cuando fui niño,
me quede solo en casa mientras dormía.
yo solo reconocía las infancias de la noche
comer entre velas de cera colorida
y dormir entre sábanas negras que apretaban mi cuello.
ese día
el viento quebró un árbol que cayó muerto junto a mi almohada.
quebró mi sueño.
lloré, velando los nombres que forjé por decenas de noches
pero todo estaba oscuro
y mi voz no podía advertir que nadie la escuchaba.
vi a la madrugada frente a frente
conocí la inmensidad,
al mismo tiempo que definí mi pequeñez
quise tragar el miedo, pero solo aprendí a vomitarlo y a ocultarlo bajo una alfombra vieja
pulverizando lavandas artificiales encima para que nadie pudiera enterarse.
era todo frío,
a pesar de que el invierno no había llegado.
las camas de mármol esperaban por la sepulturera para recibir las buenas noches
de una vez por todas.
recuerdo dormir ante la puerta como perro asustado,
contando las luces en el cielo, poniendoles nombres, para no caer ante lo que me rodeaba.
abrazaba la primera luz del día como un milagro,
comenzaba a percibir lo verde de mi patio
el viento comenzaba a detenerse.
hoy, en cambio
la mañana comienza a nacer a mis espaldas
ante mi falta de interés.
a lo largo de los años, comprendí que las mañanas no suenan como música de los años cincuenta.
las mañanas se traducen en la dificultad de nadar a contramarea.
quedarse en el mismo lugar
por las noches,
abrazarse de nostalgia por futuros que hemos perdido
y que jamás íbamos a tener, de todas formas.
soñando vendar la televisión de tubo,
para así apuñalar al tomacorriente
recordando el dolor de dormir a oscuras por primera vez.
hoy espero que una tormenta caiga sobre mi,
como todos los días.
para refugiarme bajo mi cama,
porque hoy tal como ayer, no hay nadie conmigo
nadie que escuche mi voz, nadie que recuerde los nombres que grito para que no sean olvidados.
la imprudencia de soñar en blanco y negro
sin personajes, sin uno mismo, sin locaciones o sensaciones.
solo una señal y un pitido monotonal que manda electricidad a mis terminaciones nerviosas de tanto en tanto
para recordarme a mi mismo que sigo vivo.
las distancias entre la niebla nos privan de la luz,
¿como aprender a respirar entre la tristeza?
¿como terminar todo si no es con una pregunta?
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