casi veintiún pasos en la dirección equivocada,
a medio camino de ninguna parte
sé que todas las cosas van a morir en algún momento.
pero mientras tanto
espero
con
mi número en mano
y mi espalda deformándose en un asiento de plástico erosionado,
por recordar
la última vez que nos fuimos de casa.
la noche,
en la que el río acercaba una embarcación vacía a una playa desierta y
las bolsas de consorcio llenas de plegarias
se hundían en la cuna donde dormí por primera vez.
ahora
resumiendo
estoy parado en medio de la nada,
la comida es buena,
el frío me obliga a usar una bufanda todo el tiempo
y fumar sin tener ganas de hacerlo es mi hobby preferido,
además de ver como mueren las luces
y escuchar
poesías relatadas por inteligencias artificiales.
ver como la dinámica de lo improbable
se vuelve realidad cuando estoy durmiendo en un colchon plastificado:
¿que puedo hacer con los sueños en el pasillo de limpieza?
no hay disculpas suficientes que puedan ser gritadas por el intercomunicador.
otra vena quemada,
otro sueño roto
todo se está dirigiendo al lugar donde sé que va a terminar,
la abstinencia por discontinuación
parece ser verdad.
dibujar con las hojas secas es solo una pérdida de tiempo por la estación.
mi brazo ya no sirve para señalar el camino correcto
no me gustan los números pares, así que sé que tengo que hacerlo de nuevo en el futuro.
el espíritu de la hospitalidad,
la perseverancia en los servicios.
el plato vacío,
viendo
como nadie se posa detrás suyo,
mientras todos sus hermanos llenan un propósito.
la comida está caliente, esperando el invierno.
las sobras serán luto.
I
recordatorio:
no sé van a acabar los discursos de fe
el tren va a seguir saltándose estaciones
las bolsas de las compras de la semana pasada ofician de ventanas, otra vez
el cielo va a terminar de quebrarnos.
II
el motor de mi heladera resuena en mi pecho hueco
nada amortigua la falla inminente, el agua se escapa por abajo de mis próximas cenas
abro la puerta descalzo y aun no pasa nada.
III
cuanto tiempo hablando
de cuanto tiempo nos faltaba
libre interpretación de la carencia, el deseo
inmutable.
IV
la llama quemándome las pestañas
la yema como callo
un mecanismo exhausto de tanto uso
la llaga ardiendo
mi garganta dibuja arcos de vómito como los años de los árboles.
V
las malas primeras impresiones,
las pésimas presentaciones, una y otra vez hasta que el último foco se queme,
aguardar en la tarima desfondada
por un telón de seda que caiga
y
corte.
VI
la réplica de una fracción de mi cuerpo escondiéndose entre la unión de dos paredes sin nada que las sostenga
la promesa de encontrarme en un lugar donde no voy a estar.
la recopilación de todas las conclusiones que dejé por la mitad.
hacer memoria de la pérdida
¿cómo vender un espejo manchado con mi silueta?
VII
restauración de piezas históricas por docena,
el óxido en los remaches
la cruz de cristo necesita un barnizado,
atar la(s) creencia(s) con alambre y esperar que nadie cruce al otro lado.
mi arma es solo para espantar a los incautos
gatillar solo dispara la atención del ecolocalizador de los murciélagos.
VIII
hiedra
abraza,
ahuyenta
brota en y de mi piel
y como todo, nace muerto.
IX
poema totalmente pretencioso y sin completar (mutualismo):
las irregularidades en los ________
los protagonismos entre las _________
___ incapacidad de no caer en ________
___________________
_______________
_________ y el retrato de ________
las leyendas,
las pérdidas
y _____________.
X
la nafta sobre los cuerpos de mis días pasados,
una bandada malograda de pájaros sin nido sobre una línea de alto voltaje,
los picos entre el parabrisas que ignora una ruta totalmente bacheada
los limpiavidrios hacen bailar a los pichones.
los topes como latidos irregulares
y la suspensión fallando.
alguien llora en el asiento de atrás,
el velocímetro se reinicia
mientras los vidrios se empañan de furia.
un cigarrillo hace un hueco en el mapa marcando nuestro destino.
nos pasamos nuestra salida.
XI
ceno mirando a la pared,
con un cuchillo tallo instrucciones en braile bajo la mesa
mi mano se clava una astilla bajo la uña,
comprende el mensaje
se aferra a su par ante un rumor de fuga.
las polillas pequeñas usan la piel reseca de mis labios como góndolas entre el aceite de las sobras.
mis dedos galopan sobre la mesa,
hundiendo aun más las huellas del deseo de que pase algo
(tumtumtum)
(tumtumtum)
(tumtumtum)
dejo la canilla corriendo antes de irme a dormir.
no quiero soñar más con los ningúnlados.
I
camino por los cincuenta y ocho metros cuadrados de mi casa,
decidido a encontrar un lugar que aun no haya sido descubierto.
me quito mis rodillas para no ofrecer mis reverencias a nadie,
grito de dolor para saber que aún estoy vivo.
no hago comentarios sobre la desilusión, puesto no tengo nada que decir.
afuera hace un lindo día,
bien podría aprovecharlo.
me ahogo con la almohada.
sueño con un lugar que es mío.
II
dentro de mi casa están anunciados bancos de niebla y una alta probabilidad de lluvia,
se recomienda precaución por la escasa visibilidad,
también se informa de una congestión de por los menos cuarenta minutos.
en mi tiempo libre
desenrosco las pantallas de las luces,
quemo mis ojos por la desnudez de los filamentos, pido disculpas
mientras tiro a la basura un genocidio de insectos guiados por la ambición.
hay aire de muerte.
ahí está de nuevo,
la falla en la conquista.
el disyuntor y su mal funcionamiento,
otra vez cayó la noche y yo no me di cuenta.
III
confecciono la parte inferior de un pijama
con los diarios que evitaban que mi techo no se hundiese
en mis caderas,
sobrepeso
un tiroteo que dejó decenas de muertos y nadie que pague el funeral,
una crónica de la enfermedad terminal de alguien que es más famoso que yo,
una destitución presidencial
y la tinta escurriéndose por mis piernas, manchando mis sábanas
como cuando era chico.
IV
si mi pecho
fuese
tablero de distribución y comando,
setearía mis emociones por default,
exhibiría mi corazón como colección de paranoia y óxido
y sentaría las bases para una frecuencia cardíaca de cincuenta y nueve pulsaciones por minuto.
si mi pecho
no fuese
de músculo, distancia y hueso,
un hueco
allá,
más allá de mi nombre
donde se esconde la ceguera de la ficción,
el dolor de una arteria tapada de veneno no penetraría tanto,
y la reiteración de todos nuestros nombres
no harían eco solo en mi memoria.
V
semanalmente riego un cactus que tiene jeringas descartables usadas por espinas
puesto que en el desierto no hay políticas de salud pública,
y en mi casa, menos.
tengo las manos de látex,
un barbijo descosido escondiendo mis labios resecos
y una sala esterilizada donde me siento a contemplar todo lo que salió mal estos últimos años.
veo como brota la primera flor,
el primer sol de la mañana la ilumina
se abren siete colillas de cigarrillos mentolados
todos endulzados por un carmín negro
que no sé diferenciar bien si se trata de labial o de ceniza.
las jeringas lloran sangre sin coagular,
la tristeza de mis manos contaminadas toca mi cara.
las infecciones se preparan para hacerle frente a un sistema inmune que no opone resistencia
el desierto se impone en la ciudad,
gentrificación blitzkrieg.
desde las grietas de la tierra puedo ver el núcleo del mundo,
¿y?
VI
vendedores ambulantes de terapias de contestadores automáticos,
las condolencias del año 2000 son predeterminadas,
ya todos han perdido todo.
VII
copitas de cuello alto quiebran el silencio de la noche desde lo alto de un piso veinte,
las alarmas de los autos le aúllan a una luna de sodio artificial.
hay una luz de uno de los departamentos del edificio de enfrente que no se apaga desde hace una semana.
cuarentena: una substitución de los trabajos más privilegiados.
digresión narrativa mediocre,
sepan disculpar
es que afuera hay un bebé llorando por primera vez,
y amenaza a sus vecinos con seguir haciéndolo.
no hay demandas,
no hay rehenes
solo un puñado de gente mirando desde sus balcones como la calle comienza a agrietarse,
a gritarse,
o como sea.
VIII
las miradas fijan su punto de fuga lejos del horizonte
las caras desfiguradas desfilan al pie de la misericordia.
pppppp: dormirse sobre el teclado o pedir perdón para poder pedir perdón.
no hay absolución para los acusados,
pero no hay por qué negarse al dolor
no hay respuesta
a la desesperación
que baja por mis brazos de porcelana,
oscureciendo mis venas como ríos en la noche
la necrosis como última esperanza.
el frío ya no duele,
bajo mi cama nadie puede alcanzarme.
IX
velamos al prerrafaelismo sepultado bajo un albergue transitorio,
adoramos rostros rococó contemporáneos.
la nostalgia se alza sobre nos. como la meca del consumo estético,
presenciamos el fusilamiento del deseo por parte de la imagen
mientras compramos alimentos sellados herméticamente para la cena,
nos vendamos los ojos para dar gracias
pagamos el neón bajo consumo en cuotas.
buscamos en lo superficial sinónimos de algo profundo y que tenga sentido,
como hace este poema.
X
armamos esquemas artificiales para que nos ayuden a comprender el diálogo corporal de los otros
de los nuestros,
de nosotros.
"¿qué es este calor que me inflama la punta de los dedos?"
"¿por qué mi pecho está agazapado en el rincón de mi habitación?"
maniquíes modelos
me dan una charla introductoria que no termino de entender y que por lo tanto no me sirve de nada .
"¿por qué mi voz se gasta por gritar tanto?"
el fracaso en la diagramación semiótica,
la imposibilidad de comunicarnos todo,
las esperanzas que depositamos en el signo lingüístico, malgastadas.
XI
se agrupan,
se rehúsan,
se resignan.
aprenden del confort en la distancia,
actúan como desconocidos en líneas de teléfono saturadas por el fin de año,
y cuentan las cenizas entre la nieve de un invierno nuclear antes del fin del mundo.
imitan las escenas menos memorables de sus películas favoritas,
se escriben por salas de chat en las que ya no hay nadie
y apuntan con sus dedos,
gatillando las estrellas que menos brillan.
se ríen,
se recuerdan,
se escuchan entre urbanismos.
duermen sobre el sepulcro de un aire que ya respiraron,
despiertan sobre lo poco que dejó un incendio.
no dicen nada,
se sonríen.
predicen el fin de los tiempos.
se dicen adiós,
y se desean buena suerte.
I
interrogatorio matutino
las manos rasguñadas de nuevo por los malos sueños,
el rostro por debajo del nivel del mar.
afuera,
un malestar colectivo
adentro,
una molestia unipersonal.
acechan las ansías por ambas partes de interrumpir la presente mañana y considerar nuevas alternativas.
no hay política de bienestar que sepa ahuyentar el bajo instinto de quebrarse la cabeza contra la pared,
recoger los pequeños huesos desparramados con pincitas de depilar
y comenzar el día.
II
recuerdo el té
servido en bandejitas de plata
los sorbos por pura cortesía y el calor esfumándose.
los silencios que solo traían dolor mientras más se prolongaban.
la noche caía sobre nuestras espaldas
y era nuestro deber cargar a cuestas con ella.
dibujábamos siluetas en los árboles petrificados cuando todos dormían.
estábamos en el techo del mundo
y solo sabíamos mirar hacia abajo.
III
poema mal pegado: "v"
IV
preparo las barricadas para cuando caiga el período de hambruna
y tenga que raspar los platos con los incisivos buscando las migajas que guarde para el invierno.
neo-paroxismo de histeria colectiva.
restos de ciudades fantasmas
sin cementerio que los contengan.
catálogos de electrodomésticos fuera de circulación asientan la piedra angular
de hogares transitorios.
localidades agotadas.
no hay consideración por el mañana.
V
romances sintéticos,
contra-erotismo autómata,
recreación constante de la idea de lo que creemos fue sentir alguna vez.
labios sin sangre besan pómulos helados
los ojos no parpadean ante la revelación de un corazón verdadero
válvulas a presión, arterias de plástico refinado.
lo conmovedor de una línea de ensamblaje.
VI
un verano en el galpón a más de cuarenta grados centígrados,
la humedad respirándome de lleno en la cara
las ratas hirviendo en el termotanque
que oficia de olla a presión,
mientras afuera ocurren cien incendios forestales en simultáneo.
corte total de agua.
las gargantas desgarran sus cuerdas vocales tratando de regurgitar su saliva.
ya no me quedan palabras para disponer en un orden espacio-temporal,
el recuerdo de que la adversidad siempre triunfa.
VII
mi testamento narrado en loop por el altoparlante de un supermercado
cuyos anaqueles y góndolas están siendo masacrados por una multitud incesable.
las filas son interminables,
las puertas automáticas decapitan a los incautos.
participan automáticamente por mi ataúd aquellas compras que superen los mil pesos.
saqueos masivos,
estado de sitio declarado
disturbios en la sala velatoria puesto nadie reclama mi cuerpo.
el alumbrado público se apaga por fusibles quemados,
luto involuntario,
la ciudad muere en silencio.
junto a mi pecho, llevo siempre conmigo una estampita de edward hopper,
summertime interior. 1909.
reclusión por voluntad propia,
las sábanas como única protección ante la mugre que dejé en el suelo,
mi pie con una quemadura de tercer grado por tocar el sol entrando por la ventana
mi cabeza escondiéndose de vergüenza
y la ducha que está perdiendo (otra vez.)
le doy la espalda a la puerta,
me veo en el espejo.
arriba de mi rostro,
un cuervo hace su nido entre el cielo raso y los hongos de humedad
no hacemos contacto visual,
somos indiferentes ante la presencia del otro
mutualismos de segregación,
concubinatos de desinterés.
ayer,
se me cortó la luz justo antes de terminar la que iba a ser la próxima gran novela latinoamericana,
ahora solo tengo que conformarme con una serie de poemas mediocres que nadie va a leer, pero que grito en cada callejón deshabitado que encuentro a modo de consuelo.
ahora estoy lejos,
y aunque sé caminar para volver
no estoy seguro de poder hacerlo.
sé caminar también, hacia donde nunca pasa nada.
pero tampoco estoy seguro de poder hacerlo.
porque después de nosotros,
no sé que quedará.
habitaciones de aire fino,
que contienen respiraciones ajenas
dejan entrever un aire helado que recorre los hematomas de mis brazos,
el estrés en mis nervios
la promesa fallida de un mañana mejor.
desvío a cuatrocientos metros
dormir con el auto atravesado en la banquina
airbags de nylon; contaminación inminente.
los ojos hirviendo,
la alarma de incendios despertando a mis vecinos
la extinción del uso del sistema de monitoreo para reforzar la seguridad del edificio.
aves nocturnas se posan en la barra de un café abierto las veinticuatro horas,
los nidos huecos
las ramas secas incitan las hogueras,
la culminación de todo lo que supimos tener.
ensamblaje de las piezas que fueron desechadas,
el reciclaje de los espíritus.
cavar una fosa y enterrarse//
mis pies acarician las lluvias refugiadas en la tierra hace mas de dos meses,
me cuesta tanto
adueñarme de mi propia voz.
¿qué siguen haciendo acá?
el poema ya terminó.
las noches llevan sus uñas enterradas en las gargantas
de los caminantes de los techos,
esparcen el miedo
entre estas sábanas rotas.
sentir el terror en primera persona
mientras la lluvia repiquetea en el techo de chapa,
el eco de esta habitación me llama,
pero no es mío.
la cobardía ante la derrota,
el horno
y la puerta que no cierra,
el envenenamiento por monóxido de carbono se disfraza de acidez.
mi pecho trata de decirme algo,
pero no le presto importancia
un foco de bajo consumo explota sobre mi frente
delatando mi escondite,
mientras los pasos se agigantan entre las sombras
y yo cada vez me vuelvo más pequeño.
la desilusión que hay en intentar prolongar el fatalismo
el abandono de persona como contraindicación de la indiferencia.
las tragedias apiladas en trilogías
los beneficios que jamás superan a los riesgos.
ese rechazo,
la constancia
de sentarme en la cama por horas
descomponiendo mi día,
lapidando la felicidad.
cerrar la persiana dejando mis brazos afuera,
no oír la pelea que tiene lugar en el edificio de enfrente
abrazar la almohada,
darle la espalda a mi retrato
no evacuar el edificio en caso de incendio,
no oficiar de testigo tres pisos mas arriba en una escena del crimen,
no responder a números desconocidos que llaman a mi celular
tragar colillas de hace una semana atrás,
escupir cemento
y erigir pilares donde nadie pueda encontrarme.
vomitar la angustia,
no ver la luz del sol,
volverme a equivocar
y que ya no me importe.
tocar el techo antes de que caiga sobre nuestra cabeza
colgarse de alguna de las tantas cuotas de la luz sin pagar
y arrojarse hacia un vacío incierto
para revivir una infancia glitcheada en ratio 4:3
cintas destruidas de olvido.
la capitalización de recuerdos, lineas de ensamble de pose y destrucción
fabricación en serie de traumas que repercutirán en el desarrollo de la adolescencia y adultez.
de tener a algún ser querido que realmente les importe, ahorcar el dedo gordo del pie con un segundo intento,
si falla de nuevo,
bajar
gritar el odio bajo el agua del inodoro, tirar la cadena, no limpiarse la cara.
subirse a un escenario
y rechazar el slam por sobre todas las cosas,
recordando que intentar criticar poéticamente y performáticamente un listado de cosas cotidianas
no nos hace ni críticos, ni poetas, ni performers
mejor usar el micrófono de rifle, abrir la boca para disparar
poesía monologuista de corte neo-noir, wannabe
esa que ls intelectualoides aman,
esa que reverbera solo en los rincones de un cuchitril de mala muerte y rebota
en pocillos de café sobre dos mesas vacías en cuyos bordes resuenan labios débiles
tartamudeantes
que replican la primera vez que leí en voz alta.
no, por favor, muchas gracias.
la falta de aplausos es una marca de autor.
mis memorias recopiladas en una antología sms, un capricho
lectura polifónica
y módems dial-up
que gritan interferencias a mi oído
diálogos de telenovelas olvidadas como tono de espera
recepción clausurada,
no hay reembolso que permita disfrutar la estadía de ninguna parte.
la imposibilidad de ofrecer mi corazón on-line / desconexióninminente
darme cuenta que
no puedo ofrecerme a otros mientras me están arrancando los ojos
que no puedo ver televisión
mientras a mis manos dormidas les están clavando agujas para reanimar el pulso.
temblando,
demasiado
frío
como,
ruido blanco
disfrazado como una horda de gusanos comiéndome desde adentro
escupiendo con desidia aquello que no puedo soportar.
la divinidad,
pudriéndose
las moscas de la fruta me acechan constantemente
formando una aureola negra y húmeda cada vez que me quedo quieto.
el éxodo de los caserones antiguos
la basura amontonándose entre las grietas de las veredas
mi boca atiborrándose de palabrerío absurdo.
los árboles que extienden sus raíces al cielo intentando respirar
ese aire que huele a quirófano
suturación manual de los ojos contra mi voluntad,
un manual de cirugía moderna para la separación de residuos.
la trituración de mis dedos para olvidar del dolor que significa el tacto
el piletón ahogándose de mugre y agonía
el agua contaminada que quema bajo las uñas, ahí donde no puedo rasgar
donde no puedo aferrarme para evitar volver a ver caer
mis lágrimas,
rotuladas con discreción
burocratizar la miseria para mejores resultados
la eterna búsqueda de la eficiencia,
los call-centers como iglesia del último milenio.
túnicas negras
de impronta velatoria
la exhibición de los maniquíes más hermosos.
la cera más fina que incendia el depósito más escondido de la ciudad,
el sacrificio de las tradiciones más sagradas.
-tecnócratas pregonan el advenimiento de una época más sencilla-
cyberia, la meca del principio del siglo xxi
la recolección funesta de nuestros mayores fracasos
nos. la comparsa líder de un desfile donde portamos el orgullo de haber tomado decisiones que nos arrastraron a este presente.
la celebración de un futuro condenado al declive.
evitamos mirar el cielo para no sentir el peso de los demás sobre nuestras cabezas,
la mandíbula enterrada en la mugre de nuestra bañera
el cultivo de hongos para propósitos aún desconocidos.
afuera, un árbol está floreciendo por primera vez.
adentro, nuestros sueños desaparecen en el fade-out de una canción que repetimos hasta el hartazgo.
la delicadeza de seguir en pie.
el tratamiento por electroshock, las aspiraciones de alta tensión
y el mantel mal puesto sobre una mesa con un plato a medio comer.
la comunicación entre el desastre
el desagüe, las cañerías contaminando mares,
las gargantas de los abatidos.
perdurar,
como última línea de defensa ante la poesía maldita, la infancia interrumpida, el presente malogrado
y los presagios de una vida extinguiéndose lentamente como llama,
esperamos respirar sea lo que termine por mantener los fuegos vivos
el tiempo suficiente hasta que podamos encontrar otra solución