jueves, 14 de marzo de 2019

fallo por el incumplimiento de las resoluciones de año nuevo de la última década

tocar el techo antes de que caiga sobre nuestra cabeza
     colgarse de alguna de las tantas cuotas de la luz sin pagar 

  y arrojarse hacia un vacío incierto

para revivir una infancia glitcheada en ratio 4:3 
                      cintas destruidas de olvido.

la capitalización de recuerdos, lineas de ensamble de pose y destrucción
    fabricación en serie de traumas que repercutirán en el desarrollo de la adolescencia y adultez.

de tener a algún ser querido que realmente les importe, ahorcar el dedo gordo del pie con un segundo intento,
   si falla de nuevo,
bajar
gritar el odio bajo el agua del inodoro, tirar la cadena, no limpiarse la cara.

subirse a un escenario
    y rechazar el slam por sobre todas las cosas,

 recordando que intentar criticar poéticamente y performáticamente un listado de cosas cotidianas
no nos hace ni críticos, ni poetas, ni performers

mejor usar el micrófono de rifle, abrir la boca para disparar

poesía monologuista de corte neo-noir, wannabe
       esa que ls intelectualoides aman,

esa que reverbera solo en los rincones de un cuchitril de mala muerte y rebota
 en pocillos de café sobre dos mesas vacías en cuyos bordes resuenan labios débiles
tartamudeantes

que replican la primera vez que leí en voz alta.

no, por favor, muchas gracias.

la falta de aplausos es una marca de autor.

mis memorias recopiladas en una antología sms, un capricho

 lectura polifónica
y módems dial-up
 que gritan interferencias a mi oído

diálogos de telenovelas olvidadas como tono de espera

recepción clausurada,
 no hay reembolso que permita disfrutar la estadía de ninguna parte.

la imposibilidad de ofrecer mi corazón on-line / desconexióninminente
  
  darme cuenta que
  no puedo ofrecerme a otros mientras me están arrancando los ojos

que no puedo ver televisión
mientras a mis manos dormidas les están clavando agujas para reanimar el pulso.

temblando,
demasiado 
frío

 como, 
 ruido blanco
  disfrazado como una horda de gusanos comiéndome desde adentro

  escupiendo con desidia aquello que no puedo soportar.

la divinidad,
 pudriéndose

las moscas de la fruta me acechan constantemente
   formando una aureola negra y húmeda cada vez que me quedo quieto.

el éxodo de los caserones antiguos
  la basura amontonándose entre las grietas de las veredas
    mi boca atiborrándose de palabrerío absurdo.

 los árboles que extienden sus raíces al cielo intentando respirar
ese aire que huele a quirófano

   suturación manual de los ojos contra mi voluntad,

un manual de cirugía moderna para la separación de residuos.

 la trituración de mis dedos para olvidar del dolor que significa el tacto
  el piletón ahogándose de mugre y agonía

el agua contaminada que quema bajo las uñas, ahí donde no puedo rasgar

 donde no puedo aferrarme para evitar volver a ver caer
mis lágrimas,
rotuladas con discreción

burocratizar la miseria para mejores resultados
   
 la eterna búsqueda de la eficiencia,
los call-centers como iglesia del último milenio.

túnicas negras
  de impronta velatoria

  la exhibición de los maniquíes más hermosos. 

la cera más fina que incendia el depósito más escondido de la ciudad,
el sacrificio de las tradiciones más sagradas.

 -tecnócratas pregonan el advenimiento de una época más sencilla-

cyberia, la meca del principio del siglo xxi

 la recolección funesta de nuestros mayores fracasos
nos. la comparsa líder de un desfile donde portamos el orgullo de haber tomado decisiones que nos arrastraron a este presente.

la celebración de un futuro condenado al declive.

evitamos mirar el cielo para no sentir el peso de los demás sobre nuestras cabezas,
 la mandíbula enterrada en la mugre de nuestra bañera

el cultivo de hongos para propósitos aún desconocidos.

afuera, un árbol está floreciendo por primera vez.
   adentro, nuestros sueños desaparecen en el fade-out de una canción que repetimos hasta el hartazgo.

 la delicadeza de seguir en pie.

el tratamiento por electroshock, las aspiraciones de alta tensión
     y el mantel mal puesto sobre una mesa con un plato a medio comer.

la comunicación entre el desastre
   el desagüe, las cañerías contaminando mares, 
   las gargantas de los abatidos.

perdurar, 
como última línea de defensa ante la poesía maldita, la infancia interrumpida, el presente malogrado

  y los presagios de una vida extinguiéndose lentamente como llama,

esperamos respirar sea lo que termine por mantener los fuegos vivos
            el tiempo suficiente hasta que podamos encontrar otra solución    

    

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