I
alzo bocanadas de aire muerto
me ensordece la brutalidad
de mis labios rotos
y la garganta incendiándose
se pregunta por qué nunca ha dicho nada
II
por las miradas hurgando bajo mi piel
mis arterias desnudas,
se avergüenzan
y mi sangre fluyendo lentamente
por ellas
casi no me llega al corazón
III
se fuga
y no vuelve
IV
árbol caído sobre pecho
aire a medio respirar
descomposición de mi palabra
sobre la tuya
y tan solo mirada
mirada abrumada
por ceguera
y cuerpos desconocidos
con tan solo
un silencio
para dos
V
la tempestad se mece
en mis vientos
ansiando fugarse
a una vida,
tradición de lo inusual
el imprevisto seca mi sol
y sin nada me deja
salvo mi tacto con el que veo,
pues mi mirada ya te pertenece
taciturno el cielo
luego explota
VI
resquebrajan raíces
cofrades de la pena
que nos reina,
mientras acobijan
tu eternidad
todas las flores secas del mundo
VII
si tu ser no se arriesga,
¿por qué habría de creerte?
VIII
mi péndulo orbita
sobre nuestros tiempos distintos,
entre pasajes
danzan sonrisas rotas
mientras
amalgaman su sentir
hasta que ría su pena
y no les cante
así dejan de danzar
al son
de su tristeza
IX
resentimiento
del sentimiento
que se ha ido
y no ha vuelto
X
damas azuladas
dejan su espuma en mis tobillos
y petrifican la sal
de este mar muerto,
ahogame en mi credulidad
y hazte el instante
que necesito
y hazte las rosas
que con sus espinas
dejarán correr mi sangre caliente
de mi cuerpo frío
XI
y fugate
y no vuelvas
se han desordenado los espíritus,
la confusión de los cuerpos
petrifica al gesto,
y ante todo soy alma,
pero es la (mi) encarnación,
el impedimento
que no (me) deja ser;
y ante todo soy alma,
soy quien ha visto al tiempo agonizar
sobre pútridas agujas de reloj,
diseminando su eternidad en un segundo;
vaticinando la perpetuidad
de aquel silencio,
que se me ha arrebatado de los labios,
solo para poder gritarme a mi mismo
que me calle;
y ante todo soy alma,
alma en desorden,
alma en violencia,
alma condenada y decadente,
alma por el amor y el odio a la condición humana,
alma encarnada a un cuerpo quieto,
que nada significa,
y ante todo soy alma,
un alma libre
que jamás tanteó la libertad,
y soy (sin querer serlo)
un cuerpo,
que le arrebata la vida,
sentir a sentir,
al alma
que soy realmente;
y ante todo soy alma,
alma que en su desorden,
ruega por perder al cuerpo al que está atada
para poder sentir
el huracán de cien tormentos
ha retraído mi valentía;
jamás viviré del otro lado del sol
traicioné mi libertad
y a mi mismo me he confinado,
ahora,
ahondando el pozo
donde hundiré mi cuerpo,
solo para no verme,
ahogo mi garganta en la tierra,
donde la sangre
se ha secado,
volviéndose barro,
y volviéndose la vida
que me falta;
mi respiración,
volveré una con el alba,
para que sea amanecer;
faltándome el aire
que la mañana, al caer
le devolverá a mi pulmón
y en vida,
me hará tragar la tierra
que olvidé en mi garganta,
que cortará la carne de la misma,
desangrando la voz
que tanto le hace falta al viento
y jamás podré darle;
ahogándome,
el pozo de mi cuerpo es el mar
donde reina la sangre antes mía,
donde mi voz canta, a pesar de haberse ido,
y donde llueve hacia arriba
tornándose el cielo, rojo.
para lloverme
sobre el huracán que ha asesinado al viento;
que la sangre
fluya sobre el lamento,
que lo salvaje me arranque el alma
de mi pecho frío,
y ya no quede nada,
salvo el sol,
saliendo sobre donde mi voz no canta
para así, yo poder verlo
donde sea de noche,
observando con mi valentía junto a mi,
el horizonte,
pero del otro lado
la lluvia,
el ruido blanco
de la televisión apagada;
las moscas que han perdido el rumbo
viven orbitando
la copa de vino del día anterior
y buscan, con vuelo desorientado,
un par de labios indiferentes para besar antes que la noche caiga
sobre ellas
y así evitar morir en soledad;
¿cuantas almas se funden cada noche,
en un abrazo con un edificio en llamas?
¿cuantos anhelan el calor,
y se mienten a si mismos
una y otra vez?
y entonces,
luego de tantos adioses,
ya nadie reconoce la verdadera despedida
y ambas almas, duermen bajo la tormenta
que el corazón habrá de costarles;
la traición ya anticipada,
queda subyugada por la idea de un mañana mejor,
tal como aquellas desesperadas moscas;
y temo porque sea cierto
y tengan en cuenta ustedes la advertencia, de serlo,
porque si somos parecidos, aún en lo más mínimo
a aquellas pobres moscas
y orbitamos todas las copas de vino del mundo
y luego buscamos el romance más puro y efímero
solo por el temor de no morir solos
sepan,
que si no hay mañana para las moscas,
definitivamente,
tampoco lo habrá para nosotros
y seremos muerte
siendo total y completamente solos
rechinan los dientes
dentro de un cuerpo rígido,
se nutre la penumbra
de los latidos, que al corazón le roba
en el silencio del intervalo de los mismos;
ni un pellizco de un tórrido sol
avivará la voz,
que acallada bajo la estela
de un temor [aún arraigado a su piel]
de su garganta ha huido
palabra a palabra,
desvaneciéndose
como grito,
cual adiós;
la piel enhebra impedimentos
para no dejar solos a los huesos rotos,
que ha de recubrir
con su tersura,
mientras la espina, prometiéndole un pétalo,
invita a la sangre a caer
como relámpagos crujiendo
el cielo negro, mientras aguardan por la lluvia,
[llanto truculento]
que cae desde el iris más claro
repiqueteando sobre la piel,
por la cual la sangre escapa
con un pedazo de ilusión
y cien promesas vacías;
desblandándose por la sed, el cuerpo,
va cayéndose a pedazos,
por la espina que jamás trajo su flor;
a la muerte, su engaño
la rosa,
devora al corazón
y la penumbra abrazará al jardín
que arropará los restos del ingenuo
[aquella piel, aquella voz, aquella sangre]
entre raíces y olvidos,
bajo tierra reseca,
que cuna del musgo, será el vestigio
de pasos ilusos,
y agónicas lágrimas
que al pasto besaron por última vez;
haciendo de la sal,
brotar, en el campo donde reinan las sombras que decorarán mi muerte
una rosa,
hambrienta de vida
que cautivará mi sangre
y detendrá mi corazón
Escrito con Felix
ardor de un despojo,
mi voz hecha añicos
y el foco intermitente
que me hace desaparecer
de a ratos;
ardor de la inacabable realidad,
tal vez el vestigio de lo que vendrá
sea atesorado en un olvido
y no persista;
el umbral de mi puerta ha huido
y no he tenido oportunidad
de cruzarlo por última vez,
pero aún así,
diez ratas roen las bisagras inexistentes
del vacío que quedó,
pobres y hambrientos
sus cuerpos sin calor,
sobre ellos cayó la noche
y jamás amaneció de nuevo;
[desconozco si el mundo ha acabado ya,
mi ventana muestra solo lo que hay adentro
y afuera no sé que pasa]
ardor de un espejo,
cristales hechos trizas,
me veo rodeado de mi mismo,
pero no persisto,
caigo al suelo
y ya no existo;
mi cama se ha alejado de la posibilidad de un sueño
la imaginación, rota,
gotea felicidad hecha tristeza
y sacian su sed, las ratas
que han irrumpido en mi silencio
para roer mi carne,
a pesar de que me haya ido
ya hace tiempo;
lamento no haber tenido
la oportunidad de respirarme por última vez,
y lamento que ni un sorbo del presagio más cercano
tocó mis labios;
a medio aire
huí sin querer hacerlo
y aún muerto
tengo el pecho a punto de estallar;
tal vez las ratas
al capturar mi corazón,
revienten mi piel avejentada
con su hambre
y hagan nacer un viento
que traiga alguna flor para mi
y haga que la única luz de mi habitación
desaparezca,
así puedo dejar de aparecer
y seguir apareciendo,
así puedo verme
completamente fuera de este mundo
[aun estando en el]
sueño fuera de mis sueños
(fuera de mi cama),
sobre la madera podrida,
donde los tendones de mis pies
abocan a la más inútil cautela;
crujen mis pasos sobre árboles muertos
que lloran sus raíces,
atrapando mi silencio
para perpetuarlo en la constancia
de un eco de tristeza;
que resonando por cada rincón
de mi casa,
desprenderá, como hielo,
dagas de concreto que caerán por una eternidad (y un poco más)
y terminarán por clavarse en mi garganta,
cortándome el aire;
y no será el filo del cuchillo,
sino el de la pena,
[a la cual tanto me aferro]
el que detendrá mi pecho a medio respirar
y me cortará el aire;
los árboles han desprendido sus raíces al vacío
y yo he echado raíces
en su vacío podrido;
con mi cuerpo, inmóvil en la madera silenciosa
en la cual aún sueño
mirando al techo,
esperando conmoverlo
para que desprenda aquellas dagas de concreto,
que como escombros, caerán,
cortando mi garganta;
para que mi voz se pierda,
entre la sangre de la misma,
desparramada sobre esta madera muerta,
mientras el techo,
que en cielo se habrá de convertir
deja nacer y entrar a la luz,
que dejará ver como todos los escombros me arropan,
mientras permanezco aún, sobre aquella madera muerta
en la que soñaré
con la muerte
y la destrucción que me habrán de sobrevenir,
dentro de una tristeza y un poco más
tal vez,
me hierven los momentos
que nunca han sido,
porque serán aquellos
quienes harán nacer
a la duda que tendré
tras un despertar,
al pasar la mañana;
esclava es mi respiración
de la corriente que guía al barro;
pues así,
ahogándose mi sangre
en la tierra eterna,
teme enfrentarse al pensamiento
y pues así,
mi corazón teme sentir
por aquellos nombres
que jamás han sido nombrados
ni han existido,
por eso debo temer
sentir por mi
y temo,
temo jamás haber sido
y que mi respiración
responda a otro pecho
y que el barro que soy,
jamás haya sido parte de mi cuerpo;
temo dudar
por los momentos que no han sido,
e hiervo por tal duda;
hervirá mi tan llamada alma
mi tan llamada piel
y aquello que parece ser mi cuerpo
y seré un vapor
que quemará tanto como el fuego
incendiando la curiosidad
de una piel que trata de seducir al aire
con delicadeza;
seré un vapor
que más temprano
que tarde
será asesinado por el viento
y no será más nada
(porque tal vez, jamás lo fue
porque tal vez, jamás lo fui)
ahogo la penumbra tras el lienzo
de mil risas
enmarco mi pesar,
seré punto en el vacío
¿mi rostro?
un recuerdo mutuo;
y tu caos en mi universo,
mil palabras paran el tiempo
que no tengo
y el silencio es el reloj
que tu cuerpo obedece;
y mis palabras
(no más que mi nombre)
atadas a la ambigüedad de la vida,
mutan porque el dolor han conocido
y se disfrazan de las risas
que enmarcan mi pena;
¿y mi rostro?
un recuerdo mutuo
de dos seres
que ni siquiera entre ellos
se han conocido;
soy el hijo de la mirada
y el hijo de la norma
que aprisionó tu cuerpo;
soy el hijo
y la hija del silencio
al igual que vos;
pero seré libertad,
aquella que ni la luz
ni las atenienses
ni las griegas
ni la heteronormativa
han conocido;
seré el fruto de la lucha
de millones de años;
seré los costados del vacío
y los pétalos muertos
de tu jardín;
porque afuera hay un sol que grita
y no es nuestro
que sabrá desatar la furia
con el mismo ímpetu
que hemos sido
(y habremos de ser)
Escrito con Nene Lila
desde el vientre
claro siempre ha sido el camino
y el fin de éste;
[destino de luz]
pero hoy,
con mi mirada cegada por mis párpados,
con mi pulmón
jadeando malos aires,
ya maltrecho
y con mi carne,
incapaz de contener un alma
me he de rehusar a enfrentar otro despertar
y ser subyugado otra vida por un fulgor;
quiero ser mi propio destino,
quiero ser aquel que extinga la reiteración de los ocasos;
siento que he de perpetuar
el desvelo que me ha cautivado
hace ya tanto tiempo;
y tal vez sea miedo,
por lo que el sol va lentamente escapándose de mi reflejo,
aquel que se posó veinte crepúsculos atrás
junto a él;
la luz no se rehúsa a mi,
yo me rehúso a ella,
y en mi mirada,
el ocaso eterno,
denota su huida eterna,
debilitándose entre mis pestañas
que chocan unas con otras
acariciando mi mirada,
pero antes de irse por completo,
brilla como el primer alba que cortejó al horizonte
y luego,
nada;
la oscuridad respira con mi pulmón
y libera mi alma,
la carne ya no importa,
puesto que ya no es nada;
y tras la nada, solo sé;
sé que mi deseo ha destruido la dirección,
[y el destino]
y aún, a pesar de ello,
perdido,
me encuentro más orientado que nunca,
puesto sé que la vida sin luz
no ha de ser certeza,
pero tampoco volátil
y es mía, entonces, la eternidad
para saber y comprender
hacia donde me dirijo,
aún si amanece sobre todas y cada una de las miradas que despiertan
y fieles a la idea de un destino
siguen a la luz;
pero sepan que no hay otro destino tras el brillo de ésta
que la misma muerte
y es por eso mi mirada ya no es esclava de ella,
ni mi vida es esclava de la vida misma;
y es mía, entonces, la eternidad
para saber y comprender
hacia donde me dirijo;
purgando destinos,
hundido en la muerte
arropo polvo sobre memorias
en sueños,
se volverá tiempo;
y llorará mil y una traiciones al color
desangrándose el vestigio,
desangrándose el minuto,
deformándose
el recuerdo;
puesto así,
la realidad no es constancia ni garantía de nada,
solo es;
es el segundo de estas letras, de éstas líneas,
pero que al escribir las siguientes
ya no recordaremos
que fue;
y solo
es;
es la inquietud de mil voces
y aquel aura que como caricia,
aferrase a la pureza,
seduciendo
al desquiciado,
al loco
y al que siempre amanece en pena
y duerme bajo una cripta
bajo la ilusión de su propio vestigio;
y es ese el vestigio
y es esa la ilusión
y solo es,
la ilusión de un recuerdo
un presente
y un futuro incierto
del cual, guardamos, confidentes,
una premonición;
¿dónde han dormido hoy aquellas encantadoras simpatías
que se arrancan el corazón con cada placer forzado
y lloran con los sueños que jamás sueñan?
¿habrán despertado ya de su llanto?
¿me habrán engañado ya, decenas de ellas esta mañana?
no sé;
he capturado vestigios de mi mismo en pieles que no me pertenecían
y dudo,
si incluso mi piel me pertenece,
o si solo estoy subyugado a ella;
soy solamente, el pensamiento maldito que alborota la existencia humana
y soy el telar donde tejo la realidad que ya he perdido,
¿a dónde ha ido a parar ella si no es ahí, no?
donde deja de pretenderse;
y es la misma pretensión la cual corrompe al ánima
encarcelándola y encadenándola a algo desconocido,
fundiendo el gesticulador en una faccion que denota pesar,
el pesar de cientos de pensares distintos,
ya la mente no es una sola,
puesto que ha mutado en un multiverso inestable
que solo formula un anhelo de potestad
pero jamás concluye nada;
y ya la mente no es una sola,
pero el cuerpo si y no resiste;
y no sé
no sé si soy o le pertenezco a la idea,
incluso desconozco si hay idea en si;
sé que hay un sol que parece quemarme,
sé que hay iguales a mí,
sé que hay sentires, pensares y la idea de un ser humano;
pero sé que me he desposeído de toda esencia,
y mi alma solo es forzada a ser,
lo que evita que sea;
la realidad entonces,
no perteneciéndome ni cuerpo, ni pensar, ni sentir,
no es mía;
por ende la realidad es esta,
el desconocido postulado que arraiga pieles que no son de nadie
a pensar ideas que no son suyas
para sentir con un sentimiento que no siente;
es la idea que impulsa a la mirada
en el momento donde es cautivada por el techo que es ahí, el vacío eterno
donde yacen estáticos miles de latidos de corazones que han desangrado su vida
a preguntarse por el mañana,
y a crear la idea de felicidad por aquel,
un mañana
donde nacerá un sol que parecerá quemarnos
y donde veremos iguales a uno mismo, entre nosotros
y donde sentiremos, pensaremos, y seremos seres humanos;
sintiendo los sentires que a nadie pertenecen,
pensando los pensares que a nadie nada le harán cuestionar
y encarnando el idealismo de una humanidad inexistente,
que como simbolismo de pluralidad en una, tan así llamada sociedad,
pretende preocuparnos por el otro y por nosotros mismo;
¿pero por quién habremos de preocuparnos
cuando las encantadoras simpatías que evitan una forma de caos mortuorio
duermen en lugares desconocidos
y no le permitimos llorar sus sueños?
¿por quién habremos de preocuparnos si no vemos como igual al otro,
si ni siquiera vemos nada?
¿por quién habremos de preocuparnos si evitamos idealizar
que la sangre que corre por todos los tobillos del mundo
y los latidos de corazones que hicieron que desconozcamos al silencio
son tanto míos, como tuyos?
¿por quién habremos de preocuparnos entonces?
¿por qué habremos de preocuparnos porque el otro no puede ser,
si nosotros no somos siquiera?
las huestes de un sentimiento
ciegan a la calma, adormeciéndola
en un sueño donde la continuidad del silencio
es lo único que se oye;
y desposeído de tranquilidad,
el ser solo es ímpetu,
un impulso ciego;
y siente
siente hasta sentir que muere
y luego sigue sintiendo;
el amor es la furia más poderosa que existe
tanto así, que sabe desatar el caos,
al cual siempre emprendemos, en un momento u otro
el eterno regreso al que estamos destinados;
y es desorden
y es desequilibrio
y es;
simplemente es impulso puro, el ser en caos;
la mirada permanece embriagada en una ilusión de belleza eterna
mientras que la calma yace adormecida
y despierta
al estallar los vidrios que separan la vida del vacío
por el atrevimiento desesperado del cuerpo
que tras un lamento y posterior realización
rompe con el silencio de la forma del cristal
y enternece al concreto haciendo diluviar su sangre sobre él;
porque así ha de perecer el amor
siendo aquello que desata casi todo otro sentir;
pasando solo a ser recuerdo
y sangre sobre concreto
que nunca se seca,
y que trata de seguir, formando un río de flujo lento
los pasos de aquel que se aleja
cual calma
esperando ser adormecida
para no ver,
ni oír,
ni sentir nada;
aquel que se aleja
fundiéndose con el horizonte
dejando al río a medio ser
y al silencio perpetuo en un escombro
donde antes hubo caos
al que se retornará
cuando duerma la razón;
soy la voz
de una conciencia muda;
la luz,
que guía a las olas
y deja naufragar los barcos;
las rocas que rompen el casco
y hacen desangrar la barca
de gente;
el agua,
que devora aquello que perturba su calma
y la calma de un último respiro,
antes de inundarse decenas de pulmones;
un pecho,
al cual le pesa la presión
y quiere conocer el fondo de uno de los siete mares
metro
a metro;
soy el eco de un mundo perdido
que seduce almas para que en él se pierdan
y no ser la única voz en si;
soy los ojos que ven al sol salir en el agua,
aun siendo de noche;
soy la autorealización del delirio de un hombre
soy el útero que lo gestó
y soy la tumba que lo resguardará;
soy el destino de una conciencia
y soy su voz muda;
soy la luz que deja que las olas se pierdan
pero guía las embarcaciones a la playa;
soy la idea de una hipotética muerta
y soy exageración;
soy el barco que llega a destino
y soy el ancla que por fin conoce el fondo de uno de los siete mares
kilómetro
a kilómetro;
soy el primero en bajar del barco,
soy el muelle que camino
y sigo siendo la luz que me guía,
entrecegándome por accidente;
soy la voz de una conciencia muda
y soy la salvación a mi propia muerte
me maté mil veces hoy
errante,
la sangre no supo encontrar el piso
y se secó sobre la herida de mi piel,
que dormida,
aún no despierta
ni sabe que estoy muerto;
visto las mejores rosas sobre mi recuerdo
y las riego, de vez en cuando;
tal vez una tormenta
me regale uno de sus pétalos
y quizás una de sus raíces me acaricie
la sangre,
que espejo se ha vuelto
llevándose consigo
el calor del movimiento,
y el color
de mi piel que sueña
y no despierta;
de mi piel que ensoñada
cree estar despierta
y no sabe que conmigo ha muerto;
las lágrimas ajenas
arremetiendo contra el recuerdo de otros (que no son yo)
hacen caer la tierra que ciega mi mirada
y hacen que mis manos la cubran
solo para ver más oscuridad;
cien arañitas me recorren de pies a cabeza,
soy y seré la comida de sus hijos;
pero el otro siempre es mejor,
soy y seré las sobras que nadie comenzó a comer
ni siquiera el tiempo;
nada erosiona ni erosionará mi cuerpo
nadie llora ni ha llorado por mi
nadie me mató, ni me hubiese matado
será tal vez por eso
que lo hice yo
me maté mil veces hoy
y la sangre no cayó
tal vez mañana moriré mil veces
y tal vez así, mi piel despierte
y mi sangre caiga
(y corra el tiempo)
me envuelven las estelas de recuerdos,
que incompletos,
como tinta cayendo desde una idea,
confunden mi memoria
haciéndola creer, que la realidad ya ha sucedido;
y es todo lo mismo, ¿no?
las paredes que derriten su concreto en una frente llena de tristeza
fundiéndose con ella en la eternidad de un llanto,
el piso hundiéndose con cada paso,
el amanecer tardío de una mañana desganada
que se refleja en un centenar de ojos arrepentidos
por haber dejado un sueño atrás,
la luz que ciega al cielo
y el cielo negro,
rogándole a la luna por volver a brillar,
las nubes cegando a la luz
y la lluvia
que diluvia sobre una tierra indiferente,
cayendo gota a gota
como tinta cayendo desde una idea
formando un recuerdo incompleto
[en una hoja totalmente en blanco]
que confunde a la memoria
y nubla a una mente
haciéndola creer
que todo está ocurriendo de nuevo
[es todo lo mismo, ¿no?]
el aire sopla muerte
con un viento,
que me invita a irme con él
adelantándome al destino de mi carne;
la tierra abre su piel
con un grito,
que me invita a caer por su garganta
y volver a donde pertenezco;
el agua se llora a si misma
con una tristeza,
que me invita a llorar por ella
y acaudalar al río
[que tal vez volveré mar]
el fuego arde su pasión
con un corazón,
que me invita a latir con él;
soy la luz del sol por un efímero segundo
soy la crueldad que reina tu cuerpo
y es que me consumís y me desintegro por dentro
en mi piel llevo tu marca
y en mi boca tu recuerdo
que me hace cosquillitas,
ahí, cuando el sol besa a la luna
y por un efímero segundo
soy tanto el sol como la luna [llena]
y pretendo quererme a mi mismo
pero es que ya no se si soy (o seré)
no pretendo nada entre tanto lío
que prentendes vos de mi, entonces?
[porque pretender no puedo]
tu sombra me besa los talones en silencio
y algo por dentro me hace ruido
como besos suavecitos en mi piel (lento, abrupto por momentos)
que me adormecen
y me hacen olvidar de regalarte una palabra
pero que bello es estar adormecido
(si afuera cantan, cantan con pesar
las estrellas que titilan para nosotros)
y si afuera hay silencio
y si afuera hay autos sin destino
y si afuera hay alguien desangrándose
no me importa
no nos importa
[o no debería]
(pero secretamente,
ahí donde el abismo se hace finito,
mis sentimientos me rasguñan el alma)
y me destruyen por dentro
Escrito con Caro Capart
mi boca rota de violencia,
susurra palabras que se ahogan en sangre;
lentamente, una tras otra caen
formando un diálogo entre sí sobre el suelo,
y un silencio en mi mirada;
por mi corazón alguna vez fluyeron estas palabras
que hoy escribo sobre estas baldosas rotas
y aún palpita
sigue diciendo cosas
[sigue sintiendo cosas];
algún día, no tendré nada más que decir
y se callará;
[pero aún vivo,
y vivo porque digo,
y digo porque siento]
y siento porque quiero,
porque aún quiero verte;
creo que vivías cerca de acá,
sabes que iría a verte si me pudiese parar
sabes que caminaría hasta tu casa y golpearía tu puerta
callando a los perros de tu cuadra, que le ladran al peligro,
para no despertar a los espíritus cansados que duermen por tu barrio
sabes que lo haría;
pero no sé que hacer;
me pego a mi mismo,
así cae mi sangre y puedo hablarme,
pero no sé que decirme;
escupo al cielo para decirle algo a las estrellas,
pero su luz no me da una respuesta
y no sé que hacer;
mi mirada hace ruido y rompe su silencio
y me despierto
en mis palabras veo mi reflejo
y la luna, ya escondiéndose;
[es tarde ya]
mi cuerpo se hunde en mi cama
y me ahogo, poco a poco, en un sueño;
quiero soñar con el espacio,
porque en vos orbitan todos los planetas,
y quiero quedarme ahí,
pero despierto;
[y despierto]
el amanecer me trajo un dolor que antes no dolía
y mi sombra marcada en mi almohada
[aún no ha despertado]
mi boca duele, pero mi sangre cicatrizó;
me quedo mudo
y con ganas de decirte tantas cosas;
siento mi corazón más lento
y no entiendo
tal vez el cielo se quedó con las palabras que eran para vos
[y nunca me dio respuesta]
tal vez la calle esté secando mi amor y la gente caminando sobre ella
lo lleve consigo en la suela de sus zapatos;
[no vas a tener mis palabras, lo sé]
mi mirada guarda silencio,
y calla el corazón;
me quedo muerto
y con ganas
[de haberte dicho tantas cosas]
aquel hombre que rompe el horizonte
con una sombra que no le pertenece,
le canta al rencor, mientras el aire adorna su cuerpo [desgastándolo]
soterrando con una melodía,
viejos placeres infundados en el miedo
que hoy solo son pesares en su memoria;
y con una tristeza encima
maldice al olvido por haberse olvidado de él
y deja un silencio, terminada su canción
para los aplausos
que jamás nadie le da;
el silencio se olvida de él,
él olvida que alguna vez cantó una canción
y su figura, susurrándole al sol que la hace resaltar
no sé da cuenta que la noche ha caído, ya hace rato;
ahora él es uno con el horizonte
[o el horizonte es uno con la tierra]
un tortuoso sendero recorre, vislumbrando un destino
que no existe;
sus pies fatigados
lloran sobre la tierra por la cual caminan;
hasta caer rendidos ante la tierra;
el cuerpo choca contra el suelo,
creando una bruma de polvo
que hacen brotar del ojo, una lágrima
algunas salen [pero ya no por la tierra]
y otras posponen su tristeza;
la voz del hombre trata de cantarle al rencor,
pero se halla a sí misma, cantándole al miedo,
al temor de no tener por que vivir;
[no se puede vivir del resentimiento]
la voz se quiebra
y el silencio de una muerte;
amanece,
de luto se nubla el cielo;
ya no hay una sombra que rompa el horizonte
ni un canto hacia al rencor;
ya no hay hombre,
ni recuerdo del mismo
lo que tanto ha maldecido durante tantos años
en eso se ha convertido;
[cae la noche
ya no hay un hombre,
hay olvido;]