lunes, 18 de marzo de 2019

las consecuencias de una exposición prolongada a la sensibilidad que llevamos dentro

I

interrogatorio matutino
  las manos rasguñadas de nuevo por los malos sueños,

el rostro por debajo del nivel del mar.

afuera, 
   un malestar colectivo
adentro,
  una molestia unipersonal.

acechan las ansías por ambas partes de interrumpir la presente mañana y considerar nuevas alternativas.

no hay política de bienestar que sepa ahuyentar el bajo instinto de quebrarse la cabeza contra la pared,
  recoger los pequeños huesos desparramados con pincitas de depilar

    y comenzar el día.

II

recuerdo el té
 servido en bandejitas de plata

los sorbos por pura cortesía y el calor esfumándose.

los silencios que solo traían dolor mientras más se prolongaban.

la noche caía sobre nuestras espaldas 
   y era nuestro deber cargar a cuestas con ella.

dibujábamos siluetas en los árboles petrificados cuando todos dormían.

estábamos en el techo del mundo
     y solo sabíamos mirar hacia abajo.

III

poema mal pegado: "v"

IV

preparo las barricadas para cuando caiga el período de hambruna
   y tenga que raspar los platos con los incisivos buscando las migajas que guarde para el invierno.

neo-paroxismo de histeria colectiva.

restos de ciudades fantasmas 
   sin cementerio que los contengan.

catálogos de electrodomésticos fuera de circulación asientan la piedra angular
  de hogares transitorios.

localidades agotadas.

no hay consideración por el mañana.

V

romances sintéticos,
    contra-erotismo autómata, 

   recreación constante de la idea de lo que creemos fue sentir alguna vez.

labios sin sangre besan pómulos helados
   los ojos no parpadean ante la revelación de un corazón verdadero

 válvulas a presión, arterias de plástico refinado.

lo conmovedor de una línea de ensamblaje. 

VI

un verano en el galpón a más de cuarenta grados centígrados,
                la humedad respirándome de lleno en la cara

las ratas hirviendo en el termotanque 
          que oficia de olla a presión,

     mientras afuera ocurren cien incendios forestales en simultáneo.

corte total de agua.

  las gargantas desgarran sus cuerdas vocales tratando de regurgitar su saliva.

ya no me quedan palabras para disponer en un orden espacio-temporal,   
                   el recuerdo de que la adversidad siempre triunfa.

VII

mi testamento narrado en loop por el altoparlante de un supermercado
         cuyos anaqueles y góndolas están siendo masacrados por una multitud incesable.

  las filas son interminables, 
      las puertas automáticas decapitan a los incautos.

participan automáticamente por mi ataúd aquellas compras que superen los mil pesos.

saqueos masivos, 
 estado de sitio declarado
  disturbios en la sala velatoria puesto nadie reclama mi cuerpo.

el alumbrado público se apaga por fusibles quemados,

    luto involuntario,
       la ciudad muere en silencio.

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