lunes, 18 de marzo de 2019
avanzar con precaución: entrada y salida de camiones a cincuenta metros
junto a mi pecho, llevo siempre conmigo una estampita de edward hopper,
summertime interior. 1909.
reclusión por voluntad propia,
las sábanas como única protección ante la mugre que dejé en el suelo,
mi pie con una quemadura de tercer grado por tocar el sol entrando por la ventana
mi cabeza escondiéndose de vergüenza
y la ducha que está perdiendo (otra vez.)
le doy la espalda a la puerta,
me veo en el espejo.
arriba de mi rostro,
un cuervo hace su nido entre el cielo raso y los hongos de humedad
no hacemos contacto visual,
somos indiferentes ante la presencia del otro
mutualismos de segregación,
concubinatos de desinterés.
ayer,
se me cortó la luz justo antes de terminar la que iba a ser la próxima gran novela latinoamericana,
ahora solo tengo que conformarme con una serie de poemas mediocres que nadie va a leer, pero que grito en cada callejón deshabitado que encuentro a modo de consuelo.
ahora estoy lejos,
y aunque sé caminar para volver
no estoy seguro de poder hacerlo.
sé caminar también, hacia donde nunca pasa nada.
pero tampoco estoy seguro de poder hacerlo.
porque después de nosotros,
no sé que quedará.
habitaciones de aire fino,
que contienen respiraciones ajenas
dejan entrever un aire helado que recorre los hematomas de mis brazos,
el estrés en mis nervios
la promesa fallida de un mañana mejor.
desvío a cuatrocientos metros
dormir con el auto atravesado en la banquina
airbags de nylon; contaminación inminente.
los ojos hirviendo,
la alarma de incendios despertando a mis vecinos
la extinción del uso del sistema de monitoreo para reforzar la seguridad del edificio.
aves nocturnas se posan en la barra de un café abierto las veinticuatro horas,
los nidos huecos
las ramas secas incitan las hogueras,
la culminación de todo lo que supimos tener.
ensamblaje de las piezas que fueron desechadas,
el reciclaje de los espíritus.
cavar una fosa y enterrarse//
mis pies acarician las lluvias refugiadas en la tierra hace mas de dos meses,
me cuesta tanto
adueñarme de mi propia voz.
¿qué siguen haciendo acá?
el poema ya terminó.
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