miércoles, 20 de mayo de 2015

Otoño

En la tarde de otoño, cada hoja que cae es un punto del recuerdo;
cada fronda desecha ante mi,
y quebrajada por miles de pasos,
es un vestigio del estío pasado; 
y una remembranza,
de la etérea eternidad del tiempo,
que deambula en mi razón,
al apreciarse la perfecta desemejanza;
casi simétrica,
entre el verde, el amarillo, y el gris;
casi como una crónica;
el tiempo se muestra perpetuo ante mi esencia,
solo entre insignificante lapsos esporádicos,
que parecen durar toda una vida;
pero que se torna en gris,
para dejar su inexorable huella,
en la tersura de la piel;
enfermando a la vida,
verde de naturaleza;
alzándose así la decrepitud,
la muerte que le llega,
bajo un velo amarillento;
a las hojas las sabe matar el tiempo;
divergencia y desunión entre rama y follaje,
los árboles con la corteza desnuda,
lloran savia para cobijarse;
resquebrájanse,
las frondas marchitas y desechas,
y mis pasos las agrietan, aún más;
las abandono en muerte,
y visito su sepelio, sin intención de hacerlo;
solo miro cada hoja cayendo,
cada punto del recuerdo

(Escrito con Luna Rey Cano)


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