domingo, 30 de septiembre de 2018

instrucciones a seguir para poder hacer que reviente el calefón de tu casa mientras estás dormido

I

hoy el cielo cayó sobre mis hombros.

hoy
no cumplí
con ninguna obligación 

el día de la fecha está marcado en negro 
  en uno de esos calendarios simpáticos
    que traían fotos de flores o de gatos muy naif,

   de esos calendario que te daban en las verdulerías

esas que hoy tienen los anaqueles vacíos, 
 podridos y cuyo toldo no puede soportar otra lluvia.

esos calendarios que son del año 1990 y que podes volver a usar este año

 que están arrugados de recorrer el fondo de distintos bolsillos rotos,
    húmedos de haber estado en cautiverio en el cajón de la alacena que nadie abre

 que están dibujados por manos inocentes de trazo torpe ,

 que inscriben fechas de cumpleaños que ya nadie celebra

que tienen todos los días 
           escritos arriba, que ya pasó todo lo que tenía que pasar

que ya no hay nada nuevo para conmovernos
    que no tiene sentido pedirle al cielo por algo que nos sorprenda

 que tiene el día de la fecha marcado en negro.

el cielo cae sobre mis hombros,   
         el cierre forzado de la verdulería es inminente.

   mañana no quiero hacer nada, tampoco. 


II

retroceso,
  retroceso, retroceso

mi cabeza contra el teclado,
   mi cabeza contra mis rodillas,

las manos sobre mis ojos.

mi cabeza asomándose por el cuarto piso.

una araña bajando lentamente por mi monitor,
 muriéndose del asco al leer lo que intenté escribir 
    y lo que intenté creer que era realmente buen material

una araña, ahora muerta, aplastada con uno de mis libros favoritos

    veo la contraportada, 
      recorro la edición
cuyas partes están mejor cosidas que la cicatriz de mi apendicitis hace un par de años atrás.

a veces me hago pérdida, 
  a veces pierdo las ganas de hacer, 

retroceso, retroceso, 
 retroceso.

deshacer.

 y sé que no es suficiente 
que no soy capaz de hacer algo hermoso. 

retroceso.

ahora,
mis dientes apretando la colilla de un cigarrillo virgen
   la yema de mi pulgar borrándose las huellas dactilares con un encendedor defectuoso

el humo, los dientes pudriéndose junto a las encías
  
 el monitor que sigue ahí, desafiándome
   las palabras que no encuentran sentido,

una araña cuyo cadáver nadie reconoce.

retroceso, retroceso
   retroceso, 
 retroceso.

una línea titila en el vacío.

"¿desea guardar los cambios hechos en aweawwgfiauegoeujge.txt?"



III

fue la marea quien me enseñó a caminar,
      la falta de personal del registro civil la que me nombró

las sepulturas de mis ancestros las que me hicieron temer por primera vez.

las páginas de internet que nadie mantuvo y fueron olvidadas en servidores que aun siguen pagos, las que me contaron las historias más tristes.

fue la televisión encendida de madrugada sin que nadie la estuviera viendo, la que me hizo dormir bajo mi cama por tres semanas,

 los árboles podridos que moraban en la parte de atrás de mi casa, los que me hicieron sangrar por primera vez.

fue la violencia con la que crecía el río, la que me cortó la respiración por más de media hora,  
  
      las manos presionando mi pecho bajo un mismo pulso, las que me hicieron dar cuenta que todo es en vano.  
  
  fue la tierra árida la que me enseño a quedarme quieto,
        el calor haciéndome perder la sensibilidad en mis pies, el que causó que sufriera bruxismo

 fue este día, que siento que empezó hace años y que creo no va a terminar nunca, el que me hizo quebrarme en el medio de la redacción de este poema y me hizo decidir dejar de intentarlo.

IV

mis pies,
 lastimados
  caminan en sentido contrario

a los autos que me enceguecen, 
     y me cortan el aire que respiro.

hay piedritas incrustándose bajo mis uñas que arden tanto como sangran,

 dejan una huella física de un momento que ya pasó.

realmente estoy muy cansado y duelo mucho 
          como para encontrarle un sentido a esto

pero sé
 que si no estuviera caminando

aún estaría quieto,
con las manos juntas, el tacto enfermo

esterilizado, 
  hospitalario 
     aislamiento cuarentena y demás sinónimos de encierro y cosas que no me agradan.

si no estuviera caminando,
 doliendo a cada paso,

sangrándome tanto como corta el camino del pedregal

¿que podría estar haciendo?

 estaría sentado en la misma posición desde que comenzó el día
     contando que hay en mi escritorio 

me imagino, 22 colillas, quizás 23, no conté bien y no quiero volver a hacerlo, 
   7 chapas de cervezas que tomé durante el fin de semana 

 unos anteojos que no son míos, 5 cajas de cigarrillos vacías
     mi billetera resguardando solo mi documento

un teclado en el cual mis dedos descansan más de lo que escriben 
    mis ojos, contando lo que hay en mi escritorio
 porque me pareció una idea ingeniosa romper el imaginario en el que estoy narrando esto que estoy escribiendo ahora

aunque no sé, 
estoy muy cansado y me duelo demasiado 
   como para encontrarle un sentido a esto.

V

cosas en las que pensé hoy:

un vhs dañado con los finales de las historias que jamás concluimos 
 que nunca devolví.

una cena que aún no cocino.  

 una migraña naciendo dentro del cráneo del vecino del 4-D que va a causar que mañana, cuando le pida que me espere para bajar por el ascensor, no me haga caso y baje, a pesar de haberme escuchado.

una advertencia que viene de tres pisos más arriba, y que no logro oír por haberse perdido entre el eco.

  una hornalla que está abierta hace 5 días.

el cadáver de mi gata guardado en la alacena que se reproduce una y otra vez en los peores sueños que tengo durante la semana y que suceden generalmente los domingos y como hoy es domingo, sé que voy a soñar cosas feas y escribo esto a modo de distracción para que al momento de irme a dormir, me haya olvidado que voy a tener pesadillas y que cuando me levante llorando en el medio de la noche, pueda... bueno, para eso no hay nada que pueda hacer realmente, solamente hundir mi boca en la almohada y esperar que nadie se entere, en especial el vecino del 4-D, demasiado tiene con su cabeza ardiendo de dolor. creo que ahora soy yo el que está empezando a levantar fiebre. la primavera trae estas cosas, supongo.

VI

no tengo más ideas y siento que el mundo se va a acabar en cualquier momento.   

martes, 25 de septiembre de 2018

pedazos de una lista de supermercado que encontré en un charco de agua estancada

bueno, primero el miedo,
el asco,
las almohadas hechas de maniquíes fundidos,
   los sueños encerados,
     y las lágrimas que brillan aún mas estando dormidos.

los dos pulgares presionando el hueco de los ojos,
      el bidet tapado de botellas de vino rotas
 el piso de mi baño, 
   yo acostado sobre él, 
   la derrota.

un choque exactamente a doscientos veintisiete metros de mi habitación,
     el último jadeo un perro ahora muerto
una jauría haciendo una sala velatoria improvisada
  y 
    un cuello atravesado por el vidrio de un parabrisas destrozado.

y bueno, entonces el miedo,
el asco de nuevo,
    las sábanas de aquellos que se ahorcan en sus celdas,  
      los tobillos desnudos dispuestos al calor del sol entrando por la ventana,
la humedad que no me deja respirar
  
  y una parálisis de sueño permanente.

el deambular por los pasajes de mi casa,
    la simulación de ser un extraño para acompañar a mi propia ausencia

  las rosas marchitándose sobre mis propias manos rotas,

 una puerta que no deja de ser golpeada,
    el hecho de saber que nadie va a abrirme.

una película proyectándose sin público, 
    una radio que solo grita ruido blanco 

 la idea de querer levantarse temprano una mañana,
     un cenicero con una foto de cuando era pequeño,
           un álbum familiar con todas las fotos veladas

y una cadena de inodoro que no para de perder.

la angustia de verse al espejo y reconocerse, saberse roto
  una llamada en el medio de la noche, 
    el tono que indica que no hay nadie para contenerte del otro lado

la cobardía de no poder ver al rostro a los demás

       el miedo, el asco de ser uno.

las alergias son la exteriorización de la tristeza que no se dice


nota para colgar en la heladera: el invierno es un llanto grande que camina despacio 
para sobrevivir no hay que dejar escapar ninguna palabra, 
deshacerse del documento-nacional-de-identidad,
buscar un nombre que no haya sido usado 
ser prófugo del frío tajante en la punta de los dedos del pie.

aplasto los hongos que moran en las rendijas de la puerta,
  los baño de oscuridad y de frío
                    mis manos, victimarias.

mis labios conocen el dolor,  
     mis ojos saben agrietarse de furia
y mi voz
me hace decir: afuera no hay más que cansancio
de llagarse el interior de la boca por obra de la insuficiencia,
de penetrar odios,
de estarse detrás de cada una de las sombras de todos los días que fueron mejores que este.

reafirmo: afuera no hay más que un apartado basural yéndose a la deriva.

no atravesar el umbral de la puerta 
la casa entera ruge: 
no hay que aprender a escapar del dolor ni del miedo 
más bien saborearlos, 
imaginar su textura, 
relamer los restos,
masticarlos de a poco, 
tragar 
dejar que ellos también conozcan la oscuridad absoluta de un estomago vacío.

del recuerdo, 
en cambio

solo nos queda una habitación vacía, dentro de una casa en ruinas, ubicada en un barrio a punto de ser rematado,
una silla mal soldada,
una cama distendida,
una persiana con sus maderas hinchadas de humedad a punto de decapitar a un cuervo que intenta comunicarse conmigo,
una taza con un café frío
y los párpados cosidos a una pantalla que reproduce en loop un registro videográfico del peor día de nuestra niñez.

hoy nos toca dormirnos contando los paisajes que nos han sido negados.

Escrito con Lara

domingo, 23 de septiembre de 2018

la oscuridad también habita en los estómagos de tus microbios, no lo olvides

claro que lo mejor es 
cruzarse de brazos, 
tragarse el silencio 
y aceptar el fluir espeso del tiempo.

fui el ignorante que aguarda 
el diagnóstico terminal
en los corredores huecos 
de un hospital sin calefacción

fui también el blanco de las dudas que se reagrupan en silencio, lentas, 
divagan como satélites en el espacio,
a oscuras, 
como espías envueltos en trajes hechos de bolsas de consorcio a la caza de tus inseguridades domésticas.

fui la planta en la espera por marchitarse definitivamente que arrancan de raíz 
con unas manos plagadas de dudas y mordidas de esos molestos insectos que abundan en verano

e hierven para hacer un té que por la noche no te deja dormir,

pero te hace sentir un poco menos apenado con la vida que llevaste hasta el punto en que decidiste hacerte un té para dejar de sentirte tan miserable.

fui la espera del otro lado de la puerta,
 las sombras también, de esas que te hacen sentir que hay alguien del otro lado aguardando por vos

 y la decepción de las bisagras vírgenes, oxidándose.

ah,
y el diario no llegó hoy, 
pese a haber estado esperando toda la tarde.

las manos sobre el aire, tratando de aguantar el peso de la ausencia.

siento las muñecas arder
  como los cuellos de los corceles por las ataduras que los obligan

a arrastrar un carruaje fúnebre por las polvorientas calles de tierra de un pueblito vacío 
sin poder estacionarse.

fui el clavo doblado 
que perforó cada una de las maderas 
con las que tapiaron las ventanas de mi casa, 

y hoy me arrepiento.

fui la penumbra que se hizo cuerpo
y la botella con agua de la canilla 
que sigue pariendo burbujas porque sí

si la palabra hablada no sirve y lo que cuenta son las acciones.

el origen de este desastre cuelga directamente de nosotros, 
como dos horcas 
nuestras manos 
cargan la herencia bastarda de la caricia y el golpe, 

han obedecido las órdenes de la muerte 
y engarzado los tobillos de los recién nacidos,

despojándonos de la inocencia primera,
      
             el primer llanto siempre es de dolor.

el espacio sabe enseñar la diferencia,

dos pares de hombros dispuestos paralelamente,

   una mirada a punto de inundarse se abalanza sobre el comienzo de uno de los brazos
y es desde es mismo brazo
      que nace la mano que aprieta la nuca

y es esa misma mirada, la que quiebra a su par 

 colapso simultáneo, 
   contención en la similitud, 
     y la identidad dejada a un lado.

la virtualidad de las comodidades para una errónea percepción del día,

- las persianas sin correa para levantar
- todas las luces quemadas
- una habitación que oficia de cenicero
- una voz que no tiene con quien enfrentarse
- una columna con delirios de formación rocosa
- las uñas largas aferradas al suelo
- un aire helado que corta las pestañas

¿y qué nos queda de de todo esto?

¿sueños?, 
no, ni siquiera sueños, 

anhelos en potencia, 

pretensiones a futuro que claudican 
ante los límites arquitectónicos que hemos erigido

vos, yo, nosotros, todos, la historia tonta 
que pulula arriba, detrás, 
debajo nuestro como una estructura 
de vigas y andamios en constante
 movimiento
nuestra razón de ser fue siempre el encierro

¿hasta dónde llega mi voz?

¿cuánto tiempo aguanta con vida una misma emoción?

¿cuánto tarda el amor hasta convertirse en parodia?

qué es un corazón 
sino una bolsa con puro humo 
que de buenas a primeras 
se rompe liberando
la alergia y los males de este mundo

es inevitable.
con la cara triplicada ante al espejo rebota siempre la misma pregunta:

¿qué culpa tiene el cuerpo?

si ya lo han devorado, regurgitado, despojado de humanidad, quebrantado su espíritu, acallado su voz, si ya lo han escupido, triturado, lo han tirado abajo de la línea de subte más insegura de la ciudad, le han quebrado las piernas, roto los brazos, obligado a mirar al cielo esperando por un sol que nunca llega, si le han mostrado sus sueños incompletos, le han ejecutado a su familia frente a sus ojos, lo han enterrado, le han perforado el abdomen con lanzas en una dudosa representación de la muerte de jesucristo, lo han resucitado, le han hecho creer que realmente valía algo solo para re-afirmar la miseria que guarda, lo han decepcionado, le han roto su corazón, lo han privado de sus cenas, no le permitieron tener un cumpleaños, si ya han roto su hogar, y lo obligaron a vivir en las alcantarillas que ni las ratas saben habitar, le han recitado poesía barata, si ya le prohibieron escribir, le censuraron la expresión, le cortaron sus manos y las reemplazaron por pezuñas de chanchos que lo fuerzan a comer crudos. si ya le han quitado todo.

¿qué culpa tengo?

¿por qué cargo con todo esto?

¿por qué no me permito salir de mi habitación después de tanto? ¿por qué me auto-reprimo? ¿por qué me exijo tanto si sé que nada puede satisfacerme?

¿qué nos queda de todo esto?

¿que podemos hacer con todo esto?

y claro que lo mejor es 
       cruzarse de brazos,  
         tragarse el silencio

y aceptar la auto-mutilación de todos los días, esperando que de uno de esos días, pueda nacer algo que realmente valga la pena.


Escrito con Felix

martes, 18 de septiembre de 2018

selección de varios de los nombres que alguna vez porté y olvidé en un depósito cuyo alquiler jamás pagué

I

este comentario es prueba viviente de que alguna vez supe estar acá.

II

no doy mi voz,
no medio entre el silencio y la ausencia.

no sé verme a través de ojos que ya me han visto demasiado tiempo.

III

no soy mi voz,
sino el miedo depositado entre el silencio y la ausencia

el mismo cuadro colgado
 en el mismo baño
  roto por las mismas manos 
   visto por la misma cobardía que guarda mi mirada

    manchado de la sangre de la impotencia

aturdido por el mismo grito del ardor.

IV

llueve 
(después de tanto)
el agua se hace lugar entre las fisuras de mi ventana
                                     (esas que jamás tapé)

la corriente me besa las rodillas 
        (una de ellas no responde)

el viento quiere habitar mi espalda
                       (no sé como decirle que no quiero)

no sé como decirle que jamás aprendí a decir que no, pero que en serio no quiero.

las ventanas aplauden, insistentes
tratando de apelar a mi necesidad de valoración ajena para corromperme

pero no puedo ceder por un aplauso,
     no por el vitoreo del público (inducido)

 sino por la falsedad de mi victoria,

¿qué aplauden? ¿a quién quiere seducir la tormenta?

yo sé que a mi no,
no soy nadie para que por mi, el cielo explote de luz

la corriente avanza por mi cadera, besando apenas los labios de un toma-corriente intruso.

-salto de térmica-
   afuera hay autos que son remolcados por una intersección de lagos.      

mis manos me han sido borradas
       (esto si que lo merezco)

V

soy el ataque de tos en el medio de la noche,
la garganta irritada
y el agua a temperatura ambiente que escupo sobre la pared

dejando una silueta que, entre tanta oscuridad, se asemeja a mi

y me veo
    enfermo,
       tosiendo

confeccionando un crucifijo de colillas de cigarrillos que fumé hasta la mitad,
           erigiendo una estatua de flema reseca
              entre rojiza de sangre y negruzca de muerte

no para recordarme, sino para derribar(me).

soy los hongos creciendo en las juntas de los azulejos de una bañera que jamás fue limpiada, 
       soy el papel higiénico usado que tapa el inodoro, 
            el agua que rebalsa

          y las manos sucias, sucias, sucias 
             que secan las lágrimas de una tristeza aún repugnante.

VI

creí saber caminar por donde nada parecía tener nervios
      donde parecían no haber sombras,
     donde suponía, no celebrábanse duelos.

creí no conocer nunca
     el terror de tener paralizada la mandíbula 
         entre el cordón de una vereda
 para evitar derramar más lágrimas

 que despertasen lo más horrible de lo que llevo dentro.

creí no cargar nunca
     con el peso de todo lo que le delegué a la memoria

    jamás encontrarme con todo lo que enterré

esperando que un alud se lo llevase lejos.

creí depositar la fe 
     en una solución

y no en la postergación de lo que, creí, inevitable.

VII

homicidio involuntario: abrir con violencia la puerta de una heladera con las bisagras oxidadas de décadas. dejar caer el último vino (ajeno, además) (añejo, por demás).

ejecución verbal como castigo público. 

la pena será implementada al dar el vidrio contra la cerámica.

VIII

tentativa de hurto imaginario: leer palabras en un libro que me hagan pensar que con otro orden, serían un gran poema; darme cuenta que ese poema ya está escrito y mucho mejor de lo que me había imaginado.

IX

desistimiento voluntario de afrontar aquello que es cierto.

eso que boga
  que un día, todo, absolutamente todo va a pesar

y que ese día es hoy,

y que es impostergable.

sábado, 15 de septiembre de 2018

el sacrificio de los cuartos nocturnos que no retuvieron gritos feroces

me tomé el tiempo para defraudarme y cansarme de este cuerpo que no se recicla

del deber, del obrar
pronunciarse por aquello que nadie puede quitarnos

a donde irán a parar todas esas piedras que pateé; tan indigno es mi espacio
no sé a donde ir
y las piedras
como las piedras

en simultáneo, el abandono de dos cuerpos
el recuerdo de jamas asumirse derrotado aun teniendo las manos vacías.

giro y giran las palabras que impactan sobre las botellas vacías que dejamos. quisiera ver el esplendor de esos choques eléctricos pero estoy ciegx y encerradx en el living con pena
y sin dinero

aprender a deshilachar las vulnerables costuras de las contra-indicaciones de la identidad
digo, que seamos quienes nosotros querramos ser
siempre

propuse arañar las paredes hasta dejarlas limpias
en penitencia, la frente ahueca adoquines en su perseverancia
las muñecas atadas de susto, 

y los ojos que piden a gritos volver a ver el cielo

y mientras mi cama se ensucia de cenizas me prometo, quizá a algun santo también, no pensar más en lo que espera,
pero hace frío



Escrito con La Pauli

martes, 11 de septiembre de 2018

el día de la fecha ha sido suspendido por causas de fuerza mayor

hoy desperté 
decidido a abandonar todo lo que suponga un riesgo,
a dejar morir mis palabras disueltas en anti ácidos que los estómagos más débiles rechazan.

a concebir el diálogo como un ejercicio de exclusión de letras,

a hundirme en la constancia del anhelo por esperar respuesta de una pared de ladrillos ahuecados a la que le grito por horas

durante días,

la determinación se hace a partir de la constancia
a pesar de que el deseo jamás está seguro de que quiere. 

hoy desperté
decidido a quebrar con mis nudillos una vitrina que exhibe un gabinete que encierra las almas más hermosas de esta parte del barrio,
pero no para dejarlas en libertad, sino para rematarlas al mejor postor,

la belleza no tiene nada más que hacer aquí.

a causa de los sucesos que han acontecido a mi cotidianidad estas últimas 72 horas
es, creo, mi deber anunciar que el amanecer ha sido clausurado por falta de público,

que los picos de los gallos serán fundidos en las próximas horas, convirtiéndose en instrumentos para los arrieros famélicos

sea sopa, sea hoz, no me interesa.

hoy pregono que las manos no saben que buscar entre la tierra, 
       y que el suelo no provee más que falsas esperanzas.

y mi  piel, 
que ya no se eriza ante la noche,

ha perdido la facultad de distinguirse de las sombras.

hoy, entonces, desperté con la piel siguiéndome,
bajando por el ascensor conmigo,
cruzando la calle de manera errónea

evitando el contacto visual con las mismas personas que tengo documentadas en los pasajes de mi memoria y que se que me miran esperando respuesta,

hoy llevé mi piel a cuestas,
pero no le di importancia,

solo seguí como me mentalicé durante la hora y media que estuve sentado en mi cama semi-desnudo después de haberme despertado
usando toda mi concentración en visualizar una de mis zapatillas, esa, la izquierda, la que está rota y andrajosa y no quiere seguir caminando, 
pero que yo obligo de todas formas.

hoy caminé por islotes de pequeñas baldosas desencajadas de lugar, raíces que quieren levantar el concreto al cielo, o que solo quieren doblar tobillos de la gente que tiene las esperanzas muy altas,

hoy salté y salté por charcos para no mojarme, cosa extraña porque no ha llovido hoy,
quizás se trataba de agua estancada, entregándose al calor del sol para evaporarse y llover con mas violencia sobre un lugar en el que pueda fluir y ser caudal.

hoy conocí dos calles que nunca antes había visto,
pero el rollo con el que documento se veló camino a casa y solo tengo un gris metálico en la cabeza de aquellas direcciones
quizás eran así, 
pero dudo que la curiosidad me lleve de nuevo hacia allá, 

los nómadas siempre perecen ante lo desconocido.

hoy vi tres personas en la fila para hacer un trámite dentro de un edificio de la municipalidad desayunando clavos, y luego vomitando en urinales la piedad que se les negó todo este tiempo.

caminaba por abajo de mi edificio, ya volviendo de solo recorrer distintos estadios de una misma ciudad como si fueran escenarios de una historia elipsada,
caminé y me paré por haber pisado una rama rota,
rama que al ver hacia arriba, descubrí que era el pilar de un nido
nido que era un hogar quebrado
que los trámites de divorcio se aletargaban por el avasalle de las discusiones
que los picos clavados en los pechitos colorados de los otros

que dos pajaritos con las bocas hambrientas rogaban la comida regurgitada que sus padres le prometieron horas atrás
y que bueno, que esto, que lo otro, que va y viene.

decidí conservar la rama,
por la noche observé la caída del nido
el vuelo de los pájaros nocturnos sin saber como localizar su norte
las risas burlonas de los murciélagos postrados boca abajo, escondidos sobre el tapa rollo de mi persiana podrida

y sobre mi mano una rama que para mi no significaba nada, una metáfora quizás, pero por la que a esta altura ya no tendría sentido estancarse

ato en mis muñecas las costuras de mis sábanas para alivianarlas de tensión,
para perder noción del tacto y que todo duela un poco menos 

para delimitar bien el paso de mis venas y cartografiar mi antebrazo para futuras rutas y vías de escape 

y sobre un pilar de pequeñas maderas que sostiene a duras penas mi techo

con mis manos blanquísimas
coloco la rama, para ver si de todo esto que es malo, puedo dar realmente algo bueno
                                                             (contra todo pronóstico)

la permanencia de mi hogar, a cuesta de la pérdida de cientos de otros.

ahora pondría una analogía que funcionaría perfecta como un cierre de todo esto, pero no la recuerdo
y no sé
si necesariamente tenga que existir una clausura

[la dualidad - 
despertarse/dormirse
día/noche 
significa algo?]

ahora mismo está sonando una alarma, pero mis memorias de las últimas 5 horas me advierten que no me acabo de despertar,
el día está soleado,
la gente camina por la calle ignorando que llevan su piel amordazándolos con cuchillos en la aorta por detrás,
 los gallos no cantan, pero los arrieros decapitan a su primogénito con  el filo de la mañana 
    es el equivalente a un suicidio de un octavo piso antes de las 8 AM (ja, irónico)

yo no visualizo moviéndome de esta silla, al menos por unas horas, no veo más que mis dedos dialogando los impulsos eléctricos que llegan desde mis sinapsis (perdón ¿es plural asi? no entiendo)

y antes de cerrar, aunque, de nuevo, no sé si necesariamente tenga prevista una clausura formal de esto,
atisbo una joven pareja armando un nido sobre la rama más frágil del árbol frente a mi ventana,

jamás especulen con los pronósticos, sepan ser dignos contrincantes de las circunstancias.

lunes, 10 de septiembre de 2018

poemario escrito con la sangre que dejaron mis encías podridas sobre una manzana arenosa

I

hoy
creí oír a alguien pronunciar mi nombre,
pero no vi más que un incendio borrando los lugares a los que jamás me atreví a ir.

el aire que hoy corta mi frente,
sé que mañana habrá de cerrarme la garganta

y mis rodillas
apoyadas sobre los dibujos que hice de pequeño, 

cuya frustración hoy utilizo como refugio para no cortarme de nuevo con los cuchillos que jamás levanté de mi cocina

no me sostendrán por siempre.

no hay fuerzas.

mis manos tratan de escribirme entre el fuego, 
las ampollas que explotan de tristeza, las lágrimas que no hacen más que avivar el fuego.

los cimientos destruidos que uso para arroparme de noche.

la idea de tenerme cerca jamás me había parecido tan lejana hasta hoy.

II

una prensa hidráulica se hunde sobre mi pecho
mis pulmones tosen su muerte,

nadie responde a mi llamado.

escupo sobre la alfombra 
porque sé que no voy a pisarla hasta que las cenizas sean indistinguibles,

cuanto me duele la vida en este momento.

III

una mano se abalanza sobre mi desde lo mas profundo del sillón en el que estoy postrado hace horas viendo la suciedad del suelo,

escucho al mismo cuerpo ausente que he sabido portar tiempo atrás
diciéndome cuanto lamenta habitarme de nuevo

mientras me arrebata la respiración de mi garganta.

siluetas irreconocibles tratan de morderme el cuello para dominarme a su gusto,
yo no acepto
no me niego, tampoco

si alguien quiere hacer lo que sea conmigo, bienvenido sea

se trate de quien se trate,

porque
no soy más
que 
una nuez vacía,
podrida
que jamás conocerá tierra fértil
para poder crecer de una forma u otra

el piso sigue sucio
lo voy a limpiar cuando amanezca

si es que no estoy muerto para entonces.

IV

oigo hielos que se rompen en un vaso que no es para mi

y a pesar de conocer el vidrio
nadie me ofrece un trago para matar esta acidez constante que significa estar  vivo.

el vidrio es vulnerable, tanto como uno, casi. 
acaparador de la extensión de la piel

cortador serial de labios vírgenes,
     con el filo de las guadañas menos favoritas de la muerte sabe presentarse ante mi lengua

quitándome el habla

y nadie despliega sus manos por mi ayuda
nadie advierte el frío de una lengua sin sangre, de baba roja.

no he hablado durante meses, es por eso que nadie me invita un trago,
que nadie reconoce que no he dicho nada

nadie espera que diga algo, nadie espera que le diga que lo quiero,
nadie espera de mi parte el nacimiento de aquel mínimo gesto de aprecio que reside en la sinceridad mas fuerte de cada uno.

me he cubierto con mentiras a lo largo de estos años y un abrazo, por más falso que fuera, para mi hoy sería fatal.

sé que no puedo cargar los hombros de los demás con mis propias culpas,
pero es que, ay
si ya no puedo dar un paso sin asquearme de pena,
sin ver el camino que he recorrido con todas esas huellas chuecas, inseguras, imprecisas, que no me hacen nacer ni una mínima pizca de orgullo.

doy un trago de sangre, esto lo he traído yo, nadie me ha acercado su vaso.

el vidrio es débil, y ahora no hay un espejo que sepa contener mi reflejo y mostrarme la propia debilidad mía con la que cargo
(que además ya reconozco en mi intimidad, donde nadie puede dañarme salvo yo)

doy eructos de fatalidad, vómitos agrios de las cosas que siempre me repito antes de dormirme.

me limpio con la cortina de baño porque otra vez no he llegado al inodoro
hay una harta fila pidiendo mi salida

y yo solo quiero dormirme 
sin antes repetirme de nuevo que no valgo nada, que esto que estoy haciendo ya no sé si tiene sentido alguno, que la noche cae siempre sobre mi 
y no sé cuanto más pueda seguir aguantando su peso.



¿cómo empujar la rueda sin cegarla?
¿dónde guardar los ojos cuando ya no hay nada más que ver?

¿cómo terminar con lo que nunca quiso empezarse?

la necesidad de considerarse dígito,
a penas canto de grillo mutilado

saberse indecible,
intacto, 

con la ropa transparente destrozada, aquella vergüenza con la que cargo

y mi cuerpo, que no es ya
sino la fábula que no deja enseñanza, sino miseria.

mis rostros, vulnerando los límites de la atracción

las leyes de la aquello que no debe pronunciarse.

¿cómo terminar con lo que nunca quiso empezarse?

no debo merodear en recovecos que no me pertenecen, 
que no responden a mi llamado.

todo es aquello que haga falta,
las manos cubiertas de mentiras y deseos de insatisfacción,

soy un ahogado entre las cenizas un incendio que no fue.

VI

hoy llovió y no me enteré.

un choque en el departamento de abajo terminó por aniquilar mi sueño
una ambulancia atorada en el ascensor,

y veinte camilleros cayendo por el vacío.

un policía interroga a mi puerta a patadas.

yo lloro queriendo continuar mi sueño,
porque ahí no había nada que temer,
no existía la posibilidad de pensar en la efímera idea de la muerte, o en la idea de la muerte efímera, da lo mismo

no existía una sala velatoria en el hall de mi edificio,
una familia sin nada que perder porque ya había perdido todo
coronas de flores,
cinturones de espinas en los abdómenes de los condenados
y cuerpos maquillados según las tendencias de la temporadas pasada.

no era todo un ático de perversión y miedo,
   bajo mi cama, despierto, hundo todo el temor que me he guardado estos años
       aquel que sabe reventar en sueños (pero no lo digo).

nadie abraza a quien no se rie,
y yo no me rio porque el sol no se muestra hace decenios.

las temporadas de lluvias ya son demasiadas acumulándose entre los pocos días que restan de un calendario,
los cazadores de tormentas se han extinto

la luz se ha ido de mis ojos.

las plazas son edificaciones mortuorias para guardar a aquellos que ya no saben por qué mas sentirse apenados,
los árboles solo anudan sus ramas quebradas entre si esperando que un rezo colectivo les devuelva lo que la carencia les arrebató
los pájaros son solo refugios cadavéricos para las ratas que se encuentran prontas a apoderarse del mundo.

hoy llovió y no me enteré.

saben prevalecen aquellos que no ven más allá de si mismos,
lo sé porque hoy sigo de pie en mi ego.

el egoísmo de existir a cuesta de la tristeza de otros.

pero no quiero que sea así,
al menos, ahora no lo quiero, ya no lo quiero.

¿pero que puedo hacer?
si ya me he encontrado vacío, nadie quiere tocar un pecho desnudo que está frio, con los hombros apenados, aplastados de tanto empujar todas esas cosas que jamás quise decirle a nadie dentro de mi cama, nadie quiere tocar alguien que en los ojos solo tenga espinas, nadie quiere ver un par de ojos en los cuales ni la luna quiera reflejarse,

nadie quiere portar una cuota de anonimidad en el tacto,
nadie quiere saberse de los desconocidos, de los extraños

y yo hace tiempo que no me reconozco

reproduciendo para mi mismo aquel depósito por todo aquello que perdí y que jamás cobré,

el éxodo de la tragedia de mis palabras hacia su mirada
(perdón por todo)

VII

abandonos,
digo con confianza que de ahí venimos
de por ahí nacemos.

digo confianza como digo miedo, también

no hay realmente una seguridad para mi boca mal ensamblada, digo, es lo mismo gritar perdón
que decirte que
no quería
realmente hacer nada de eso

es decir, puedo gritar odio con la misma fuerza con la que me asfixio con una mano que no me pertenece
como hablarte al oído y decirte cuanto te quiero.

abandonos digo,
quizás de ahí es de donde venimos

de la falta, de la carencia, de las tierras con las malezas crecidas cortando nuestros piecitos sucios de tanto correr en círculos por no saber, por no pertenecer a nada, ni a nadie.

y digo abandonos como digo bostezos de no dormir por horas,
como digo cielos de aquellos (estos) nublados que no prometen más que llantos vespertinos

como digo temor a caminar, rechazo a afianzarme a un lugar que quizás no es mío.

digo abandonos como digo perdón, lo siento, no quise, no fue mi intención y como también digo que la verdad que no sé que estoy haciendo tratando de pedir perdón, no sé si a vos o a mi mismo, digo abandonos como digo pérdida de dirección del poema hablado, recitado, escrito o articulado con una re-organización de piezas de diarios que colectivamente hablan de mi sepelio, hace ya dos semanas.

digo abandonos como digo que me abandoné, como digo que te abandone, o como un pluralismo (nos/abandona/mos) ahí es donde quizás recae todo, donde quizás pienso que por eso mis dedos no dejaron de escribir desde que comencé a redactar este párrafo que no quiere llegar realmente a ningún lado, pero que mis oídos bien disfrutan el teclado chocando contra las yemas ampolladas de mis dedos, reventando líquido que no puede contenter ningún incendio, pero puede retrasar el llanto en el que posiblemente me termine ahogando mas tarde, después de bañarme, después de limpiar el suelo.

digo abandonos como digo suciedad, como veo la suciedad que tiene el piso, que quizás por eso no quiero caminar, que por eso no quiero ver más allá  de mi ventana, o de mi alfombra escupida (ya seca) y solo en mis sueños más bellos esté yo solo, viendo pasar el tiempo en la misma silla, pudriéndose mi piel al compás de mi canción favorita.

digo abandonos como digo aprendizaje

y aprendizaje como una auto-realización, como eso de saberse en la insuficiencia, exactamente eso, si, decirse que uno no es capaz no es malo, es darse cuenta de cuanto uno puede poner el cuerpo hasta el principio de aquella sensación agónica que tanto nos eriza la piel al encontrarnos en un momento cerca de la muerte.

y si digo aprendizaje como digo abandonos,
 en mi falta de tanto, en la carencia de la comprensión de uno mismo, del entendimiento del otro, de una voluntad para levantarse de la cama antes de que pasen las 20 horas seguidas

quiero decir que quizás tenerse tan presente puede ser peligroso, y no sé si quiero aprender algo de todo eso,

y nada más,
creo.

viernes, 7 de septiembre de 2018

ese segundo antes de estrellarse contra el suelo después de caer de un decimosexto piso

un torbellino dulce 
de palabras sepultadas en los labios,

no debo hurgar entre lo seco,
entre lo árido,
apenas si tengo el tacto para oponer mi piel ante sombras.

desde el precipicio veo 
ambos pies enterrados en el asfalto 

cómo símbolo de conquista 

o absoluta derrota.

ya no me veo reflejado en los rostros de vidrio,
las huellas de las manos se arrastran por lo que quedó de mis caderas.

fuimos el reflejo involuntario,
aquello que solo está permitido mostrar.

exhibición permanente.

el museo permanecerá cerrado por tiempo indefinido.

antes de que mis huesos besaran el ruido blanco
hospedé un silencio febril 
en la parte baja de mi columna vertebral. 

ahora el viento golpea todas las puertas 
hasta aturdirme

y nadie puede entristecer las bisagras, ergo
nadie abre.

nadie sigue mis pasos.

nadie sabe guiarme por un camino que jamás recorrí

¿acaso las tormentas no sé preguntan por el suelo en el que se desangran?

la inmortalidad de lo arbitrario

se me han revocado las ansias de soñar,
se me han escapado las fuerzas para hacer latir manualmente el corazón.

mi epitafio rezaría: 
nunca supo mirar más allá de un cielo hostil, 
pero casi saboreó en el filo de sus dientes

un recuerdo agridulce a medio masticar.

la garganta cerrándose para no tragar

un cielo que muere por el horizonte  diciéndonos que esta noche no nos pertenece.




Escrito con Lara

lunes, 3 de septiembre de 2018

artículo clasificado de un diario de hace tres semanas y nueve años

en retrospectiva,

¿quienes callaban
     la extinción?

con mis pulmones alimenté de aire el fuego que terminó por aniquilar mi voluntad,

y hoy no tengo uñas con las que clavarme en tierra,
como tampoco hay tierra que sostenga las yemas podridas de mis dedos malogrados.

las manos mías que abrazaron los índices del derrumbe,
hoy son las manos que acribillan el cuello vencido de los difuntos pidiendo clemencia.

la piedad de los incrédulos,

la insensatez de querer hacer siempre lo mismo y no sufrir represalias.

sé donde estoy,
sé que es culpa mía
                                                                   huí y abandoné 

y ahora me encuentro donde dejé todo la última vez.

zona cero.

y con las horas que el tiempo rechazó
no he hecho más que repetir verbalmente las oscilaciones del ruido en mis tímpanos a punto de reventarse

abro mi boca lentamente,
mientras ruego por su clausura inmediata,

el hedor a la podredumbre del silencio que nace luego de un eco ya no me genera nada.

pero aún conservo horas de material proveniente de un circuito cerrado de cámaras que fue testigo del paso de nadie,
de la suciedad acumulándose en mi rostro

de la piel caída, resquebrajada, echa a un lado, enmarcada de cerámicos rotos que fueron alguna vez mosaico que fue alguna vez escenario de un sueño horrible del que desperté traspirado y con las sábanas colgándome del cuello.

y hoy solo delimito un pequeño espacio en lo que resta de mi alcoba aniquilada por el fuego que hice nacer con mi aire
(ese que hoy tanto me hace falta)

para ver en un televisor blanco y negro como fui pudriéndome en silencio, sin ayuda de nadie
para poder dormirme sintiéndome peor que ayer.

sábado, 1 de septiembre de 2018

dieciocho kilobytes de miseria

un hábito 
es estarse cerca del fuego,

y atarse las venas como hilos para perder el miedo de caer a la nada.

las marcas agrietadas de la permanencia,
    el sedentarismo de la incertidumbre.

mal nombrarse continuamente para perder las ataduras, 
    porque la memoria sabrá recompensar con nuestro lecho de muerte

pregonando significado que la maleza terminará por enterrar.

un hábito
es estarse cerca del fuego,

sabemos que el primer contacto siempre fracasa,
sepamos entonces valorar la importancia del espacio practicado

porque es el extraño quien pauta su propia itinerancia en el lugar,

somos nosotros los que decidimos cuando dar un paso al costado.

somos nosotros quienes lloramos nuestras derrotas
en pasajes donde nadie pueda ver los rostros nuestros marcados por el duelo,

la pérdida, la falta, 
     la carencia en la lejanía

¿qué tanto tengo?
¿qué tanto puedo dar?

mis nudillos se hartan de frustración, 
   mis muelas cariadas despedazan las comisuras de mi lengua.
     
no sé respirar otro aire que no sea aquel que está enfermo.

¿como escribir lo que sucede abajo?
¿como escribir lo que sucede afuera?

no rehúsen el afecto,
no quieran enterrarse en el otro,

no acallen las voces que gritan desde sus vísceras más negras.

no hay tregua para el ardor de las pieles mas sensibles más allá de la negación.

esto no está pasando.
esto no está pasando.
esto no está pasando.

hay quienes se repiten en la idea de la esperanza
hay quienes ignoran la putrefacción de su carne

hay quienes ya se han ahogado en el río.

esto no está pasando.

hay quienes solo encuentran el fuego apagado, 
el hábito malogrado.

el declive de los costumbrismos.

el shock de darse cuenta que nada es para siempre.