se borran mis palabras de tanto pronunciar,
(es que tanto te nombra el indicio de mi voz agonizante y no apareces)
es ahora vacío, aquel lugar donde
se han murmurado prolongaciones de la pena,
(nada suena)
solo haciendo eco, retoza la nostalgia de lo que no fui, ni dije.
y a pesar de que he llegado a estallar en centenares de ocasiones
ninguna vez, realmente sentí,
solo concreto roto en mi delicadeza,
solo sangre pintándome:
óleo sobre destrucción.
ya bien, no pretendo personificarme en una clemencia, en un pedido de auxilio, ni nada menos,
(más bien, no soy ni grito, ni cofrade de la desesperación)
soy solo anhelo de permanencia
solo un deseo de mi voz;
¿y donde estás vos a todo esto?
tu espacialidad no ha sido resuelta aún, por mí, al menos,
pero me atrevo a exhortarte a un origen, de todos modos:
ahí donde pertenecemos,
en la soledad de las planicies
(en) mi garganta, cual llanura
que reza (y habla, o al menos lo intenta) por vos,
invitándote
para murmurarte
para prolongarte y prolongar así mi pena
por no poder tenerte realmente, salvo la idea de hacerlo
[...]
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