ven y ayúdame nena,
porque si no tendré que remontar este barrilete sin viento a cuesta,
y soplarlo por mi cuenta,
a volar lejos de mi;
ven ayúdame nena,
levantalo por mi;
arrójalo, ya,
lejos de ti,
y dejémoslo ir,
caminemos por el parque,
que ya naciendo está,
en unas horas morirá,
las almas en pugna con la vida,
vendrán aquí a vagar;
y si las vemos,
caeremos muertos,
como el viento,
que rompió la promesa que me hizo,
no remontará mi barrilete esta tarde,
a cuesta solo poseo la luz del sol,
quemándome,
vete ya nena,
el parque ya anochece,
pero me pienso quedar,
este barrilete no quedará sin remontar,
al viento,
le haré frente esta noche,
quizás, tropezaré,
ya muerto,
no vuelvas más nena,
no de nuevo,
que ya no habrá nada aquí,
que no detestes;
vete y vuela lejos nena,
que yo remontaré este barrilete sin viento a cuesta;
y soplaré, por mi cuenta,
llevándonos,
lejos del suelo,
vete ya del parque,
porque me quedaré para siempre,
pero ya no te veré,
ni tampoco me verás,
ya es hora nena,
es hora de zarpar,
adiós al cielo azul,
adiós al amarillo sol;
me iré ya lejos de aquí,
sin viento que me lleve,
a donde quiera ir,
pero a algún lado,
habré de parar,
ya no llores nena,
sécate ya;
porque si no de tus lágrimas nacerá la lluvia,
que me detendrá,
y caeré como la gota,
que besa tu frente,
y que se que tanto odias,
ahora déjame volar,
te dejaré ser;
un mañana me espera,
ya, me despido del ayer;
querida;
no le llores más a las páginas en blanco,
y no estrelles otra vez otro plato contra el suelo;
seca ya tus lágrimas y mira un rato al techo,
y piensa en lo que has hecho contigo esta noche,
y en que has hecho de esta noche para ti;
sé que no estoy cerca,
pero no creas que me alejo solo para no estar a tu lado,
solo es que ya no puedo oírte hablar,
bajo la cortina que crea tu llanto;
escondiéndote de mi,
y ahora,
un recuerdo, parece sentirse más próximo que la realidad,
volveré esta noche a casa,
cuando dormida ya te encuentres,
y nos encontraremos,
sin vernos los rostros,
bajo ésta sábana que nos protege del invierno,
y tápate bien del frío, y del viento,
que nos encontraremos por la tarde,
a salir a caminar,
y no quiero que nos enfermemos;
no quiero vernos en cama, otro mes entero,
conservemos éste julio,
ya que perdimos aquel enero;
y querida;
no le llores más a la almohada,
y no quiebres tus sueños otra vez,
para llenar la cama de ilusiones rotas;
seca ya tus lágrimas y mira un rato al techo,
y piensa, en lo que has hecho con ellas esta noche,
y en que has hecho de ellas para ti;
sécate ya esas lágrimas,
que pronto será mañana,
y tenemos que salir a caminar,
y no quiero que te enfermes;
querida;
vuelve a soñar,
y vuelve a llorarle a la almohada, si quieres,
pero mientras tengamos otro despertar;
por la mañana,
bajo el cálido manto de ésta sábana,
que nos protege del invierno,
y ahora duerme y abrígate querida,
porque mañana hará mucho frío, y mucho viento;
pequeñas manos,
resguardan un secreto,
celosamente,
en la oscuridad de su unión,
una semilla,
es tiernamente depositada en el suelo,
y escondida en él,
lo último que ella puede escuchar,
son pies desnudos,
corriendo,
alejándose,
y un pequeño jolgorio de un infante,
que se va,
y ella se queda ahí,
en el útero del mundo,
tímidamente brota desde la tierra,
gracias al llanto de muchas nubes;
que sin saber,
le ayudaron a ver la luz,
y ayudaron a la luz a ver por fin algo con vida;
y los días;
son espectadores,
como su tallo se vuelve alto,
y como su corteza comienza a nacer,
empezando a crecer,
con el sueño de tocar el sol,
sin temor a quemarse,
aflora un árbol,
cuyas ramas;
como venas en un ser humano,
se bifurcan,
tal así como los pequeños canales;
desembocan en un gran río,
tal así como este gran río,
desemboca en un mar aún mas grande,
tal así como este mar,
desemboca en un océano eterno;
tal así,
las ramas;
los pequeños e infinitos brazos de madera frágil,
que buscan solo un rayo,
que ansían hallar un diminuto haz de la luz del sol;
desembocan en la copa de éste árbol,
para que se pueda ver por fin,
completo,
y así será;
como éste árbol;
ya completo,
desembocará en otro árbol,
que desembocarán en otros más,
y que todos juntos,
desembocarán en un bosque,
en aquel bosque;
que descubrirás,
siendo niña,
donde tus pequeños pies,
besarán la tierra por primera vez;
en aquel bosque;
dónde pasarás tus tardes,
en aquel bosque donde crecerás,
donde quebrarás un poco de pasto,
solo para hacerlo llover sobre tu rostro,
iluminado por el sol,
donde las plantas, los animales;
te verán crecer,
y donde, vos crecerás con ellos,
en aquel bosque,
donde dejarás de ser alguien ajeno a él,
donde serás parte del bosque,
serás las plantas,
serás los árboles,
serás los animales,
serás naturaleza,
serás bondad,
serás un árbol, con un poco más de libertad,
tendrás tus raíces,
pero no estarán en la tierra,
estarán en tu mente,
atadas a este lugar,
dándote aquella libertad,
por la que estos árboles,
estás plantas,
podrían soportar un invierno eterno,
pero no estarán celosos,
serás parte de ellos,
tu corteza será tu piel,
tus cabellos serán tus hojas,
serás naturaleza,
y serás hogar,
tal así,
que de tu mirada,
emergerá un brillo más potente que el sol,
y que desprenderá de ella, un calor abrigador,
pero que nunca quemará;
te alimentarás,
de la eternidad de éste lugar,
y además de ser por siempre;
serás hogar,
vida,
de tu seno nacerá,
como aquella ave,
que concebirás en tu espalda,
desgarrando tu piel,
que luego, segundos después sanará;
y como madre,
cuidarás de él,
hasta que este listo;
ya para volar,
lejos de su nido,
lejos de tu cuerpo,
pero como hogar, nunca te habrás de marchitar,
el ave,
tal así como todas las pequeñas formas de vida;
que de vos germinarán,
volverá;
dejando caer en su vuelo,
los cantos que el viento escribe para vos,
pero que tan tímido,
no los quiere cantar,
y los recogerás,
del frágil suelo, donde se encontrarán,
y lo invitarás,
a que sople tus cabellos,
mientras canta,
para vos,
y reirás;
junto a cada ser,
que por aquel bosque habrá de habitar,
y serás por siempre,
pero, hasta cuando es siempre?
de tus noches,
sueños rondarán,
por los rincones de las raíces;
que posees, atadas en esta tierra,
y tus pensamientos,
a otros lados las llevarán,
fuera de aquí,
y con ellas,
te irás?
no sueñes más;
"no sueñes mas",
resoplarán,
las criaturas de las que madre serás,
despertándote,
entre enredaderas,
que resguardarán tu piel de las noches;
porque el sol ya habrá salido para ese entonces,
y no habrá,
día que desperdiciar,
las verdes hojas,
tu cuerpo libre dejarán,
para esconderse en el suelo,
hasta que se avecine otra noche más,
amarás las días,
pero aquellas noches un poco más,
porque verás que su encanto,
te deslumbrará;
las estrellas, que como puntos blancos,
en el negro manto que vestirá el cielo, se muestran;
te despabilarán,
y te preguntarás,
que tan lejos estás de tocarlas;
de sentir su luz,
opacando a la tuya,
te preguntarás,
que te falta para ser una de ellas;
porque su luz,
tan resplandeciente,
se volverá algo indispensable,
para poder dormir,
y para poder apreciar,
a aquellas noches,
donde el silencio;
besa a cada vida,
para darles un presagio de la muerte,
junto con un sueño,
pero al ser la vida en el bosque,
te dará mas sueños por soñar;
y en el silencio, indudablemente, soñarás,
junto con todos los árboles,
animales,
plantas,
arbustos,
fantasearás sueños a color,
y en blanco y negro;
y,
despertarás tarde,
casi todos los días,
y algo extrañada;
por los sueños que solo eran,
nada más que,
sueños;
pero si algo habrás de saber,
es que,
si te atas a un sueño,
morirás,
porque te verás atrapada,
por siempre en el recuerdo,
de algo inexistente,
como fantasías de sal,
que solo se las lleva el agua,
de nuevo hacia el mar,
viviendo un instante,
como algo hermoso,
pero que irremediablemente se esfumará:
tal así que si te atas a ellas;
arrastrándote te llevarán,
para ahogarte,
en un mar,
cuya realidad,
es todo lo contrario de tus deseos nocturnos;
y aún toda tu vida,
no podrá con un mísero recuerdo irreal,
lo fantástico,
te podría matar,
obnubilándote;
para que quedes,
hipnotizada,
atada,
para que seas;
prisionera de tus propios anhelos;
aunque inexorable será,
que sigas tu vida,
de una forma tan apacible,
en la que nunca te veas tentada por algo más allá de lo que ves,
a todos;
nos lleva consigo,
un afán,
de un placer,
de una satisfacción,
de algo más,
pero bonhomía,
es lo que los sueños tendrán,
ya que no se verán tan tentadores,
solo para no tener que llevarte con ellos;
ya que saben que sos la vida,
de ese lugar,
y sin vos,
nadie ahí, habrá de soñar;
y así quedarás,
en el bosque,
dónde solo envejecerá tu piel;
y tus cabellos,
tu mirada permanecerá, casi tan brillante como el sol,
y seguirás siendo madre,
serás por siempre vida;
las aves cantarán para ti,
y te alimentará la eternidad,
de los árboles,
del bosque,
pero sé,
sé muy bien,
que no te contentarás solo con eso,
y soñarás,
algo muy bien planeado,
para que te pueda llevar lejos;
y sé que desearás,
y sé que con ese afán;
te desvanecerás,
físicamente,
del bosque,
dejando a cada pequeño ser,
valerse por si mismo,
ya que los sueños,
podrán más,
que tu realidad,
pedirás que cuando desaparezca físicamente,
ya que al envejecer solo de piel;
te encogerás,
ganando el tamaño de un conejo,
luego de un ave,
luego de un grillo,
y antes de esfumarte,
serás una pequeña hormiga,
y luego nada,
tu eternidad se encontrará en esa nada,
en tu nada,
en la nada que serás,
y de nada servirá,
pero sé que desearás,
que cuando la vida del bosque se termine,
vuelva a nacer,
y vos,
en forma de semilla,
serás el primer árbol;
que nazca,
en ésta fértil tierra;
y otra forma física,
tomará tu espíritu,
que al brotar de la semilla,
junto a aquella forma física,
se fusionará,
y serás,
inmortal,
alimentándote,
de aquella eternidad,
que este bosque, para ti guardará;
y que por siempre agradecerá,
el hecho que te hayas sacrificado,
para darle la vida eterna,
cayendo ante un sueño,
que no fue producto de un mero beso del silencio nocturno,
si no de la imaginación;
que iba más allá de la noche,
más allá de los ojos cerrados;
producto de la imaginación,
de tus raíces;
que se afianzaron,
a la tierra de este bosque;
eternamente;
pero ¿y que quedará;
de esa quietud,
que sabrá rondar,
por la tierra en donde el bosque sabía estar?
tal vez sea solo el silencio,
haciendo callar al viento,
porque el sol sin árboles que iluminar,
no se anima a salir,
y no lo hará,
hasta unos días más.
"y oigo,
que ya ríes,
porque mis palabras no son nada para ti,
así que ve,
te regalo esta semilla,
pequeña hija mía,
guárdala en tus manos,
y plántala;
juega un poco más,
ya que,
pronto aquí,
otro bosque nacerá,"
ven un poco más acá,
pequeña hija del alba,
salta de tu horizonte,
cuidadosamente hacia un mañana,
donde podamos encontrarnos;
porque la verdad es que hace tanto no te veo,
hace mucho no nos vemos,
y sé que quizás, juntos, lo hayamos visto todo;
pero todo es muy poco a veces,
sabes? y aún tenemos un mar que salir a ver;
la noche no termina,
hasta que el sol vuelva a nacer;
y te arrastre, llevándote con él;
hasta que esta noche se convierta en nuestro ayer;
y te alejes,
para nacer otra mañana;
donde espero,
podamos encontrarnos,
ya que hace tanto no te veo,
y tal vez, juntos, ya lo hayamos visto todo;
pero todo es muy poco a veces,
sabes? y aún me falta nacer una mañana;
la noche no termina,
hasta que nos quedemos, dormidos en el alba,
y ésta, nos arrastre hasta el ocaso,
donde yo bajaré,
de nuevo hacia la tierra,
quedándome cerca del horizonte,
para despertar junto a tu lado en la mañana,
en la cálida,
tan cálida luz de tu alba;
el instinto nubla tu pensar,
viajará mi voz,
un poco mas allá de lo que puedas escuchar;
en un perpetuo eco quedará,
que reverberará en tu pared,
y se escapará por tu ventana;
para que pueda ser escuchada,
por alguien más;
y mis manos, temblorosas;
guardan en ellas,
una hoja en blanco y un lápiz negro,
porque intentaron dibujarte;
pero no pudieron recordar tu rostro,
y mis ojos, cansados;
guardan celosamente,
una escena que quedará por siempre grabada en ellos;
veían aquellas cortinas rojas que escondían,
una ventana rota;
mientras en su tela, guardaban suavemente los soplos que advertían que el viento quería hacerse presente,
enfriándose;
como el té, que horas antes estaba caliente,
y para ese entonces era solo un charco frío,
besando el suelo;
y tus ojos,
que ya habían sido despojados de mirada alguna;
apoyándote,
en las rejas de un balcón,
que impedía que mires la calle mas de cerca;
cerca tal vez, lejos por siempre no;
lejano,
lejanía;
lejana, te veías,
siempre, ya;
tu instinto nublaba tu pensar;
mi voz viajó,
y se estrelló en los oídos,
de alguien que la quería escuchar;
el eco se había ido,
pero volví,
y nació;
mis manos temblorosas,
aun no te pueden dibujar,
porque aunque te vea,
no puedo recordar tu rostro,
y aunque te dibujara, no tendrías ojos,
ya no veo ninguna mirada,
ya no veo a nadie ahí,
y la hoja permanecerá en blanco;
destiñéndose,
junto al lápiz, cuya mina, desaparecerá;
tu instinto,
siempre nubla tu pensar;
¿que será de los días,
cuando ya no se sanen a si mismos?
cuando las nubes se muevan con indiferencia,
cuando de igual si el sol aparece;
¿que seremos nosotros, coexistiendo, bajo días enfermos?
bajo días heridos,
bajo días maltrechos, decaídos,
bajo días que no son más que días;
no seremos nada,
y ellos tampoco,
solo las horas que marcan el reloj nos van a hacer sentir algo,
pero ni siquiera la sensación de que seguimos vivos,
nos van a hacer sentir,
que el tiempo pasa,
y que con él, pasamos nosotros;
huyendo del presente, hacia un futuro incierto;
la ambigüedad,
será quien acompañe;
a los días que padecientes de dolor,
esperan a la noche,
para morir;
y que con fervor aguardan,
que la noche se haga eterna,
y mientras el oscuro velo reine,
nuestra indiferencia se posará cada noche,
bajo la fría sombra que la luna proyectará,
en un viejo farol,
pendiente,
de nosotros,
mientras nosotros,
pendientes de nada,
recostaremos nuestras cabezas en una almohada,
que se sentirá más dura que el colchón mismo;
a pensar,
o al menos a dejar la mente en blanco,
mientras observamos el techo,
y no sentimos nada;
no sentiremos nada,
porque,
sentimos lo que somos;
y para ese entonces;
no seremos nada,
pero ¿qué harán los días, cuando no tengan ganas de amanecer?
¿qué haremos nosotros, cuando al caminar, solamente veamos baldosas quebradas por árboles mal plantados?
¿qué será de los días,
cuando ya no se sanen a si mismos?
cuando todos, y cada uno de ellos,
sienta pena por si mismo, y los otros sientan lo mismo de ellos, y no puedan consolarlo, como tampoco puedan consolarse entre sí?
cuando las nubes se junten, y la tempestad se encuentre a un rayo de ser desatada,
y tanto los días como nosotros, deseemos eso más que nada?
¿que será de los días, cuando ya no se sanen a si mismos?
¿y que será de vos, cuando los días ya no te sanen?
delimita con tu mirada;
el trayecto de los pasos,
que tan incansablemente, caminó la nada,
ve como a lo lejos,
un navío se escapa del muelle que lo vio nacer;
siente, como nada es para siempre,
como tampoco, la nada lo es,
porque el arduo trabajo que ella se tomó;
será olvidado por el viento,
será llevado a otro lugar,
permanecerá, como un recuerdo,
en vos,
siente, como el navío huye,
desesperadamente, mar allá,
báñate en las olas que deja,
explora, las cicatrices, que deja en el agua,
y ve al fondo del océano, un poco más,
a ver si la barca olvidó su ancla,
con el afán de zarpar,
y nunca dejar de navegar;
observa, como los marineros comentan su partida,
como las viejas maderas del muelle,
crujen,
como casi, puede sentirse su putrefacción;
admira los colores grises,
que crean contraste con el azul, casi violeta, del mar;
y pregúntate,
¿que habrá más allá?
el viento lo mueve todo,
el viento todo lo hace olvidar;
si no sería por tu cabello,
el viento habría de borrar tus memorias;
pero no hay de que temer,
las bruscas brisas del aire, no vienen malintencionadas,
nunca lo hacen,
solo buscan un refugio,
en un lugar un poco menos hostil,
en esta playa,
donde solo yace el olvido,
donde decae el recuerdo,
y el presente parece no existir,
segundos que se disfrazan de eternidades,
un lugar que el sol parece haber olvidado,
hace ya tiempo atrás,
pero no hay de que temer,
recuesta tus cabellos en la arena,
y cierra ya esos ojos, que tan cansados están de mirar,
siente las olas que atraen sal a la tan amarga costa,
donde te encuentras;
escucha, como personas caminan paso tras paso detrás de ti,
sé que como yo, puedes sentirlos caminar con las cabezas mirando la arena,
por más de que no puedas verlos,
sé que como yo, preferís recordar,
sé que como yo, por desgracia, no sabes que;
sé que hasta que duermas,
tendrás en tu cabeza,
la imagen del navío, besando el horizonte,
mientras tus pies, besaban la arena en la cual ahora te encontras rescostada,
lo sé,
lo sabes,
y sé que tu memoria se irá desprendiendo de tu ser,
sé que podrás sentir como si pudieses agarrar un recuerdo en tus manos,
en tus tan delicadas manos,
y hacer lo que quieras con él,
desvirtuarlo,
crear algo totalmente nuevo de él,
y al depositarlo otra vez en algún rincón de tu mente,
no lo sabrías,
pero si lo transformaste en algo bueno,
que seguro lo harás,
dibujarás una sonrisa,
que a decir verdad, es algo extraño por acá,
y al tener ese poder,
transformarás todo lo que solías recordar,
sonreirás,
pero ya no serás,
tu piel se caerá,
pero al tener tus ojos tan plácidamente cerrados,
no lo notaras,
te esfumarás,
ya no serás vos,
no serás algo visible,
no serás otra piel que pueda darme calor en invierno,
serás viento,
serás una brisa,
serás un huracán,
serás vos, pero en otra forma,
y notarás, al abrir tus ojos, que estos ya no están,
pero podrás ver de todos modos,
y verás tus ropas, tus cabellos, tendidos en la arena,
sin dueño,
no recordarás quien solías ser,
pero tendrás una extraña sensación de que eso te pertenece,
y buscarás refugio,
merodeando por los paisajes de aquella playa,
y llevarás tus ropas contigo,
para que dejen de ser;
solo estropajos tendidos en la playa,
para que puedas,
ser olvidada,
por vos misma;
y soplar, mar allá,
en busca de aquel navío,
que nunca,
nunca podrás olvidar;
en busca del horizonte,
siempre,
mar allá.
aquellas letras,
que son concebidas en papel;
crean poco a poco,
una contradicción,
que impugna tus palabras,
haciendo caer cascadas de temor;
que se resbalan de tu piel,
pero una vez que hayas esquivado aquel percance;
tu respiración se dará el lujo de respirarse,
pero no por mucho tiempo ella podrá,
el temor estará siempre presente,
ahí,
esperando el momento indicado
para atacar,
con una antítesis de aquello que espera que alegarás,
haciendo así,
desaparecer cada gramo de felicidad,
y así, temblorosa,
tu mano escribirá,
danzando con las letras,
que trazo tras trazo se habrán de deformar,
resbalando tinta de la hoja,
derramándose en el suelo;
y tu rostro,
se decae, ya, muerto de pena,
gotas, provenientes de una lluvia,
de la pesadumbre de tus ojos,
deja morir sola a la luz,
la culpa vuelve a besar tu piel,
aquellas sensaciones, nacen de nuevo,
tu piel se eriza,
tu llanto se seca,
dejas que tus sentimientos se apropien de tu cabeza,
hasta llegar a un punto
en cual simplemente se va,
y la perdes,
pero deja allí, simplemente, restos de vos,
o de aquello que simulabas ser,
una laguna,
contaminada de dolor,
es donde quizás, vayas a nadar,
llevando contigo ese papel,
con las letras que concebiste,
que poco a poco,
emanaron la contradicción,
que con la verdad que contenía,
terminó,
por destruirte,
y en la auto-destrucción,
te llevas con vos,
aquel pedazo de papel,
que nadie más escribió,
solo vos,
siempre,
vos.
(Escrito con Sol Lauri)
tan intrépida tu barca se muestra;
con ella navega,
un poco mas allá;
tus ojos se visten de cielo,
sin ellos no veo,
caigo en un vacío tan negro,
que pido que pongas tus manos,
en tus ojos y;
no veas mas
y tal vez tu voz me dirá palabras
que yo ya no entenderé,
pero tal vez si las pienso;
te pueda responder,
olvida,
extiende tu mano,
una mirada nace de tu parpadeo,
en un vacío tan negro,
que la escondes entre tus manos,
para evitar ver tus propios ojos,
porque ciega tal vez quedarías,
porque tan hermosos,
se apagan a si mismos,
y los soles ya brillan,
al decaer las nubes de aquella lluvia sobre tu sonrisa,
y el viento soplara,
mis ojos estarán aquí,
esperando a tu mirada mas allá,
y esperando;
zarpo en una balsa,
hecha con sueños,
sobre un mar de ilusión,
una grulla se hunde en el agua,
y tu voz se calla, para dejar a tus dedos hablar,
que suavemente recogerán aquella grulla del fondo del mar;
para regalársela a la balsa,
para que se convierta en un sueño mas;
sediento el mar,
busca desesperadamente agua que no este cubierta de sal,
y le susurra al sol;
que por la tierra no trate de hacerlo;
que el ya busco,
en dos se habia quebrado,
y su agua cayo,
en una cicatriz rocosa;
volviendose ya,
una cascada interminable,
y para ese entonces el mar,
ya habia dejado de ser;
la sal ya se fue,
pero la sed persiste,
en el aire,
donde el mar habia dejado grabadas sus olas;
para que alguien mas,
como vos y yo las oiga,
sin saber cuando,
pero en algun momento,
la playa no es,
mas que un desierto;
la arena fina baña mis pies,
por la noche siento,
que ya no volvera;
aquel pedazo de oceano,
que se hacia llamar mar,
y en donde nadare?
la noche ahoga,
pero aun respiro;
y lentamente una gota cae,
rompiendo el piso;
el mar ya se fue,
pero yo sigo, aca,
pero el sol tambien se va,
se canso de que nadie le quiera hablar;
y viajara su luz;
hacia aquella grieta,
volviendo una nube al mar,
mis pies sienten el diluvio,
pero ya no tiene sed,
el desierto se borra,
junto a la arena que bañaba mis pies;
ahora solo recuerdo,
y en la lluvia senti volver,
al mar;
esparcido por doquier,
siento que;
aun me falta nadar en el
tal vez algún día podre mirar;
como las luces que iluminaron algun ayer;
se vuelven a apagar,
tal vez, ante mis ojos;
su timidez sea olvidada por la situación;
tal vez mis ojos parpadearan,
cada vez que estas titilen,
asi siempre que despierten,
estaran iluminandos,
asi nunca se apagaran,
y cuando llegue el momento en cual lo hagan para siempre,
tal vez mis ojos tambien lo hagan;
y cuando eso pase,
mis manos dejaran una flor,
a punto de marchitar;
junto a mis pestañas,
pero siempre brillando el esplendor,
que antes tuvo esa flor,
y mi sangre detendra su marcha;
solo para observar mi mirada,
ya tan desfallecida;
muerta de pena,
asustada de la oscuridad;
mientras petalos son olvidados en el viento sobre mis ojos,
que solo ven,
a mis viejos parpados cerrados;
atemorizados;
por la mera idea de no ver un haz de luz;
quizás,
ya las bombillas hayan estallado,
tiempo antes de que mis ojos lo supieran,
y un reflejo,
era lo que deslumbraba la habitacion,
siendo mi mirada tan ingenua,
confundiendo la luz,
con aquello que le traia vastigios de un ayer,
alejado de la oscuridad,
pero un reflejo del ayer;
nunca se asemejara,
a la verdad,
que tan celosamente;
esconde el mañana
quizás oí tu nombre,
bajo el sol de una cancion,
parpadeando al son de la melodía,
que esta cantaba para mi;
y mientras ella entonaba,
los arboles bailaban,
alejando sus hojas,
para que se vayan mas allá con tu canción;
que siempre volvía a repetirse,
y cada vez que lo hacia podía escuchar tu nombre,
bajo el sol de esa cancion,
donde las nubes no llegaban nunca a ponerse,
sobre ella,
y aunque se encuentre ya tan gastada,
aunque se encuentre ya tan cansada de tanto hacerse oír,
aun puedo escuchar tu nombre,
en los susurros que aquella vieja melodia sabe entonar,
en los momentos en la que mi mente,
sencillamente quiere volverla a escuchar