ahora mismo, un recóndito presagio,
es acribillado por centenares de rifleros,
con el arma martillada al hombro que responden solo
a la orden del presente.
los gajos de óxido antiguo
yacen desparramados, junto a los cadáveres de los proyectiles
sus verdugos
con las pupilas bien atentas
el hoy sonríe,
se vuelve mueca,
y espera en una no-espera, su turno
para morir en nombre del ayer
volviéndose gesto petrificador de esperas
y retrocediendo, en orden para no divergir,
el futuro no es necesariamente hacia adelante;
ahora, si los pasados desprendiesen las costillas,
una por una:
-se muere
y si se muere
se es cadáver,
y si se es cadáver
se pudre-
no hay eufemismos tras la muerte,
solo hay la idea un aforismo: la prolongación del recuerdo poético
ese diamante con alas
que atraviesa mentes inconclusas
y que escapa hasta los sarcófagos más lujosos
que se esconden en el estómago del planeta
y es tan etérea
y aún más arisca
que todos aquellos granos de arena
que deslizan por la cintura de los relojes
cronometrando la duración de la carne
y despidiéndola
sobre el mármol de una lápida
con epitafios de trazos gruesos
y gramos de sentimentalismo
pero jamás yacerá inscrito
lo poético,
puesto que lo poético no es un tiempo en sí,
es la eternidad a la que atinamos,
y fallamos
en consecuente mortalidad,
Escrito con Felix
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