miércoles, 12 de agosto de 2015

El Desmemoriado

entreabierto en una herida, se abre el pecho,
el pulmón, respira pureza;

ahogándose de tanto aire,

y la pérdida en la sangre,
tiñendo tanto a la tierra como al cielo,

agraciará de vida,

pero tanteando la lejanía,
se atisbará la construcción de un miedo,

la huida del recuerdo;

y la serenidad,
de nuevo,

el desmemoriado ante el olvido, serenará su ceño,

y enfundará su ser en un terror sereno,
dibujándose a si mismo en el espejo,

en el que la reiteración de sus días, se transcribirá;

y pretenderá reflejarse,

lentamente borrándose,
junto al juicio de aquel hombre careciente de vestigio,

que terminará su peregrinaje terrestrial,
abrazado a la desequilibrada agonía,

que tanto lo aqueja, y lo hace vivir acorde a lo que ven sus ojos;

pero el lapso antes del óbito,

habrá de tentar a los peldaños mas viejos a guardar el quejido,
de su madera podrida;

así se habrá de oír el alboroto del silencio,

y aquella cofradía,
de seres que cobijados en aquel rumor;

con el filo de su metal,
verdugos serán de ellos mismos;

distarán de lo íntimo,

y su sangre se secará,
en el recuerdo pronto a extinguirse,

de aquel ser;

pero aquel rumor, adjudicándose las muertes de aquellos pobres incautos,
junto a sus pulmones,

ahogados de tanto aire respirado,

habrán de crear ámbar de los restos memoriales,
de su conífera vestigial, 

el bosque mental se teñirá de miel,

y el recuerdo será sangre,

el ceño, así,
no habrá de serenarse;

y el desmemoriado, a lo lejos,
furioso en pena, arrojará sus lágrimas al suelo,

con las que la maleza hará crecer un odio;

que en su punto justo, será el filo,
que atravesará el pecho del aquejado ser,

respirará su pulmón hasta ahogarse,

y en el crepúsculo vespertino,
el corazón delatará su último latir;

y el recobro de la memoria,
solo habrá vuelto a aquel desmemoriado,

sangre,

y así,
en su mente,

un recuerdo;

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