con un solo, minúsculo parpadeo de mi ojo,
apreso un retazo de la poética del panorama;
mutando el presente en vestigio,
oscilando mi permanencia en el presente,
en solo una mirada;
inexorable el peregrinaje tras la memoria,
como inexorable,
se muestra el pensamiento de peregrinaje,
emitiendo eco en el juicio de los demás,
al robar el exacto momento,
de la belleza de la perspectiva del ahora;
pero de peregrino, tristemente, solo el espíritu y el ojo poseo;
porque en lo que lo demás respecta,
soy mi ojo en constante asombro;
y luego de la depredación,
soy solo turista de mi obra;
mis ojos vislumbran el candor del sol,
al verme como propietario,
de los mismísimos esplendores naturales,
y humanos;
y eso soy,
soy humano;
soy un humano que se ha aislado y alimentado de su propia expresión,
no pretendo ser alarde, ni ser petulante,
ni mucho menos aparentar tintes bohemios al dictar estas palabras;
soy solo humano,
soy solo un ojo,
aquel ojo que permite la expresión en la cual me he facultado,
aquel, que me permite mi misma facultad;
que me permite viajar,
a través de lapsos memoriales de centenares de instantes,
donde tal vez reinaba el esplendor,
donde tal vez mi interior se lagunaba en lamento;
o quizás;
en donde mi sentir se relegaba,
ante el arte mas perfecto que cualquier ojo pueda admirar:
la belleza en lo humano,
y lo humano (y belleza) en el día a día;
un paisaje; que no se refleje solo en sus colores y sombras;
un paisaje que sea sinestesia con la melodía de comienzo mas maravillosa;
una remembranza de hombres y mujeres marcados por el tiempo;
y un gesticulador capturado por siempre en vestigio;
soy humano,
siempre humano,
pero soy de los pocos,
que ha entendido que también; soy belleza,
quizás alguien parpadeará frente a mi,
y me apresará en un retazo,
para luego, en algún otro instante, emprender un viaje ante el momento,
en el cual nuestras miradas,
se cruzaron;
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