísimos hilos de saliva amarillenta, y pienso que si fuese un árbol, mi salvia tendría 40% de graduación alcohólica.
el color es similar al que veo cuando despierto con la cabeza en un urinal que no me pertenece,
con la nuca entre las piernas de alguien al que le da lo mismo
y con mis medias mojadas de algo que no es líquido del todo y como siento las medias mojadas, eso significa que también es el color que veo cuando me despierto y me han robado los zapatos.
esos mismos zapatos que están a cinco centímetros de donde esa saliva amarillenta acaba de caer.
siento que yo solo sé apreciar la naturaleza cuando nadie mas lo hace,
como si se tratase de hacerme cargo de los problemas de alguien y me auto-convenciese de que realmente quiero eso.
¿realmente quiero esto?
jamás me sé responder si lo que hago es algo que nace de mi, o que nace por otros.
¿actúo por imitación o por pedido de auxilio?
creo que ya descarte toda posibilidad de participación mía en mi accionar.
pero, ¿realmente quiero esto?
dios, no sé porque tuve que describir tanto algo que solo me hubiese llevado dos acciones.
digo,
abrir la tierra, aunque la idea de hurgar descriptivamente entre que cosas podría yo encontrar en cada una de mis uñas queda como una tarea a futuro.
y tirar un escupitajo.
aunque no se realmente si es que lo tiro, quizás me nace, quizás tenía la urgencia, quizás me forcé por veinte minutos a que nazca algo de mi que no sea un escupitajo, pero al no encontrar otra cosa que dar tuve que escupir, digo, es perfectamente lógico, no hay mucho dentro mío que ofrecer.
pero ahora me asusta la idea de que pase algo nuevo.
bah, ya pasó algo nuevo, la tierra esta húmeda por mi saliva.
hilé un nexo entre mi boca y la tierra, antes seca, ahora húmeda, a pesar de que no todo el hilo salivoso llegó a destino, sino que una parte que no pudo llegar no vio otra alternativa que pegarse a mi pera, a mi cuello y a mi pecho, como si se tratase de una suerte de corbata.
siento que me aprieta, pero solo debo estar imaginando cosas.
pero lo que quiero decir es que ahora hay tierra húmeda y bajo ella una semilla y el agua sigue corriendo por las venas agrietadas del suelo donde estoy parado con mis zapatos a cinco centímetros de donde cayó sepultada la semilla.
perdón, siento que hasta ahora soy solo un par de zapatos, unos labios malformados y un hilo de baba (las partes donde cayó ese hilo de baba solo funcionan en la coyuntura y realmente carecen de protagonismo)
pero bien podría ser eso, ¿no?
digo, sería un enfoque interesante.
pero no lo soy.
bueno, para ustedes quizás si, o quizás no.
para mi es no y es muy importante eso, tener una certeza no es poca cosa.
si cuentan las certezas que ustedes tienen en la vida créanme que solo las contarían con una mano, o con las dos.
estar seguro de algo es como abrazarse de algo que no te va a soltar, por más ambiguo que sea, siento que pueden imaginarse el punto al que quiero llegar.
o al que llegué, yo no estoy tan seguro.
y no estar tan seguro es como caer donde no se puede ver, como refugiarse donde no hay consuelo.
pero también, aparte de lo que no soy, tengo otra certeza.
tengo miedo de algo nuevo,
tengo miedo de que algo crezca por algo que yo producí.
esa semilla puede volverse un bosque, como puede volverse una vereda levantada dos pisos hacia arriba.
y quizás ese bosque puede ser el lugar donde gente se extravíe o esa vereda levantada puede ser, bueno, puede ser una vereda levantada.
¿y si mi baba es infértil y una semilla es enterrada en vano?
mis zapatos están arqueados, afligidos.
no entiendo porque hice eso que acabo de hacer; ellos tampoco, claramente.
mis ojos no han dejado de ver al suelo, mi boca está seca como la tierra que pisan las puntas de mis zapatos, pues estos se han rendido y han delegado el contacto a mis rodillas, también quemadas, como mis nudillos, embolsados en agua, también babeados.
hacen doce grados bajo cero.
mis dientes sufren bruxismo involuntario.
mi cabeza se reposa sobre una boca amplia de color blanco desteñido que no es la mía.
-a pesar de no estar donde realmente quiero, estoy mejor acá que cualquier otro lado-
entre la cerámica rota, en el vértice donde se unen cuatro baldosas agrietadas de color rojizo, empolvadas, en el que acabo de escupir y anterior a eso, en el que guardé una semilla, apago un cigarrillo.
¿eso nació de mi o nació por otros?
lo único que hice en años y me arrepiento y porque me arrepiento, decido eliminarlo.
alguien aprieta mi nuca entre sus piernas; pienso que quizás es para mejor, pero de nuevo, no estoy seguro.
siento que alguien me desata mis zapatos mientras me empiezo a quedar dormido
y lo peor es que sé que es una de las pocas cosas ciertas que tengo
y que es mía.
bajo cada una de mis uñas hay mugre,
doy vuelta mi mano y vuelvo a acariciar el polvo que besa el piso para no agitarme mientras sueño, a la vez que termino de marearme de naftalina.
///////////////////
las bolsas de mis manos acaban de explotar
y el agua cayendo de las mismas, utilizando mis venas como vías de escape, al gotear parecen prometerme algo, lastimosamente, de algo que aún no entiendo.
miércoles, 30 de mayo de 2018
ya no recuerdo que tendría que estar haciendo ahora
no sé hace cuanto,
en mi habitación
erigí una pared en la que tallé mi altura
cinco años, un metro once
seis años, un metro dieciséis
siete años, un metro veintitrés.
otra pared en la que dibujé todo lo que deseaba
y bajo el colchón de mi cama,
un sommier que nunca quise porque me costaba refugiarme bajo él,
bordé palabras que no entendía
y tallé en las patas aquello a lo que le tenía mas temor.
y era horrible.
habiéndome cortado con una gillette el rostro, tratando de emular a mi padre
dejándome cicatrices en las mejillas,
por donde mi lengua asomaba,
recuerdo yo, intuitivamente, haber corrido bajo la cama como si fuesen los brazos de mi madre.
en lo que yo pensé que fue mi primer despliegue de independencia,
lloraba por un miedo sofocado por la vergüenza de no saber
de leer las palabras mal bordadas, mal escritas
y no tener idea,
no tener idea de nada.
de sentirme estúpido, de sentirme tonto porque me veía a mi mismo con las manos llenas de sangre, las mejillas cortadas y mi lengua que perdía su calor húmedo por el aire que tajaba mis papilas gustativas de sequedad como arena.
y después voltearme
y leer en cada pata aquello que soñaba cada noche
que me hacía llorar
y que como pensaba ser independiente, no podía ir con mi madre para que me dijese que estaba todo bien, que solo fue un mal sueño
y lo peor es que lo sabía,
pero también
¿como podía dar por sentado que algo entre el borde de la cama y la pared, en ese espacio que dejaba para ver la oscuridad, no me iba a agarrar del brazo y acogotarme en un silencio en el que pensaba solo mis pupilas podían gritar hasta reventarse?
ocho años, 20 centímetros,
una temporada bajo el galpón de las sábanas
aquellos hilos que picaban e irritaban mi piel
que jamás se recuperó.
////////////////////////
hoy veo mis muñecas
minadas de pocillos en el que vierto el té mas agrio,
y pienso que mi altura ya me da lo mismo
y todo aquello que quise alguna vez
se derrumbó
para enfrentarme cara a cara con un cielo que jamás deja de llover.
por detrás de mi casa
hay un río que se esconde entre los yuyos que me quemaron los brazos,
los guantes comidos por las polillas
y el agua turbia, con costillas quebradas de ramas caídas
hinchadas, podridas
acariciándome los tobillos, raspándome.
las gotas caen sobre las cuencas de los ojos podridos de un ganado famélico, perdido
que va donde el río le dice.
corro para anunciar lo inevitable,
mis piernas pesan, hay lagunas negras en mi piel de porcelana rota.
el umbral de mi puerta tiene mi reflejo prohibido,
frente mío hay una campana rota para ensordecer a los perros,
pero ya el río se los tragó a todos.
mi voz queda sola entre tanto eco,
siento hervir la cerámica de ausencia.
hay una puerta de chapa que no cierra, adentro, un foco con el filamento partido.
pero claro, yo no sabía eso.
por lo que entonces, hay una puerta de chapa que no cierra.
mis manos se apoyaban sobre el marco del metal pintarrajeado de verde,
mi hombro se empujaba contra la piel, la que empujaba contra la puerta
mi dedo índice miraba hacia dentro de curioso.
castigo ilustrado.
yo lloraba, con una costra de óxido alrededor de lo que me faltaba de dedo.
mi hombro seguía empujándose, mi piel seguía haciendo presión
yo lloraba más fuerte para que se dieran cuenta.
mi padre sacrificó sus uñas para abrir la puerta que por fin había cerrado para buscar lo que yo mismo me había arrebatado.
entre tanta humedad mi piel ya se había arrugado,
hacían 45º ahí dentro
por la noche caían pequeñas lluvias que bendecían a las ratas refugiadas que se escondían entre mis juguetes viejos.
mi padre se encerró para pelear por lo que era mío,
yo creí jamás volverlo a ver,
pero no me importaba
corrí hacia un piletón en mi cocina para verter mi sangre, mientras mi madre me gritaba agarrándome de los brazos, tratando de arrastrarme hacia el auto, diciéndome que todo iba a estar bien.
pero yo no quería.
me encerré en el baño mientras mi sangre se iba por las delimitaciones de las baldosas hacia una rendija que llevaba por debajo de mi casa.
mi padre vio llover mi sangre y yo nunca me di cuenta.
mi madre golpeaba la puerta.
yo revisé todo el botiquien esperando encontrar un dedo de repuesto, o algo que me diera alivio, porque ya sentía que el óxido estaba cicatrizando, creando un dedal que terminaría en infección,
pero claro, yo no sabía eso.
no mucho más recuerdo de entonces:
-un blister de medicamentos que tiré por el inodoro.
-una huida de urgencia a la guardia,
-el astigmatismo provocado por la intermitencia de las luces de hospital
-las puertas del quirófano que abrían pacientes con sus abdómenes desnudos,
-su sangre no compatible
-llanto
-linchamientos a médicos
-gente de recepción que jamás atendía los teléfonos
-ambulancias con sus neumáticos robados
-una antitetánica
y a mi madre preguntando que como me pasó
que donde estaba mi padre
y yo, que no sabía, que me dolía y que no sabía si iba a volverlo a ver, pero que no me importaba.
nadie dijo mas nada,
ni al llegar a casa,
ni al cenar
ni al dormir.
nadie supo que ese día dormí bajo la cama de nuevo, nadie se dio cuenta que aún tenía las mejillas cortadas.
nadie supo que de noche comenzó a llover
y que jamás paró.
mis pies descalzos, llenos de barro, sienten la cerámica helada.
mi voz no tiene respuesta ni de si misma.
todas mis paredes las ha derribado la corriente,
mis padres, ausentes
y yo, ahora, tocando las cicatrices de mis mejillas, viendo como mi lengua cae muerta
pienso que hay aquellos que dicen saberse de su pasado, pero dicen afianzarse al presente ante todo
¿quieren saber lo que yo sé?
de mi pasado
nada.
¿quieren saber a que me afianzo?
de mi presente
a nada.
////////////////////////
no hay mucha diferencia en tallar todos tus anhelos de inocencia en tu primer hogar, a flotar como ganado muerto entre escombros, arrastrado por la corriente de un rio turbulento producto de un cielo que jamás dejó de llover.
en mi habitación
erigí una pared en la que tallé mi altura
cinco años, un metro once
seis años, un metro dieciséis
siete años, un metro veintitrés.
otra pared en la que dibujé todo lo que deseaba
y bajo el colchón de mi cama,
un sommier que nunca quise porque me costaba refugiarme bajo él,
bordé palabras que no entendía
y tallé en las patas aquello a lo que le tenía mas temor.
y era horrible.
habiéndome cortado con una gillette el rostro, tratando de emular a mi padre
dejándome cicatrices en las mejillas,
por donde mi lengua asomaba,
recuerdo yo, intuitivamente, haber corrido bajo la cama como si fuesen los brazos de mi madre.
en lo que yo pensé que fue mi primer despliegue de independencia,
lloraba por un miedo sofocado por la vergüenza de no saber
de leer las palabras mal bordadas, mal escritas
y no tener idea,
no tener idea de nada.
de sentirme estúpido, de sentirme tonto porque me veía a mi mismo con las manos llenas de sangre, las mejillas cortadas y mi lengua que perdía su calor húmedo por el aire que tajaba mis papilas gustativas de sequedad como arena.
y después voltearme
y leer en cada pata aquello que soñaba cada noche
que me hacía llorar
y que como pensaba ser independiente, no podía ir con mi madre para que me dijese que estaba todo bien, que solo fue un mal sueño
y lo peor es que lo sabía,
pero también
¿como podía dar por sentado que algo entre el borde de la cama y la pared, en ese espacio que dejaba para ver la oscuridad, no me iba a agarrar del brazo y acogotarme en un silencio en el que pensaba solo mis pupilas podían gritar hasta reventarse?
ocho años, 20 centímetros,
una temporada bajo el galpón de las sábanas
aquellos hilos que picaban e irritaban mi piel
que jamás se recuperó.
////////////////////////
hoy veo mis muñecas
minadas de pocillos en el que vierto el té mas agrio,
y pienso que mi altura ya me da lo mismo
y todo aquello que quise alguna vez
se derrumbó
para enfrentarme cara a cara con un cielo que jamás deja de llover.
por detrás de mi casa
hay un río que se esconde entre los yuyos que me quemaron los brazos,
los guantes comidos por las polillas
y el agua turbia, con costillas quebradas de ramas caídas
hinchadas, podridas
acariciándome los tobillos, raspándome.
las gotas caen sobre las cuencas de los ojos podridos de un ganado famélico, perdido
que va donde el río le dice.
corro para anunciar lo inevitable,
mis piernas pesan, hay lagunas negras en mi piel de porcelana rota.
el umbral de mi puerta tiene mi reflejo prohibido,
frente mío hay una campana rota para ensordecer a los perros,
pero ya el río se los tragó a todos.
mi voz queda sola entre tanto eco,
siento hervir la cerámica de ausencia.
hay una puerta de chapa que no cierra, adentro, un foco con el filamento partido.
pero claro, yo no sabía eso.
por lo que entonces, hay una puerta de chapa que no cierra.
mis manos se apoyaban sobre el marco del metal pintarrajeado de verde,
mi hombro se empujaba contra la piel, la que empujaba contra la puerta
mi dedo índice miraba hacia dentro de curioso.
castigo ilustrado.
yo lloraba, con una costra de óxido alrededor de lo que me faltaba de dedo.
mi hombro seguía empujándose, mi piel seguía haciendo presión
yo lloraba más fuerte para que se dieran cuenta.
mi padre sacrificó sus uñas para abrir la puerta que por fin había cerrado para buscar lo que yo mismo me había arrebatado.
entre tanta humedad mi piel ya se había arrugado,
hacían 45º ahí dentro
por la noche caían pequeñas lluvias que bendecían a las ratas refugiadas que se escondían entre mis juguetes viejos.
mi padre se encerró para pelear por lo que era mío,
yo creí jamás volverlo a ver,
pero no me importaba
corrí hacia un piletón en mi cocina para verter mi sangre, mientras mi madre me gritaba agarrándome de los brazos, tratando de arrastrarme hacia el auto, diciéndome que todo iba a estar bien.
pero yo no quería.
me encerré en el baño mientras mi sangre se iba por las delimitaciones de las baldosas hacia una rendija que llevaba por debajo de mi casa.
mi padre vio llover mi sangre y yo nunca me di cuenta.
mi madre golpeaba la puerta.
yo revisé todo el botiquien esperando encontrar un dedo de repuesto, o algo que me diera alivio, porque ya sentía que el óxido estaba cicatrizando, creando un dedal que terminaría en infección,
pero claro, yo no sabía eso.
no mucho más recuerdo de entonces:
-un blister de medicamentos que tiré por el inodoro.
-una huida de urgencia a la guardia,
-el astigmatismo provocado por la intermitencia de las luces de hospital
-las puertas del quirófano que abrían pacientes con sus abdómenes desnudos,
-su sangre no compatible
-llanto
-linchamientos a médicos
-gente de recepción que jamás atendía los teléfonos
-ambulancias con sus neumáticos robados
-una antitetánica
y a mi madre preguntando que como me pasó
que donde estaba mi padre
y yo, que no sabía, que me dolía y que no sabía si iba a volverlo a ver, pero que no me importaba.
nadie dijo mas nada,
ni al llegar a casa,
ni al cenar
ni al dormir.
nadie supo que ese día dormí bajo la cama de nuevo, nadie se dio cuenta que aún tenía las mejillas cortadas.
nadie supo que de noche comenzó a llover
y que jamás paró.
mis pies descalzos, llenos de barro, sienten la cerámica helada.
mi voz no tiene respuesta ni de si misma.
todas mis paredes las ha derribado la corriente,
mis padres, ausentes
y yo, ahora, tocando las cicatrices de mis mejillas, viendo como mi lengua cae muerta
pienso que hay aquellos que dicen saberse de su pasado, pero dicen afianzarse al presente ante todo
¿quieren saber lo que yo sé?
de mi pasado
nada.
¿quieren saber a que me afianzo?
de mi presente
a nada.
////////////////////////
no hay mucha diferencia en tallar todos tus anhelos de inocencia en tu primer hogar, a flotar como ganado muerto entre escombros, arrastrado por la corriente de un rio turbulento producto de un cielo que jamás dejó de llover.
lunes, 14 de mayo de 2018
anecdotario de como pienso que va a terminar todo
son las 5:38 AM.
hace dos días no me levanto de la cama.
recreé figuras humanas con aspecto similar al de mi reducido círculo íntimo
con los desechos de mi incontinencia urinaria y fecal
solo para no olvidarme de como lucía.
huelen mal
como yo.
una costra de mugre queda inmortalizada en las sábanas que no cambio hace diecisiete meses
hay agua salada en la almohada, fermentándose
y envases rotos de cervezas que consumí calientes y acostado
mientras el techo me decía y me repetía que si yo estaba así, era por gusto no más.
mi colchón es un cenicero
y casi me auto-inmolo en 5 ocasiones
pero no me causó tanta molestia porque dejé la ventana abierta en medio de una inundación que se sucedía afuera, pero yo ignoraba.
ahora no puedo hablar sin tiritar,
una secuela y un aviso de una potencial hipotermia, supongo yo.
son las 5:40 AM
y me estoy levantando de la cama,
toco tierra firme por primera vez en más de 48 horas y siento una electricidad que parece arrancarme los tendones,
primero el izquierdo porque intuyo que hoy no va a ser un buen dia.
mi alfombra está gris de ceniza
con centenas de lunares negros encima de ella, pululeando de acá para allá.
los pies están cubiertos con medias que no ocultan la mordida de las pulgas
y no caminan de no ser por las manos, agarrando los gemelos petrificados para marcar el paso.
ahora,
esos mismos pies con esas mismas medias
están mojados, están mojadas
y mis rodillas imitan dos colillas de cigarrillos acabados, destrozadas, maniatadas y mojadas (de nuevo).
mis pies húmedos,
blanquitos de aislamiento con venitas negras de úlceras
piden clemencia,
mientras mis piernas, amarronadas, llenas de quemaduras, cortes y hematomas
solo están exhaustas de haber caminado tanto.
son las 5:43 AM.
mi cabeza está anudada por finitísimos hilos de porcelana que no pasan por el umbral de la puerta.
hay un hilo en particular que me lleva o al menos trata de guiarme
pero no sé a donde,
no sé si quiero seguirlo
sé que hay algo que tira, que tira, empujando mi pecho a salir de la pieza,
pero no sé a donde,
no sé si quiero seguirlo
no sé si queiro salir de mi pieza.
y no sé donde termina este dolor esto que tengo dentro,
es decir,
estos mismos pies con estas mismas medias
mojados, mojadas
y una filtración en mi cocina que da refugio a toda esa lluvia podrida que no sabe donde caer muerta
y que mata la madera de mi piso
y la achicharra
y la desprende
y hace que me corte estos mismos pies
y raja estas mismas medias
y tiñe de sangre el piso lleno de recortes de diario del dia en que naci donde guardaba mi esperanza.
son las 5:48 AM.
estoy tirado en el suelo, hundiéndome a medida que entra la lluvia.
mi mano
toca mi pómulo derecho.
lo toca como quién acaricia un televisor con un martillo.
un lado de mi cara está ahora mas dentro mío,
lo siento,
siento el hueso astillado intentando penetrar a la fuerza mi mandíbula,
mis encías sangran
mientras mis dientes se desentienden del asunto.
en mi pecho
tengo en exhibición
un tenedor y un cuchillo clavados minuciosamente,
toda la vajilla resquebrajada, pulverizada, sobre mis clavículas
como querubies de loza
y el plato más caro, descendiendo dificultosamente por mi tráquea.
son las 5:56 AM.
me convenzo a mi mismo de que si pudiese viajar al pasado, haría las cosas mejor, pero en el fondo sé que es mentira.
son las 5:57 AM.
son las 5:58 AM.
son las 5:59 AM.
estoy entredormido.
al agua comienza a querer entrar en mis fosas nasales y en mi boca,
yo solo respiro.
repito mi nombre para no olvidar que a esto lo merezco,
no voy a llamar a nadie porque temo ahorcarme con el cable amarillento de un portero que no funciona,
además en la calle ya no hay quien viva.
el agua sube por el ascensor.
miro el reloj,
son las 6:00 AM.
afuera hay gente que lo perdió todo.
me encantaría que sepan que acá dentro también.
caigo en cuenta que no hablo, sino que susurro como telegrama.
lo importante es conciso, o sino solo es poesía con la que nunca vas a llegarle a nadie.
y yo hurgando en mi pecho para dar lo mejor de mi,
solo consegúi llenarme las manos de bilis negra.
no crean en lo que las poesías les dicen.
no crean en lo que les hayan dicho.
porque la poesía es esto.
es la cabeza sepultada en un agujero que es húmedo, que huele a tierra infértil
que está lleno de todas las veces que te desilusionaron cuando eras pequeño,
de todas esas veces en las que estuviste al borde de la muerte,
de todas las veces que te rechazaron,
de todas los momentos en los que no fuiste suficiente.
de todos los momentos en los que decepcionaste a otros
y de todas las veces en las que te decepcionaste a vos mismo.
son las 6:02 AM
dos tiros que fueron disparados a dos cuadras de mi departamento me despiertan, pero al no ser mi cavidad torácica la dañada, no me alegro.
las sirenas penetran en mi cráneo como un torno.
quiero ignorar como va a terminar todo,
no quiero despertarme nunca.
hace dos días no me levanto de la cama.
recreé figuras humanas con aspecto similar al de mi reducido círculo íntimo
con los desechos de mi incontinencia urinaria y fecal
solo para no olvidarme de como lucía.
huelen mal
como yo.
una costra de mugre queda inmortalizada en las sábanas que no cambio hace diecisiete meses
hay agua salada en la almohada, fermentándose
y envases rotos de cervezas que consumí calientes y acostado
mientras el techo me decía y me repetía que si yo estaba así, era por gusto no más.
mi colchón es un cenicero
y casi me auto-inmolo en 5 ocasiones
pero no me causó tanta molestia porque dejé la ventana abierta en medio de una inundación que se sucedía afuera, pero yo ignoraba.
ahora no puedo hablar sin tiritar,
una secuela y un aviso de una potencial hipotermia, supongo yo.
son las 5:40 AM
y me estoy levantando de la cama,
toco tierra firme por primera vez en más de 48 horas y siento una electricidad que parece arrancarme los tendones,
primero el izquierdo porque intuyo que hoy no va a ser un buen dia.
mi alfombra está gris de ceniza
con centenas de lunares negros encima de ella, pululeando de acá para allá.
los pies están cubiertos con medias que no ocultan la mordida de las pulgas
y no caminan de no ser por las manos, agarrando los gemelos petrificados para marcar el paso.
ahora,
esos mismos pies con esas mismas medias
están mojados, están mojadas
y mis rodillas imitan dos colillas de cigarrillos acabados, destrozadas, maniatadas y mojadas (de nuevo).
mis pies húmedos,
blanquitos de aislamiento con venitas negras de úlceras
piden clemencia,
mientras mis piernas, amarronadas, llenas de quemaduras, cortes y hematomas
solo están exhaustas de haber caminado tanto.
son las 5:43 AM.
mi cabeza está anudada por finitísimos hilos de porcelana que no pasan por el umbral de la puerta.
hay un hilo en particular que me lleva o al menos trata de guiarme
pero no sé a donde,
no sé si quiero seguirlo
sé que hay algo que tira, que tira, empujando mi pecho a salir de la pieza,
pero no sé a donde,
no sé si quiero seguirlo
no sé si queiro salir de mi pieza.
y no sé donde termina este dolor esto que tengo dentro,
es decir,
estos mismos pies con estas mismas medias
mojados, mojadas
y una filtración en mi cocina que da refugio a toda esa lluvia podrida que no sabe donde caer muerta
y que mata la madera de mi piso
y la achicharra
y la desprende
y hace que me corte estos mismos pies
y raja estas mismas medias
y tiñe de sangre el piso lleno de recortes de diario del dia en que naci donde guardaba mi esperanza.
son las 5:48 AM.
estoy tirado en el suelo, hundiéndome a medida que entra la lluvia.
mi mano
toca mi pómulo derecho.
lo toca como quién acaricia un televisor con un martillo.
un lado de mi cara está ahora mas dentro mío,
lo siento,
siento el hueso astillado intentando penetrar a la fuerza mi mandíbula,
mis encías sangran
mientras mis dientes se desentienden del asunto.
en mi pecho
tengo en exhibición
un tenedor y un cuchillo clavados minuciosamente,
toda la vajilla resquebrajada, pulverizada, sobre mis clavículas
como querubies de loza
y el plato más caro, descendiendo dificultosamente por mi tráquea.
son las 5:56 AM.
me convenzo a mi mismo de que si pudiese viajar al pasado, haría las cosas mejor, pero en el fondo sé que es mentira.
son las 5:57 AM.
son las 5:58 AM.
son las 5:59 AM.
estoy entredormido.
al agua comienza a querer entrar en mis fosas nasales y en mi boca,
yo solo respiro.
repito mi nombre para no olvidar que a esto lo merezco,
no voy a llamar a nadie porque temo ahorcarme con el cable amarillento de un portero que no funciona,
además en la calle ya no hay quien viva.
el agua sube por el ascensor.
miro el reloj,
son las 6:00 AM.
afuera hay gente que lo perdió todo.
me encantaría que sepan que acá dentro también.
caigo en cuenta que no hablo, sino que susurro como telegrama.
lo importante es conciso, o sino solo es poesía con la que nunca vas a llegarle a nadie.
y yo hurgando en mi pecho para dar lo mejor de mi,
solo consegúi llenarme las manos de bilis negra.
no crean en lo que las poesías les dicen.
no crean en lo que les hayan dicho.
porque la poesía es esto.
es la cabeza sepultada en un agujero que es húmedo, que huele a tierra infértil
que está lleno de todas las veces que te desilusionaron cuando eras pequeño,
de todas esas veces en las que estuviste al borde de la muerte,
de todas las veces que te rechazaron,
de todas los momentos en los que no fuiste suficiente.
de todos los momentos en los que decepcionaste a otros
y de todas las veces en las que te decepcionaste a vos mismo.
son las 6:02 AM
dos tiros que fueron disparados a dos cuadras de mi departamento me despiertan, pero al no ser mi cavidad torácica la dañada, no me alegro.
las sirenas penetran en mi cráneo como un torno.
quiero ignorar como va a terminar todo,
no quiero despertarme nunca.
domingo, 29 de abril de 2018
el triste final de todo aquello que creíamos verdadero
I
mis ojos no atienden a la ausencia,
tres venitas de mi frente se revientan como papel de burbujas
y entre los pasillos de mis muelas
sopla un aullido de dolor.
la mano en alto,
esperanza como la última herramienta de un espíritu que aún pretende
en vano.
arden las uñas,
por fuera y por dentro
se evapora la sangre que puede escapar de la piel achicharrada
y no entiendo de que otra forma puedo hacer una metáfora de que estoy sosteniendo una vela
porque quema
y mucho y siento que no tengo tiempo
y me duele.
la cera
c
a
e
y se me hace costra,
mi muñeca es doblegada por un pedido de auxilio que va apagándose
sin haber sido atendido por nadie.
II
la contemplación de los últimos días
es hábito
hasta que un día se acaba.
III
bailo
conmigo mismo
vistiendo zapatos hirviendo.
paso doble a baño maría
y soy el toro
y soy el torero
y pueden pasar dos cosas: o me esquivo, me esquivo, me evito y hago gracia de ello y termino clavándome un estoque en el cogote cuando ya esté derrotado, desparramado en el suelo
o de darme aires de grandeza, termino encontrándome y en un golpe catársico, termino en el suelo, con medio labio colgando, un ojo mirando al piso y otro al cielo y una hemorragia que se pierde entre la tierra donde mis familiares fueron muriendo uno tras otro.
en cualquier caso
si alguien me asistiese, sé que llegaría tarde
porque mis zapatos están hirviendo
y estoy bailando
y las ampollas en la planta de mi pie se van reventando una tras otra como mis familiares, muriendo en el suelo en el que estoy bailando
y me inundo
y conmigo, se inunda la casa
y la casa está en su segunda hipoteca
y estoy bailando
para no darme cuenta de me atrasé con un pago
y que mañana me deshaucian
y no sé donde voy a ir
y si me voy lejos
nadie va a saber donde estoy
y si muero nadie va a encontrar mi cadáver hasta pasados unos días
y va a ser tarde.
IV
confesion a una línea de atención al cliente: estoy completamente atemorizado de que esta versión de mi sea lo mejor que puedo dar de mi.
-no da el tono-
V
cosas que me molestan si me pasan a mi, pero si las veo en fotos o películas me parecen estéticamente bellas:
- una bolsa de consorcio agujereada
- una copa rota
- una botella de vino rota en la cara de alguien (un agregado del ítem anterior)
- un baño público con el inodoro tapado, el agua marrón y los azulejos con números que me prometen felicidad
- cigarrillos apagados en el teclado de la computadora
- cigarrillos apagados en una copa de vino
- cigarrillos apagados en una copa de vino rota
- un cyber con una luz fluorescente que hace intermitencia
- una cabina telefónica con el cable del teléfono mordido
- flores en un vertedero municipal lleno de escombros (supongo que me parece que es la manifestación de la esperanza poética (o el fin de la misma) o que el amor es una mierda, pero en verdad creo que es una metáfora que se me escapa)
- un número de teléfono que diga algo así como 0-800-ayuda (porque jamás dan tono o jamás ayudan, detesto la falsa publicidad)
- una pila de platos sucios y rotos al borde de una pared
- no saber que querer (porque en general, esto plantea un viaje emocional que hace crecer a los personajes para encontrar una motivación y puede suscitar una inspiración para el espectador, pero en mi caso es como plantar una semilla en tierra muerta, porque al no saber que es lo que quiero, no sé bien que es lo que está pasando a mi alrededor y eso también le hace mal a las personas que frecuento y a veces me hace pensar el porqué de levantarme todas las mañanas y caminar entre la lluvia para ir a un lugar X, me hace pensar porqué hago lo que hago y no encuentro respuesta y por eso después paso horas mirando al techo, esperando que el mismo me hable o me caiga encima, pero nunca sucede ninguna de las dos y quedo con los ojos abiertos, llorando o no, parpadeando o no, porque es lo mismo, hasta dormirme o no y olvidarme o no de que es lo que estaba pensando ese día y distraerme en lo que me rodea como una acción superficial hasta que el mismo ciclo se repita y me encuentre escribiendo esto sabiendo que existe la posibilidad de que mañana esté mejor o no)
mis ojos no atienden a la ausencia,
tres venitas de mi frente se revientan como papel de burbujas
y entre los pasillos de mis muelas
sopla un aullido de dolor.
la mano en alto,
esperanza como la última herramienta de un espíritu que aún pretende
en vano.
arden las uñas,
por fuera y por dentro
se evapora la sangre que puede escapar de la piel achicharrada
y no entiendo de que otra forma puedo hacer una metáfora de que estoy sosteniendo una vela
porque quema
y mucho y siento que no tengo tiempo
y me duele.
la cera
c
a
e
y se me hace costra,
mi muñeca es doblegada por un pedido de auxilio que va apagándose
sin haber sido atendido por nadie.
II
la contemplación de los últimos días
es hábito
hasta que un día se acaba.
III
bailo
conmigo mismo
vistiendo zapatos hirviendo.
paso doble a baño maría
y soy el toro
y soy el torero
y pueden pasar dos cosas: o me esquivo, me esquivo, me evito y hago gracia de ello y termino clavándome un estoque en el cogote cuando ya esté derrotado, desparramado en el suelo
o de darme aires de grandeza, termino encontrándome y en un golpe catársico, termino en el suelo, con medio labio colgando, un ojo mirando al piso y otro al cielo y una hemorragia que se pierde entre la tierra donde mis familiares fueron muriendo uno tras otro.
en cualquier caso
si alguien me asistiese, sé que llegaría tarde
porque mis zapatos están hirviendo
y estoy bailando
y las ampollas en la planta de mi pie se van reventando una tras otra como mis familiares, muriendo en el suelo en el que estoy bailando
y me inundo
y conmigo, se inunda la casa
y la casa está en su segunda hipoteca
y estoy bailando
para no darme cuenta de me atrasé con un pago
y que mañana me deshaucian
y no sé donde voy a ir
y si me voy lejos
nadie va a saber donde estoy
y si muero nadie va a encontrar mi cadáver hasta pasados unos días
y va a ser tarde.
IV
confesion a una línea de atención al cliente: estoy completamente atemorizado de que esta versión de mi sea lo mejor que puedo dar de mi.
-no da el tono-
V
cosas que me molestan si me pasan a mi, pero si las veo en fotos o películas me parecen estéticamente bellas:
- una bolsa de consorcio agujereada
- una copa rota
- una botella de vino rota en la cara de alguien (un agregado del ítem anterior)
- un baño público con el inodoro tapado, el agua marrón y los azulejos con números que me prometen felicidad
- cigarrillos apagados en el teclado de la computadora
- cigarrillos apagados en una copa de vino
- cigarrillos apagados en una copa de vino rota
- un cyber con una luz fluorescente que hace intermitencia
- una cabina telefónica con el cable del teléfono mordido
- flores en un vertedero municipal lleno de escombros (supongo que me parece que es la manifestación de la esperanza poética (o el fin de la misma) o que el amor es una mierda, pero en verdad creo que es una metáfora que se me escapa)
- un número de teléfono que diga algo así como 0-800-ayuda (porque jamás dan tono o jamás ayudan, detesto la falsa publicidad)
- una pila de platos sucios y rotos al borde de una pared
- no saber que querer (porque en general, esto plantea un viaje emocional que hace crecer a los personajes para encontrar una motivación y puede suscitar una inspiración para el espectador, pero en mi caso es como plantar una semilla en tierra muerta, porque al no saber que es lo que quiero, no sé bien que es lo que está pasando a mi alrededor y eso también le hace mal a las personas que frecuento y a veces me hace pensar el porqué de levantarme todas las mañanas y caminar entre la lluvia para ir a un lugar X, me hace pensar porqué hago lo que hago y no encuentro respuesta y por eso después paso horas mirando al techo, esperando que el mismo me hable o me caiga encima, pero nunca sucede ninguna de las dos y quedo con los ojos abiertos, llorando o no, parpadeando o no, porque es lo mismo, hasta dormirme o no y olvidarme o no de que es lo que estaba pensando ese día y distraerme en lo que me rodea como una acción superficial hasta que el mismo ciclo se repita y me encuentre escribiendo esto sabiendo que existe la posibilidad de que mañana esté mejor o no)
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