la sincronía,
devala en desliz;
y en ausencia,
emerge el contratiempo,
que mal forma al embrión,
que la idea gesta,
a través de la palabra;
es así como,
tras un diálogo,
donde se exige comprensión en la desidia,
las partes que lo conforman,
pierden la elocuencia;
los seres amparan la crueldad;
y tras la exasperación,
queda solo incertidumbre;
olvidado el trono del entendimiento;
se corona al manifiesto equívoco;
tergiversándose así,
diálogos sincopados,
donde las palabras,
no hallan lugar,
ni razón que explique su existencia;
así, mudo se hace mostrar el ser mas sabio;
y locuaz, el idiota,
naufraga la sincronía,
y la idea siente el fulgor de la insensatez;
petulancia entre hombres,
que claman ser la mismísima razón;
pero ella ya esta perdida,
sincrónico devalar de ambas!
y si somos,
o seremos razón;
pronto cesará el efímero reinado de lo equívoco,
y nacerá de la misma naturaleza,
aquello que es indiscutible,
e imposible de evitar;
nuestro mismo devalar,
la sincronía del contratiempo se esfumará;
pero tal vez perdure,
en nuestro desandar;
el eterno silencio, sincopado,
que inevitablemente,
desoirá de si mismo;
jueves, 28 de mayo de 2015
miércoles, 27 de mayo de 2015
Ojo
con un solo, minúsculo parpadeo de mi ojo,
apreso un retazo de la poética del panorama;
mutando el presente en vestigio,
oscilando mi permanencia en el presente,
en solo una mirada;
inexorable el peregrinaje tras la memoria,
como inexorable,
se muestra el pensamiento de peregrinaje,
emitiendo eco en el juicio de los demás,
al robar el exacto momento,
de la belleza de la perspectiva del ahora;
pero de peregrino, tristemente, solo el espíritu y el ojo poseo;
porque en lo que lo demás respecta,
soy mi ojo en constante asombro;
y luego de la depredación,
soy solo turista de mi obra;
mis ojos vislumbran el candor del sol,
al verme como propietario,
de los mismísimos esplendores naturales,
y humanos;
y eso soy,
soy humano;
soy un humano que se ha aislado y alimentado de su propia expresión,
no pretendo ser alarde, ni ser petulante,
ni mucho menos aparentar tintes bohemios al dictar estas palabras;
soy solo humano,
soy solo un ojo,
aquel ojo que permite la expresión en la cual me he facultado,
aquel, que me permite mi misma facultad;
que me permite viajar,
a través de lapsos memoriales de centenares de instantes,
donde tal vez reinaba el esplendor,
donde tal vez mi interior se lagunaba en lamento;
o quizás;
en donde mi sentir se relegaba,
ante el arte mas perfecto que cualquier ojo pueda admirar:
la belleza en lo humano,
y lo humano (y belleza) en el día a día;
un paisaje; que no se refleje solo en sus colores y sombras;
un paisaje que sea sinestesia con la melodía de comienzo mas maravillosa;
una remembranza de hombres y mujeres marcados por el tiempo;
y un gesticulador capturado por siempre en vestigio;
soy humano,
siempre humano,
pero soy de los pocos,
que ha entendido que también; soy belleza,
quizás alguien parpadeará frente a mi,
y me apresará en un retazo,
para luego, en algún otro instante, emprender un viaje ante el momento,
en el cual nuestras miradas,
se cruzaron;
apreso un retazo de la poética del panorama;
mutando el presente en vestigio,
oscilando mi permanencia en el presente,
en solo una mirada;
inexorable el peregrinaje tras la memoria,
como inexorable,
se muestra el pensamiento de peregrinaje,
emitiendo eco en el juicio de los demás,
al robar el exacto momento,
de la belleza de la perspectiva del ahora;
pero de peregrino, tristemente, solo el espíritu y el ojo poseo;
porque en lo que lo demás respecta,
soy mi ojo en constante asombro;
y luego de la depredación,
soy solo turista de mi obra;
mis ojos vislumbran el candor del sol,
al verme como propietario,
de los mismísimos esplendores naturales,
y humanos;
y eso soy,
soy humano;
soy un humano que se ha aislado y alimentado de su propia expresión,
no pretendo ser alarde, ni ser petulante,
ni mucho menos aparentar tintes bohemios al dictar estas palabras;
soy solo humano,
soy solo un ojo,
aquel ojo que permite la expresión en la cual me he facultado,
aquel, que me permite mi misma facultad;
que me permite viajar,
a través de lapsos memoriales de centenares de instantes,
donde tal vez reinaba el esplendor,
donde tal vez mi interior se lagunaba en lamento;
o quizás;
en donde mi sentir se relegaba,
ante el arte mas perfecto que cualquier ojo pueda admirar:
la belleza en lo humano,
y lo humano (y belleza) en el día a día;
un paisaje; que no se refleje solo en sus colores y sombras;
un paisaje que sea sinestesia con la melodía de comienzo mas maravillosa;
una remembranza de hombres y mujeres marcados por el tiempo;
y un gesticulador capturado por siempre en vestigio;
soy humano,
siempre humano,
pero soy de los pocos,
que ha entendido que también; soy belleza,
quizás alguien parpadeará frente a mi,
y me apresará en un retazo,
para luego, en algún otro instante, emprender un viaje ante el momento,
en el cual nuestras miradas,
se cruzaron;
martes, 26 de mayo de 2015
Pérdida
alzánse,
ecos de gargantas ahogadas en sobresaltos;
que fúganse del tímpano idiota,
y recaen como supercherías plagadas en basteza,
sobre los recovecos de la putrefacción,
de la carne y su razón;
el eco evoca,
aquellas petulantes miradas,
que los hoy ahora esclavos de ensoñaciones,
ostentaban, ante el débil;
y hoy el débil,
en espíritu permanece afianzado,
a una ligera convicción;
"débiles ellos!
sus pasos solo acarrean,
meras pretensiones de codicia"
su delirio,
eliminó la cordura;
dejando,
solo;
esporádicos espasmos de realidad en fantasías;
y ante el temor a la insensatez
irónicamente, presumen su realidad adormecida!
mientras se resquebraja a piel;
y un desierto nace de ella,
donde su oasis,
cae del cielo;
desde el tanteo lagrimal,
de una realización;
que da cuenta,
que el sueño,
despertó;
enajenación;
ecos de gargantas ahogadas en sobresaltos;
que fúganse del tímpano idiota,
y recaen como supercherías plagadas en basteza,
sobre los recovecos de la putrefacción,
de la carne y su razón;
el eco evoca,
aquellas petulantes miradas,
que los hoy ahora esclavos de ensoñaciones,
ostentaban, ante el débil;
y hoy el débil,
en espíritu permanece afianzado,
a una ligera convicción;
"débiles ellos!
sus pasos solo acarrean,
meras pretensiones de codicia"
su delirio,
eliminó la cordura;
dejando,
solo;
esporádicos espasmos de realidad en fantasías;
y ante el temor a la insensatez
irónicamente, presumen su realidad adormecida!
mientras se resquebraja a piel;
y un desierto nace de ella,
donde su oasis,
cae del cielo;
desde el tanteo lagrimal,
de una realización;
que da cuenta,
que el sueño,
despertó;
enajenación;
lunes, 25 de mayo de 2015
Ola
se disipa la calma,
al clamar de la sal;
el viento abdica sus soplos de mi ser,
mientras la ola llora en su fugacidad;
y se desdibuja,
su furia,
y se vuelve solo mar;
un mar,
que brazos embriagados en un anhelo,
cortarán, gota tras gota,
solo para hacerse paso;
sobre la tragicómica esencia,
que la ironía en su esplendor posee;
donde la feroz constancia,
desangrará sal,
que no clamará más que un perdón,
y una brevedad;
antes de ser arena,
la sed será saciada,
y en el anhelar,
el denuedo se rinde,
ante los pies de lo equívoco;
su brevedad llora por él,
y por él, llora la ola,
que ahoga su cuerpo,
desfallecido en desilusión;
antes de terminar por fallecer ambos,
al nacer de la calma;
pero solo el cuerpo y la sal,
han cesado;
mientras que la ola,
irónicamente en su caducidad,
se perfila,
como la única constante,
en un mar desangrado,
sepelio del afán;
y rompen las olas,
que formanse, solo para discernir,
la calma del piélago,
de su fugaz vida en libertad;
antes de formar parte,
del mar;
y lloranse, en su brevedad,
las unas a las otras,
casi velándose,
en perpetua agonía,
antes de terminar de consumirse;
y al morirse,
atraerán la sal,
que la desesperación del anhelo desangró;
pronto el mar renacerá de la misma sal,
que emanan las lágrimas de las olas,
al llorar,
en su fugacidad;
al clamar de la sal;
el viento abdica sus soplos de mi ser,
mientras la ola llora en su fugacidad;
y se desdibuja,
su furia,
y se vuelve solo mar;
un mar,
que brazos embriagados en un anhelo,
cortarán, gota tras gota,
solo para hacerse paso;
sobre la tragicómica esencia,
que la ironía en su esplendor posee;
donde la feroz constancia,
desangrará sal,
que no clamará más que un perdón,
y una brevedad;
antes de ser arena,
la sed será saciada,
y en el anhelar,
el denuedo se rinde,
ante los pies de lo equívoco;
su brevedad llora por él,
y por él, llora la ola,
que ahoga su cuerpo,
desfallecido en desilusión;
antes de terminar por fallecer ambos,
al nacer de la calma;
pero solo el cuerpo y la sal,
han cesado;
mientras que la ola,
irónicamente en su caducidad,
se perfila,
como la única constante,
en un mar desangrado,
sepelio del afán;
y rompen las olas,
que formanse, solo para discernir,
la calma del piélago,
de su fugaz vida en libertad;
antes de formar parte,
del mar;
y lloranse, en su brevedad,
las unas a las otras,
casi velándose,
en perpetua agonía,
antes de terminar de consumirse;
y al morirse,
atraerán la sal,
que la desesperación del anhelo desangró;
pronto el mar renacerá de la misma sal,
que emanan las lágrimas de las olas,
al llorar,
en su fugacidad;
miércoles, 20 de mayo de 2015
Germinación
el polvo acarició el estigma,
y cayó en la espera;
del gineceo de la flor,
emergió un ojo;
que permaneció cerrado,
aún ante la tentativa de dar una mirada,
a la tierra en donde estaba sembrado;
la raíz,
se bifurcó al primer momento de su existencia,
y se afianzó a su madre, temerosa;
y su pedúnculo fue mecido por la brisa,
por primera vez;
el tallo comenzó a gestarse,
y a germinar,
anhelando la lejanía de la tierra;
cada vez mas fuerte,
mas verde;
de él crecieron dos ramificaciones,
que cobraron una significante fortaleza;
el viento ya no las mecía,
su centro, fue cambiando paulatinamente de tonalidad,
hasta ser rosa;
y el ojo ginencial, se multiplicó;
permaneciendo así, la flamante mirada,
sin ver nada todavía;
su estigma se aceró,
perdiendo su coloración amarillenta,
siendo blanco puro,
mientras que los pétalos, por su parte,
se decoloraron marrones,
y creció su cantidad;
eran millares,
de hojas cada vez más largas y delgadas;
que caían cual cascada,
por su espalda;
una carne firme con una fuerte tersura,
acaparó el espacio de los débiles estambres rosas,
y cubrió el resto del tallo,
volviéndolo torso;
y consigo, sus dos ramificaciones,
que fueron brazos;
y en su interior, se engendró el mismo blanco del estigma;
al igual que en sus piernas,
que aunque firmes, seguían permaneciendo,
enterradas bajo tierra;
el alba acarició el nuevo rostro;
y por fin los ojos gineceales,
regalaron una mirada;
y se maravillaron,
sus raíces se alejaron de la tierra,
que las acobijo durante meses;
llevando las decrepitas raíces de su progenitora,
consigo;
echó una lágrima que aclaró un pétalo olvidado en tierra,
y se puso de pie,
para besar a la flor a su lado,
y enterrar parte de ella,
arrancando los pocos bellos pétalos que aún tenía,
para dejar parte de su memoria y belleza en su sepelio;
su madre,
quien para ese entonces se encontraba bajo la tierra,
que a su hija vio nacer;
no pudo ver el fruto de su ovulación,
que por fin había aflorado vida;
pero sintió el beso de su hija,
quien primero fue flor;
y luego fue mujer;
y cayó en la espera;
del gineceo de la flor,
emergió un ojo;
que permaneció cerrado,
aún ante la tentativa de dar una mirada,
a la tierra en donde estaba sembrado;
la raíz,
se bifurcó al primer momento de su existencia,
y se afianzó a su madre, temerosa;
y su pedúnculo fue mecido por la brisa,
por primera vez;
el tallo comenzó a gestarse,
y a germinar,
anhelando la lejanía de la tierra;
cada vez mas fuerte,
mas verde;
de él crecieron dos ramificaciones,
que cobraron una significante fortaleza;
el viento ya no las mecía,
su centro, fue cambiando paulatinamente de tonalidad,
hasta ser rosa;
y el ojo ginencial, se multiplicó;
permaneciendo así, la flamante mirada,
sin ver nada todavía;
su estigma se aceró,
perdiendo su coloración amarillenta,
siendo blanco puro,
mientras que los pétalos, por su parte,
se decoloraron marrones,
y creció su cantidad;
eran millares,
de hojas cada vez más largas y delgadas;
que caían cual cascada,
por su espalda;
una carne firme con una fuerte tersura,
acaparó el espacio de los débiles estambres rosas,
y cubrió el resto del tallo,
volviéndolo torso;
y consigo, sus dos ramificaciones,
que fueron brazos;
y en su interior, se engendró el mismo blanco del estigma;
al igual que en sus piernas,
que aunque firmes, seguían permaneciendo,
enterradas bajo tierra;
el alba acarició el nuevo rostro;
y por fin los ojos gineceales,
regalaron una mirada;
y se maravillaron,
sus raíces se alejaron de la tierra,
que las acobijo durante meses;
llevando las decrepitas raíces de su progenitora,
consigo;
echó una lágrima que aclaró un pétalo olvidado en tierra,
y se puso de pie,
para besar a la flor a su lado,
y enterrar parte de ella,
arrancando los pocos bellos pétalos que aún tenía,
para dejar parte de su memoria y belleza en su sepelio;
su madre,
quien para ese entonces se encontraba bajo la tierra,
que a su hija vio nacer;
no pudo ver el fruto de su ovulación,
que por fin había aflorado vida;
pero sintió el beso de su hija,
quien primero fue flor;
y luego fue mujer;
Otoño
En la tarde de otoño, cada hoja que cae es un punto del recuerdo;
cada fronda desecha ante mi,
y quebrajada por miles de pasos,
es un vestigio del estío pasado;
y una remembranza,
de la etérea eternidad del tiempo,
que deambula en mi razón,
al apreciarse la perfecta desemejanza;
casi simétrica,
entre el verde, el amarillo, y el gris;
casi como una crónica;
el tiempo se muestra perpetuo ante mi esencia,
solo entre insignificante lapsos esporádicos,
que parecen durar toda una vida;
pero que se torna en gris,
para dejar su inexorable huella,
en la tersura de la piel;
enfermando a la vida,
verde de naturaleza;
alzándose así la decrepitud,
la muerte que le llega,
bajo un velo amarillento;
a las hojas las sabe matar el tiempo;
divergencia y desunión entre rama y follaje,
los árboles con la corteza desnuda,
lloran savia para cobijarse;
resquebrájanse,
las frondas marchitas y desechas,
y mis pasos las agrietan, aún más;
las abandono en muerte,
y visito su sepelio, sin intención de hacerlo;
solo miro cada hoja cayendo,
cada punto del recuerdo
(Escrito con Luna Rey Cano)
cada fronda desecha ante mi,
y quebrajada por miles de pasos,
es un vestigio del estío pasado;
y una remembranza,
de la etérea eternidad del tiempo,
que deambula en mi razón,
al apreciarse la perfecta desemejanza;
casi simétrica,
entre el verde, el amarillo, y el gris;
casi como una crónica;
el tiempo se muestra perpetuo ante mi esencia,
solo entre insignificante lapsos esporádicos,
que parecen durar toda una vida;
pero que se torna en gris,
para dejar su inexorable huella,
en la tersura de la piel;
enfermando a la vida,
verde de naturaleza;
alzándose así la decrepitud,
la muerte que le llega,
bajo un velo amarillento;
a las hojas las sabe matar el tiempo;
divergencia y desunión entre rama y follaje,
los árboles con la corteza desnuda,
lloran savia para cobijarse;
resquebrájanse,
las frondas marchitas y desechas,
y mis pasos las agrietan, aún más;
las abandono en muerte,
y visito su sepelio, sin intención de hacerlo;
solo miro cada hoja cayendo,
cada punto del recuerdo
(Escrito con Luna Rey Cano)
martes, 19 de mayo de 2015
Quietud
de lo etéreo del alma,
crece la quietud;
ella, furtiva ante lo superfluo,
de la desesperación humana,
es recluida,
en la lejanía del ser;
mientras que en su proximidad,
su sangre, en un suplicio cuasi-perpetuo,
hervirá,
junto a su piel,
cuya tersura, limará sus huesos;
y ante aquel pavor,
se enseñará la sangre caliente como tributo;
acordando un pacto,
de la servidumbre terrenal,
ante aquel, o aquello,
que siembre temor,
en piel, hueso y sangre;
luego de las reiteraciones;
la constancia y la misma desesperación,
terminarán por olvidar los huesos,
bajo tierra;
el ser, ido;
solo la conocerá,
cuando su desarrollo sepa culminar,
en tiempo,
en eternidad;
cuando la vida sepa abdicar su trono,
ante los consecuentes,
de la decrepitud;
coincidirán;
como siempre lo han hecho,
así, mutaremos en almas,
y parte aquella calma nos llevaremos;
rondaremos alrededor de nuestro sepelio,
atisbando nuestros huesos,
y los árboles,
que nuestra carne,
que ya no es nada, fertilizaron;
apreciaremos,
el lamento de las voces,
ante el bramido de la tempestad,
y la sangre de los vivos,
ahogando nuestro descanso;
sabiendo que pronto,
de ellos serán los árboles,
que ofusquen nuestro recuerdo,
y alimenten,
a la naciente quietud;
crece la quietud;
ella, furtiva ante lo superfluo,
de la desesperación humana,
es recluida,
en la lejanía del ser;
mientras que en su proximidad,
su sangre, en un suplicio cuasi-perpetuo,
hervirá,
junto a su piel,
cuya tersura, limará sus huesos;
y ante aquel pavor,
se enseñará la sangre caliente como tributo;
acordando un pacto,
de la servidumbre terrenal,
ante aquel, o aquello,
que siembre temor,
en piel, hueso y sangre;
luego de las reiteraciones;
la constancia y la misma desesperación,
terminarán por olvidar los huesos,
bajo tierra;
el ser, ido;
solo la conocerá,
cuando su desarrollo sepa culminar,
en tiempo,
en eternidad;
cuando la vida sepa abdicar su trono,
ante los consecuentes,
de la decrepitud;
coincidirán;
como siempre lo han hecho,
así, mutaremos en almas,
y parte aquella calma nos llevaremos;
rondaremos alrededor de nuestro sepelio,
atisbando nuestros huesos,
y los árboles,
que nuestra carne,
que ya no es nada, fertilizaron;
apreciaremos,
el lamento de las voces,
ante el bramido de la tempestad,
y la sangre de los vivos,
ahogando nuestro descanso;
sabiendo que pronto,
de ellos serán los árboles,
que ofusquen nuestro recuerdo,
y alimenten,
a la naciente quietud;
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